Se debió tener un marco jurídico desde el primer momento
En el mismo día en que Colombia conmemoraba 35 años de su Constitución, Jorge Iván Cuervo abandonaba el Ministerio de Justicia, llevándose consigo las contradicciones de un gobierno que prometió paz pero no logró construir los cimientos jurídicos para sostenerla. Su salida, solicitada por el presidente Petro tras casi cinco meses de desacuerdos públicos y silenciosos, revela la fragilidad de las grandes apuestas políticas cuando la visión del líder y la conciencia jurídica de sus colaboradores no encuentran terreno común. En el fondo, la renuncia de Cuervo es menos una historia de un hombre que se va y más la de una agenda que se fractura desde adentro.
- Cuervo fue el único ministro del gabinete que se negó a firmar la solicitud de Asamblea Constituyente, convirtiendo su disidencia en un acto político de alto costo.
- Sus críticas públicas a la Paz Total —especialmente el otorgamiento de estatus político a disidencias de las Farc— chocaron de frente con el eje central del proyecto presidencial de Petro.
- El exministro advirtió que la ausencia de un marco jurídico desde el inicio de las negociaciones de paz generó incertidumbre estructural en todas las mesas de diálogo.
- Antes de irse, alertó al equipo del gobierno entrante sobre los riesgos de seguridad que implicaría cerrar abruptamente todas las mesas de negociación activas.
- Su salida deja expuestas las tensiones internas del gabinete y abre interrogantes sobre la viabilidad de los procesos de paz que el gobierno Petro ha sostenido como bandera de su mandato.
Jorge Iván Cuervo dejó el Ministerio de Justicia el lunes 6 de julio, horas después de participar en la conmemoración de los 35 años de la Constitución de 1991 en la Universidad Externado. Esa tarde, el gobierno le pidió la renuncia. En su mensaje de despedida en X, agradeció al presidente Petro y escribió que se iba satisfecho de haber trabajado por una sociedad más justa. Lo que no mencionó fue que sus casi cinco meses en el cargo habían estado marcados por desacuerdos profundos con la administración.
Cuervo fue el único miembro del gabinete que se negó a firmar la solicitud de Asamblea Nacional Constituyente impulsada por Petro. Esa negativa anticipó una brecha que se fue ensanchando. En su última intervención pública como ministro, señaló que uno de los errores más graves de la Paz Total fue no contar con un marco jurídico desde el inicio de las negociaciones, lo que generó incertidumbre en las mesas de diálogo. También cuestionó que se le hubiera otorgado estatus de negociación política a las disidencias de las Farc, una decisión que, a su juicio, violó el Acuerdo de Paz de 2016 y que el propio Consejo de Estado cuestionó días antes de su salida.
Sobre el Eln, Cuervo fue directo: sin negociación activa desde hace más de dos años y sin cese unilateral, el gobierno debió haber reconocido antes que no había voluntad real de paz en ese frente. En paralelo, antes de entregar el cargo, advirtió al equipo del presidente electo que cerrar de golpe todas las mesas de negociación podría tener consecuencias serias en materia de seguridad.
Su paso por el ministerio también estuvo rodeado de otras polémicas: cuestionamientos por nombramientos en notarías y un escándalo por una parranda vallenata protagonizada por capos recluidos en la cárcel de Itagüí. Su salida no es solo la de un funcionario en desacuerdo: es el reflejo de las fracturas internas de un gobierno que enfrenta preguntas sin respuesta sobre el rumbo de su política de paz.
Jorge Iván Cuervo se fue del Ministerio de Justicia el lunes 6 de julio, apenas horas después de participar en la conmemoración de los 35 años de la Constitución de 1991 en la Universidad Externado. Por la tarde, el gobierno le solicitó la renuncia. A través de X, anunció su salida con un mensaje que sonaba a cierre de ciclo: agradeció al presidente Gustavo Petro por la oportunidad de servir y escribió que se iba feliz de haber trabajado por una sociedad más justa e incluyente. Lo que no dijo en esa publicación era que sus casi cinco meses al frente de la cartera habían estado marcados por desacuerdos profundos con la administración sobre asuntos que tocaban el corazón de la agenda presidencial.
