Un precio reducido y estable es lo que más interesa
En el ciclo eterno de crisis y alivio que marcan los mercados energéticos, los conductores vascos han recuperado, al menos temporalmente, la calma en el surtidor. Tras el shock de marzo —cuando los bombardeos sobre Teherán dispararon el diésel hasta 1,93 euros—, una intervención fiscal del Estado ha devuelto los precios a niveles previos al conflicto iraní. Sin embargo, esa tregua tiene fecha de vencimiento: el 30 de junio, cuando expiran las rebajas del IVA y los alivios a los hidrocarburos, el verano podría traer consigo una nueva sacudida.
- En marzo, el litro de diésel subió un 32% en apenas semanas, convirtiendo cada visita a la gasolinera en un golpe económico para familias y sectores productivos vascos.
- La intervención pública —reducción del IVA del 21% al 10% y rebajas en el impuesto a hidrocarburos— logró abaratar el litro hasta 30 céntimos, frenando una contracción severa de la demanda.
- Las medidas fiscales expiran el 30 de junio: el sector advierte que su eliminación encarecería la gasolina en 28 céntimos y el diésel en 22, justo en el pico de la campaña veraniega.
- El lehendakari Pradales ya ha pedido a Moncloa una prórroga de las bonificaciones, mientras el Gobierno de Sánchez prepara un nuevo paquete anticrisis cuyo contenido aún no está definido.
- La amenaza de un rebrote del conflicto —con el asedio israelí al Líbano como sombra latente— mantiene al sector en guardia, consciente de que la estabilidad actual es frágil.
A mediados de marzo, cuando la tensión en Oriente Próximo alcanzaba su punto más crítico, los conductores vascos sufrieron un golpe directo en el bolsillo. El litro de diésel trepó hasta 1,93 euros —un 32% más que a finales de febrero—, mientras la gasolina pasó de 1,49 a 1,78 euros. Para quien llenaba un depósito de 55 litros, la factura podía superar los 25 euros adicionales. Los bombardeos sobre Teherán habían puesto nerviosos a los mercados internacionales, y aunque el crudo tarda en trasladarse al surtidor, el impacto fue inmediato.
Lo que ha permitido la vuelta a niveles previos al conflicto no es solo la relajación de los mercados. A mediados de junio, el Ministerio para la Transición Ecológica registraba la gasolina en torno a 1,50 euros y el diésel en 1,59 en Euskadi. El verdadero motor de ese alivio ha sido la intervención fiscal: la reducción temporal del IVA del 21% al 10%, combinada con rebajas en el impuesto a los hidrocarburos, ha abaratado el litro hasta 30 céntimos. Transportistas, agricultores y pescadores recibieron además bonificaciones específicas.
Pero esa tregua tiene fecha de caducidad: el 30 de junio. Nuria Lekue, presidenta de la asociación de estaciones de servicio en Bizkaia, advierte de que la desaparición de las rebajas encarecería el diésel en 22 céntimos y la gasolina en 28, justo en plena campaña veraniega. El lehendakari Pradales ya ha pedido a Moncloa que mantenga las medidas, mientras el presidente Sánchez anuncia un nuevo paquete anticrisis cuyo alcance aún es incierto. El sector se muestra cauto: la apertura del estrecho de Ormuz podría aliviar algo la presión, pero la amenaza de un rebrote del conflicto sigue siendo una sombra real sobre los precios.
A mediados de marzo, cuando la tensión en Oriente Próximo alcanzaba su punto más álgido, los conductores vascos se enfrentaban a un golpe inesperado cada vez que se detenían en una gasolinera. El litro de diésel había trepado hasta 1,93 euros, un salto del 32% respecto a los 1,46 euros de finales de febrero. La gasolina, por su parte, pasó de 1,49 a 1,78 euros en el mismo período, un incremento cercano al 20%. Para quien llenaba un depósito de 55 litros, la factura se había vuelto brutalmente más cara: 25,85 euros adicionales en el caso del diésel, 15,95 en el de la gasolina.
Ese encarecimiento no era un accidente del mercado. Los bombardeos estadounidenses e israelíes sobre Teherán habían puesto nerviosos a los mercados internacionales de crudo, y aunque el petróleo es volátil por naturaleza —sube como un cohete, baja como una pluma—, las gasolineras no fijan sus precios directamente según el barril de Brent. Responden a la cotización internacional de los carburantes ya refinados, lo que significa que los cambios llegan al surtidor con cierto retraso. Aun así, el impacto fue inmediato y doloroso.
