La madre de María Corina espera su llegada a Oslo para el Nobel de la Paz

La familia de María Corina Machado ha sido dispersada internacionalmente durante años por amenazas de secuestro y persecución política, viéndose forzados al exilio para proteger a la líder opositora.
Nada se compara al abrazo físico. Ha sido muy duro.
Clara, hermana de Machado, sobre la separación familiar forzada por razones de seguridad política.

En Oslo, ciudad que esta semana acoge el reconocimiento más alto a la paz, una familia venezolana espera reunirse después de años de exilio forzado. La madre y los hermanos de María Corina Machado, dispersados por amenazas de secuestro y vigilancia policial, han convergido en Noruega con la esperanza de que la ceremonia del Premio Nobel ofrezca lo que la represión política les ha negado: un abrazo. El aislamiento de esta familia no es accidental, sino una estrategia de supervivencia que revela el costo humano que paga la disidencia en Venezuela.

  • La familia de Machado lleva más de una década fragmentada por el mundo, separada no por elección sino por la amenaza concreta de ser usada como rehén contra la líder opositora.
  • El martes por la mañana, su madre Corina Parisca esperaba frente al Gran Hotel de Oslo sin saber si su hija lograría llegar a tiempo para la ceremonia del Nobel.
  • Policías merodeando casas y seguimientos constantes obligaron a Machado a ordenar a su familia que abandonara Venezuela, reconociendo que secuestrar a cualquiera de ellos sería una palanca fácil contra ella.
  • Los hijos de Machado, sus hermanas y su madre se han reunido en Oslo con optimismo cauteloso, transmitiendo el mismo mensaje que ella les envía siempre: calma, fuerza y esperanza.
  • El Premio Nobel de la Paz se convierte así en algo más que un galardón político: es la primera oportunidad real en años para que una familia rota por la represión pueda estar junta, aunque sea por unas horas.

Corina Parisca viajó a Oslo con una esperanza sencilla y profunda: abrazar a su hija. Pero el martes por la mañana, frente al Gran Hotel donde se concentraba la familia de María Corina Machado, tuvo que admitir ante los periodistas que la líder opositora venezolana aún no había llegado. "Yo le pido a Dios que la traiga hoy", dijo. "Todos estamos esperándola".

La dispersión de esta familia no fue gradual ni voluntaria. Los hijos de Machado salieron de Venezuela en 2012. Su madre lo hizo en mayo de este año. Sus hermanas también viven fuera, en países que prefieren no revelar por seguridad. La razón es concreta: policías siguiendo a sus hijas y a ella misma por las calles, una vigilancia lo suficientemente amenazante como para que Machado tomara la decisión de ordenarles que se fueran. "Era muy fácil secuestrar a cualquiera y presionarla a ella", explicó Corina Parisca, quien describió la situación en Venezuela con una sola palabra: espantosa.

Clara, una de las hermanas de Machado, llevaba año y medio sin ver a María Corina cuando llegó a Oslo. Esperaba en el Grand Hotel con una actitud que ella misma calificó de positiva, recordando la última conversación con su hermana, ocho días antes: vamos para adelante, nos vamos a ver pronto, mucha calma, mucha fuerza. Los tres hijos de Machado también estaban presentes, descritos por Clara como "muy fuertes, muy unidos".

La ceremonia del Nobel de la Paz ofrecía algo que la política venezolana ha impedido durante años: la posibilidad de que una familia rota por la represión pudiera estar junta. Para Corina Parisca, el reencuentro, si llegaba a ocurrir, sería también la confirmación de que el sacrificio del exilio había tenido un sentido. Porque el precio del coraje político, en Venezuela, se mide también en los abrazos que se pierden.

En las calles de Oslo, una familia se reúne después de años de separación forzada. Corina Parisca, madre de la líder opositora venezolana María Corina Machado, había viajado a Noruega con la esperanza de abrazar a su hija durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz. Pero el martes por la mañana, de pie frente al Gran Hotel, tuvo que admitir a los periodistas que aún no había llegado. "No ha venido", dijo, aunque mantenía la fe. "Yo le pido a Dios que la traiga hoy. Todos estamos esperándola".

