La ola de calor pone a prueba las infraestructuras de transporte europeo

La adaptación de las infraestructuras ya no es opcional
La secretaria ejecutiva de la UNECE advierte que los fenómenos extremos son realidad presente, no riesgo futuro.

El calor extremo actual provoca ya retrasos y cancelaciones de trenes en Bélgica, Dinamarca, Francia y Reino Unido por deformación de vías y fallos de sistemas. La UNECE advierte que Europa enfrentará 10-50 días más anuales con temperaturas superiores a 25°C en la segunda mitad del siglo, con costos económicos potencialmente catastróficos.

  • Retrasos y cancelaciones de trenes en Bélgica, Dinamarca, Francia y Reino Unido por deformación de vías y fallos de sistemas
  • Entre 10 y 50 días adicionales anuales con temperaturas superiores a 25°C en la segunda mitad del siglo en Europa, Asia Central y América del Norte
  • Riesgo sistémico anual de 81.000 a 122.000 millones de dólares para transporte marítimo mundial, comercio y cadenas de suministro
  • Francia ha evaluado 21.073 kilómetros de red nacional de carreteras y trabaja en adaptación de 3.000 estaciones ferroviarias
  • Por cada dólar invertido en adaptación climática se generan más de diez dólares en beneficios económicos, sociales y ambientales

Una ola de calor extrema en Europa causa retrasos ferroviarios, deterioro de carreteras y problemas de navegación fluvial, evidenciando vulnerabilidades que se intensificarán con el cambio climático en próximas décadas.

El termómetro sube en Europa y las consecuencias ya son visibles en las vías por donde circulan millones de personas cada día. Trenes que llegan tarde o no llegan, carreteras que se deforman bajo el asfalto reblandecido, ríos que se vuelven intransitables para las barcazas de carga. Lo que sucede ahora mismo en Bélgica, Dinamarca, Francia y Reino Unido no es una anomalía pasajera sino una advertencia. La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa ha estudiado el fenómeno y sus conclusiones son claras: esto que vemos hoy es apenas el prólogo de lo que vendrá.

Las vías férreas se retuercen cuando el calor extremo las golpea. El aire acondicionado de los trenes falla. Los sistemas de señalización se sobrecalientan. En los ríos, el nivel del agua baja o sube de formas impredecibles, cortando rutas comerciales. Cada uno de estos problemas parece aislado hasta que se entiende que son síntomas del mismo mal: infraestructuras diseñadas para un clima que ya no existe. Un portavoz de la Comisión explicó a Noticias ONU que este episodio de calor extremo ha puesto al descubierto los riesgos climáticos y sus consecuencias directas para el transporte.

Lo que preocupa a los expertos es la proyección. En la segunda mitad de este siglo, Europa, Asia Central y América del Norte tendrán que soportar entre diez y cincuenta días adicionales cada año con temperaturas por encima de los veinticinco grados centígrados. A eso se suma el aumento de lluvias torrenciales e inundaciones, que traerán deslizamientos de tierra y daños masivos en carreteras y líneas ferroviarias. Tatiana Molcean, secretaria ejecutiva de la Comisión, fue directa: los sistemas de transporte son vitales para que funcionen nuestras sociedades y economías. Las interrupciones pueden tener consecuencias dramáticas para las comunidades y costes financieros muy elevados.

Los números dan escala al problema. La temporada de huracanes del Atlántico en 2024 dejó daños valorados en doscientos treinta y dos mil millones de dólares. Solo en los puertos, las pérdidas alcanzaron siete mil quinientos millones de dólares anuales. El riesgo sistémico anual para el transporte marítimo mundial, el comercio, las cadenas de suministro y la actividad económica se sitúa entre ochenta y uno mil y ciento veintidós mil millones de dólares. Estas cifras no son predicciones; son daños ya ocurridos, ya contabilizados.

Algunas regiones están más expuestas que otras. La costa occidental de Noruega, los Alpes, los Balcanes, el norte de Turquía, partes de Asia Central, la costa de la Columbia Británica y la costa este de Estados Unidos enfrentan riesgos especialmente altos. En estos territorios, las precipitaciones extremas pueden provocar deslizamientos, fallos en terraplenes, sobrecarga de sistemas de drenaje y destrucción de infraestructuras críticas.

