Japón tiembla sin víctimas mientras Venezuela colapsa: la prevención marca la diferencia

Venezuela sufrió al menos 164 muertes por terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que destruyeron La Guaira, mientras Japón registró solo cuatro heridos en un seísmo de similar intensidad.
Esto es vivir bajo la amenaza constante de un terremoto
Un viajero español describe la cotidianeidad en Japón, donde los terremotos son parte de la rutina diaria.

En la misma mañana del jueves, la tierra habló con fuerza similar en dos rincones del mundo: frente a las costas de Iwate, Japón, y sobre La Guaira, Venezuela. Pero el idioma con que cada sociedad escuchó ese mensaje fue radicalmente distinto. Cuatro heridos en un país; al menos 164 muertos en el otro. Lo que separa ambos destinos no es la geología, sino décadas de inversión, memoria colectiva y la voluntad de convertir el miedo en protocolo. La catástrofe, una vez más, revela que el desastre natural rara vez es solo natural.

  • Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 redujeron La Guaira a escombros en minutos, dejando al menos 164 muertos bajo edificios que nunca fueron diseñados para resistir.
  • Media hora después, un seísmo de 6,9 sacudió el noreste de Japón: los trenes se detuvieron, los edificios se balancearon, y cuatro personas resultaron heridas — nadie murió.
  • La diferencia no es geológica: Japón opera 4.200 sensores sísmicos, construye sobre bases de caucho laminado y entrena a sus ciudadanos desde la infancia cada 1 de septiembre.
  • Expertos advierten que la actividad sísmica encadenada en el noreste japonés desde finales de 2025 evoca el patrón que precedió al devastador terremoto de magnitud 9,0 de 2011.
  • Un megaterremoto en la Fosa de Nankai, con probabilidad del 60 al 90% en treinta años, amenaza con causar 298.000 muertes — aunque los científicos reconocen que ningún mapa de riesgo puede predecir con certeza dónde golpeará la tierra.

A las 7:30 del jueves, la tierra tembló con 6,9 grados frente a la costa de Iwate, en el noreste de Japón. Los trenes se detuvieron. Los edificios de Tokio se balancearon. Cuatro personas resultaron heridas. Nadie murió.

Media hora antes, en Venezuela, dos terremotos de 7,2 y 7,5 grados habían arrasado La Guaira. Al menos 164 personas quedaron sepultadas bajo los escombros. La diferencia entre ambas tragedias no reside en la geología — Japón registra el 10% de todos los terremotos del planeta — sino en décadas de preparación, recursos económicos y aprendizaje a través del dolor.

Japón ha construido una cultura de la prevención que impregna la vida cotidiana. La Agencia Meteorológica opera desde un edificio que descansa sobre capas de caucho laminado y recibe datos de 4.200 sensores en tierra y mar. Cuando la tierra se mueve, las alertas llegan en segundos a teléfonos, televisiones y ministerios. Un viajero español en una tienda de Osaka vivió ese momento en mayo: su móvil pitó con una alerta en español y japonés, mientras los clientes japoneses seguían comprando con calma. Esa serenidad no es indiferencia — es rutina construida.

La preparación comienza en las escuelas. Cada 1 de septiembre, aniversario del Gran Terremoto de Kanto de 1923, los estudiantes practican evacuaciones. En el Parque de Prevención de Desastres Tokio Rinkai, Haruna Watanabe, madre de 39 años, llevó a sus hijos a aprender cómo sobrevivir las primeras 72 horas tras un gran seísmo. En casa guarda mochilas individuales con comida, pilas y cascos. "Quiero que mis hijos estén bien preparados", explicó.

Sin embargo, la certeza tiene sus límites. Robert Geller, profesor emérito de la Universidad de Tokio, advierte que concentrar la atención en zonas específicas puede ser engañoso: desde 1979, casi todos los terremotos mortales en Japón ocurrieron en áreas clasificadas como de baja probabilidad. El sismólogo Shinichi Sakai observó que la frecuencia de seísmos encadenados en el noreste desde finales de 2025 evoca el patrón previo al terremoto de magnitud 9,0 de 2011. Al caer la tarde del jueves, se registraban ya once réplicas en Iwate. La tierra, como siempre, guarda sus propios tiempos.

