Juan Carlos Unzué: «Antes de una muerte digna, queremos una vida digna»

Aproximadamente 4.000 pacientes con ELA en España enfrentan deterioro progresivo, inmovilidad, dependencia total de cuidadores y crisis económica familiar, con algunos considerando renunciar a tratamientos vitales por insostenibilidad económica.
Antes de decidir sobre una muerte digna, queremos una vida digna
Unzué reclama que se garantice la dignidad en la vida de los pacientes con ELA antes de debatir sobre derechos a la eutanasia.

Unzué sufre ELA, enfermedad neurodegenerativa sin cura con esperanza de vida de 3-5 años, y ha dejado el fútbol para visibilizar la enfermedad y concienciar sobre sus consecuencias. El 95% de los pacientes con ELA enfrenta problemas económicos graves: parejas que dejan de trabajar, costos de adaptación del hogar, tecnología de comunicación y largas esperas para reconocimiento de discapacidad.

  • Juan Carlos Unzué, 54 años, diagnosticado con ELA en 2019, usa silla de ruedas desde marzo de 2021
  • Aproximadamente 4.000 pacientes con ELA en España; el 95% enfrenta problemas económicos graves
  • Solo el 20% de la inversión en investigación de ELA es pública; el 80% es privada
  • Esperanza de vida con ELA: entre 3 y 5 años desde el diagnóstico

El exentrenador de fútbol Juan Carlos Unzué, diagnosticado con ELA, denuncia la falta de recursos y visibilidad para los pacientes en España, reclamando que se garantice una vida digna antes de debatir sobre el derecho a una muerte digna.

Juan Carlos Unzué se sienta en el salón de su casa con una precisión que delata la disciplina de una vida dedicada al deporte. A los 54 años, el exportero y exentrenador del Barcelona ya no puede caminar sin ayuda. Desde marzo usa silla de ruedas. Pero sonríe, bromea sobre la camiseta que lleva —un mensaje de apoyo de Dale CandELA, un grupo de pacientes que salió en Got Talent— y mira directamente a la cámara cuando quiere dirigirse a los políticos. Tiene algo que decir, y ha dejado el fútbol para decirlo.

Unzué pasó décadas en el mundo del balompié. Como portero, fue pionero en su posición, jugando como futbolista de campo hasta los 15 años, lo que le dio una comprensión del juego que otros guardametas no tenían. Eso lo llevó al Barcelona bajo Johan Cruyff. Luego fue entrenador de porteros con Frank Rijkaard y Pep Guardiola, y asistente con Luis Enrique. Vio ganar seis títulos en la temporada 2008-2009. Conoce lo que significa trabajar con ambición, con exigencia, con gente que quiere ganar no solo de cualquier manera, sino jugando bien. Ahora esa vida ha terminado. En su lugar hay otra: la de visibilizar la esclerosis lateral amiotrófica, la ELA, una enfermedad neurodegenerativa sin cura que le diagnosticaron hace años y que le ha robado la movilidad casi por completo.

La ELA cambió su cuerpo de forma radical. Ya no puede secarse ni vestirse sin la ayuda de su mujer, María, que dejó de trabajar para cuidarlo. Pero Unzué insiste en que lo que más le preocupa no es su propia situación. Tiene una posición económica privilegiada, dice. El 95 por ciento de sus compañeros de enfermedad no la tiene. Muchos de ellos enfrentan un dilema brutal: el cuidador principal —casi siempre la pareja— debe abandonar su empleo. Luego vienen los meses de espera para que se reconozca la discapacidad, tiempo durante el cual no hay ayudas. Después está el costo de adaptar la casa, de comprar tecnología para comunicarse cuando la enfermedad paraliza la voz, de conseguir una silla de ruedas, de pagar cuidadores cuando la familia no puede más. La cifra total es enorme. Unzué conoce a aproximadamente 4.000 pacientes con ELA en España. Muchos de ellos, dice, están considerando renunciar a tratamientos vitales porque no pueden permitirse el lujo de seguir viviendo.

