Las cinco claves del liderato del Depor once años después

El equipo no depende de once nombres, sino de la profundidad
Hidalgo agota los cinco cambios en cada partido y los suplentes mantienen el nivel de los titulares.

Once años es mucho tiempo para que una ciudad espere volver a ver a su equipo en lo más alto. El Deportivo de La Coruña lidera la Segunda División española tras seis jornadas invicto, con catorce puntos, quince goles marcados y solo cuatro encajados, bajo la dirección de Antonio Hidalgo. Más allá del resultado, lo que este liderato revela es la reconstrucción paciente de una identidad colectiva: un equipo que ataca con variantes, defiende con orden y ha devuelto la vida a un estadio que el año pasado era una herida abierta.

  • Tras once años de ausencia en la cima, el Deportivo regresa al liderato de Segunda División con una goleada al Huesca que funcionó como punto de inflexión definitivo.
  • El equipo coruñés es el segundo más goleador de la categoría con quince tantos en seis jornadas, mientras que su defensa solo ha cedido cuatro goles, igualando a Las Palmas y Valladolid como los menos batidos.
  • Hidalgo agota los cinco cambios en cada partido y sus suplentes no bajan el nivel, lo que convierte la profundidad del banquillo en una de las mayores amenazas del equipo para sus rivales.
  • Riazor, que la temporada pasada fue el peor escenario del Deportivo como local, ha recuperado su pulso: tres partidos en casa, dos victorias, un empate y ningún gol encajado.
  • El objetivo declarado es mantenerse en la pelea por el ascenso hasta el final, y la combinación de solidez defensiva, variedad táctica y ambiente recuperado apunta en esa dirección.

Once años habían pasado desde la última vez que el Deportivo se asomaba a la cima de la Segunda División. Ahora, tras seis jornadas invicto —cuatro victorias y dos empates—, el equipo coruñés vuelve a ocupar ese lugar con catorce puntos de dieciocho posibles. La goleada al Huesca por cuatro a cero fue el empujón definitivo, pero lo que sostiene el liderato es algo más estructural que una buena racha.

Antonio Hidalgo ha construido un equipo reconocible por su capacidad goleadora. Mulattieri, Zakaria, Mella, Luismi y Yeremay conforman un arsenal ofensivo que no necesita muchas ocasiones para hacer daño: quince goles en seis partidos convierten al Depor en el segundo equipo más goleador de la categoría. Eddahchouri lidera la tabla de máximos anotadores con cinco tantos. Las goleadas ante Granada, Mirandés y Huesca no son accidente, sino el resultado de un equipo que sabe ejecutar.

Lo que diferencia a este Deportivo es que no depende de once nombres fijos. Hidalgo agota los cinco cambios en cada encuentro y los suplentes no bajan el nivel, lo que convierte la profundidad del banquillo en una ventaja real. Su pizarra también es flexible: alterna entre un cuatro-dos-tres-uno y un sistema de tres centrales con carrileros, con delanteros que se abren a las bandas y extremos que se internalizan. Esa riqueza táctica hace al equipo letal en ataque y ordenado en defensa.

La solidez defensiva es el cimiento. Loureiro y Barcia forman una pareja asentada, Germán Parreño es seguro bajo palos, y el equipo sale con el balón sin riesgos innecesarios. Solo cuatro goles encajados en seis jornadas sitúan al Deportivo entre los menos batidos de la categoría.

Riazor, que la temporada pasada fue un calvario —apenas veintiséis puntos de sesenta y tres posibles como local—, ha recuperado su pulso. En los tres primeros encuentros en casa esta temporada, el equipo no ha encajado ningún gol. Esa reconexión entre equipo y afición, que Hidalgo identificó como esencial, es un factor clave para mantener el liderato en una temporada cuyo objetivo es estar en la pelea por el ascenso hasta el final.

Once años. Ese es el tiempo que había pasado desde la última vez que el Deportivo se asomaba a la cima de la Segunda División. Ahora, tras seis jornadas de competición, el equipo coruñés vuelve a ocupar ese lugar, invicto, con cuatro victorias y dos empates que suman catorce puntos de dieciocho posibles. La goleada al Huesca por cuatro a cero el fin de semana anterior fue el punto de inflexión que devolvió al Depor al liderato, pero lo que sostiene esa posición es algo más profundo que una buena racha.