Lo que ha permitido que los precios vuelvan ahora a niveles anteriores al conflicto no es solo la relajación natural de los mercados. El Ministerio para la Transición Ecológica registraba a mediados de junio la gasolina en torno a 1,50 euros en Euskadi y el diésel en 1,59. La gasolina apenas superaba en un 0,7% las cotizaciones previas a la crisis; el diésel, más condicionado por una capacidad de refino limitada, mantenía una diferencia cercana al 9%. El verdadero responsable de este alivio ha sido la intervención pública. La reducción temporal del IVA de los carburantes del 21% al 10%, combinada con la rebaja del impuesto a los hidrocarburos, ha conseguido abaratar el litro en hasta 30 céntimos. A esto se sumaron bonificaciones específicas para transportistas, agricultores, ganaderos y pescadores, sectores particularmente vulnerables a los vaivenes del comercio internacional.
Pero esa tregua fiscal tiene fecha de caducidad. Las medidas vencen el 30 de junio, y aunque el presidente Sánchez anunció ayer la preparación de un nuevo paquete anticrisis, aún no está claro si incluirá una prórroga de estas bonificaciones. El lehendakari Imanol Pradales ya ha enviado una carta a Moncloa pidiendo que se mantengan durante los próximos meses. Las estaciones de servicio vascas se han sumado a esa reclamación con un mensaje claro: si desaparecen las rebajas, el precio subirá de golpe.
Nuria Lekue, presidenta de la asociación de estaciones de servicio en Bizkaia, advierte de que la eliminación de la rebaja del IVA y los alivios fiscales a los hidrocarburos encarecería el litro de diésel en 22 céntimos y el de gasolina en 28. Eso ocurriría en plena campaña veraniega, cuando la demanda de carburantes es más alta y más sensible a los cambios de precio. «Lo que más nos interesa es un precio reducido y estable», dice Lekue, recordando que cada repunte acaba traduciéndose en un menor consumo. La Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos sostiene que estas rebajas han sido decisivas para evitar una contracción acusada de la demanda. De cara a las próximas semanas, el sector se muestra cauto. Otros intentos de desescalada se han visto frustrados, y aunque la apertura del Ormuz podría aliviar la presión sobre los mercados, no garantiza una rebaja directa en el surtidor. Mientras tanto, la amenaza de un rebrote del conflicto por el asedio israelí al Líbano sigue siendo una sombra sobre los precios.
Citações Notáveis
Lo que más nos interesa es un precio reducido y estable, porque la demanda de carburantes es especialmente sensible a las variaciones de precio— Nuria Lekue, presidenta de la asociación de estaciones de servicio en Bizkaia
Estas rebajas han desempeñado un papel decisivo para evitar una contracción acusada de la demanda— Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el precio del crudo no se refleja inmediatamente en la gasolinera?
Las estaciones de servicio no compran crudo. Compran carburantes ya refinados en los mercados internacionales, y eso introduce un desfase. El crudo sube rápido, pero la gasolina que llega al surtidor tarda más en reaccionar.
Entonces, ¿la rebaja del IVA fue lo que realmente salvó a los conductores?
Exactamente. Sin esa intervención pública, los precios seguirían siendo mucho más altos. Fue la única herramienta que el gobierno tenía para contrarrestar el impacto del conflicto.
¿Qué pasa si esas medidas desaparecen en junio?
El litro de gasolina sube 28 céntimos de golpe, en pleno verano, cuando la gente viaja más. Es un momento terrible para que eso ocurra.
¿Es probable que el gobierno las prorrogue?
No está claro. Sánchez habló de un nuevo paquete anticrisis, pero no confirmó si incluirá esto. El lehendakari ya está pidiendo que se mantengan, y el sector también.
¿Qué pasaría si los precios suben mucho?
La demanda cae. La gente conduce menos, consume menos carburante. Es un círculo que nadie quiere que se active, especialmente en verano.
¿Y si el conflicto se reaviva?
Entonces todo vuelve a empezar. Los mercados se ponen nerviosos, los precios suben, y sin las rebajas fiscales, el golpe sería mucho más duro.