Esta reunión, si llegaba a ocurrir, sería extraordinaria precisamente porque ha sido tan rara. Los hijos de Machado abandonaron Venezuela en 2012, con apenas visitas esporádicas al país. Su madre se fue en mayo de este año. Sus hermanas también están fuera. El aislamiento no es una elección sino un cálculo de supervivencia. Machado dispersó a su familia para que no fueran vulnerables, para que no pudieran ser usados como palanca contra ella. Es el precio que paga una opositora política en Venezuela.

Corina Parisca describió la situación en su país con una palabra: espantosa. "Este Gobierno es verdaderamente tiránico", dijo. "Los que no han tenido contacto cercano estos últimos años, no se lo imaginan". Ella y sus hijas no fueron amenazadas por llamadas telefónicas, sino por algo más tangible: policías merodeando cerca de sus casas, siendo seguidas constantemente. "Nos dimos cuenta de que nos estaban siguiendo, tanto a mis hijas como a mí, y a su marido", explicó. Fue entonces cuando María Corina les dio la orden: váyanse de Venezuela, a donde sea, pero váyanse. El riesgo era claro. "Era muy fácil secuestrar a cualquiera y presionarla a ella".

Clara, una de las hermanas de Machado que también viajó a Oslo, no había visto a su hermana en año y medio. Vive en un país que prefiere mantener en secreto por razones de seguridad. Mientras esperaba en el Grand Hotel, expresaba optimismo a pesar de la incertidumbre que rodeaba toda la jornada. "Estoy con una actitud positiva, esperando a que ella entre por esa puerta", dijo. La última conversación que tuvo con María Corina fue hace ocho días, cuando su hermana le transmitió el mismo mensaje que siempre: vamos para adelante, nos vamos a ver pronto, mucha calma, mucha fuerza, mucho optimismo.

Clara lamentaba la distancia. "La pandemia nos enseñó a relacionarnos a distancia, pero nada se compara al abrazo físico. Nada. Ha sido muy duro, sobre todo para ella". Lo que ella quería como hermana era simple: abrazarla, tocarla, verla vivir su vida. Los tres hijos de Machado —Ana Corina, Ricardo y Henrique— también estaban en Oslo, y según Clara, se mostraban "muy fuertes, muy unidos, y también con mucho optimismo. Y todos apoyándola, detrás de ella".

La ceremonia del Nobel de la Paz ofrecía algo que la política venezolana no había permitido en años: la posibilidad de que una familia dispersada por la represión pudiera estar junta, aunque fuera por unas horas. Corina Parisca esperaba, rezaba, confiaba en que su hija encontrara la manera de llegar a Oslo. El reencuentro, si sucedía, sería el reconocimiento de que el sacrificio del exilio había tenido un propósito, y que el precio del coraje político se mide también en los abrazos que se pierden.

Era muy fácil secuestrar a cualquiera y presionarla a ella
— Corina Parisca, madre de María Corina Machado
Vamos para adelante. Nos vamos a ver pronto. Mucha calma, mucha fuerza, mucho optimismo
— María Corina Machado, en conversación con su hermana Clara hace ocho días
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué la familia de Machado tuvo que irse de Venezuela si ella es la que enfrenta el peligro directo?

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Porque en un sistema represivo, los familiares son herramientas. Si tienes a la madre, los hermanos, los hijos en tu poder, tienes un arma contra la opositora. Machado decidió que era mejor que estuvieran lejos, dispersos, fuera del alcance.

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¿Cuánto tiempo llevan separados?

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Sus hijos se fueron en 2012. Su madre en mayo de este año. Algunos no se han visto en más de un año. Pero lo notable es que siguen conectados, hablando frecuentemente, aunque no es lo mismo que estar juntos.

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¿Qué significa para ellos este viaje a Oslo?

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Es la primera oportunidad real en años de estar en el mismo lugar. No es un regreso a casa. Es un evento internacional donde pueden reunirse sin que eso signifique peligro para Machado. Es una excepción, no la regla.

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La madre dijo que confiaba en Dios respecto a la seguridad de su hija. ¿Eso es resignación o fe genuina?

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Probablemente ambas. Cuando has hecho todo lo que puedes hacer —dispersar a tu familia, vivir en el exilio— lo que queda es confiar. No es pasividad. Es el punto al que llegas después de haber tomado todas las decisiones difíciles.

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¿Qué pasa después del Nobel? ¿Vuelven al exilio?

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Sí. El reencuentro es temporal. Vuelven a sus países, a sus vidas separadas. El Nobel no cambia la situación política en Venezuela. Solo ofrece un paréntesis, una oportunidad que no suele existir.

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