Lo que lo angustia es la trampa de la enfermedad misma. En las primeras fases, cuando estás sentado o acostado, puedes tener la sensación de no estar enfermo. Sin darte cuenta, pasas más tiempo inmóvil del que deberías. Algo que hoy puedes hacer, mañana ya no podrás. La enfermedad es sibilina, engañosa. Unzué trata de encontrar el equilibrio, de mantener su cuerpo activo aunque sea en una bicicleta estática, porque sabe que cuando el cuerpo se debilita, la ELA progresa más rápido. El aspecto mental es clave. Pero también sabe lo que viene: un día quedará completamente inmóvil. Sus capacidades cognitivas seguirán intactas. Tendrá que aprender a disfrutar de otra manera. Lo tiene asumido.

En marzo de 2021 se aprobó en España la Ley de regulación de la eutanasia. Unzué entiende la importancia de tener derecho a una muerte digna. Pero antes de eso, dice, queremos una vida digna. Entiende a quienes deciden no hacerse la traqueostomía, la operación que estabiliza la enfermedad pero que llega cuando ya estás prácticamente inmóvil al cien por cien. Lo que no puede consentir es que el motivo de esa renuncia sea la certeza de que eres un coste económico inasumible para tu familia. Eso es lo que no podemos permitir, repite. Es el momento de que los políticos nos escuchen. No podemos seguir siendo invisibles.

La investigación avanza, pero lentamente. Un estudio reciente de la Fundación Luzón concluye que el 80 por ciento de la inversión en investigación de la ELA es privada. Solo el 20 por ciento es pública. Eso es un problema, dice Unzué. Pero hay algo más que lo mueve. Conoce a pacientes de 25 o 30 años con ELA. Ve en ellos una energía que lo inspira, una capacidad de encontrar sentido a la vida a pesar de todo. Él tiene hijos de casi 30 años, independizados. Tiene una vida que siente plena. Pero recibir esta noticia a los 25 años, dice, debe ser infinitamente más complicado. Por eso habla. Por eso está aquí. Porque alguien tiene que decirles a los políticos que 4.000 personas en España no pueden seguir siendo invisibles, y que la dignidad no es un lujo que solo algunos puedan permitirse.

El 95 por ciento de mis compañeros tiene problemas para mantener la enfermedad. No nos podemos permitir que un solo paciente de ELA se deje ir porque sienta que es un problema económico para su familia.
— Juan Carlos Unzué
Es importante tener ese derecho a una muerte digna, pero antes de decidir sobre esa muerte digna, lo que queremos es tener una vida digna.
— Juan Carlos Unzué
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué decidió hacer público algo tan personal como su diagnóstico?

Model

Porque descubrí que había miles de personas en la misma situación, y la mayoría estaba sola. Cuando anuncié que tenía ELA, cuatro pacientes que no conocía me escribieron. Me ayudaron sin saberlo. Eso me mostró que si yo hablaba, podía ayudar a otros a no sentirse tan solos.

Inventor

Usted tuvo una carrera exitosa en el fútbol. ¿Cree que eso le da una plataforma que otros pacientes no tienen?

Model

Completamente. Y eso es injusto. Mi voz se escucha porque fui entrenador del Barcelona. Pero hay gente con ELA que tiene historias igual de importantes, igual de dignas, y nadie las oye. Yo intento usar eso para que se escuchen todas.

Inventor

Habla mucho de mantener la actividad física. ¿Es eso un acto de resistencia o simplemente necesidad?

Model

Es ambas cosas. Sé que si me dejo ir, la enfermedad gana más rápido. Pero también es que necesito sentirme útil. El ser humano necesita eso. Cuando estoy en la bicicleta, aunque sea con dificultad, me siento capaz. Eso es lo que me mantiene vivo.

Inventor

¿Qué le diría a un político que lee esto?

Model

Que no podemos seguir siendo invisibles. Que el 95 por ciento de mis compañeros está en crisis económica. Que hay gente renunciando a tratamientos porque no puede pagar. Eso no es un problema de salud, es un problema de justicia.

Inventor

¿Tiene miedo?

Model

No. Nací un día, y un día moriré. Siempre lo supe. Lo que cambió es que ahora sé más o menos cuándo. Eso me hace vivir el presente de una manera que antes no hacía. No tengo tiempo para el miedo.

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