Las instituciones creadas para consenso no están preparadas para confrontación
Von der Leyen ha acumulado poder sin precedentes en su segundo mandato, creando estructuras paralelas que invaden competencias de política exterior tradicionalmente del SEAE. La disputa refleja una disfunción estructural más profunda del Tratado de Lisboa que crea ambigüedad sobre quién controla la diplomacia europea entre instituciones.
- Von der Leyen ha creado estructuras paralelas de poder en la Comisión que invaden competencias de política exterior del SEAE
- La rivalidad escaló cuando Kallas intentó fichar a Martyn Selmayr en otoño de 2024 y Von der Leyen lo bloqueó
- El Tratado de Lisboa crea una disfunción estructural que ha afectado a los cuatro altos representantes desde 2009
- Los Estados miembros expresan malestar por la voracidad de Von der Leyen y la falta de flexibilidad de Kallas
La tensión entre la presidenta de la Comisión Europea y la alta representante de Política Exterior amenaza la cohesión diplomática de la UE en un momento de crisis geopolítica sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.
En los pasillos de Bruselas, los diplomáticos bromean diciendo que la Unión Europea se parece cada vez más a Juego de Tronos. No hay bodas rojas ni derramamiento de sangre, pero la batalla por el control del poder es tan real como en cualquier novela de George R. R. Martin. La diferencia es que aquí, en lugar de reinos ficticios, lo que está en juego es la capacidad de Europa para actuar como una sola voz en el momento más turbulento y volátil desde la Segunda Guerra Mundial.
En el centro de esta contienda está la rivalidad entre Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Kaja Kallas, alta representante para Política Exterior y Seguridad. Lo que comenzó como fricciones burocráticas —desacuerdos sobre personal, anuncios de posiciones políticas, control de la agenda— ha escalado hacia una guerra institucional más profunda sobre quién dirige realmente la diplomacia europea. Una fuente comunitaria veterana lo resume sin rodeos: estas rencillas están haciendo un flaco favor a la imagen de la UE. La semana pasada, un artículo del Financial Times sobre supuestos planes de Alemania y Francia para reformar la arquitectura de poder de la política exterior fue interpretado en Bruselas como un ataque directo a Kallas, o más bien como una señal de que Von der Leyen buscaba una toma de control hostil del Servicio de Acción Exterior.
La tensión entre ambas se hizo particularmente visible el pasado otoño, cuando Kallas intentó fichar a Martyn Selmayr, un hombre que había acumulado considerable poder durante su tiempo como jefe de Gabinete de Jean-Claude Juncker, predecesor de Von der Leyen. La conservadora alemana lo había apartado convenientemente de Bruselas cuando asumió el cargo. Esta vez, Von der Leyen bloqueó el nombramiento creando para Selmayr un nuevo puesto de enviado especial para la libertad religiosa. El mensaje fue claro: no permitiría que Kallas reforzara su equipo con alguien tan influyente.
Lo que subyace bajo esta disputa es una realidad más profunda. Los tratados europeos son claros en teoría: la alta representante dirige la política exterior y de seguridad, formula propuestas en esos temas y coordina la acción exterior de la UE. Pero en la práctica, las crisis de la última década —la pandemia, la guerra de Rusia contra Ucrania, el distanciamiento de Estados Unidos, la rivalidad con China— han empujado a Von der Leyen a un papel cada vez más prominente también en asuntos exteriores. Desde que comenzó su segundo mandato en 2024, ha reformado la Comisión de manera que concentra poder de forma vertical. Ha nombrado comisarios cuyas funciones se adentran claramente en territorio de política exterior: el comisario de Defensa, Andrius Kubilius, considera que sus atribuciones van más allá de su capacidad oficial, según critican fuentes diplomáticas. Además, Von der Leyen ha creado nuevas estructuras dentro de la Comisión, como la Dirección General IDEA dedicada a prospectiva y estrategia, y una célula de inteligencia, pese a que la UE ya tiene una que depende del SEAE, es decir, de Kallas.
