La «prima del cáncer»: por qué los tratamientos oncológicos cuestan hasta el triple

Los pacientes con enfermedades no oncológicas pierden acceso a tratamientos debido a la asignación ineficiente de recursos sanitarios desviados hacia medicamentos oncológicos sobrepreciados.
El miedo público al cáncer justifica precios que no tienen justificación científica
Los investigadores descubren que la sobretasa en medicamentos oncológicos responde más a presión social que a costes reales o efectividad.

Los medicamentos contra el cáncer son hasta 3 veces más caros que otros fármacos con eficacia equivalente, según investigadores del Memorial Sloan Kettering y Universidad de Zurich. Este sobreprecio es universal en EE.UU., Alemania y Suiza, y se debe más a la conciencia pública sobre el cáncer que a costes reales de desarrollo o efectividad demostrada.

  • Medicamentos oncológicos cuestan hasta 3 veces más que otros fármacos con eficacia equivalente
  • Solo el 41-47% de nuevos tratamientos oncológicos aprobados aportan valor terapéutico sustancial
  • Gasto en oncología en España aumentó 94% entre 2016 y 2021
  • Estudio analizó 181 medicamentos (68 oncológicos) en EE.UU., Alemania y Suiza

Un estudio revela que los tratamientos oncológicos cuestan sistemáticamente hasta tres veces más que otros medicamentos, no por costes de investigación sino por la mayor presión social y miedo público al cáncer, restando recursos a otras enfermedades.

Los responsables de los sistemas sanitarios enfrentan cada día una pregunta sin respuesta fácil: cómo gastar mejor el dinero que reciben de los contribuyentes. En un mundo con presupuestos limitados, medicamentos caros y enfermedades sin cura, la lógica debería ser simple: invertir en lo que más salud produce, en fármacos que alarguen la vida y la hagan vivible. Pero una investigación reciente ha descubierto un obstáculo que nadie había cuantificado hasta ahora: existe una sobretasa sistemática en los precios de los medicamentos contra el cáncer que no tiene justificación en los costes reales ni en la efectividad de los tratamientos.

Investigadores del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York y la Universidad de Zurich analizaron 181 medicamentos lanzados en los últimos años, de los cuales 68 eran oncológicos. Lo que encontraron fue desconcertante: los nuevos fármacos para el cáncer cuestan sistemáticamente hasta tres veces más que los destinados a otras enfermedades, incluso cuando se comparan tratamientos con eficacia equivalente indicados para patologías con incidencias y mortalidad similares. Esta diferencia, que los autores llaman "la prima del cáncer", no se explica por mayores costes de investigación y desarrollo ni por resultados clínicos superiores. El trabajo fue publicado en la revista científica eClinicalMedicine.

Lo más inquietante es que este sobreprecio es prácticamente universal. Los investigadores lo observaron en los tres países analizados, cada uno con políticas farmacéuticas radicalmente distintas: Estados Unidos, donde no existe sanidad pública y las empresas fijan libremente los precios; Alemania, donde la sanidad pública acepta inicialmente lo que piden las compañías y lo renegocia después según resultados; y Suiza, donde la evaluación ocurre antes de que los fármacos entren en el sistema público. En España, que negocia precios algo más bajos que el norte de Europa, las diferencias entre tratamientos oncológicos y no oncológicos se mantienen intactas. Los números son elocuentes: en Estados Unidos, el precio medio de nuevos tratamientos para otras enfermedades pasó de 24.000 euros en 2011 a 63.000 en 2020, un incremento anual del 17,6%. Los oncológicos, en cambio, se dispararon un 31% anual, pasando de 47.000 a 180.000 euros. En Suiza, la prima del cáncer ascendió a 30.000 euros por tratamiento; en Alemania a 34.500; en Estados Unidos a 68.000.

La industria farmacéutica argumenta que estos precios responden a mayores costes de investigación y desarrollo contra el cáncer. Pero los expertos consultados descartan esta explicación. Jaime Espín, profesor de Economía de la Salud en la Escuela Andaluza de Salud Pública y ex-asesor de la Organización Mundial de la Salud, señala que hay abundante evidencia científica demostrando que los precios de los fármacos no guardan relación con los costes, y que además buena parte del desarrollo inicial se financia con dinero público. La verdadera razón, según Kerstin Vokinger, coautora del estudio, es más social que económica: "Los precios más altos de los medicamentos contra el cáncer pueden reflejar que la conciencia pública y el miedo a los trastornos oncológicos es mayor en comparación con las enfermedades no cancerosas". Los sistemas sanitarios, bajo presión política y social, aceptan estos precios sin cuestionarlos.

