Israel bombardea Beirut mientras Irán amenaza romper negociaciones con EE UU

El bombardeo israelí en Beirut causó al menos tres muertos y siete heridos, con daños significativos en edificios residenciales y comerciales en el barrio de Dahiye.
Israel no tolerará ataques contra su territorio, sin importar quién esté negociando la paz
Netanyahu justifica el bombardeo de Beirut como respuesta a drones de Hezbolá, estableciendo su propia lógica de seguridad por encima de la diplomacia.

En el frágil umbral entre la guerra y la diplomacia, aviones israelíes bombardearon los suburbios de Beirut el domingo por la mañana, dejando tres muertos y sembrando dudas sobre si el acuerdo que Washington e Irán llevaban semanas tejiendo podría sobrevivir a la lógica implacable de la represalia. Trump prometía firmar un memorando de alto el fuego ese mismo día; Netanyahu actuaba como si ese papel aún no existiera. En el espacio entre esas dos voluntades, Oriente Próximo volvía a asomarse al abismo.

  • Misiles guiados por láser impactaron un edificio residencial en Dahiye sin previo aviso, matando a tres personas y hiriendo a siete en plena negociación diplomática.
  • Irán amenazó públicamente con abandonar las conversaciones con Estados Unidos, poniendo en riesgo un acuerdo que incluía la suspensión del programa nuclear y el desbloqueo de 25.000 millones de dólares en activos congelados.
  • El ejército israelí, consciente de que un ataque similar la semana anterior desencadenó represalias con misiles, declaró estado de máxima alerta ante un posible contraataque iraní en las próximas horas.
  • Trump insistía en que la firma del memorando ocurriría ese mismo domingo y que el estrecho de Ormuz se reabriría de inmediato, mientras una delegación catarí presionaba en Teherán para salvar el acuerdo.
  • La escalada dejaba al descubierto una contradicción irresuelta: Netanyahu actuaba con autonomía militar mientras Washington intentaba presentar un frente diplomático coherente ante sus aliados del G7.

El domingo por la mañana, sin previo aviso, aviones israelíes bombardearon Dahiye, el barrio de mayoría chií al sur de Beirut. Los misiles impactaron un edificio de apartamentos en Ghobeiri, causando tres muertos, siete heridos y daños considerables en estructuras vecinas. Israel justificó el ataque como respuesta a tres drones lanzados por Hezbolá contra su territorio, y Netanyahu advirtió que cada agresión recibiría una respuesta inmediata. El ejército ordenó además la evacuación de 29 localidades en el sur del Líbano, donde mantiene presencia militar desde abril.

El momento no podía ser más delicado. Durante semanas, Estados Unidos e Irán habían negociado un memorando que contemplaba la suspensión del programa nuclear iraní, el levantamiento de sanciones al petróleo, la liberación de activos congelados y la reapertura del estrecho de Ormuz. Trump había prometido firmar ese mismo domingo. Una delegación catarí se encontraba en Teherán para impulsar el cierre del acuerdo.

Pero el bombardeo de Beirut rompió el equilibrio. El jefe negociador iraní amenazó con abandonar las conversaciones, argumentando que la escalada militar era incompatible con una diplomacia seria. El Ministerio de Exteriores de Irán, que ya había anunciado un retraso en la firma, enfrentaba ahora una decisión más grave. Hacía apenas una semana, un ataque israelí similar sobre Dahiye había provocado que Irán y los hutíes lanzaran misiles contra Israel por primera vez desde el inicio del alto el fuego de abril. Consciente de ese patrón, el ejército israelí se declaró en máxima alerta ante un posible contraataque en las próximas horas.

La escena revelaba una fractura profunda: mientras Trump hablaba de un acuerdo sólido y planeaba consolidarlo en el G7, Netanyahu seguía su propia lógica, actuando sin esperar a que los diplomáticos terminaran su trabajo. La pregunta que sobrevolaba la región ese domingo era si la diplomacia podía resistir el peso del ciclo de represalias, o si la firma de Trump llegaría demasiado tarde para importar.

El domingo por la mañana, aviones israelíes bombardearon Dahiye, los suburbios de mayoría chií en el sur de Beirut, sin previo aviso. Las explosiones dejaron columnas de humo sobre la zona residencial. Cuando los servicios de rescate libaneses completaron sus operaciones iniciales, el balance era claro: tres personas muertas y siete heridas. Los misiles guiados por láser habían impactado directamente contra un edificio de apartamentos en el vecindario de Ghobeiri, causando daños significativos en estructuras residenciales y comerciales cercanas.

