La "transformación milagrosa" de Corea del Norte: ¿realidad o espejismo?

Aproximadamente 11 millones de norcoreanos (45% de la población) sufren malnutrición bajo un régimen que comete masivas violaciones de derechos humanos, incluyendo ejecuciones por disidencia y control represivo de mercados informales.
El régimen es más rico que nunca, pero sus ciudadanos siguen hambrientos
Mientras Pyongyang brilla con nueva iluminación y servicios, el 45% de la población sufre malnutrición.

En el hermetismo de Pyongyang, donde el hambre y la represión han sido constantes históricas, algo se mueve: la economía de Corea del Norte creció un 3,7% en 2024, su mayor expansión en ocho años, impulsada por la alianza militar con Rusia y el comercio con China. Kim Jong-un, quien en 2020 pedía disculpas a su pueblo por las penurias, proclama hoy una 'transformación milagrosa'. Pero los sabios observadores recuerdan que la prosperidad construida sobre la guerra ajena y el beneficio de unos pocos no es prosperidad, sino su sombra.

  • El PIB norcoreano crece al ritmo más alto en ocho años, pero el motor es la venta de armas y soldados a Rusia, una apuesta que puede apagarse tan pronto como cese el conflicto en Ucrania.
  • Pyongyang luce más iluminada, con taxis por aplicación y autos eléctricos, mientras 11 millones de norcoreanos —casi la mitad del país— siguen sufriendo malnutrición fuera de la capital.
  • La alianza estratégica con Rusia, el guiño de China y la relajación en la aplicación de sanciones han confluido para dar al régimen más recursos que nunca, consolidando el poder de Kim sin abrir la economía.
  • El proyecto '20x10' promete 20 fábricas en diez provincias, pero los expertos cuestionan su financiación, su tecnología y si alguna vez sus beneficios llegarán a la población común.
  • Analistas advierten que este crecimiento se parece más a una economía de guerra que a un desarrollo sostenible, y que la fragilidad del modelo quedará expuesta cuando la demanda militar rusa disminuya.

Hace poco más de un año, Kim Jong-un proclamó ante la Asamblea Legislativa que Corea del Norte había vivido una 'transformación milagrosa'. El contraste con 2020 era llamativo: entonces, visiblemente afectado por la pandemia y el estancamiento económico, había pedido disculpas a su pueblo en televisión. Algo, efectivamente, había cambiado.

Según estimaciones del Banco Central de Corea del Sur, el PIB norcoreano creció un 3,7% en 2024, su mayor expansión en ocho años. Tres factores lo explican: la alianza con Rusia —que incluye el envío de unos 15.000 soldados y la producción masiva de municiones para la guerra en Ucrania—, el comercio con una China que ha suavizado su presión sobre Pyongyang, y una menor rigurosidad en la aplicación de sanciones internacionales. El investigador Stephen Haggard, de la Universidad de California, lo resume sin rodeos: 'El régimen es más rico que nunca'.

En la capital, los signos son visibles. Visitantes occidentales reportan calles más iluminadas, ascensores que funcionan, teléfonos celulares generalizados, autos eléctricos importados y aplicaciones de transporte y comida. Imágenes satelitales confirman el aumento sostenido de luz eléctrica en Pyongyang. El régimen ha completado complejos turísticos costeros y anunciado el ambicioso plan '20x10': 20 fábricas en diez años para impulsar el desarrollo fuera de la capital.

Pero la bonanza tiene límites severos. Fuera de Pyongyang, las condiciones de vida siguen siendo duras. Aproximadamente 11 millones de norcoreanos —el 45% de la población— padecen malnutrición, en un país donde el régimen ejecuta a quienes escuchan música surcoreana y reprime con violencia los mercados informales. El experto Jongkyu Lee advierte que 'los beneficios aún no han sido compartidos por los ciudadanos de a pie'.

