La creatina se abre paso hacia la consulta psiquiátrica como posible complemento contra la depresión

Un paciente con trastorno bipolar que tomó creatina desarrolló hipomanía durante el estudio.
Puede ser una línea de investigación, pero es muy, muy preliminar
Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría, sobre el estado actual de la investigación con creatina.

En el cruce entre la fisiología deportiva y la psiquiatría, un grupo de investigadores se pregunta si la creatina —suplemento cotidiano de gimnasios y atletas— podría aliviar el peso de la depresión. Una revisión sistemática de cinco ensayos clínicos con 238 participantes ofrece señales débiles pero no concluyentes: dos estudios apuntan a beneficios reales cuando se combina con antidepresivos o psicoterapia, mientras que tres no confirman ese efecto. La ciencia, por ahora, pide paciencia antes de trasladar el bote de creatina del vestuario a la consulta del psiquiatra.

  • La depresión sigue resistiendo tratamientos en millones de personas, lo que impulsa a los investigadores a buscar complementos inesperados, incluso entre los suplementos deportivos más comunes del mercado.
  • De cinco ensayos clínicos analizados, solo dos mostraron que añadir creatina al tratamiento estándar reducía los síntomas depresivos de forma significativa, mientras que tres no encontraron beneficio alguno.
  • Una señal de alarma emerge en los datos: dos pacientes con trastorno bipolar que tomaron creatina desarrollaron hipomanía, recordando que ningún suplemento es inocuo en contextos psiquiátricos complejos.
  • La hipótesis científica es biológicamente coherente —la creatina mejora el metabolismo energético celular y podría optimizar el funcionamiento de dopamina y serotonina—, pero aún no pasa de ser una hipótesis.
  • Expertos como Marina Díaz Marsá califican la línea de investigación de 'muy, muy preliminar' y exigen ensayos más amplios, doble ciego y con seguimiento prolongado antes de cualquier recomendación clínica.

La creatina lleva décadas en los estantes de las tiendas deportivas, consumida por atletas que buscan rendir más en entrenamientos de alta intensidad. Su mercado global superó los 300 millones de dólares en 2024. Ahora, un equipo liderado por Nicholas Fabiano, médico residente de la Universidad de Ottawa, se ha preguntado si esta sustancia —que el propio cuerpo produce de forma natural— podría tener también un lugar en la consulta del psiquiatra.

Fabiano y sus colaboradores realizaron una revisión sistemática de cinco ensayos controlados y aleatorizados llevados a cabo en cinco países distintos, con un total de 238 participantes. Los resultados no ofrecen claridad. En uno de los ensayos, añadir cinco gramos diarios de creatina al antidepresivo escitalopram redujo los síntomas depresivos más que el placebo tras ocho semanas. En otro, combinarla con terapia cognitivo-conductual mostró efectos similares. Pero los tres ensayos restantes no arrojaron beneficios, y en uno de ellos dos pacientes con trastorno bipolar desarrollaron hipomanía tras tomar el suplemento.

La lógica biológica detrás de la hipótesis es sólida: la creatina potencia la producción de ATP, la molécula energética de las células, y el cerebro es uno de los órganos que más energía consume. Estudios previos han detectado alteraciones en el metabolismo de la creatina en personas con trastornos del estado de ánimo, y la sustancia podría influir en las vías que regulan la dopamina y la serotonina. Sin embargo, como señala Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, las muestras son pequeñas y los datos insuficientes. 'Puede ser una línea de investigación, pero es muy, muy preliminar', afirma. En España no hay ningún ensayo clínico en marcha sobre el tema, y la comunidad científica reclama estudios más robustos antes de dar cualquier paso clínico.

La creatina es un suplemento que llena los estantes de tiendas de deportes de todo el mundo. Durante décadas, los atletas la han consumido para mejorar el rendimiento en entrenamientos de alta intensidad y corta duración, desde el CrossFit hasta el levantamiento de pesas. El mercado mundial del producto superó los 300 millones de dólares en 2024. Pero un grupo de investigadores se ha planteado una pregunta diferente: ¿y si esta sustancia, que el cuerpo produce naturalmente, pudiera servir también en la consulta del psiquiatra?

Un equipo liderado por Nicholas Fabiano, médico residente de la Universidad de Ottawa, ha realizado una revisión sistemática de ensayos clínicos para investigar si el monohidrato de creatina podría aliviar los síntomas depresivos cuando se suma al tratamiento estándar. Los investigadores analizaron seis informes que describían cinco ensayos controlados y aleatorizados realizados en cinco países diferentes. En total, 238 personas participaron en estos estudios: 126 recibieron creatina y 112 placebo. Dos de los ensayos incluyeron únicamente a mujeres. Cuatro de ellos se enfocaron en el trastorno depresivo mayor, mientras que uno examinó a pacientes con trastorno bipolar que atravesaban un episodio depresivo.

