Confíen en Dios, confíen en él porque él va a tener sus razones
En los días que siguieron al doble terremoto del 24 de junio en Venezuela —que dejó más de tres mil quinientos muertos y decenas de miles sin hogar— emergió entre los escombros de La Guaira la historia de Fabiana, una niña de doce años que sobrevivió sola durante treinta y dos horas alimentándose de lo poco que encontró a su alrededor. Su rescate no fue solo el de un cuerpo atrapado bajo el concreto, sino el de una chispa de esperanza en medio de una catástrofe que transformó ciudades enteras en ruinas. La humanidad, en sus momentos más oscuros, suele encontrar en la fragilidad de un niño el recordatorio más poderoso de su propia voluntad de vivir.
- El doble terremoto sacudió Venezuela con una violencia que derrumbó 190 edificios y dejó a más de 17.000 personas sin vivienda en cuestión de segundos.
- Fabiana quedó atrapada sola bajo toneladas de escombros mientras su madre trabajaba, sin saber si alguien llegaría a tiempo para encontrarla.
- Durante más de un día en la oscuridad, la niña sobrevivió comiendo queso y salsa de tomate esparcidos entre los restos de su departamento, aferrándose a la espera.
- Cuando comenzó a escuchar voces llamando su nombre, lloró de alivio: el rescate llegó después de 32 horas, pero las secuelas del trauma —el miedo a dormir boca arriba, el pánico ante los helicópteros— persistieron.
- Fabiana se convirtió en símbolo de resiliencia nacional y pidió a otras víctimas que confiaran, que resistieran, y que nunca apagaran su sonrisa.
El 24 de junio, un doble terremoto sacudió Venezuela y convirtió barrios enteros en escombros, dejando 3.535 muertos y más de 17.000 personas sin hogar. En La Guaira, una de las zonas más devastadas, una niña de doce años llamada Fabiana quedó atrapada sola bajo los restos de su departamento. Su madre había salido a trabajar. Fabiana estaba en su cuarto cuando decidió ir a la cocina por agua, y fue en ese instante cuando el edificio comenzó a derrumbarse a su alrededor.
Durante treinta y dos horas, la niña esperó en la oscuridad. Encontró queso y salsa de tomate entre los escombros y comió lo que pudo para mantenerse con vida. Rezó. Esperó. No sabía si alguien la encontraría. Cuando finalmente comenzó a escuchar voces llamando su nombre, lloró de felicidad.
El rescate no borró el trauma de inmediato. En los días siguientes, Fabiana no quería dormir boca arriba y el sonido de los helicópteros la llenaba de pánico. Su cuerpo cargaba la memoria de lo que había vivido. Aun así, encontró fuerzas para enviar un mensaje a las otras víctimas: que confiaran, que creyeran, y que nunca apagaran su sonrisa.
La magnitud de la tragedia que rodeaba su historia era abrumadora: más de 6.400 personas rescatadas de los escombros, 856 edificios dañados, 190 completamente derrumbados, y más de 10.700 personas viviendo en campamentos transitorios. La Guaira concentraba el mayor número de damnificados. En ese contexto de devastación colectiva, el rescate de Fabiana se propagó como un rayo de luz: la prueba de que la vida podía persistir incluso en las circunstancias más desesperadas.
El 24 de junio, Venezuela fue sacudida por un doble terremoto que dejó 3535 muertos y transformó ciudades enteras en ruinas. En medio de esa devastación, una niña de doce años llamada Fabiana fue rescatada viva después de permanecer treinta y dos horas enterrada bajo los escombros de su departamento en La Guaira, una de las zonas más golpeadas por la catástrofe.
Fabiana estaba sola ese día. Su madre había salido a trabajar, dejándola en el apartamento. Ella estaba en su cuarto, mirando el teléfono, cuando decidió ir a la cocina a tomar agua. Fue en ese momento cuando el terremoto la atrapó. El edificio comenzó a moverse violentamente, las paredes se tambaleaban, todo parecía desmoronarse alrededor de ella. Segundos después, los escombros empezaron a caer. Cuando finalmente todo se detuvo, quedó un silencio absoluto. Fabiana se encontró atrapada bajo toneladas de concreto y polvo, mirando hacia arriba, sin saber qué hacer.
