La gente necesita ver que hay un líder y que está dirigiendo el país
En los sistemas donde el poder se encarna en una figura sagrada, la ausencia del cuerpo es también la ausencia de la autoridad. Mojtaba Khamenei, designado líder supremo de Irán hace cuatro meses tras el asesinato de su padre, no ha aparecido ante su pueblo ni una sola vez: ni en discursos, ni en ceremonias, ni siquiera en el funeral del hombre cuyo legado debe sostener. En un Estado teocrático de 88 millones de personas, el silencio de quien ostenta el poder absoluto no es un detalle administrativo, sino una pregunta existencial sobre la legitimidad misma del orden que lo sostiene.
- Mojtaba Khamenei lleva cuatro meses completamente invisible: sin discursos, sin imágenes, sin mensajes, sin presencia en el funeral de su propio padre.
- Fuentes iraníes señalan que sufrió desfiguración facial y heridas graves en el mismo atentado que mató al ayatollah Ali Khamenei, y que aún no se ha recuperado lo suficiente para mostrarse en público.
- La Guardia Revolucionaria mantiene por ahora un control férreo sobre el país, pero ciudadanos en Isfahán y Teherán expresan abiertamente que la invisibilidad del líder genera desorden e incertidumbre crecientes.
- El presidente Pezeshkian afirmó en mayo que se había reunido con Khamenei y que su recuperación avanzaba, pero desde entonces no ha habido ninguna actualización oficial.
- Expertos advierten que la sucesión carismática en un Estado teocrático exige presencia, y que la ausencia prolongada de un líder sin credenciales religiosas propias podría volverse insostenible a largo plazo.
Desde hace cuatro meses, Mojtaba Khamenei no ha sido visto por nadie. Nombrado líder supremo de Irán apenas una semana después del atentado que mató a su padre, el ayatollah Ali Khamenei, el nuevo máximo dirigente del país ha permanecido en un silencio absoluto: sin discursos, sin ceremonias, sin fotografías. Cuando esta semana enterraron a su padre en el santuario más sagrado de Irán, Mojtaba no estuvo presente. Tres de sus hermanos recitaron oraciones junto al ataúd; su hijo habló en su nombre. Pero él, quien ahora concentra la autoridad religiosa, política y militar sobre 88 millones de personas, simplemente no apareció.
Fuentes de alto nivel en Irán atribuyen la ausencia a las heridas sufridas en el mismo atentado que mató a su padre: desfiguración facial y otras lesiones que, según se dice, aún no le permiten mostrarse en público. La última información oficial provino del presidente Massoud Pezeshkian, quien en mayo afirmó haberse reunido con él y que su recuperación mejoraba. Desde entonces, silencio.
La incertidumbre ya se siente en las calles. Ciudadanos consultados por Reuters en varias ciudades iraníes expresaron preocupación. Un comerciante de Isfahán reconoció entender las razones de seguridad, pero subrayó que el país atraviesa un momento muy difícil y que la gente necesita ver que hay un líder. Un profesor de Teherán fue más directo: la ausencia del líder supremo, dijo, provocará desorden creciente.
El contexto agrava todo. Las tensiones con Estados Unidos se han recrudecido esta semana, y la Guardia Revolucionaria —que respalda a Mojtaba y mantiene el control del territorio— no puede sustituir indefinidamente la presencia simbólica del líder. A diferencia de su padre, quien gobernó durante 37 años y consolidó un dominio casi absoluto, Mojtaba no tiene credenciales religiosas propias ni trayectoria política independiente. Su poder hasta ahora residía en haber dirigido la oficina de su padre y en sus vínculos con la Guardia Revolucionaria.
Como señaló el historiador Ali Ansari, de la Universidad de St Andrews, la sucesión carismática requiere presencia: sin ella, el sistema puede capear el temporal por ahora, pero a largo plazo no es sostenible. La pregunta que flota sobre Irán es si Mojtaba Khamenei podrá convertirse en lo que su padre fue, o si su invisibilidad prolongada terminará por revelar que nunca fue más que la sombra de otro hombre.
Desde hace cuatro meses, nadie ha visto a Mojtaba Khamenei en público. El nuevo líder supremo de Irán fue nombrado a principios de marzo, una semana después del atentado que mató a su padre, el ayatollah Ali Khamenei. Desde entonces, ha permanecido invisible. No ha dado discursos. No ha aparecido en ceremonias. No ha enviado ni un mensaje grabado ni una fotografía. El jueves pasado, cuando enterraron a su padre en el santuario más sagrado de Irán, Mojtaba no estuvo allí. Ni siquiera envió un comunicado escrito.
