La OMS confirma 169 casos de hepatitis grave en menores de origen desconocido

Un menor ha fallecido y 17 niños han requerido trasplante hepático para superar la enfermedad.
No explica completamente la gravedad del cuadro clínico
La OMS sobre por qué el adenovirus, aunque detectado en muchos casos, no era una explicación suficiente.

A finales de abril de 2022, la Organización Mundial de la Salud documentó 169 casos de hepatitis aguda grave en menores de doce países, sin que ninguno de los virus habitualmente responsables de esta enfermedad pudiera explicar lo ocurrido. Un niño había muerto y diecisiete más habían necesitado un trasplante de hígado para sobrevivir. La medicina se encontraba ante una de esas encrucijadas que recuerdan cuánto queda aún por comprender del cuerpo humano y de los agentes invisibles que lo habitan.

  • Niños de entre un mes y dieciséis años llegaban a los hospitales con el hígado gravemente inflamado y sin que ningún virus conocido de hepatitis apareciera en sus análisis.
  • El 10% de los afectados requirió trasplante hepático, y un menor perdió la vida, convirtiendo el brote en una emergencia pediátrica de alcance internacional.
  • El adenovirus —detectado en 74 casos— es la hipótesis más sólida, pero los expertos reconocen que no basta para explicar por qué una infección normalmente leve derivaba en fallo hepático fulminante.
  • La distribución geográfica —con casos en Reino Unido, España, Israel, Estados Unidos, Dinamarca e Irlanda, entre otros— apuntaba a algo transmisible, aunque su naturaleza exacta permanecía sin identificar.
  • La OMS investigaba si el brote representaba un aumento real de casos o una mejora en la detección de una hepatitis que quizás siempre había ocurrido sin ser reconocida.

A mediados de abril de 2022, el Reino Unido comenzó a registrar algo perturbador: niños que llegaban a los hospitales con hepatitis aguda grave sin causa aparente. Para finales de mes, la OMS había contabilizado 169 casos en doce países, la mayoría en Europa, con edades de entre un mes y dieciséis años. Uno había muerto. Diecisiete más habían necesitado un trasplante de hígado.

La enfermedad seguía un patrón reconocible: inflamación severa del hígado, enzimas hepáticas muy elevadas y, en muchos casos, síntomas gastrointestinales previos. Lo desconcertante era la ausencia de fiebre y la total falta de rastro de los virus que normalmente provocan hepatitis viral. El Reino Unido concentraba 114 de los casos; España reportaba trece, Israel doce y Estados Unidos nueve.

La hipótesis más firme señalaba al adenovirus, detectado en al menos 74 pacientes. Sin embargo, este patógeno suele causar cuadros leves, no hepatitis fulminante. La propia OMS admitía que el adenovirus «no explica completamente la gravedad del cuadro clínico». Se barajaron otras posibilidades —secuelas de covid, origen tóxico, un virus desconocido—, pero ninguna resultaba concluyente.

Lo que sí era inequívoco era la urgencia: los hospitales pediátricos de una docena de países recibían más casos sin saber qué los causaba ni cómo detenerlos, mientras la investigación continuaba abierta y sin respuesta definitiva.

A mediados de abril, el Reino Unido comenzó a reportar algo inusual: un número creciente de niños llegaba a los hospitales con hepatitis aguda grave, pero sin causa aparente. Para finales de ese mes, la Organización Mundial de la Salud había documentado 169 casos en doce países, la mayoría en Europa, afectando a menores de entre un mes y dieciséis años. Uno de esos niños había muerto. Diecisiete más habían necesitado un trasplante de hígado para sobrevivir.

La enfermedad se presentaba de manera consistente: inflamación severa del hígado con enzimas hepáticas marcadamente elevadas. Muchos de los afectados habían experimentado primero síntomas gastrointestinales —dolor abdominal, diarrea, vómitos— que luego evolucionaban hacia la hepatitis aguda grave. Lo desconcertante era que la mayoría no tenía fiebre, y en ninguno de los casos se detectaron los virus que típicamente causan hepatitis viral aguda. Era como si la enfermedad hubiera aparecido de la nada.

El Reino Unido, donde se concentraba la mayoría de los casos reportados con 114 enfermos, fue el primero en sonar la alarma el 15 de abril. España le seguía con trece casos, Israel con doce, Estados Unidos con nueve, Dinamarca con seis e Irlanda con cinco. La distribución geográfica sugería algo transmisible, pero los investigadores no sabían qué estaban buscando.

La hipótesis más sólida apuntaba al adenovirus, un patógeno común que había sido detectado en al menos setenta y cuatro de los casos. El Reino Unido había observado recientemente un aumento significativo de infecciones por adenovirus en menores, y Países Bajos reportaba algo similar. Pero había un problema: el adenovirus normalmente causa cuadros respiratorios o gastrointestinales leves, no hepatitis fulminante que requiere trasplantes. La OMS reconocía que aunque el adenovirus era una hipótesis plausible, "no explica completamente la gravedad del cuadro clínico".

Los investigadores también consideraban otras posibilidades. Algunos casos habían dado positivo para coronavirus, lo que llevó a especular sobre secuelas de la covid, pero esa teoría se descartó rápidamente cuando se confirmó que ninguno de los niños afectados había sido vacunado contra el virus. También se barajaban orígenes tóxicos o la posibilidad de un virus completamente desconocido. La OMS admitía una incertidumbre fundamental: no estaba claro si realmente había un aumento en los casos de hepatitis o si simplemente se estaban detectando mejor casos que ocurrían al ritmo esperado pero pasaban desapercibidos.

Lo que sí era claro era la urgencia. Diecisiete niños habían perdido parte de su hígado. Uno había muerto. Y los médicos de una docena de países estaban viendo llegar más casos sin saber qué los causaba ni cómo detenerlo. La investigación continuaba, pero mientras tanto, los hospitales pediátricos se preparaban para lo que pudiera venir.

Si bien el adenovirus es una hipótesis posible, se están realizando investigaciones para determinar el agente causal
— Organización Mundial de la Salud
Todavía no está claro si ha habido un aumento en los casos de hepatitis o un aumento en la conciencia de los casos que ocurren al ritmo esperado pero no se detectan
— Organización Mundial de la Salud
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué el adenovirus es sospechoso si normalmente causa enfermedades leves?

Model

Porque fue detectado en setenta y cuatro de los ciento sesenta y nueve casos, y el Reino Unido vio un aumento reciente de infecciones por este virus en niños. Pero tienes razón en dudar: un virus que causa resfriados no debería causar hepatitis que requiere trasplantes.

Inventor

¿Entonces qué más podría ser?

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La OMS consideraba secuelas de covid, pero descartó eso cuando confirmó que ningún niño había sido vacunado. También investigaban orígenes tóxicos o un patógeno completamente nuevo. Básicamente, estaban en la oscuridad.

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¿Cuál es la diferencia entre un aumento real de casos y mejor detección?

Model

Exactamente lo que la OMS se preguntaba. ¿Hay realmente más hepatitis grave en menores ahora, o siempre ocurrió pero nadie la estaba buscando? Si es lo segundo, el pánico sería innecesario. Si es lo primero, hay algo nuevo en el ambiente.

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Un niño murió. Diecisiete necesitaron trasplantes. Eso no suena a detección mejorada.

Model

No, suena a algo serio. Pero la OMS tenía que ser honesta: no sabían si estaban viendo un brote o un espejo mejor de lo que siempre había estado ahí.

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¿Qué hacían los hospitales mientras tanto?

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Esperaban. Documentaban. Preparaban sus unidades de trasplante. Y buscaban respuestas que nadie tenía aún.

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