Ahora estamos peor que los que mendigan en la calle
En las orillas de Labodrie, un pueblo pesquero al norte de Puerto Príncipe, la violencia de las bandas armadas de Haití alcanzó una nueva cota de horror: más de 40 civiles —niños, mujeres, ancianos— fueron asesinados en represalia por la muerte de un líder criminal. La alianza Viv Ansanm, clasificada como organización terrorista por Estados Unidos, ejecutó la masacre como advertencia y castigo colectivo. La ONU condenó el ataque, pero sus palabras llegaron a un país donde el orden institucional lleva tiempo cediendo terreno ante el poder de las armas.
- Una banda armada irrumpió en Labodrie el jueves por la noche y ejecutó a más de 40 civiles desarmados, incluidos niños y ancianos, en una represalia calculada por la muerte de su líder regional.
- Los atacantes incendiaron casas, cometieron violaciones sexuales y acusaron a residentes de colaborar con la policía, sembrando terror entre quienes lograron escapar con vida.
- La alianza Viv Ansanm, que controla amplias zonas de Puerto Príncipe y ha sido designada organización terrorista por Washington, reafirma con esta masacre su capacidad de expandir la violencia más allá de la capital.
- António Guterres condenó el ataque desde la ONU e instó a procesar a los responsables, pero sus palabras llegaron mientras los atacantes aún permanecían en la zona y los sobrevivientes seguían huyendo.
- La Policía Nacional de Haití guardó silencio ante los homicidios, y la pregunta que persiste es si las condenas internacionales se traducirán alguna vez en una intervención real que detenga la espiral de violencia.
El jueves por la noche, hombres armados entraron al pueblo pesquero de Labodrie, al norte de Puerto Príncipe, y abrieron fuego contra civiles desarmados. Al terminar el ataque, al menos 42 personas habían muerto —entre ellas niños, mujeres y ancianos— y las casas ardían mientras los sobrevivientes huían en todas direcciones.
La masacre fue una represalia directa: cuatro días antes, las fuerzas de seguridad haitianas habían abatido a Vladimyr Pierre, conocido como Vlad, el segundo al mando de la banda Viv Ansanm en la región de Cabaret. Los atacantes acusaron además a varios residentes de colaborar con la policía. Eso bastó para desatar la violencia. Baptiste Joseph Louis, presidente del Consejo Administrativo de las Secciones Comunales de Boucassin, confirmó los 42 cadáveres identificados y denunció también reportes de violaciones sexuales. "Las familias tienen miedo y no encuentran a sus seres queridos", declaró.
Viv Ansanm no es una organización marginal. Es una alianza criminal que Estados Unidos clasificó como terrorista en mayo de este año y que controla amplias zonas de Puerto Príncipe, con una influencia que se extiende hacia las regiones periféricas del país. Su capacidad de represalia a esta escala revela la profundidad de la crisis de seguridad haitiana.
El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó el ataque en un comunicado del sábado e instó a las autoridades a identificar y procesar a los responsables. Pero sus palabras llegaron tarde: los atacantes seguían en la zona. La Policía Nacional de Haití se negó a comentar los hechos. Una mujer de Puerto Príncipe resumió la realidad de vivir bajo el dominio de las bandas con una frase que ningún comunicado oficial podría igualar: "Antes vivíamos con dignidad, ahora estamos peor que los que mendigan en la calle". La pregunta que Labodrie deja sin respuesta es si las condenas internacionales llegarán alguna vez a convertirse en acción concreta.
El jueves por la noche, en el pueblo pesquero de Labodrie al norte de Puerto Príncipe, una banda armada entró disparando contra civiles desarmados. Cuando terminó el ataque, al menos 42 personas estaban muertas. Entre ellas había niños, mujeres y ancianos. Las casas ardían. Los sobrevivientes huían hacia cualquier lugar que los alejara de los atacantes.
La masacre fue represalia. Cuatro días antes, el 7 de septiembre, las fuerzas de seguridad haitiana habían matado a Vladimyr Pierre, conocido como Vlad, el número dos de la banda criminal Viv Ansanm en la región de Cabaret. Los atacantes acusaron también a varios residentes de colaborar con la policía. Eso fue suficiente. Dispararon. Prendieron fuego a todo.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, condenó el ataque en un comunicado difundido el sábado. Describió lo que sucedió como un brutal asesinato de civiles, expresó sus condolencias a las familias y al gobierno haitiano, e instó a las autoridades a identificar y procesar a los responsables. Pero sus palabras llegaban tarde. Los atacantes seguían en la zona. Los supervivientes seguían huyendo.