Durante esas treinta y dos horas de espera, la niña tuvo que ingeniárselas para sobrevivir. Encontró queso y salsa de tomate esparcidos entre los escombros y comió lo que pudo. Pasó las horas en la oscuridad, esperando, rezando, sin saber si alguien la encontraría. Pero después de más de un día atrapada, comenzó a escuchar voces a lo lejos. Escuchaba su nombre siendo llamado. Lloró de felicidad. Sabía que la iban a rescatar, que volvería a ver a su familia.
Cuando fue sacada de entre los escombros, Fabiana sobrevivió con vida. Pero el trauma de esas horas no desapareció fácilmente. Durante los primeros días después del rescate, no quería dormir boca arriba. Cada vez que escuchaba helicópteros volando bajo, el pánico la invadía. Su cuerpo recordaba lo que su mente intentaba procesar.
A pesar de todo, Fabiana encontró fuerzas para dejar un mensaje a las otras víctimas del terremoto. Les pidió que confiaran en Dios, que creyeran que había razones para todo lo que estaba sucediendo. Y les pidió algo más simple pero profundo: que nunca apagaran su sonrisa.
La escala de la tragedia que rodeaba a Fabiana era inmensa. Más de seis mil personas fueron rescatadas de los escombros. Diecisiete mil trescientas cuarenta y cinco personas perdieron sus casas. Ochocientos cincuenta y seis edificios fueron dañados, y ciento noventa colapsaron completamente. Más de diez mil personas estaban viviendo en campamentos transitorios habilitados de emergencia. La Guaira, donde Fabiana fue rescatada, era el estado más devastado, con seis mil seiscientas cincuenta y cinco personas alojadas en veinte campamentos. En Caracas, treinta y siete campamentos transitorios funcionaban a capacidad parcial. En Miranda, veintidós campamentos más albergaban a cientos de personas desplazadas.
Fabiana se convirtió en un símbolo de esperanza en medio de la devastación. Su rescate, contra todas las probabilidades, recordó a un país destrozado que la vida podía persistir incluso en las circunstancias más desesperadas. Mientras Venezuela intentaba reconstruirse y contar sus pérdidas, la historia de una niña de doce años que sobrevivió treinta y dos horas bajo los escombros comiendo lo que encontraba a su alrededor se propagó como un rayo de luz en la oscuridad.
Notable Quotes
Estaba en mi cuarto, mirando mi teléfono, cuando salgo a la cocina a tomar agua y ahí fue cuando el terremoto me agarra muy fuerte.— Fabiana, niña rescatada
Siempre confíen en Dios, confíen en él porque él va a tener sus razones para todos. Y que nunca apaguen su sonrisa.— Fabiana, mensaje a otras víctimas
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Qué fue lo primero que Fabiana sintió cuando escuchó su nombre siendo llamado?
Lloró de felicidad. Después de treinta y dos horas en silencio absoluto, escuchar voces, escuchar su nombre, significaba que alguien la había encontrado. Que no iba a morir allí. Que volvería a ver a su madre.
¿Cómo logró mantenerse con vida durante esas horas?
Encontró queso y salsa de tomate entre los escombros. No fue mucho, pero fue suficiente. Lo importante es que tuvo algo que hacer, algo en qué enfocarse además del miedo.
¿El trauma terminó cuando fue rescatada?
No. El cuerpo no olvida. Durante los primeros días no podía dormir boca arriba. Los helicópteros la asustaban. El rescate fue el principio, no el final.
¿Por qué crees que ella eligió dejar un mensaje de esperanza?
Porque a veces, después de pasar por lo peor, lo único que queda es la fe. Y quizás ella entendió que su supervivencia no era solo suya, sino que tenía que significar algo para los otros.
¿Qué representa Fabiana en el contexto de esta catástrofe?
Un recordatorio de que incluso cuando todo se derrumba, la vida encuentra formas de persistir. Diecisiete mil personas perdieron sus casas, pero una niña de doce años encontró queso en la oscuridad y sobrevivió.