Antonio Hidalgo, el técnico catalán que dirige el proyecto, ha construido un equipo que reconoce por su capacidad para hacer daño en ataque. Mulattieri, Zakaria, Mella, Luismi y Yeremay conforman un arsenal ofensivo que no necesita demasiadas ocasiones para encontrar la portería contraria. Lo demuestran los números: quince goles marcados en seis partidos, lo que sitúa al Deportivo como el segundo equipo más goleador de la categoría. Eddahchouri lidera la tabla de máximos anotadores con cinco tantos, compartiendo el liderato con Andrés Martín del Racing. Las goleadas ante Granada (uno a tres), Mirandés (uno a cinco) y Huesca (cero a cuatro) no son casualidad, sino el resultado de un equipo que sabe cómo ejecutar cuando tiene oportunidades.

Pero lo que diferencia a este Deportivo es que no depende de once nombres. Hidalgo ha construido una profundidad de banquillo que permite cambios sin que el equipo pierda intensidad. El técnico agota los cinco cambios permitidos en cada encuentro, y jugadores como Zakaria, Patiño o Stoichkov demuestran que el equipo responde desde su amplio fondo de armario. No hay una caída de rendimiento cuando entran los suplentes; hay continuidad.

La pizarra de Hidalgo es flexible. Alterna entre un clásico cuatro-dos-tres-uno y un sistema con tres centrales y carrileros con amplitud ofensiva. En ataque, los delanteros como Mulattieri se desplazan hacia las bandas mientras que extremos como Yeremay, Luismi o Mella se internalizan por el centro. Esta riqueza táctica convierte al Deportivo en un equipo letal en ataque y ordenado en defensa, capaz de adaptarse a lo que cada rival presenta.

La solidez defensiva es el cimiento sobre el que Hidalgo construye. El Deportivo concede cada vez menos oportunidades, con una defensa caracterizada por su contundencia. Loureiro y Barcia forman una pareja asentada en la zaga, con Germán Parreño bajo palos. El equipo saca el balón sin riesgos innecesarios y frena las embestidas rivales sin exceso de revoluciones. Solo cuatro goles en contra en seis jornadas sitúa al Deportivo junto a Las Palmas y Valladolid como el equipo menos goleado de la categoría.

Riazor, el estadio que fue un calvario la temporada anterior, ha vuelto a funcionar. El año pasado, el Deportivo cosechó apenas veintiséis puntos de sesenta y tres posibles como local, sus peores números en Segunda División. Solo los equipos que bajaron a Primera RFEF tuvieron registros peores. Ahora, en los tres primeros encuentros en casa, el equipo no ha encajado goles, con dos victorias y un empate. Esa conexión entre equipo y afición, que Hidalgo comprendió como esencial, es un empujón importante para mantener la posición en lo más alto de la clasificación. El objetivo es estar en la lucha por el ascenso hasta el final de la temporada, y por ahora, el Deportivo está cumpliendo.

El objetivo es estar en la lucha por el ascenso hasta el final de la temporada
— Antonio Hidalgo
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Qué hace diferente a este Deportivo de otros equipos que empiezan bien pero se desmoralizan después?

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La profundidad. Hidalgo no tiene miedo de cambiar, y eso significa que el equipo no depende de once nombres. Cuando entra Zakaria desde el banquillo, no baja el nivel. Eso es raro.

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Pero quince goles en seis partidos es mucho. ¿Es sostenible?

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No es solo suerte. Mella, Yeremay, Luismi, Mulattieri... todos entienden cómo moverse. Hidalgo los coloca en espacios donde pueden hacer daño. Algunos juegan de extremos, otros de delanteros. El rival nunca sabe dónde va a venir el golpe.

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Y la defensa. Solo cuatro goles en contra.

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Eso es lo más importante. Hidalgo construye desde atrás. Loureiro y Barcia están tranquilos, Parreño no tiene que hacer milagros. El equipo no se expone. Eso es lo que permite atacar con tanta libertad.

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Riazor fue un desastre el año pasado.

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Fue el peor local de Segunda División. Veintiséis puntos de sesenta y tres. Ahora, tres partidos en casa sin encajar. La gente está volviendo a creer.

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¿Puede mantenerse esto hasta final de temporada?

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Si Hidalgo sigue siendo flexible con la táctica y el banquillo sigue respondiendo, sí. Pero la Segunda División es larga. Lo importante es que el equipo tiene herramientas para adaptarse.

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