Sin diagnóstico preciso, incluso los medicamentos existentes se usan mal
Mientras las bacterias resistentes a los antibióticos continúan adaptándose con silenciosa eficiencia, la humanidad avanza en dirección contraria: con menos medicamentos verdaderamente nuevos, menos herramientas diagnósticas accesibles y un ecosistema de innovación frágil sostenido en gran parte por pequeñas organizaciones. La OMS ha documentado esta brecha en dos informes recientes, nombrando lo que ocurre como una 'doble crisis' que no es solo científica, sino económica, política y profundamente desigual. El peso más grave recae, como suele ocurrir, sobre quienes menos recursos tienen para enfrentarlo.
- De los 90 antimicrobianos en desarrollo en todo el mundo, solo 15 son genuinamente innovadores y apenas 5 actúan contra las bacterias más peligrosas — una cifra que ha caído desde los 97 que existían hace dos años.
- La OMS advierte que en diez de los quince fármacos considerados innovadores no hay datos suficientes para descartar resistencia cruzada, lo que podría inutilizar varios tratamientos al mismo tiempo.
- El diagnóstico es la otra cara de la crisis: los países de ingresos bajos y medios carecen de plataformas multiplex asequibles y pruebas que distingan infecciones bacterianas de virales, dejando a millones sin orientación clínica precisa.
- El 90% de las empresas que investigan en fase preclínica tienen menos de 50 empleados, revelando un ecosistema de innovación tan pequeño como vulnerable ante la magnitud del problema.
- La subdirectora general de la OMS ha advertido que sin mayor inversión y sin garantías de acceso global, las infecciones farmacorresistentes seguirán propagándose — y las bacterias, adaptándose.
La Organización Mundial de la Salud ha publicado dos informes que describen con precisión incómoda el estado del mundo frente a la resistencia antimicrobiana: no hay suficientes medicamentos nuevos ni herramientas diagnósticas para contener el avance de las bacterias que ya no responden a los antibióticos disponibles. El organismo llama a esto una 'doble crisis', y los números le dan la razón.
De los 90 antimicrobianos actualmente en desarrollo clínico, solo 15 son considerados verdaderamente innovadores. De esos 15, apenas cinco son eficaces contra las bacterias que la propia OMS clasifica como 'críticas'. El número total ha retrocedido respecto a los 97 que había en desarrollo hace dos años. Dentro de los 90, la mitad son antibióticos convencionales y el resto apuesta por enfoques alternativos como bacteriófagos o anticuerpos. Pero incluso entre los más prometedores, en diez casos los datos disponibles no permiten descartar que la resistencia a uno de ellos inutilice a otro.
Desde 2017, solo 17 nuevos agentes antibacterianos han recibido autorización comercial, y apenas dos representan una clase química completamente nueva. En la fase preclínica hay 232 programas activos, pero el 90% de las empresas involucradas son organizaciones pequeñas con menos de 50 empleados. Faltan medicamentos para niños, tratamientos que puedan administrarse fuera del hospital y soluciones que combinen enfoques tradicionales y no convencionales.
La segunda dimensión de la crisis es el diagnóstico. Los países de ingresos bajos y medios carecen de acceso a plataformas multiplex funcionales en laboratorios intermedios, y las herramientas existentes en atención primaria son demasiado limitadas para distinguir infecciones bacterianas de virales. La OMS señala que se necesitan plataformas asequibles, robustas y capaces de procesar múltiples tipos de muestras.
Yukiko Nakatani, subdirectora general de la OMS, ha sido directa: sin inversión sostenida en investigación y sin mecanismos que garanticen el acceso equitativo a los productos existentes y futuros, las infecciones farmacorresistentes seguirán extendiéndose. El problema, concluye la OMS, no es solo técnico. Es una cuestión de incentivos económicos, de prioridades políticas y de una desigualdad que las bacterias, indiferentes a todo eso, aprovechan sin pausa.
La Organización Mundial de la Salud ha identificado un problema que no admite matices: el mundo no está produciendo suficientes medicamentos nuevos ni herramientas de diagnóstico para contener el avance de las bacterias resistentes a los antibióticos. En dos informes publicados recientemente, el organismo internacional describe lo que llama una "doble crisis" en el desarrollo de agentes antibacterianos, un término que resume una realidad más compleja y más preocupante de lo que sugiere a primera vista.
En este momento hay 90 antimicrobianos en desarrollo clínico en todo el mundo. Ese número, que podría parecer considerable, se reduce drásticamente cuando se examina con rigor. De esos 90, solo 15 califican como verdaderamente innovadores. Peor aún: apenas cinco de ellos son efectivos contra las bacterias que la OMS clasifica en su nivel máximo de prioridad, aquellas designadas como "críticas" en la lista de patógenos bacterianos prioritarios. Para poner esto en perspectiva, hace dos años había 97 antimicrobianos en desarrollo. El número ha caído. Entre los 90 actuales, 50 son antibióticos tradicionales y 40 representan enfoques no convencionales como bacteriófagos, anticuerpos y agentes que modulan el microbioma. Pero incluso dentro de los 15 considerados innovadores, hay un problema adicional: en diez de ellos, los datos disponibles son insuficientes para confirmar que no habrá resistencia cruzada, es decir, que la resistencia a un medicamento no hará que otro deje de funcionar.
