Rusia pierde 30.000 soldados en un mes; en Afganistán perdió 20.000 en diez años
Casi cuatro años después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales revela que Moscú ha pagado un precio humano sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial —1,2 millones de bajas— a cambio de apenas un 12 por ciento de territorio adicional. La historia registra pocas ocasiones en que una gran potencia haya consumido tanto para avanzar tan poco, midiendo sus conquistas en metros por día, cifras inferiores incluso a las de las trincheras de 1916. El conflicto plantea una pregunta que trasciende el campo de batalla: ¿hasta cuándo puede una nación sostener un esfuerzo que la degrada económica, tecnológica y demográficamente, sin que ninguna fuerza exterior altere su cálculo?
- Rusia ha acumulado 1,2 millones de bajas —muertos, heridos y desaparecidos— en menos de cuatro años, superando en cinco veces todas sus pérdidas militares desde 1945, incluyendo Afganistán y Chechenia juntas.
- A pesar de ese costo devastador, los avances rusos se miden en metros diarios —14 en Chasiv Yar, 69 en Pokrovsk— ritmos inferiores a los de la Batalla del Somme, la campaña más sangrienta de la Primera Guerra Mundial.
- Ucrania mantiene una proporción de bajas favorable de 2,5 a 1 gracias a una defensa en profundidad con trincheras, minas y drones, desmintiendo la narrativa de una victoria rusa inevitable que Donald Trump ha defendido públicamente.
- La guerra ha empujado a Rusia fuera de las filas de las grandes potencias económicas: crecimiento de apenas 0,6% en 2025, rezago tecnológico severo y tasas de pérdidas que ya superan su capacidad sostenible de reclutamiento.
- El análisis del CSIS advierte que Putin difícilmente aceptará un acuerdo de paz sin presión occidental adicional, lo que abre la posibilidad de que el conflicto se prolongue indefinidamente con millones de bajas más.
Casi cuatro años después de la invasión, un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales ha cuantificado el costo humano de la guerra de una manera que desafía la narrativa de una victoria rusa inevitable. Alrededor de 1,2 millones de soldados rusos han muerto, quedado heridos o desaparecido desde febrero de 2022, una tasa de bajas para una gran potencia sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, que supera incluso las pérdidas estadounidenses en Corea y Vietnam combinadas.
Lo que hace más notable esta cifra es lo poco que Rusia ha obtenido a cambio. El territorio ucraniano bajo control ruso ha crecido apenas un 12 por ciento desde el inicio de la invasión, y los avances diarios se miden en metros —14 en Chasiv Yar, 69 en Pokrovsk— cifras inferiores a las que las tropas aliadas lograban durante la Batalla del Somme en 1916. Ucrania, mientras tanto, mantiene una ventaja defensiva clara: las bajas en combate favorecen a Kyiv en una proporción de 2,5 a 1, gracias a una estrategia de defensa en profundidad con trincheras, obstáculos antitanque, minas y drones.
Las pérdidas rusas son históricamente extraordinarias. Superan en cinco veces todas las bajas de guerras rusas y soviéticas desde 1945. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, señaló que Moscú perdió mil efectivos por día solo en diciembre. Expertos advierten que las pérdidas ya exceden las tasas sostenibles de reclutamiento, lo que apunta a un problema estructural de recursos humanos sin solución a corto plazo.
Más allá del campo de batalla, la guerra ha degradado profundamente la posición de Rusia en el mundo. Con un crecimiento económico de apenas 0,6 por ciento en 2025, alta inflación, escasez de mano de obra y un rezago tecnológico severo —ninguna empresa rusa figura entre las cien principales tecnológicas del mundo—, Moscú ha quedado reducida a una potencia de segunda o tercera categoría. El análisis concluye que, sin una presión occidental significativamente mayor, Putin tiene pocos incentivos para negociar, lo que podría prolongar el conflicto indefinidamente.
Casi cuatro años después de que Rusia invadiera Ucrania, un nuevo análisis de expertos internacionales ha cuantificado el costo humano de la guerra en términos que desafían las expectativas de una victoria rusa rápida e inevitable. Alrededor de 1,2 millones de soldados rusos han muerto, quedado heridos o desaparecido desde febrero de 2022, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Esta cifra representa una tasa de bajas para una gran potencia militar sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, superando incluso las pérdidas estadounidenses en Corea (57.000 soldados) y Vietnam (47.000 soldados) combinadas.
Lo que hace más notable esta cifra es lo poco que Rusia ha ganado a cambio. El territorio ucraniano bajo control ruso ha aumentado apenas un 12 por ciento desde el inicio de la invasión. En los últimos dos años, los avances diarios rusos se miden en metros: 14 metros diarios en Chasiv Yar, 22 en Kupiansk, 69 en Pokrovsk. Estos números son inferiores incluso a los que las tropas aliadas lograron durante la Batalla del Somme en 1916, cuando ganaban menos de 82 metros por día contra defensores alemanes en una de las campañas más sangrientas de la historia. Las fuerzas rusas han conquistado menos del 1,5 por ciento del territorio ucraniano en los últimos veinticuatro meses.