La pregunta de fondo es si esta recuperación sobrevivirá a sus propias condiciones de origen. El crecimiento depende casi por completo de la demanda militar rusa, y el PIB norcoreano representa apenas el 1% del de Estados Unidos. Los analistas son escépticos: lo que Kim llama transformación podría ser, en realidad, un espejismo alimentado por la guerra en Ucrania.

Hace poco más de un año, Kim Jong-un se dirigió a su país desde la Asamblea Legislativa con un mensaje que habría sido impensable años atrás. Proclamó que Corea del Norte había experimentado una "transformación milagrosa" y que ya no era vulnerable a las amenazas externas. El contraste era notable. En 2020, durante la pandemia de covid, el mismo líder había aparecido en televisión visiblemente afectado, pidiendo disculpas a su pueblo por no haber logrado liberarlo de las dificultades. Entonces, la economía estancada de una nación aislada se había contraído aún más bajo el peso de las restricciones sanitarias y las sanciones internacionales.

La realidad de Corea del Norte durante décadas ha sido brutal. Según cifras de Naciones Unidas, aproximadamente 11 millones de personas—casi el 45 por ciento de la población—sufren malnutrición en un país donde los organismos internacionales documentan violaciones masivas de derechos humanos. Entre 1994 y 1998, una catástrofe conocida como la "Gran Hambruna" mató a cientos de miles de personas por inanición. El régimen, bajo el control de la familia Kim desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ha priorizado un aparato de seguridad opresivo sobre los servicios públicos básicos. Bajo Kim Jong-un, quien heredó el poder hace más de una década, el estado se ha vuelto aún más cerrado. Las autoridades castigan con la muerte actos como escuchar música surcoreana o ver series de televisión de Corea del Sur. En 2013, el propio tío del líder fue ejecutado por orden de Kim.

Pero algo ha cambiado en los últimos años. Según estimaciones del Banco Central de Corea del Sur, el producto interno bruto norcoreano creció un 3.7 por ciento en 2024, la mayor expansión en ocho años. Los expertos consideran que la economía se encuentra en su mejor momento desde que Kim asumió el poder. Stephen Haggard, investigador de la Universidad de California especializado en economía norcoreana, afirmó que "el régimen es más rico que nunca". Tres factores han confluido para producir este cambio. Primero, la alianza con Rusia: cuando Vladimir Putin invadió Ucrania en febrero de 2022, Kim vio una oportunidad. Corea del Norte ha enviado aproximadamente 15,000 soldados para combatir en Ucrania o trabajar en industrias rusas, mientras sus fábricas producen municiones y armas para el esfuerzo bélico ruso. En junio de 2024, ambas naciones firmaron un Tratado de Asociación Estratégica Integral que incluye una cláusula de defensa mutua. Segundo, el comercio con China, que ha relajado su presión sobre Pyongyang tras la visita del presidente Xi Jinping—la primera en siete años—en la que evitó pedir la desnuclearización de la península. Tercero, un menor rigor en la aplicación de las sanciones internacionales y un mayor control estatal de los mercados informales que ha permitido al régimen capturar más recursos.

Los signos de recuperación son visibles, al menos en la capital. Visitantes occidentales recientes han reportado más calles iluminadas, ascensores funcionando en edificios altos que antes permanecían a oscuras, proliferación de teléfonos celulares, autos eléctricos importados y aplicaciones de entrega de comida y transporte. Un agente de viajes australiano contó que quedó sorprendido cuando su intérprete pidió un taxi a través de una aplicación y este llegó en minutos. Análisis de imágenes satelitales de la Escuela de Minas de Colorado han confirmado un aumento sostenido de la iluminación eléctrica de Pyongyang. El régimen también ha logrado completar proyectos ambiciosos como complejos turísticos costeros y ha anunciado una iniciativa llamada "20x10" que promete construir 20 fábricas en diez años para promover desarrollo fuera de la capital.