Los resultados, sin embargo, no ofrecen claridad. Dos de los cinco ensayos sí encontraron beneficios reales. En uno de ellos, cuando se añadieron cinco gramos diarios de creatina al escitalopram —un antidepresivo común— los síntomas depresivos disminuyeron más que en el grupo de placebo después de ocho semanas. En otro estudio, la combinación de creatina con terapia cognitivo-conductual mostró una reducción más pronunciada de los síntomas. Pero los otros tres ensayos no arrojaron resultados positivos. Más preocupante aún: en uno de estos estudios, dos pacientes con trastorno bipolar que tomaron creatina desarrollaron hipomanía.

Fabiano resume el estado actual de la investigación con cautela: la creatina se muestra prometedora como tratamiento combinado con antidepresivos o para potenciar la psicoterapia, pero se requiere mucha más investigación. Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, coincide en que los estudios existentes tienen limitaciones significativas. Las muestras son pequeñas, heterogéneas, y no hay suficientes datos concluyentes. "Puede ser una línea de investigación, pero es muy, muy preliminar", afirma. En España, ningún ensayo clínico en este sentido se encuentra en marcha. Díaz Marsá aboga por realizar nuevos estudios más amplios, doble ciego, con muestras grandes y seguimiento prolongado.

La pregunta científica subyacente es por qué un suplemento para aumentar masa muscular podría afectar la salud mental. La respuesta radica en cómo funciona la creatina a nivel celular. La sustancia potencia la producción de ATP, la molécula que proporciona energía a las células. El cerebro consume energía a un ritmo desproporcionado respecto a su tamaño, y la creatina ayuda a las células a regenerar el ATP necesario para este trabajo. Díaz Marsá explica que a nivel del sistema nervioso central, esta mejora del metabolismo celular podría repercutir en un mejor funcionamiento de los neurotransmisores implicados en la depresión.

Los investigadores también señalan que estudios previos han encontrado alteraciones en el metabolismo de la creatina en el cerebro de personas con trastornos del estado de ánimo, lo que sugiere que la producción deficiente de energía podría ser una de las causas de la depresión. Además, la creatina podría influir en las vías que regulan la dopamina y la serotonina, los neurotransmisores a los que se dirigen la mayoría de los antidepresivos actuales. Pero por ahora, estas son hipótesis que requieren confirmación. Antes de que la creatina pueda considerarse un tratamiento psiquiátrico establecido, la comunidad científica necesita ensayos más robustos que respondan preguntas más definitivas sobre su eficacia y seguridad en diferentes trastornos mentales.

La creatina se muestra prometedora como tratamiento combinado con antidepresivos o para potenciar la psicoterapia en la depresión. Se requiere más investigación.
— Nicholas Fabiano, médico residente de la Universidad de Ottawa
Los estudios tienen pocos pacientes, las muestras son heterogéneas y todavía es necesario realizar muchos más estudios para poder tener datos concluyentes.
— Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué un suplemento para deportistas despierta de repente el interés de los psiquiatras?

Model

Porque el cerebro, como cualquier órgano, necesita energía para funcionar. La creatina mejora cómo las células producen esa energía. Si la depresión está vinculada a un déficit energético en el cerebro, entonces tiene sentido investigarlo.

Inventor

Pero los resultados son mixtos. ¿Eso significa que no funciona?

Model

No exactamente. Dos de cinco ensayos mostraron beneficios reales. El problema es que los estudios son pequeños y muy diferentes entre sí. Es como intentar sacar conclusiones de cinco experimentos distintos con métodos distintos.

Inventor

¿Hay riesgos? Mencionas que algunos pacientes bipolares desarrollaron hipomanía.

Model

Sí, eso es importante. Dos pacientes con trastorno bipolar que tomaron creatina tuvieron ese efecto adverso. Es una señal de alerta que sugiere que la creatina podría no ser segura para todos, especialmente para ciertos diagnósticos.

Inventor

¿Entonces, ¿cuándo podría estar disponible como tratamiento?

Model

Probablemente no pronto. Los expertos dicen que necesitamos ensayos mucho más amplios, doble ciego, con seguimiento prolongado. En España ni siquiera hay estudios en marcha. Estamos en una fase muy preliminar.

Inventor

¿Qué hace que la creatina sea diferente de otros suplementos que se investigan para la salud mental?

Model

Su mecanismo es relativamente claro: potencia el ATP, la moneda energética de la célula. Eso es más concreto que muchos otros complementos. Pero claridad del mecanismo no es lo mismo que eficacia demostrada.

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