Una de las tres naciones del mundo que aún cazan ballenas amenazadas
Desde el puerto de Reikiavik, dos barcos balleneros islandeses volvieron a surcar el océano esta semana, rompiendo un silencio de dos años y reabriendo una de las tensiones más antiguas entre tradición económica y conciencia ecológica. Islandia, junto a Noruega y Japón, persiste como una de las tres naciones que aún practican la caza comercial de cetáceos, en un momento en que sus propios científicos advierten sobre poblaciones en declive y su propia ministra de Industria impulsa una ley para prohibirla definitivamente. Lo que parece un regreso a la rutina es, en realidad, el reflejo de un país que aún no ha decidido quién quiere ser.
- Dos barcos balleneros zarparon de Reikiavik este sábado, rompiendo una pausa de dos años y encendiendo de inmediato la resistencia de activistas que se encaramaron en los mástiles antes de que las embarcaciones abandonaran el puerto.
- El Instituto de Investigación Marina advirtió que las poblaciones de rorcuales están bajas y recomendó recortar las cuotas un 20%, limitando la temporada a 150 rorcuales comunes y 168 ballenas minke.
- La organización Hvalavinir convocó manifestaciones en los puertos capitalinos, mientras el debate ciudadano sobre la identidad y los valores del país se intensifica con cada temporada que pasa.
- El propio gobierno islandés muestra fisuras: la ministra de Industria anunció en abril su intención de presentar un proyecto de ley que prohibiría definitivamente la caza comercial, dejando la temporada actual suspendida entre el presente y un futuro incierto.
- Islandia navega una contradicción creciente: es una de solo tres naciones que aún cazan ballenas, y lo hace mientras sus instituciones científicas y parte de su clase política empujan hacia el abandono definitivo de la práctica.
El sábado pasado, dos barcos balleneros islandeses levantaron anclas en Reikiavik y pusieron rumbo al océano, marcando el regreso del país a la caza comercial de cetáceos tras dos años de ausencia. La reacción fue casi inmediata: activistas se encaramaron en los mástiles de las embarcaciones y organizaciones animalistas convocaron protestas en los puertos de la capital.
La pausa tenía raíces políticas y económicas. En 2024, la entonces ministra de Agricultura se negó a autorizar la temporada en medio de un debate encendido. Al año siguiente, la industria calculó que la actividad no sería rentable y optó por no enviar barcos. Este año, sin embargo, no hubo obstáculos que detuvieran el reinicio.
La reanudación llega con advertencias científicas de fondo. El Instituto de Investigación Marina recomendó reducir las cuotas en una quinta parte ante los bajos números censados, fijando un máximo de 150 rorcuales comunes y 168 ballenas minke para la temporada.
Lo que complica aún más el panorama es la división dentro del propio gobierno. En abril, la ministra de Industria y Comercio anunció su intención de presentar un proyecto de ley que prohibiría definitivamente la caza comercial, una señal de que el debate sobre el futuro de esta práctica está lejos de cerrarse.
Islandia es una de solo tres naciones —junto a Noruega y Japón— que continúan cazando ballenas. La temporada que acaba de comenzar no es simplemente un regreso a la normalidad: es un punto de inflexión en una conversación nacional sobre qué clase de país quiere ser Islandia en los años que vienen.
El sábado pasado, dos barcos balleneros islandeses levantaron anclas desde el puerto de Reikiavik y pusieron rumbo al océano, marcando el regreso de Islandia a la caza comercial de cetáceos después de una ausencia de dos años. La noticia desencadenó protestas casi inmediatas: activistas se encaramaron en los mástiles de las embarcaciones, y organizaciones animalistas convocaron manifestaciones en los puertos de la capital.
La pausa que acaba de terminar tiene sus raíces en decisiones políticas anteriores. En 2024, la ministra de Agricultura de entonces, Bjarkey Olsen Gunnarsdóttir, se negó a autorizar la temporada de caza en medio de un debate intenso, lo que resultó en la suspensión de la actividad ese año. Al año siguiente, la industria ballenera islandesa —que enfrenta dificultades económicas persistentes— calculó que la temporada no sería rentable y optó por no enviar barcos. Este año, sin embargo, no hubo obstáculos políticos ni económicos que detuvieran el reinicio.
La reanudación ocurre en un contexto de preocupación científica sobre las poblaciones de ballenas. El Instituto de Investigación Marina de Islandia emitió una recomendación clara: reducir las cuotas de caza en una quinta parte debido a los bajos números censados. Bajo estas nuevas directrices, los cazadores pueden capturar un máximo de 150 rorcuales comunes y 168 rorcuales aliblancos, conocidos también como ballenas minke.
La protesta ciudadana no se hizo esperar. El jueves, cuando el barco Hvalur 9 zarpó de Reikiavik, un manifestante ya estaba encaramado en su mástil, una táctica de resistencia que los activistas contra la caza de ballenas ya habían empleado en 2023. La organización Hvalavinir, cuyo nombre significa "Amigos de las Ballenas", organizó una concentración de protesta para la mañana del domingo en el puerto capitalino.
Lo que añade una capa de complejidad a esta historia es que el gobierno islandés parece estar dividido sobre el futuro de la práctica. En abril de este año, Hanna Katrín Friðriksson, ministra de Industria y Comercio, anunció su intención de presentar un proyecto de ley que prohibiría definitivamente la caza comercial de ballenas. Esta propuesta legislativa sugiere que, aunque la temporada ha comenzado, el debate sobre si Islandia debe continuar con esta actividad está lejos de resolverse.
Islandia se encuentra en una posición incómoda en el escenario internacional. Es una de solo tres naciones en el mundo —junto con Noruega y Japón— que continúan cazando ballenas, especies cuyas poblaciones están amenazadas. La reanudación de esta semana, entonces, no es simplemente un regreso a la normalidad, sino un punto de inflexión en una conversación nacional sobre qué tipo de país quiere ser Islandia en los años venideros.
Citas Notables
La ministra de Industria y Comercio anunció planes para presentar un proyecto de ley que prohíba definitivamente la caza comercial de ballenas— Hanna Katrín Friðriksson, ministra de Industria y Comercio de Islandia
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué Islandia decidió reanudar la caza justo ahora, después de dos años sin hacerlo?
No fue una decisión unificada. En 2024 y 2025, hubo obstáculos —primero político, luego económico. Este año simplemente no había razones que lo impidieran, aunque la ciencia dice que las poblaciones están bajas.
¿Qué tan importante es la caza de ballenas para la economía islandesa?
Aparentemente no tanto como para que la industria la mantuviera durante dos años. Dijeron que no era rentable. Eso sugiere que la caza de ballenas es más simbólica que económicamente vital.
¿Cómo es posible que la ministra de Industria quiera prohibirla si acaba de reanudarse?
Eso refleja una fractura real en el gobierno. Algunos sectores ven la caza como tradición o derecho; otros la ven como incompatible con lo que Islandia quiere ser en el siglo XXI.
¿Qué tan efectiva es la protesta de encaramarse en un mástil?
Simbólicamente, muy efectiva. Genera atención, muestra convicción. Pero la pregunta real es si puede cambiar las mentes de quienes toman decisiones políticas.
¿Qué significa que solo tres países sigan cazando ballenas?
Significa que Islandia está cada vez más aislada en una práctica que el mundo ha decidido abandonar. Eso crea presión interna y externa.