En un correo electrónico a su personal tras el estallido de la polémica, Kallas reconoció que la relación entre el SEAE, la Comisión y los Estados miembros ha sido debatida desde la creación del Servicio. Señaló que los desafíos geopolíticos sin precedentes justificaban que estos debates cobraran mayor intensidad, pero recordó que las funciones están claramente definidas en los Tratados. También lanzó una crítica velada: el sistema podría funcionar mejor con menos duplicaciones en Bruselas. Una portavoz de la Comisión respondió que la presidenta respalda plenamente al SEAE y su labor.
Entre los Estados miembros hay creciente malestar. Algunos se quejan de la voracidad de Von der Leyen y sus iniciativas unilaterales en política exterior, como su viaje a Israel coincidiendo con el asedio a Gaza. Otros expresan frustración con el modus operandi de Kallas, a quien critican por ser demasiado monotemática con Rusia, o por algunos patinazos como sus críticas a China. Alberto Alemanno, profesor Jean Monnet de Derecho de la UE en HEC París, sostiene que bajo esta tensión hay algo más profundo: una disfunción estructural del Tratado de Lisboa. La figura del alto representante fue creada como un híbrido entre la Comisión y el Consejo Europeo para satisfacer a los Estados miembros que querían mantener la política exterior bajo control gubernamental mientras ofrecían a los proeuropeos la imagen de una voz unificada. Este problema no es nuevo. Se ha manifestado desde 2009 con los cuatro ocupantes anteriores del cargo: Catherine Ashton, Federica Mogherini, Josep Borrell y ahora Kallas.
El eurodiputado socialista Javi López es contundente en su crítica: las tensiones institucionales en Bruselas han lastrado la acción exterior europea. Choques personales, voces cacofónicas, excesiva verticalidad en la toma de decisiones han generado disfunciones que Europa no puede permitirse. Los problemas de coordinación política se corrigen con liderazgos compartidos y respeto a las competencias de cada institución, no desmantelando capacidades estratégicas. Lo que realmente preocupa a las capitales europeas es más profundo aún: la sensación de que las instituciones creadas para una era de consenso no están preparadas para un mundo de confrontación entre grandes potencias.
Citações Notáveis
Estas rencillas y movimientos bajo el tapete están haciendo un flaco favor a la diplomacia de la UE— Alta fuente comunitaria veterana de Bruselas
Las tensiones institucionales en Bruselas han lastrado nuestra acción exterior. Choques personales y de competencias, voces cacofónicas, una excesiva verticalidad en la toma de decisiones han generado disfunciones que Europa no puede permitirse— Javi López, eurodiputado socialista y vicepresidente del Parlamento Europeo
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué importa tanto esta rivalidad entre Von der Leyen y Kallas si los tratados ya definen claramente quién hace qué?
Porque los tratados definen roles en teoría, pero la realidad geopolítica ha cambiado. Von der Leyen ha acumulado poder real que va más allá de lo que sus funciones oficiales permiten. Cuando hay crisis, ella actúa. Kallas tiene el título, pero no siempre el control.
¿Entonces Von der Leyen está simplemente tomando poder que no le corresponde?
No es tan simple. Las crisis de la última década —Ucrania, China, el distanciamiento de Estados Unidos— han empujado a la presidenta de la Comisión a actuar en política exterior porque alguien tenía que hacerlo. Pero al hacerlo, ha creado estructuras paralelas que duplican lo que ya existe en el SEAE.
¿Y los Estados miembros qué quieren?
Quieren que Europa hable con una sola voz, pero sin perder el control. Están incómodos con ambas: con la voracidad de Von der Leyen y con lo que ven como la falta de flexibilidad de Kallas. Lo que realmente los asusta es que sus instituciones no estén diseñadas para este mundo de confrontación.
¿Cuál es el verdadero problema entonces?
El Tratado de Lisboa creó un sistema híbrido que funcionaba cuando había consenso europeo. Pero ahora que Europa enfrenta rivales reales —Rusia, China— ese sistema se quiebra. Nadie sabe quién debe tomar decisiones rápidas.
¿Puede esto arreglarse sin cambiar los tratados?
Probablemente no. Lo que se necesita es liderazgo compartido y respeto mutuo a las competencias. Pero eso requiere que Von der Leyen y Kallas trabajen juntas, y ahora mismo están en guerra.