A las 7:30 de la mañana del jueves, mientras Japón se despertaba en el noreste de su archipiélago, la tierra tembló con una fuerza de 6,9 grados. El epicentro se ubicó frente a la costa de Iwate, a 44 kilómetros de profundidad. Los trenes se detuvieron. Los edificios de Tokio se balancearon durante algunos minutos. Cuatro personas resultaron heridas. Nadie murió.

Media hora antes, en Venezuela, dos terremotos de 7,2 y 7,5 grados habían arrasado La Guaira. Los escombros cubrían las calles. Al menos 164 personas yacían muertas bajo los edificios derrumbados. La diferencia entre ambas catástrofes no radica en la geología. Japón se asienta sobre la intersección de cuatro placas tectónicas y registra el 10 por ciento de todos los terremotos del planeta. Cada año experimenta más de 2.000 seísmos. Venezuela no vive en una zona de actividad sísmica comparable. Lo que separa a ambos países es la preparación, el dinero y décadas de aprendizaje a través del dolor.

Japón ha construido una cultura de la prevención que permea cada aspecto de la vida cotidiana. La Agencia Meteorológica de Japón opera desde un edificio de 14 plantas en Tokio que descansa sobre una base de capas de caucho laminado de entre 0,9 y 1,5 metros de grosor, permitiendo que la estructura se meza con los seísmos sin colapsar. Veinte operadores vigilan constantemente decenas de pantallas con información sismográfica. La agencia recibe datos de 4.200 sensores de intensidad sísmica instalados en tierra y sensores de tsunami en alta mar, incluyendo uno en Minami-Torishima, un atolón a 1.950 kilómetros de Tokio que detecta tsunamis generados en Chile antes de que lleguen a las costas japonesas. Cuando se registra un movimiento sísmico, la agencia envía alertas a través de la televisión pública, empresas de telefonía, la Guardia Costera y ministerios del gobierno.

Un viajero español se encontraba en una tienda Muji en Osaka el 2 de mayo cuando su teléfono emitió un pitido. La pantalla mostraba un mensaje en español y japonés: "Alerta temprana de terremoto. Prepárese para fuertes temblores. Mantenga la calma y busque un refugio cerca". El viajero sintió pánico. Miró alrededor y vio que los clientes japoneses continuaban comprando como si nada hubiera ocurrido. Un hombre le explicó que no había motivo para preocuparse. Ese momento captura la realidad de vivir en uno de los países con mayor actividad sísmica del mundo: la amenaza constante se ha convertido en rutina.

La preparación comienza en las escuelas. Cada 1 de septiembre, aniversario del Gran Terremoto de Kanto de 1923 que mató a más de 100.000 personas en Tokio y Kanagawa, los estudiantes realizan simulacros de evacuación. Museos y exposiciones permanentes enseñan a los ciudadanos cómo convertir la incertidumbre en un protocolo de acción. En el Parque de Prevención de Desastres Tokio Rinkai, Haruna Watanabe, una madre de 39 años, llevó a sus hijos de 10 y 8 años a una exposición que preguntaba cómo sobrevivir las primeras 72 horas después de un terremoto con epicentro en Tokio. En su casa mantiene mochilas individuales con comidas de larga duración, pilas, botiquines y cascos, tal como recomiendan las autoridades. "Mi marido y yo trabajamos todo el día. Quiero que mis hijos estén bien preparados", explicó a la salida de la exposición.

Kazuya Nakayachi, psicólogo de la Universidad Doshisha de Kioto especializado en psicología del riesgo sísmico, subraya que las alertas de los móviles carecen de valor sin preparación previa. Entre el aviso y el terremoto real suelen transcurrir apenas tres segundos. Lo importante es crear una rutina diaria para cuando llegue el momento. El filósofo japonés Tetsuro Watsuji acuñó el término "mentalidad de tifón" para describir la "resignación activa" del japonés frente a los fenómenos más destructivos de la naturaleza. No se trata de enfrentarse a ella, sino de habitarla.