Viv Ansanm no es una banda cualquiera. Es una alianza de organizaciones criminales que Estados Unidos clasificó como terrorista en mayo de este año. Según el Departamento de Estado estadounidense, esta red controla amplias zonas de Puerto Príncipe y ha extendido su poder hacia regiones periféricas del país. La banda es responsable de gran parte de la inestabilidad y la violencia que sacuden a Haití en los últimos meses.
Baptiste Joseph Louis, presidente del Consejo Administrativo de las Secciones Comunales de Boucassin, fue uno de los primeros en reportar el alcance del desastre. Confirmó 42 cadáveres identificados. Describió casas incendiadas, supervivientes dispersos, y reportes de violaciones sexuales cometidas por los atacantes. "Lo que ocurrió aquí es una violación masiva de derechos humanos", dijo. "Las familias tienen miedo y no encuentran a sus seres queridos".
Una mujer de Puerto Príncipe, cuyo nombre no fue registrado, resumió la realidad de vivir bajo el control de estas bandas con palabras que resonaban más que cualquier comunicado oficial: "Antes vivíamos con dignidad, ahora estamos peor que los que mendigan en la calle. Incluso mendigar se ha vuelto inútil, la gente ya no tiene nada". Su testimonio capturaba algo que los números no podían: la erosión completa de la vida normal, la sensación de que no hay salida.
La Policía Nacional de Haití se negó a hacer comentarios sobre los homicidios. El silencio fue ensordecedor. Mientras tanto, reportes de medios locales confirmaban que el ataque era parte de una nueva escalada de violencia de bandas en el país. Labodrie no era un caso aislado. Era un síntoma de una crisis de seguridad que se profundizaba cada día, una que ya había capturado la atención de organismos internacionales y gobiernos extranjeros. La pregunta que quedaba sin respuesta era si las condenas y los llamados a la justicia llegarían alguna vez a traducirse en acción real.
Citações Notáveis
Lo que ocurrió aquí es una violación masiva de derechos humanos, las familias tienen miedo y no encuentran a sus seres queridos— Baptiste Joseph Louis, presidente del Consejo Administrativo de las Secciones Comunales de Boucassin
El Secretario General está alarmado por los niveles de violencia que sacuden a Haití e insta a las autoridades haitianas a que garanticen que los autores de estos y otros abusos sean llevados ante la justicia— Stéphane Dujarric, portavoz de António Guterres
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué una banda mata a 42 civiles por la muerte de un solo líder? ¿Qué lógica hay detrás?
No es lógica en el sentido que entendemos. Es demostración de poder. Cuando pierden a alguien importante, necesitan mostrar que pueden golpear sin que nadie los detenga. El mensaje es: esto es lo que pasa si se interponen en nuestro camino.
¿Y por qué específicamente acusaron a residentes de colaborar con la policía?
Porque en zonas controladas por bandas, la policía es el enemigo. Si alguien habla con ellos, es traidor. Pero la verdad es que muchas veces es pretexto. Necesitaban justificar la violencia, darle una narrativa. La represalia ya estaba decidida.
¿Qué significa que Viv Ansanm esté clasificada como terrorista por Estados Unidos?
Significa que el gobierno estadounidense reconoce que no es solo crimen organizado común. Es una amenaza a la estabilidad regional. Pero la clasificación es principalmente simbólica. No cambia lo que sucede en Labodrie.
¿Por qué la policía haitiana no comenta nada?
Porque probablemente no pueden. O no tienen información, o tienen miedo, o están comprometidos. En Haití, la línea entre policía y criminal se ha vuelto borrosa en muchos lugares. El silencio protege.
¿Qué pasa ahora con los sobrevivientes?
Están dispersos, traumatizados, sin casas. Algunos probablemente nunca volverán. La gente que vio lo que pasó en Labodrie sabe que no hay protección. Eso es lo más peligroso: cuando la población pierde la fe en que alguien puede defenderlos.