¿Lactato ingerido: revolución del rendimiento o promesa sin fundamento?

Una innovación tecnológica no equivale automáticamente a una ayuda ergogénica consolidada
Reflexión sobre la diferencia entre lograr administrar lactato oralmente y demostrar que mejora el rendimiento deportivo.

Durante décadas, el lactato cargó con la culpa de la fatiga muscular; hoy la ciencia lo reconoce como combustible esencial del cuerpo en movimiento. Esa rehabilitación conceptual ha abierto una pregunta nueva: ¿puede administrarse desde fuera para mejorar el rendimiento deportivo? Investigadores españoles han desarrollado geles de lactato encapsulado que hacen viable la vía oral, pero la evidencia disponible es aún demasiado escasa e inconsistente para convertir una innovación tecnológica en una recomendación consolidada.

  • El lactato pasó de ser considerado el villano de la fatiga a reconocerse como un combustible que el corazón, el cerebro y los músculos utilizan activamente.
  • Nuevos geles encapsulados desarrollados por el fisiólogo Aitor Viribay han resuelto el obstáculo técnico de administrar lactato por vía oral con tolerancia digestiva aceptable.
  • Los primeros estudios muestran efectos modestos —cierto amortiguamiento de la acidosis y posible aporte energético— pero solo en ejercicios de alta intensidad y corta duración.
  • En pruebas de resistencia prolongada no se observan mejoras claras, y no existen revisiones sistemáticas ni metaanálisis que avalen su uso como ayuda ergogénica.
  • La comunidad científica pide investigaciones más amplias en poblaciones deportivas diversas antes de que el lactato oral deje de ser promesa y se convierta en herramienta.

Durante décadas, el lactato fue señalado como el responsable de la fatiga muscular y el colapso del rendimiento. La ciencia terminó por desmentir esa creencia: el lactato no es un residuo, sino una molécula energética que el músculo, el corazón, el cerebro y el hígado producen y consumen de forma continua. Este giro conceptual, conocido como el concepto del Lactate Shuttle, lleva más de cuarenta años transformando la fisiología del ejercicio.

Esa nueva comprensión ha generado una pregunta que hasta hace poco parecería absurda: si el cuerpo ya utiliza el lactato como combustible, ¿podría administrarse desde fuera para mejorar el rendimiento? El fisiólogo español Aitor Viribay y su equipo han desarrollado geles de lactato encapsulado que hacen viable la administración oral, resolviendo los obstáculos técnicos de estabilidad, tolerancia digestiva y sabor. El interés en el deporte de resistencia es considerable.

Sin embargo, la evidencia científica disponible es todavía muy limitada. La mayor parte del conocimiento sobre el metabolismo del lactato proviene de infusiones intravenosas o del ejercicio natural, no de lactato ingerido. Los pocos estudios sobre la vía oral se han realizado en grupos reducidos de atletas de élite con características muy específicas, lo que impide generalizar sus conclusiones.

Lo que esos primeros resultados sugieren es modesto: el lactato oral podría elevar ligeramente el bicarbonato sanguíneo y ejercer cierto efecto amortiguador frente a la acidosis, similar al del bicarbonato de sodio o la beta-alanina. La dosis estudiada ronda los 120 miligramos por kilogramo de peso, administrada unos 70 minutos antes del esfuerzo. La idea no es reemplazar a los carbohidratos —que siguen siendo el combustible principal en resistencia— sino añadir un tercer sustrato potencialmente útil.

Los posibles beneficios se limitan a ejercicios de alta intensidad y corta duración; en pruebas prolongadas no hay mejoras claras. No existen revisiones sistemáticas ni metaanálisis que permitan recomendar el lactato ingerido como ayuda ergogénica consolidada. Quedan abiertas preguntas sobre la dosis óptima, el momento de administración, las interacciones con otros sustratos y la tolerancia gastrointestinal en esfuerzos muy prolongados. Si los estudios en curso confirman los resultados preliminares, podría emerger una nueva categoría de suplementos; si no lo hacen, el lactato seguirá siendo una molécula fascinante sin aplicación práctica relevante.

Durante décadas, el lactato fue el villano de la fisiología del deporte. Los entrenadores lo culpaban de la fatiga muscular, de las agujetas, del colapso del rendimiento. Era el enemigo que debía evitarse a toda costa, un producto de desecho que el cuerpo generaba cuando se esforzaba demasiado. Pero la ciencia cambió de opinión. Hoy sabemos que casi ninguna de esas creencias era correcta.

En realidad, el lactato no es un residuo. Es una molécula energética fundamental, un combustible que el cuerpo produce continuamente y utiliza para funcionar. El músculo activo lo genera, y otras fibras musculares lo reutilizan como fuente de energía. El corazón lo consume en grandes cantidades. El cerebro también puede usarlo cuando la demanda energética aumenta. Incluso el hígado lo transforma nuevamente en glucosa. Este cambio de comprensión, conocido como el concepto del Lactate Shuttle desarrollado hace más de cuarenta años, revolucionó cómo entendemos el ejercicio intenso.

Esa nueva visión ha generado una pregunta que hace poco parecería absurda: si el cuerpo produce y utiliza lactato continuamente, ¿podríamos administrarlo desde fuera para mejorar el rendimiento? En los últimos meses, esa pregunta ha cobrado urgencia gracias al trabajo del fisiólogo español Aitor Viribay y su equipo de investigación, que han desarrollado nuevos geles de lactato encapsulado. El interés en el deporte de resistencia es enorme. Pero ¿qué dice realmente la ciencia?