El ataque llegaba en un momento de extrema fragilidad diplomática. Estados Unidos e Irán llevaban semanas negociando un memorando de entendimiento que, según funcionarios iraníes, incluiría la suspensión del programa nuclear de Teherán, el levantamiento de sanciones al petróleo iraní, la liberación de 25.000 millones de dólares en activos congelados, y la reapertura del estrecho de Ormuz. El presidente Donald Trump había asegurado el día anterior que la firma ocurriría ese mismo domingo, y que inmediatamente después se reabriría la vía marítima estratégica. Una delegación de Catar estaba en Teherán precisamente para impulsar la conclusión del acuerdo.

Israel justificó el bombardeo como respuesta a tres drones lanzados por Hezbolá contra el norte de su territorio. En un comunicado conjunto, el primer ministro Benjamín Netanyahu y el ministro de Defensa Israel Katz señalaron que "Israel no tolerará ataques contra su territorio". El ejército israelí ordenó además la evacuación de otras 29 localidades en el sur del Líbano, donde mantiene una ocupación militar desde abril. Esta era la ecuación que Netanyahu trataba de establecer: cada ataque de Hezbolá recibiría una respuesta inmediata y contundente.

Pero el bombardeo de Beirut tenía un precedente inmediato que amplificaba su riesgo. Hace apenas una semana, Israel había atacado Dahiye de manera similar. Entonces, Irán y los hutíes de Yemen respondieron lanzando misiles contra territorio israelí por primera vez durante el alto el fuego que había comenzado en abril. Los militares israelíes, conscientes de este patrón, emitieron un comunicado advirtiendo que se preparaban "para un posible ataque contra el territorio del Estado de Israel en las próximas horas". El ejército permanecería en "estado de máxima alerta" y listo para "diversos escenarios defensivos y ofensivos".

En Teherán, la reacción fue inmediata. Mohamed Baqer Qalifab, jefe del equipo negociador iraní y presidente del Parlamento, amenazó públicamente con romper las negociaciones con Estados Unidos. La escalada militar, argumentó, no podía coexistir con conversaciones de paz serias. El Ministerio de Exteriores iraní, que horas antes ya había anunciado un retraso en la firma del memorando, ahora enfrentaba una decisión más grave: ¿continuar negociando mientras Israel bombardeaba objetivos en Líbano, un país que el acuerdo pretendía incluir en sus términos?

La tensión revelaba una contradicción fundamental. Trump y sus asesores insistían en que existía "un acuerdo sólido" de alto el fuego y que el presidente utilizaría la cumbre del G7 para consolidarlo con los países mediadores. Pero cada ataque israelí en Beirut parecía diseñado para sabotear precisamente eso. Netanyahu mantenía su línea: Israel actuaría cuando lo considerara necesario, sin esperar a que diplomáticos en otras capitales completaran sus conversaciones. La pregunta que flotaba sobre Oriente Próximo ese domingo era si la diplomacia podía sobrevivir a la lógica de la represalia militar, o si el ciclo de ataques y contraataques terminaría por consumir cualquier posibilidad de acuerdo antes de que Trump pusiera su firma en el papel.

Israel no tolerará ataques contra su territorio
— Benjamín Netanyahu y el ministro de Defensa Israel Katz
Irán amenaza con romper las negociaciones en curso con Estados Unidos tras el ataque israelí
— Mohamed Baqer Qalifab, jefe negociador iraní y presidente del Parlamento
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué Israel bombardeó Beirut precisamente cuando estaban tan cerca de cerrar un acuerdo?

Model

Porque Netanyahu opera con su propia lógica de seguridad. Para él, cada ataque de Hezbolá requiere una respuesta inmediata, sin importar lo que esté sucediendo en las mesas de negociación. Es su forma de establecer que Israel no espera permiso de nadie.

Inventor

Pero eso parece garantizado para sabotear las negociaciones.

Model

Exactamente. Y probablemente es intencional. Netanyahu nunca ha sido entusiasta con este acuerdo. Cada bombardeo en Beirut es un mensaje: Israel no se someterá a restricciones diplomáticas.

Inventor

¿Entonces Irán tiene razón al amenazar con abandonar las conversaciones?

Model

Desde su perspectiva, sí. ¿Cómo negocias un acuerdo que supuestamente incluye a Líbano mientras tu vecino está siendo bombardeado? Es una contradicción que Teherán no puede ignorar sin perder credibilidad interna.

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¿Y Trump? Él dijo que firmaría hoy.

Model

Trump está en una burbuja de optimismo. Sus asesores le dicen que hay un acuerdo sólido. Pero la realidad en el terreno es que cada hora que pasa, la situación se vuelve más inestable. Los militares israelíes ya están en máxima alerta esperando represalias iraníes.

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¿Cuál es el verdadero obstáculo aquí?

Model

La desconfianza fundamental. Irán no cree que Israel respete un acuerdo. Israel no cree que Irán cumpla sus compromisos nucleares. Y Netanyahu no quiere un acuerdo en absoluto. Los bombardeos de Beirut son su forma de decirlo sin palabras.

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