Lo que la Comisión subraya con insistencia es que la adaptación ya no es una opción de largo plazo sino una necesidad inmediata. Los fenómenos meteorológicos extremos no son un riesgo futuro; ya están aquí. Molcean fue clara: la adaptación de las infraestructuras de transporte es un imperativo. Y hay un incentivo económico: por cada dólar invertido en adaptación climática se generan más de diez dólares en beneficios económicos, sociales y ambientales.

Algunos países ya están en movimiento. Francia ha evaluado la vulnerabilidad de veintiún mil setenta y tres kilómetros de su red nacional de carreteras y trabaja en una estrategia de adaptación para tres mil estaciones ferroviarias. Alemania, después de que un desprendimiento de rocas de dieciséis mil metros cúbicos cerrara durante siete semanas una ruta ferroviaria de mercancías clave para Europa, realizó un análisis detallado del impacto climático en su red ferroviaria usando mapas de alta resolución. Portugal diseñó una nueva red de autobuses de tránsito rápido para el Sistema de Movilidad de Mondego, de cuarenta y dos kilómetros, con pavimentos resistentes a altas temperaturas y sistemas de drenaje preparados para inundaciones con período de retorno de cien años.

La Comisión ha elaborado mapas de riesgo de las principales redes y nodos de transporte que requieren atención específica, junto con proyecciones de temperatura y precipitaciones. El objetivo es dar a gobiernos y profesionales del transporte una base para analizar vulnerabilidades a escala local y planificar respuestas ajustadas a cada territorio. Lo que está en juego no es solo la puntualidad de un tren o la integridad de una carretera, sino la capacidad de las sociedades para funcionar cuando el clima se vuelve hostil.

Los sistemas de transporte son vitales para el buen funcionamiento de nuestras sociedades y economías. Las interrupciones pueden tener consecuencias dramáticas para las comunidades.
— Tatiana Molcean, secretaria ejecutiva de la UNECE
Dado que los fenómenos meteorológicos extremos ya no son un riesgo futuro, sino una realidad actual, la adaptación de las infraestructuras de transporte es un imperativo.
— Tatiana Molcean, secretaria ejecutiva de la UNECE
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué el calor extremo daña tanto las infraestructuras de transporte? Parece sorprendente que la temperatura sea tan destructiva.

Model

El acero y el asfalto se expanden con el calor. Las vías férreas se retuercen, los sistemas eléctricos fallan, el aire acondicionado no aguanta. No es que se rompan de golpe; es que pierden la capacidad de hacer lo que fueron diseñados para hacer.

Inventor

¿Y por qué la UNECE habla de esto ahora? ¿No se sabía que el cambio climático iba a traer temperaturas más altas?

Model

Se sabía en teoría. Pero ahora está pasando. Bélgica, Dinamarca, Francia, Reino Unido tienen trenes retrasados hoy. Eso convierte la advertencia en una realidad que gobiernos y empresas no pueden ignorar.

Inventor

Los números que mencionas son enormes. ¿Realmente cuesta ciento veintidós mil millones de dólares al año el riesgo para el transporte marítimo?

Model

Ese es el riesgo sistémico anual estimado. Incluye interrupciones en cadenas de suministro, pérdida de comercio, daños a infraestructura. Un huracán en 2024 costó doscientos treinta y dos mil millones. Estos no son números abstractos.

Inventor

¿Entonces la adaptación es realmente rentable? ¿Diez dólares de beneficio por cada dólar invertido?

Model

Según la Comisión, sí. Pero eso solo funciona si se invierte ahora. Esperar a que todo se colapse es mucho más caro que reforzar las infraestructuras antes de que fallen.

Inventor

¿Qué diferencia hay entre lo que hace Francia y lo que hace Portugal?

Model

Francia está evaluando y planificando a gran escala: veintiún mil kilómetros de carreteras, tres mil estaciones. Portugal tomó un sistema específico de cuarenta y dos kilómetros y lo rediseñó completamente con soluciones concretas: pavimentos que resisten el calor, drenajes para inundaciones de cien años. Ambos enfoques son necesarios.

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