El gobierno y la Agencia Meteorológica mantienen activa desde hace décadas la previsión de un megaterremoto en la Fosa de Nankai, una vasta zona que cubre 26 de las 47 prefecturas del país. Con una magnitud de 8 a 9 y un tsunami con olas de hasta 30 metros, el seísmo causaría aproximadamente 298.000 muertes, según la proyección revisada en septiembre de 2025, cuando se elevó la probabilidad al 60 a 90 por ciento en los próximos treinta años. Sin embargo, Robert Geller, profesor emérito de la Universidad de Tokio y crítico reputado de las predicciones geológicas, advierte del riesgo de concentrar la atención en una zona específica. Los terremotos son demasiado complejos y no lineales para ser predecibles con la precisión necesaria. Desde 1979, casi todos los terremotos con más de diez víctimas mortales en Japón han ocurrido en zonas clasificadas como de baja probabilidad en los mapas nacionales de riesgo sísmico. El sismólogo Shinichi Sakai observó que nunca había visto seísmos con tal frecuencia en la región noreste. La actividad, que encadena terremotos de clase M7 desde finales de 2025, evoca el patrón que precedió al Gran Terremoto de 2011: el 9 de marzo de ese año, un seísmo de magnitud 7,3 golpeó la misma zona. Dos días después llegó el de magnitud 9,0. Al caer la tarde del jueves, la agencia informaba de al menos 11 réplicas en Iwate, ninguna superior a 4,7 grados.

No existía ninguna política de prevención para un desastre natural de esta magnitud y hoy estamos viendo las consecuencias
— José Rolón, vecino de La Guaira, a Televisión Española
Las alertas de los móviles no sirven para nada sin una preparación previa
— Kazuya Nakayachi, psicólogo de la Universidad Doshisha de Kioto
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué un terremoto de 6,9 grados en Japón causa cuatro heridos mientras que terremotos de 7,2 y 7,5 en Venezuela dejan 164 muertos?

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No es que Japón tiemble menos. El país se asienta sobre cuatro placas tectónicas y registra el 10 por ciento de todos los terremotos del planeta. La diferencia es que Japón ha invertido décadas y recursos en preparación: sistemas de alerta sofisticados, edificios diseñados para resistir, una cultura de simulacros escolares, y ciudadanos que saben exactamente qué hacer cuando suena la alarma.

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¿Qué significa que un edificio esté construido sobre capas de caucho laminado?

Model

Permite que la estructura se meza con el terremoto en lugar de resistirse a él. El edificio de la Agencia Meteorológica tiene capas de entre 0,9 y 1,5 metros de grosor bajo sus cimientos. Cuando tiembla, el edificio se mueve con el movimiento sísmico en lugar de quebrarse. Es una forma de aceptar la realidad geológica y trabajar con ella.

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¿Cuánto tiempo hay entre la alerta y el terremoto real?

Model

Apenas tres segundos. Por eso las alertas no sirven para escapar. Sirven para que la gente sepa qué hacer en esos tres segundos: buscar un refugio, agarrarse a algo, protegerse. Lo importante es que esa acción sea automática, una rutina que se ha practicado cientos de veces.

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¿Qué es la "mentalidad de tifón"?

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Es una expresión del filósofo japonés Tetsuro Watsuji para describir cómo los japoneses viven con los fenómenos naturales destructivos. No se trata de enfrentarse a la naturaleza o de negarla. Se trata de habitarla, de aceptar que los terremotos son parte de la realidad y prepararse para convivir con ellos.

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¿Cuál es el riesgo del megaterremoto en la Fosa de Nankai?

Model

Una magnitud de 8 a 9 con un tsunami de hasta 30 metros. Las proyecciones más recientes, de septiembre de 2025, estiman una probabilidad del 60 a 90 por ciento en los próximos treinta años. Causaría aproximadamente 298.000 muertes. Pero incluso los expertos advierten que las predicciones sísmicas precisas son imposibles.

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¿Qué pasó el 9 de marzo de 2011?

Model

Un terremoto de magnitud 7,3 golpeó la región noreste de Japón. Dos días después llegó el Gran Terremoto del Este de Japón, de magnitud 9,0. El tsunami fue la causa principal de casi 20.000 muertes. Ahora, la actividad sísmica reciente en la misma región evoca ese patrón.

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