La ausencia fue ensordecedora. Tres de sus hermanos recitaron oraciones junto al ataúd del difunto líder. Su hijo, Ali Khomeini —nieto del fundador de la revolución de 1979—, hablará en su nombre en una ceremonia este viernes. Pero el propio Mojtaba Khamenei, quien ahora ostenta la máxima autoridad religiosa, política y militar de una nación de 88 millones de personas, simplemente no apareció. Fuentes de alto nivel en Irán dicen que sufrió desfiguración facial y otras lesiones en el mismo atentado que mató a su padre. Algunos afirman que sigue tomando decisiones desde donde quiera que esté, pero que aún no se ha recuperado lo suficiente para mostrarse ante el país.
La incertidumbre está comenzando a pesar sobre Irán. Hace poco, Reuters habló con unas veinte personas en diferentes ciudades iraníes, y casi todas expresaron preocupación. Taghi, dueño de una tienda en Isfahán de 47 años, lo dijo con claridad: "Entiendo que por seguridad no debería aparecer en público. Pero el país está atravesando un momento muy difícil. Es necesario que se vea al Líder Supremo. Aunque haya resultado herido, la gente necesita ver que hay un líder y que está dirigiendo el país". Mohammadreza, profesor de 51 años en Teherán, fue más directo: "La ausencia del líder supremo, ahora que la guerra ha terminado, provocará una creciente incertidumbre y desorden en el país".
El contexto hace que todo sea más delicado. Esta semana, las hostilidades con Estados Unidos se recrudecieron. El país está en un momento turbulento. La Guardia Revolucionaria, la institución militar más poderosa de Irán, respalda a Mojtaba Khamenei y por ahora mantiene un control férreo sobre el territorio. Pero nadie sabe cuánto tiempo puede un líder supremo permanecer invisible en un Estado teocrático sin que eso socave su autoridad.
La última información oficial sobre su estado provino del presidente Massoud Pezeshkian en mayo, quien dijo que se había reunido con el nuevo líder y que su recuperación estaba mejorando. Pero eso fue hace dos meses. Desde entonces, silencio.
Lo que hace que todo esto sea aún más complicado es quién era su padre y quién es él. Ali Khamenei gobernó durante 37 años. Antes de eso, fue presidente. Cuando lo nombraron líder supremo, no era considerado una figura religiosa especialmente destacada, pero con el tiempo, con la ayuda de la Guardia Revolucionaria, consolidó un dominio casi absoluto sobre la vida política del país. Mojtaba Khamenei es diferente. No tiene credenciales religiosas propias. No era una figura política poderosa por derecho propio. Lo que hizo fue dirigir la extensa oficina de su padre y mantener una red de contactos por todo el país. Estableció vínculos estrechos con la Guardia Revolucionaria. Pero sus opiniones reales, su autoridad genuina, su capacidad para gobernar: todo eso sigue siendo un misterio.
Ali Ansari, profesor de historia moderna en la Universidad de St Andrews en Escocia, lo expresó así: "¿Cómo se puede garantizar una sucesión carismática si el sucesor no está presente? Va a suponer un problema para ellos, aunque logren capear el temporal por el momento. A largo plazo, no es sostenible". La pregunta que flota sobre Irán ahora es si Mojtaba Khamenei puede convertirse en lo que su padre fue, o si su invisibilidad prolongada terminará por revelar que nunca fue más que la sombra de otro hombre.
Notable Quotes
Es necesario que se vea al Líder Supremo. Aunque haya resultado herido, la gente necesita ver que hay un líder y que está dirigiendo el país— Taghi, propietario de una tienda en Isfahán
¿Cómo se puede garantizar una sucesión carismática si el sucesor no está presente? A largo plazo, no es sostenible— Ali Ansari, profesor de historia moderna en la Universidad de St Andrews
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué es tan importante que el líder supremo sea visto en público? ¿No puede gobernar desde donde esté?
En Irán, el líder supremo no es solo un ejecutivo. Según la ideología oficial, es el representante en la Tierra del duodécimo imán del islam chiíta. Es una posición religiosa, no solo política. La gente necesita verlo, necesita creer que está ahí.
Pero si está herido, ¿no es comprensible que se recupere en privado?
Claro que lo es. El problema es que nadie sabe cuándo volverá. Cuatro meses sin una palabra, sin una imagen, sin nada. En un país en guerra, eso genera pánico.
¿La Guardia Revolucionaria está realmente en control?
Por ahora sí. Ellos lo nombraron, ellos lo respaldan. Pero un líder supremo invisible es un líder débil. Y un líder débil depende completamente de sus instituciones. Eso es inestable.
¿Qué pasó con su padre que no pasó con él?
Su padre fue presidente antes de ser líder. Era una figura política conocida. Mojtaba nunca fue nada de eso. Fue el hombre detrás del trono. Ahora tiene que ser el trono, y no está claro si puede serlo.
¿Cuánto tiempo puede seguir así?
Nadie lo sabe. Pero los expertos dicen que a largo plazo no es sostenible. Un Estado teocrático necesita un líder que la gente pueda ver, que pueda inspirar obediencia. Un fantasma no puede hacer eso.