Sin embargo, los analistas advierten que esta bonanza es frágil y desigual. La mejora económica ha beneficiado principalmente a la élite de Pyongyang, mientras que fuera de la capital persisten condiciones de vida duras. Jongkyu Lee, experto del Instituto para el Desarrollo de Corea en Seúl, señaló que aunque el régimen parece estar invirtiendo en desarrollo rural y vivienda, "los beneficios aún no han sido compartidos por los ciudadanos de a pie". Además, el crecimiento depende casi enteramente de la demanda militar rusa. Lee advierte que "la situación actual se parece más a un modelo de crecimiento provocado por la guerra que a un modelo sostenible de crecimiento". Haggard añade preguntas sin respuesta: ¿cuenta el proyecto 20x10 con financiación suficiente? ¿De dónde vendrá la tecnología necesaria? ¿Cuánto afectará el gasto militar a largo plazo?

La perspectiva es complicada por el punto de partida. El producto interno bruto de Corea del Norte representa apenas el 1 por ciento del de Estados Unidos. El régimen sigue utilizando mecanismos de extracción de décadas pasadas, como exacciones de remesas de trabajadores norcoreanos en China y operaciones de piratas informáticos que han acumulado capital en criptodivisas. La pregunta central permanece sin respuesta: ¿durará esta transformación, o es un espejismo alimentado por la guerra en Ucrania? Los analistas son escépticos. La sostenibilidad a largo plazo sigue siendo dudosa, y la población general aún espera ver si alguna vez se beneficiará de la riqueza que el régimen proclama haber adquirido.

El régimen es más rico que nunca
— Stephen Haggard, investigador de economía norcoreana, Universidad de California
La situación actual se parece más a un modelo de crecimiento provocado por la guerra que a un modelo sostenible de crecimiento
— Jongkyu Lee, experto en Corea del Norte, Instituto para el Desarrollo de Corea
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué Kim Jong-un decidió aliarse con Rusia justo cuando Putin invadió Ucrania?

Model

Vio una oportunidad. Estados Unidos estaba enfocado en Ucrania, no en negociaciones con Corea del Norte. Kim podía ofrecer soldados y armas a cambio de dinero, tecnología y legitimidad internacional. Era un cálculo pragmático.

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Pero si la economía está mejorando, ¿por qué los expertos son tan escépticos?

Model

Porque el crecimiento depende casi completamente de la demanda militar rusa. Si esa guerra termina o la demanda baja, toda la bonanza desaparece. No hay diversificación real, no hay base económica sostenible.

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¿Entonces los norcoreanos comunes no están viendo mejoras?

Model

No. La iluminación en Pyongyang, los taxis por aplicación, los autos eléctricos—todo eso está en la capital, donde vive la élite. Fuera de ahí, la malnutrición sigue afectando al 45 por ciento de la población. El régimen está capturando más recursos, pero no los está distribuyendo.

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¿Qué pasó con los mercados informales que antes permitían a la gente sobrevivir?

Model

El régimen los controló más estrictamente durante la pandemia. Eso cortó la última forma de subsistencia que muchos tenían. Ahora todo debe pasar por supervisión estatal, lo que beneficia al gobierno, no a la gente.

Inventor

¿China está ayudando tanto como Rusia?

Model

Potencialmente más, pero de forma diferente. China tiene más capacidad económica que Rusia, pero también más cautela. La visita de Xi fue simbólica—mostró que Pekín está dispuesto a cooperar sin presionar sobre armas nucleares. Pero nadie sabe cuánto dinero o tecnología real fluirá.

Inventor

¿Cuál es el riesgo más grande para Kim en los próximos años?

Model

Que la guerra termine o que Rusia no pueda seguir pagando. Si eso sucede, toda la estructura se colapsa. No tiene un plan B. Y si el crecimiento se detiene, la presión interna podría aumentar, aunque el régimen es muy efectivo reprimiendo disidencia.

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