La energía se ha convertido en la principal correa de transmisión hacia la inflación
La seguridad energética y disrupciones en materias primas lideran el ranking de riesgos con 13/15 puntos, impulsadas por incertidumbre en suministros y volatilidad financiera. Ciberseguridad e IA se perciben como amenazas más destructivas (4,5/5 intensidad), aunque su probabilidad inmediata es menor que la de crisis energética.
- Seguridad energética y disrupciones en materias primas lideran con 13 sobre 15 puntos
- Ciberseguridad e IA percibidas como más destructivas (4,5 sobre 5) pero con menor probabilidad inmediata
- Escasez de recursos críticos es el único riesgo donde todos los expertos coinciden en empeoramiento
- Acuerdo de paz entre EE.UU. e Irán en junio reduce temores de recesión inmediata
El acuerdo de paz en Oriente Medio reduce temores de recesión, pero la seguridad energética se consolida como el principal riesgo económico, seguida por ciberseguridad e inteligencia artificial.
El acuerdo de paz alcanzado en junio entre Estados Unidos e Irán ha reconfigurado el mapa de riesgos económicos globales. Donde hace apenas tres meses dominaba el temor a una recesión inminente, ahora emerge una amenaza distinta pero quizá más persistente: la vulnerabilidad energética del planeta.
El Observatorio Económico de El Confidencial y MAPFRE reúne cada trimestre a un panel de expertos para evaluar quince categorías de riesgo económico. Cada una recibe una puntuación del 0 al 15 según la intensidad del daño potencial, la probabilidad de que ocurra y el horizonte temporal en que podría materializarse. En la evaluación de julio, la seguridad energética y las disrupciones en materias primas estratégicas encabezan la clasificación con 13 puntos sobre 15. No es solo que el crudo haya caído hasta los 70 dólares por barril, un nivel similar al anterior al conflicto. El problema es más profundo: las reservas estratégicas están agotadas, la confianza en la durabilidad del acuerdo sigue siendo frágil, las infraestructuras energéticas permanecen dañadas y los seguros marítimos se han encarecido de forma estructural. El gas natural, además, se acerca al pico de demanda invernal, lo que prolonga la incertidumbre más allá del verano.
Este escenario energético se ha convertido en el principal canal de transmisión hacia la inflación, las finanzas públicas y las decisiones de política monetaria de los bancos centrales. Casi empatados en segundo lugar aparecen dos riesgos distintos: los conflictos armados interestatales y la ciberseguridad junto con las interrupciones de infraestructuras críticas, ambos con 12,5 puntos. Lo paradójico es que varios expertos consideran que tanto la seguridad energética como el conflicto armado han mejorado respecto al trimestre anterior. La interpretación no es que el peligro haya desaparecido, sino que el shock agudo del segundo trimestre está comenzando a estabilizarse, aunque su magnitud potencial siga siendo la mayor vulnerabilidad del sistema.
En un segundo escalón figuran riesgos que dominaban el debate hace apenas tres meses. La recesión global, la inflación persistente y el estrés financiero obtienen 12,3 puntos, seguidos muy de cerca por los riesgos asociados a la inteligencia artificial avanzada con 12,25. El impacto de la inflación ha sido desigual según la geografía: varios países europeos rozan la recesión mientras algunos asiáticos han tenido que reducir drásticamente su demanda de petróleo, pero la industria energética estadounidense se ha fortalecido y economías como la española se han beneficiado de una redirección de flujos turísticos. La OCDE proyectaba un crecimiento del PIB mundial cercano al 2,9 por ciento para 2026 si se lograba un acuerdo de paz en junio, algo que finalmente ocurrió.
Cuando se mide solo la intensidad del daño potencial, es decir, cuán destructivos serían estos riesgos si llegaran a materializarse, la ciberseguridad y la inteligencia artificial encabezan la tabla con 4,5 puntos sobre 5, por delante de la recesión con 4,33. Son percibidas como las amenazas más devastadoras, aunque su probabilidad inmediata sea menor, lo que modera su posición en el índice agregado. La desinformación y manipulación digital, junto con la escasez de recursos críticos y disrupciones en cadenas de suministro, alcanzan 12 puntos cada una. Este último riesgo merece atención especial: es el único en el que todos los expertos que lo evaluaron coinciden en que ha empeorado. Ninguno lo ve estabilizado ni en mejora, una unanimidad que refleja preocupación genuina por la dependencia global de tierras raras, agua, alimentos y semiconductores.
En la zona media del mapa se concentran amenazas de naturaleza más estructural. La competencia tecnológica y soberanía digital puntúan 11,75; la fragmentación económica y comercial, junto con la polarización política y deterioro institucional, alcanzan 11,5 cada una; los fenómenos meteorológicos extremos, 11,3; la divergencia regulatoria, 10,75; y las migraciones masivas, 10,5. Estas no son amenazas inmediatas, pero erosionan gradualmente la capacidad de respuesta de los Estados y reducen el margen del sistema para absorber nuevos golpes. La polarización política y la divergencia regulatoria son mayoritariamente calificadas como en empeoramiento, en línea con un entorno de mayor confrontación institucional. Cierran la clasificación las infraestructuras financieras y aseguradoras con 9,5 puntos y los riesgos sanitarios y nuevas crisis epidemiológicas con 8,5. Este último es percibido como el más lejano: su inminencia media apenas alcanza 2 sobre 5, desplazándolo claramente al largo plazo pese a que su capacidad de daño se considere elevada.
Citas Notables
El shock agudo que marcó el segundo trimestre empieza a estabilizarse, aunque siga siendo, por su magnitud potencial, la mayor vulnerabilidad del sistema— Panel de expertos del Observatorio Económico
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué la seguridad energética supera ahora a la recesión si los precios del crudo ya han bajado a niveles previos al conflicto?
Porque el precio es solo una parte de la historia. Las reservas están vacías, los seguros marítimos siguen caros, las infraestructuras están dañadas y nadie sabe cuánto durará la paz. Es la incertidumbre la que mantiene el riesgo alto.
Entonces, ¿el acuerdo de paz no ha resuelto realmente nada?
Ha resuelto lo agudo. El shock del trimestre anterior está estabilizándose. Pero ha dejado cicatrices que tardarán meses en cerrarse, especialmente con el gas natural acercándose a su pico invernal.
Me sorprende que ciberseguridad e IA sean vistas como más destructivas que una recesión.
Lo son, en potencial. Si se materializan, el daño sería mayor. Pero la probabilidad inmediata es menor. Una recesión podría llegar en semanas; un ataque cibernético masivo o un colapso por IA es más incierto en tiempo.
¿Qué significa que la escasez de recursos críticos sea el único riesgo en el que todos los expertos coinciden en que ha empeorado?
Significa que no hay debate. Todos ven que la dependencia de tierras raras, semiconductores, agua y alimentos se está agravando sin que haya soluciones visibles. Es unanimidad rara en un panel de economistas.
¿Cuál es el riesgo que menos preocupa?
Las nuevas crisis epidemiológicas. Los expertos las ven muy lejanas, aunque reconocen que si ocurrieran serían devastadoras. Es el único que está claramente en el largo plazo.