La respuesta es complicada. El cuerpo tiene transportadores específicos en el intestino, llamados MCT, que pueden absorber lactato ingerido y trasladarlo a diferentes tejidos. La vía biológica existe. El obstáculo técnico—cómo administrar cantidades significativas de lactato de forma estable, con buena tolerancia digestiva y sabor aceptable—parece haberse resuelto. Pero que un mecanismo exista no significa que produzca mejoras de rendimiento.

La evidencia científica disponible es todavía muy escasa. La mayoría de lo que sabemos sobre el metabolismo del lactato proviene de estudios realizados mediante infusión intravenosa o durante el ejercicio natural, no de lactato ingerido. Los pocos estudios sobre lactato oral se han realizado en grupos muy reducidos de atletas de élite, con características fisiológicas y entrenamiento digestivo muy específicos. Sus resultados no pueden generalizarse a la mayoría de los deportistas.

Lo que esos primeros estudios sugieren es modesto. El lactato oral podría aumentar ligeramente el bicarbonato sanguíneo y ejercer cierto efecto amortiguador frente a la acidosis, similar a lo que hace la beta-alanina o el bicarbonato de sodio, que sí cuentan con evidencia científica sólida. Podría utilizarse como combustible energético. Pero cuando hablamos de rendimiento deportivo real, los resultados son inconsistentes. Solo se observan posibles beneficios en ejercicios de alta intensidad y corta duración. En pruebas de resistencia prolongada no hay mejoras claras. No existen revisiones sistemáticas ni metaanálisis que permitan recomendar el lactato ingerido como ayuda ergogénica basada en evidencia.

La dosis típica estudiada es de aproximadamente 120 miligramos por kilogramo de peso corporal, administrada 70 minutos antes del ejercicio. Para un deportista de 70 kilogramos, eso equivale a unos 8,4 gramos. Esa cantidad aporta poco en términos absolutos, pero podría formar una combinación interesante con otros sustratos energéticos. La idea no parece ser sustituir a los carbohidratos—que siguen siendo el principal combustible en deportes de resistencia, con recomendaciones de 60 a 90 gramos por hora—sino añadir un tercer combustible potencialmente utilizable.

Hasta ahora no se han reportado problemas importantes derivados del consumo puntual de lactato oral en deportistas sanos. Pero quedan muchas incógnitas: la dosis óptima, el momento ideal de administración, cómo interactúa con la glucosa y la fructosa, la tolerancia gastrointestinal durante esfuerzos muy prolongados, la respuesta individual. Como con cualquier nueva estrategia nutricional, la prudencia debe preceder al entusiasmo. Probablemente estamos ante una de las líneas de investigación más interesantes de la nutrición deportiva reciente, no porque el lactato sea nuevo—lleva décadas siendo protagonista de la fisiología del ejercicio—sino porque por primera vez parece haberse encontrado una forma tecnológicamente viable de administrarlo por vía oral. Pero una innovación tecnológica no equivale automáticamente a una ayuda ergogénica consolidada. Si los estudios en desarrollo confirman los resultados preliminares, podríamos ver emerger una nueva categoría de suplementos. Si no lo hacen, el lactato seguirá siendo una molécula fascinante desde el punto de vista fisiológico, pero sin aplicación práctica relevante.

El lactato constituye una de las monedas energéticas del organismo, viajando continuamente entre tejidos para ser utilizado como fuente de energía
— Concepto del Lactate Shuttle desarrollado por George Brooks
Todavía no existen revisiones sistemáticas ni metaanálisis sólidos que permitan recomendar el lactato ingerido como ayuda ergogénica basada en la evidencia
— Análisis de la evidencia científica actual
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué el lactato fue considerado el enemigo durante tanto tiempo si en realidad es un combustible?

Model

Porque durante décadas confundimos el lactato con el ácido láctico, que prácticamente no existe en condiciones normales. Culpábamos al lactato de la fatiga muscular y las agujetas cuando en realidad era un mensajero energético fundamental. La ciencia tardó en corregir esa narrativa.

Inventor

Entonces, si el cuerpo ya produce lactato, ¿por qué necesitaríamos ingerirlo?

Model

Buena pregunta. La teoría es que si proporcionamos lactato adicional desde fuera, el cuerpo podría usarlo como combustible extra durante el ejercicio intenso, similar a cómo usamos geles de carbohidratos. Pero la teoría y la práctica son cosas distintas.

Inventor

¿Qué tan sólida es la evidencia de que funciona?

Model

Muy débil aún. Los estudios son pequeños, realizados solo en atletas de élite, y los resultados son inconsistentes. Solo vemos posibles beneficios en ejercicios cortos e intensos, no en resistencia prolongada.

Inventor

¿Entonces es un fraude?

Model

No exactamente. Existe una base fisiológica sólida para investigarlo. El problema es que la innovación tecnológica—lograr que el lactato sea absorbible oralmente—no garantiza que mejore el rendimiento. Son cosas diferentes.

Inventor

¿Podría reemplazar a los carbohidratos en el futuro?

Model

Probablemente no. Los carbohidratos seguirán siendo el combustible principal. Si el lactato demuestra utilidad, sería como un complemento metabólico, un tercer combustible, no un sustituto.

Inventor

¿Hay riesgos en consumirlo ahora?

Model

No se han reportado problemas graves en atletas sanos. Pero hay muchas incógnitas sin resolver: la dosis óptima, cuándo administrarlo, cómo interactúa con otros nutrientes, la tolerancia gastrointestinal en esfuerzos muy largos. La prudencia debe preceder al entusiasmo.

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