La ONU advirtió por una “catástrofe global” debido al desborde del océano Pacífico y el aumento del nivel del mar

Las naciones insulares del Pacífico enfrentan amenaza existencial a su territorio, economía de subsistencia basada en pesca y turismo, y potencial desplazamiento de poblaciones.
El océano se está desbordando y no hay vuelta atrás
Guterres advirtió que el cambio climático ha convertido el océano en una amenaza existencial para las islas del Pacífico.

Desde las costas de Tonga, el secretario general de la ONU António Guterres contempló un océano que ya no guarda su lugar: en treinta años, el Pacífico tropical ha subido más del doble que el promedio mundial, convirtiendo lo que antes era catástrofe en rutina cotidiana para millones de isleños. Las naciones que menos han contribuido al calentamiento global son las primeras en perder su tierra, su sustento y, potencialmente, su existencia como pueblos. La humanidad enfrenta aquí no solo una crisis ambiental, sino una pregunta moral sobre responsabilidad y destino compartido.

  • El nivel del mar en el Pacífico tropical sube casi el doble de la media mundial, con Tonga registrando 21 centímetros de aumento entre 1990 y 2020, una velocidad que supera toda proyección optimista.
  • Las inundaciones costeras han dejado de ser emergencias para volverse calendario: Samoa Americana pasó de cero a 102 inundaciones anuales, transformando la vida cotidiana en una lucha permanente contra el agua.
  • La injusticia es aritmética: el Pacífico sudoriental genera apenas el 0,2% de los gases de efecto invernadero, pero absorbe de manera desproporcionada el calor acumulado por las emisiones del mundo industrializado.
  • Si el calentamiento global llega a 3 grados centígrados, se proyectan otros 15 centímetros de aumento hacia 2050, lo que amenaza con desplazar poblaciones enteras y destruir economías basadas en pesca y turismo.
  • La ONU convocará una sesión especial en septiembre para debatir la crisis, pero para las islas del Pacífico la urgencia no espera calendarios diplomáticos: el océano ya está en sus puertas.

António Guterres llegó a Tonga a principios de 2024 no a anunciar una amenaza futura, sino a constatar una que ya estaba en curso. Parado frente al océano Pacífico, el secretario general de la ONU presentó junto a Celeste Saulo, de la Organización Meteorológica Mundial, informes que documentaban algo difícil de asimilar: en los últimos treinta años, el nivel del mar en el Pacífico tropical había crecido más de quince centímetros en varios puntos, con Nuku'alofa registrando veintiún centímetros de aumento entre 1990 y 2020, el doble del promedio global.

Los datos sobre inundaciones costeras revelaban la dimensión humana del fenómeno. En Guam, los episodios anuales pasaron de dos a veintidós desde 1980. En las islas Cook, de cinco a cuarenta y tres. En Pago Pago, Samoa Americana, el salto fue de cero a ciento dos. Lo extraordinario se había vuelto ordinario, y lo ordinario, insostenible.

Detrás de estas cifras hay una paradoja que Guterres no esquivó: el Pacífico sudoriental produce apenas el 0,2% de los gases de efecto invernadero responsables del cambio climático. Estas islas no fabricaron la crisis. La están pagando. Los océanos han absorbido más del noventa por ciento del calor excesivo generado por las emisiones desde 1971, y ese calor continuará alterando los dos mil metros superiores del océano durante siglos. El cambio, advirtieron los expertos, es ya irreversible.

Las proyecciones agravan el panorama: si el calentamiento global alcanza los tres grados centígrados, el nivel del mar en la región podría subir otros quince centímetros hacia 2050, poniendo en riesgo tierras de cultivo, infraestructura costera y las economías de subsistencia que dependen de la pesca y el turismo. Guterres habló desde el Foro de las Islas del Pacífico y anunció que la Asamblea General de la ONU dedicará una sesión especial al tema en septiembre. Para las islas, sin embargo, septiembre es un lujo. El agua ya no espera.

António Guterres se paró en Tonga a principios de este año y miró hacia el océano. El secretario general de la ONU había venido a advertir sobre algo que ya estaba sucediendo: el agua subía, y las islas del Pacífico desaparecían lentamente bajo ella. No era una amenaza futura. Era el presente.

En los últimos treinta años, el nivel del mar en el Pacífico tropical había crecido más de quince centímetros en algunos lugares. En Nuku'alofa, la capital de Tonga, el agua había subido veintiuno centímetros entre 1990 y 2020, el doble del promedio global de diez centímetros. Samoa, Fiyi, Guam, las islas Cook, Samoa Americana: todas enfrentaban la misma realidad. El océano no se retiraba. Se expandía.