El presidente estadounidense Donald Trump ha afirmado recientemente que una victoria rusa es inevitable, argumentando que el tamaño y la fuerza militar rusa eventualmente prevalecerán. Sin embargo, el análisis del CSIS cuestiona esta suposición. Ucrania mantiene una ventaja significativa como defensor en el campo de batalla, utilizando una estrategia de defensa en profundidad que incluye trincheras, obstáculos antitanque, minas y drones. Las bajas en combate favorecen a Kyiv en una proporción de 2,5 a 1 o incluso 2 a 1. Mientras Rusia ha sufrido entre 275.000 y 325.000 muertes en el campo de batalla, Ucrania ha perdido entre 100.000 y 140.000. Las bajas totales ucranianas, incluyendo heridos y desaparecidos, rondan los 500.000 a 600.000, comparadas con los 1,2 millones rusos. "Los datos sugieren que Rusia difícilmente esté ganando", escriben los autores del informe.
Las pérdidas rusas son históricamente extraordinarias. Superan en cinco veces todas las pérdidas de guerras rusas y soviéticas desde 1945 combinadas, incluyendo la invasión de Afganistán en los años ochenta y dos guerras en Chechenia. Mark Rutte, secretario general de la OTAN, señaló en el Foro Económico Mundial que Moscú perdió mil efectivos por día en diciembre, todos ellos muertos, no simplemente heridos. En la década de 1980, la Unión Soviética perdió 20.000 soldados en diez años en Afganistán; ahora Rusia pierde 30.000 en un mes. James Ford, embajador adjunto del Reino Unido ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, advirtió que las pérdidas militares rusas ahora exceden las tasas sostenibles de reclutamiento y reemplazo, lo que sugiere que Moscú enfrenta un problema estructural de recursos humanos.
Más allá del costo humano, la guerra ha transformado la posición económica de Rusia en el mundo. El conflicto ha efectivamente sacado a Rusia de las filas de las potencias económicas globales, reduciéndola a una potencia de segunda o tercera categoría. El crecimiento económico fue de apenas 0,6 por ciento en 2025, impulsado por la disminución de la manufactura, débil demanda de consumidores, alta inflación y escasez de mano de obra. Aunque la producción de municiones, uniformes y fortificaciones contribuye técnicamente al producto interno bruto, no mejora el bienestar a largo plazo ni la formación de capital productivo. Rusia se ha quedado dramáticamente atrás en tecnología de punta: ninguna empresa rusa figura entre las cien principales empresas tecnológicas del mundo, y en un ranking de inteligencia artificial de la Universidad de Stanford, Rusia ocupa el lugar 28 entre 36 países, detrás de naciones como España, Arabia Saudita y Malasia.
A pesar de esta perspectiva sombría para Moscú, el análisis sugiere que Putin es poco probable que acepte un acuerdo de paz sin presión occidental adicional significativa sobre su régimen. Estados Unidos y Europa no han ejercido plenamente sus poderes económicos ni militares contra Rusia. Sin mayor sufrimiento impuesto desde el exterior, Putin probablemente prolongará las negociaciones y continuará la lucha, incluso si eso significa millones de bajas adicionales tanto rusas como ucranianas. La guerra, en otras palabras, podría continuar indefinidamente a menos que cambie el cálculo político en Occidente.
Citações Notáveis
Los datos sugieren que Rusia difícilmente esté ganando— Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS)
Las pérdidas militares rusas ahora exceden las tasas sostenibles de reclutamiento y reemplazo— James Ford, embajador adjunto del Reino Unido ante la OSCE
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Cómo es posible que Rusia haya sufrido 1,2 millones de bajas y aún así continúe la guerra sin signos de rendición?
Porque Putin no enfrenta presión política interna que lo fuerce a negociar. Rusia controla la información doméstica, y mientras Occidente no ejerza presión económica o militar más fuerte, él puede seguir adelante.
Pero ¿no es insostenible perder 30.000 soldados al mes? ¿En algún momento se agota el pozo de reclutas?
Teóricamente sí. Los analistas dicen que las pérdidas ya superan las tasas sostenibles de reemplazo. Pero Rusia tiene una población de 144 millones. Puede seguir alimentando la máquina de guerra durante años, aunque sea cada vez más difícil.
Entonces el problema no es la capacidad militar de Rusia, sino su voluntad política.
Exactamente. Rusia tiene la ventaja numérica, pero Ucrania tiene la ventaja defensiva. El campo de batalla está estancado. Lo que importa ahora es quién se cansa primero de pagar el precio.
¿Y qué pasa con la economía rusa? ¿No debería eso obligar a Putin a negociar?
Debería, pero no lo hace. La economía se está contrayendo, la tecnología se está quedando atrás, pero Putin ha aislado Rusia lo suficiente como para que pueda continuar. El verdadero costo será a largo plazo, cuando Rusia intente reconstruirse.
¿Entonces esto termina cuándo?
Cuando alguien ceda. Y según el informe, sin más presión occidental sobre Moscú, Putin no tiene razón para ceder pronto.