Cuervo fue el único ministro del gabinete que se negó a firmar la solicitud de Asamblea Nacional Constituyente que promovió Petro. Esa negativa fue apenas el primer síntoma de una brecha que se haría más evidente conforme avanzaban los meses. Sus críticas a la política de Paz Total fueron públicas y directas. En su intervención en la Universidad Externado, el entonces ministro señaló que uno de los errores más graves del proceso fue no contar con un marco jurídico desde el inicio de las negociaciones. Esa ausencia, dijo, generó incertidumbre en las distintas mesas de diálogo y afectó el desarrollo de los acuerdos. El Ministerio de Justicia había presentado un marco jurídico para la paz, elaborado por su antecesor Luis Eduardo Montealegre, pero Cuervo consideró que llegó demasiado tarde.
Su cuestionamiento más severo fue dirigido al tratamiento que el gobierno dio a las disidencias de las Farc. Cuervo afirmó que no fue correcto otorgarles estatus de negociación política, una decisión que violó el Acuerdo de Paz de 2016 y generó múltiples problemas. El Consejo de Estado reafirmó esa posición en una decisión la semana anterior. Cuando se le preguntó si la Paz Total había fracasado como política, Cuervo evitó una respuesta categórica pero fue crítico en los detalles. Señaló que con el Eln no había negociación hace más de dos años y que no había cese unilateral, lo que sugería que el gobierno debería haber entendido más rápidamente que no había voluntad de paz en ese frente.
Durante su gestión, Cuervo también planteó una reforma a la justicia mediante la conformación de seis subcomisiones que construyeran las bases de esa iniciativa. Pero sus preocupaciones sobre seguridad lo llevaron a expresar inquietud sobre otras decisiones del gobierno. En una reunión de empalme con el equipo del presidente electo, manifestó su preocupación por la posibilidad de que se cerraran de inmediato todas las mesas de negociación, advirtiendo que un levantamiento intempestivo podría tener efectos complicados en materia de seguridad. Sin embargo, también reconoció que la propuesta del gobierno entrante sobre un marco para el sometimiento y la desmovilización no era necesariamente incompatible con algunos de los procesos que impulsaba la administración Petro.
Más allá de las diferencias sobre paz y constituyente, Cuervo enfrentó otras controversias durante su paso por el ministerio. Hubo cuestionamientos sobre los nombramientos de notarías, incluida la creación de la Notaría 82 de San Victorino en Bogotá. También estuvo en el centro de un escándalo cuando varios capos recluidos en la cárcel de Itagüí protagonizaron una parranda vallenata. Su salida refleja tensiones internas en el gabinete sobre cómo conducir las políticas de justicia y paz, con implicaciones directas para la continuidad de los procesos de negociación que el gobierno Petro ha impulsado como eje central de su administración.
Citações Notáveis
Me voy feliz de haber podido trabajar por una sociedad más justa e incluyente— Jorge Iván Cuervo, en su mensaje de renuncia
No fue correcto darle estatus de negociación política a las disidencias de las Farc. El Consejo de Estado reafirmó eso porque eso violó el Acuerdo de Paz— Jorge Iván Cuervo, en intervención en la Universidad Externado
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué un ministro de Justicia se niega a firmar algo que el presidente quiere?
Porque Cuervo creía que convocar una Asamblea Constituyente era un paso que no debía darse sin más análisis. No era solo desacuerdo político; era una línea que no estaba dispuesto a cruzar.
¿Y la Paz Total? ¿Eso fue lo que realmente lo sacó?
Fue parte de todo. Cuervo pensaba que el gobierno había cometido errores graves: negociar sin un marco jurídico claro desde el principio, y luego darles estatus político a disidentes de las Farc. Eso violaba el acuerdo anterior.
Suena como alguien que creía que el gobierno estaba improvisando.
Exacto. Y lo dijo en público, en la Universidad Externado. No se guardó nada. Advirtió sobre riesgos de seguridad si cerraban todas las mesas de negociación de golpe.
Pero al final escribió que se iba feliz.
Sí. Fue una salida digna. Agradeció al presidente, no atacó. Pero sus críticas quedaron en el registro. El gobierno lo pidió que se fuera, y él se fue, pero dejó clara su posición sobre cómo debían hacerse las cosas.
¿Qué pasa ahora con esos procesos de paz que él criticaba?
Eso es lo importante. Su salida deja al gobierno sin una voz interna que cuestionara estas decisiones. Los procesos continúan, pero sin ese contrapeso.