Desde que la OMS publicó su primer informe sobre este tema en julio de 2017, solo 17 nuevos agentes antibacterianos contra patógenos prioritarios han recibido autorización para comercializarse. De esos 17, apenas dos representan una clase química completamente nueva. El resto son variaciones de medicamentos existentes. El panorama en fase preclínica, donde se desarrollan los fármacos antes de llegar a humanos, tampoco es alentador. Hay 232 programas activos en 148 grupos de investigación distribuidos globalmente, pero el 90 por ciento de las empresas involucradas son pequeñas organizaciones con menos de 50 empleados. Para la OMS, esto subraya la fragilidad del ecosistema de innovación. Hay áreas enteras sin cobertura: medicamentos para niños, tratamientos orales que puedan administrarse fuera del hospital, soluciones que combinen enfoques tradicionales con no tradicionales para abordar la resistencia creciente.
La segunda parte de la crisis es el diagnóstico. La OMS ha identificado brechas críticas en las herramientas disponibles para detectar e identificar bacterias prioritarias, y estas brechas afectan de manera desproporcionada a países de ingresos bajos y medios. Falta acceso a plataformas multiplex adecuadas que funcionen en laboratorios de referencia intermedios, esas instalaciones que están entre los centros de atención primaria y los laboratorios más sofisticados. Hay insuficiencia de pruebas de biomarcadores que permitan distinguir infecciones bacterianas de virales. Las herramientas que existen en centros de atención primaria y hospitales son simples y limitadas. Lo que se necesita, según la OMS, son plataformas de diagnóstico que sean asequibles, robustas y fáciles de usar, capaces de procesar múltiples tipos de muestras: sangre, orina, heces, muestras respiratorias. Esto mejoraría significativamente la atención en entornos de recursos limitados.
Yukiko Nakatani, subdirectora general de la OMS para Sistemas de Salud, ha sido clara sobre las consecuencias: sin una inversión mayor en investigación y desarrollo, sin esfuerzos específicos para garantizar que los productos nuevos y existentes lleguen a quienes más los necesitan, las infecciones farmacorresistentes seguirán propagándose. La OMS ha instado a los desarrolladores a publicar datos sobre la actividad antibacteriana para fomentar la colaboración, atraer inversiones y acelerar la innovación. Pero los números sugieren que los incentivos actuales no son suficientes. El problema no es solo científico o técnico. Es un problema de economía, de prioridades, de acceso desigual. Y mientras el mundo debate cómo resolverlo, las bacterias continúan adaptándose.
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Sin una mayor inversión en I+D, junto con esfuerzos específicos para garantizar que los productos nuevos y existentes lleguen a las personas que más los necesitan, las infecciones farmacorresistentes seguirán propagándose— Yukiko Nakatani, subdirectora general de la OMS para Sistemas de Salud
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué la OMS usa la palabra "doble" para describir esta crisis? ¿Qué hace que sea doble y no simplemente una crisis?
Porque el problema no está en un solo lugar. No es solo que falten medicamentos nuevos. Es que faltan medicamentos innovadores, y al mismo tiempo, faltan las herramientas para diagnosticar correctamente qué bacteria está infectando a un paciente. Sin diagnóstico preciso, incluso los medicamentos que existen se usan mal, lo que acelera la resistencia.
Entiendo. Pero hay 90 antimicrobianos en desarrollo. ¿Eso no es un número importante?
En números absolutos, sí. Pero cuando solo 15 son realmente innovadores, y solo 5 funcionan contra las bacterias más peligrosas, el número pierde peso. Es como decir que hay muchos coches en producción pero solo algunos tienen motor.
¿Qué significa que el 90 por ciento de las empresas desarrolladoras sean pequeñas?
Significa fragilidad. Una pequeña empresa puede quebrar. Puede ser comprada y abandonada. No tiene los recursos para financiar ensayos clínicos largos y costosos. La OMS está diciendo que el ecosistema de innovación está construido sobre arena.
Y el diagnóstico. ¿Por qué es tan crítico?
Porque si no sabes qué bacteria tiene el paciente, das antibióticos al azar. Eso mata las bacterias sensibles pero deja vivas las resistentes. Es como regar un jardín con pesticida sin saber qué plagas hay. Aceleras la resistencia.
¿Quién sufre más por estas brechas?
Los países pobres. Tienen menos laboratorios sofisticados, menos acceso a pruebas de diagnóstico rápido, menos acceso a medicamentos nuevos cuando existen. Es un ciclo: menos diagnóstico, más uso incorrecto de antibióticos, más resistencia, más muertes.