Los números de las inundaciones costeras contaban una historia aún más urgente. En Guam, las inundaciones anuales habían pasado de dos a veintidós desde 1980. En las islas Cook, de cinco a cuarenta y tres. En Pago Pago, en Samoa Americana, el cambio era casi incomprehensible: de cero a ciento dos inundaciones al año. No eran eventos excepcionales. Se habían convertido en rutina.

Guterres llamó a esto una catástrofe global. Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial, lo expresó de otra manera: el océano había dejado de ser un amigo de toda la vida para convertirse en una amenaza creciente. Los informes que presentaron juntos en Tonga mostraban que entre 1993 y 2023, el nivel del mar había subido un promedio global de 9,4 centímetros, pero en el Pacífico tropical ese mismo período registró aumentos superiores a quince centímetros. La región se calentaba más rápido. El hielo en la Antártida occidental se derretía. Las corrientes oceánicas redistribuían el agua de formas que hacían que el Pacífico occidental subiera casi el doble de la media mundial.

Lo que hacía todo esto más injusto era simple: el Pacífico sudoriental producía apenas el 0,2 por ciento de los gases de efecto invernadero que causaban el cambio climático. Estas islas no habían creado la crisis. La estaban viviendo. Los océanos en general habían absorbido más del noventa por ciento del calor excesivo generado por las emisiones desde 1971. Ese calor seguiría calentando los dos mil metros superiores del océano durante siglos, quizás milenios. El cambio era irreversible.

Los proyectos eran sombríos. Si el calentamiento global alcanzaba los tres grados centígrados, en línea con la trayectoria de las políticas actuales, el nivel del mar en la región podría subir otros quince centímetros hacia 2050. Para islas que ya estaban viendo cómo el agua invadía sus tierras, sus cultivos, sus hogares, eso significaba más desplazamiento, más pérdida de territorio, más amenaza a las economías que dependían de la pesca y el turismo.

Guterres visitó Samoa y Tonga, y desde la capital tongana hizo su llamado durante el Foro de las Islas del Pacífico. Dijo que la crisis del nivel del mar era totalmente provocada por la humanidad, y que pronto alcanzaría una escala casi inimaginable. En septiembre, la Asamblea General de la ONU dedicaría una sesión especial al tema. Pero para las islas del Pacífico, septiembre era un mes lejano. El agua ya estaba aquí.

Una catástrofe global está poniendo a este paraíso del Pacífico en peligro. El océano se está desbordando.
— António Guterres, secretario general de la ONU
El aumento del nivel del mar es una crisis totalmente provocada por la humanidad. Una crisis que pronto alcanzará una escala casi inimaginable.
— António Guterres
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué el Pacífico sube más rápido que el resto del océano?

Model

Tiene que ver con dónde se derrite el hielo y cómo se mueven las corrientes. El hielo de la Antártida occidental se desmorona, y las corrientes oceánicas empujan esa agua hacia el Pacífico occidental. Es geografía y física combinadas. La región está en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Inventor

Pero estas islas casi no contaminan. ¿Cómo es justo que paguen el precio?

Model

No es justo. Producen el 0,2 por ciento de las emisiones globales. Están viviendo una crisis que otros crearon. Es quizás el ejemplo más claro de cómo el cambio climático no castiga a quienes lo causan, sino a quienes menos pueden defenderse.

Inventor

¿Qué significa realmente que el océano absorba el 90 por ciento del calor?

Model

Significa que los océanos han estado amortiguando el golpe del calentamiento global. Sin ellos, la atmósfera sería mucho más caliente. Pero ese calor está ahí, acumulado en el agua, y seguirá estándolo durante siglos. Es un cambio que ya no se puede deshacer.

Inventor

¿Qué pasa con la gente que vive en estas islas?

Model

Algunos ya están pensando en dónde irán. Sus casas, sus tierras, sus historias están siendo borradas lentamente por el agua. No es un desastre que sucederá. Es uno que está sucediendo ahora, año tras año, inundación tras inundación.

Inventor

¿Por qué la ONU convoca una sesión especial en septiembre si el problema es urgente?

Model

Porque necesitan que el mundo lo vea, que lo reconozca formalmente. Pero para Tonga y Samoa, la urgencia ya pasó. Están viviendo en el tiempo de la crisis, no en el tiempo de la respuesta.

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