Esta disposición tiene consecuencias graves. Un dato revelador: menos de la mitad de los tratamientos oncológicos aprobados aportan un alto valor terapéutico. Según un estudio publicado en The BMJ, solo el 41% de los nuevos tratamientos oncológicos aprobados por la FDA estadounidense aporta valor terapéutico sustancial; en Europa ese porcentaje sube al 47%. En España, especialistas en Farmacia Hospitalaria encontraron que apenas el 43,7% de los tratamientos oncológicos aprobados desde 2010 incrementa la supervivencia del paciente. Cuando se aprueba un medicamento para una segunda indicación, el valor terapéutico cae aún más: al 34% y 36% respectivamente. Sin embargo, el precio permanece idéntico para todas las indicaciones, lo que atrae recursos hacia opciones terapéuticas menos eficientes.

La consecuencia es una redistribución perversa de recursos. En España, la factura que pagan los hospitales por tratamientos oncológicos aumentó un 94% entre 2016 y 2021. Miquel Serra, coautor del estudio, lo explica con claridad: "La prima altera la lógica de la eficiencia en los sistemas sanitarios. Si los tratamientos oncológicos requieren el triple de dinero para alcanzar los mismos resultados, otras áreas pueden quedar relegadas. El riesgo es una pérdida de salud de la población general por asignación ineficiente de recursos". Beatriz González López-Valcárcel, catedrática en Economía de la Universidad de Las Palmas, añade una dimensión ética: "El artículo pone en evidencia el componente de injusticia social que supone multiplicar el precio de algunos tratamientos, porque en un contexto de presiones por la sostenibilidad, esto implica restarlo a otras enfermedades igualmente importantes".

Algunos expertos proponen soluciones. Jaime Espín sugiere fijar un precio diferente por indicación, más alto en las más efectivas y menor en las menos. La actual Ley del Medicamento en España no lo permite, pero su reforma podría contemplarlo. Incluso Farmaindustria, la patronal del sector, considera que sería positivo aprobar más de un precio por fármaco según la efectividad demostrada. Sin embargo, hay limitaciones en estos análisis que los propios investigadores reconocen: los estudios usan precios oficiales públicos, pero los sistemas sanitarios firman descuentos confidenciales con las empresas, así que el precio real puede ser menor. Además, muchos hospitales compran por volumen, lo que puede hacer ventajoso adquirir medicamentos para segundas indicaciones incluso si son menos efectivos. Estos detalles permanecen ocultos tras la confidencialidad de los contratos.

La prima altera la lógica de la eficiencia en los sistemas sanitarios. Si los tratamientos oncológicos requieren el triple de dinero para alcanzar los mismos resultados, otras áreas pueden quedar relegadas.
— Miquel Serra, coautor del estudio, Universidad de Zurich
Los precios más altos de los medicamentos contra el cáncer pueden reflejar que la conciencia pública y el miedo a los trastornos oncológicos es mayor en comparación con las enfermedades no cancerosas.
— Kerstin Vokinger, coautora del estudio, Universidad de Zurich
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué los sistemas sanitarios aceptan pagar el triple por medicamentos oncológicos si saben que muchos no funcionan mejor que otras opciones?

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Porque el cáncer genera una respuesta emocional única. El miedo público y la presión política crean una especie de permiso tácito para pagar lo que sea. Los gobiernos no pueden decir que no a un tratamiento contra el cáncer sin enfrentar una tormenta política.

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Pero eso significa que otros pacientes pierden acceso a medicamentos para sus enfermedades.

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Exactamente. Es una transferencia de recursos que nadie ve claramente. Si un hospital gasta 180.000 euros en un medicamento oncológico, esos euros no están disponibles para cardiología, neurología o enfermedades raras. Y lo irónico es que muchos de esos medicamentos oncológicos caros no mejoran significativamente la supervivencia.

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¿La industria farmacéutica justifica estos precios diciendo que la investigación es más cara?

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Eso es lo que dicen, pero los expertos lo desmienten. Hay evidencia clara de que los precios no guardan relación con los costes reales, y además gran parte del desarrollo inicial se financia con dinero público. La verdadera razón es que pueden hacerlo.

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¿Hay alguna forma de romper este ciclo?

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Algunos proponen precios diferenciados según la efectividad demostrada en cada indicación. Un medicamento podría costar más cuando realmente alarga la vida y menos cuando apenas mejora la calidad de vida. Pero eso requeriría cambiar las leyes y enfrentar a la industria.

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¿Y si simplemente se negociara más duramente?

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Ese es el problema: los descuentos que se negocian son confidenciales. Nadie sabe realmente cuánto pagan los hospitales. Esa opacidad es lo que permite que la prima del cáncer siga existiendo sin que nadie la cuestione públicamente.

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