Las faldas agonizan; su muerte está próxima, muy próxima
Un diseñador parisino lleva 25 años trabajando para sustituir la falda por el pantalón como prenda femenina cotidiana, considerándola un vestigio de injusticia social. Anselmi argumenta que las mujeres ya usan pantalones en deporte, aviación y playa; el pantalón es estéticamente superior y lógicamente más práctico que la falda.
- Giuseppe Anselmi, diseñador parisino, llevaba 25 años trabajando para sustituir la falda por el pantalón femenino
- Predijo que el cambio comenzaría en el invierno de 1933
- Argumentaba que las mujeres ya usaban pantalones en esquí, equitación, aviación, motorismo y playa
- La entrevista fue publicada el 29 de febrero de 1932 en Las Noticias
Irene Polo entrevista a Giuseppe Anselmi, diseñador parisino, quien predice que las mujeres adoptarán el pantalón como prenda cotidiana a partir del invierno de 1933, viéndolo como conquista de la emancipación femenina.
Irene Polo se sentó frente a Giuseppe Anselmi en Barcelona a finales de febrero de 1932, y lo que escuchó fue una predicción que el diseñador parisino presentaba como certeza histórica: las faldas estaban muriendo. No era chisme de modas, insistía Anselmi, jefe del departamento de diseñadores de una de las casas más influyentes de París. Era una revolución que llevaba veinticinco años gestándose en los talleres de la moda francesa, esperando el momento exacto para emerger.
Anselmi hablaba con la convicción de quien ha dedicado décadas a una causa. La Primera Guerra Mundial, pensó entonces, sería la ocasión perfecta: una convulsión social lo bastante profunda como para que cualquier novedad encontrara terreno fértil. Pero no fue así. El intento anterior de introducir la falda-pantalón había fracasado, y el momento aún no había llegado. Ahora, en 1932, las circunstancias eran distintas. La mujer reclamaba su lugar en el mundo moderno, se incorporaba al movimiento progresista universal, y lo que Anselmi proponía era simplemente otra victoria en esa larga batalla por la igualdad.
La lógica que desplegó ante Polo era casi matemática. La falda, explicaba, no era más que la túnica primitiva, aquella prenda torpe que los hombres habían abandonado hace siglos en favor del pantalón, la única forma de vestido verdaderamente razonable. Las mujeres, atrapadas por su inferioridad social histórica, nunca pudieron hacer ese cambio. La falda había perdurado como un fósil de injusticia ancestral, atravesando todas las épocas de la civilización sin cuestionamiento. Pero ese imperio absurdo estaba llegando a su fin. Las faldas agonizaban, y su muerte era inminente.
Cuando Polo expresó su escepticismo, Anselmi respondió con datos concretos. ¿Acaso no veía que miles de mujeres pasaban ya la mayor parte del día vistiendo pantalones? El esquí, la equitación, la aviación, el motorismo, la playa: en todos estos ámbitos el pantalón era ya la norma. Incluso en casa, el pijama dominaba el deshabillé femenino. ¿Entonces por qué seguía pareciendo imposible que las mujeres caminaran por la calle así vestidas?
Lo que más le irritaba a Anselmi era la idea misma de que el pantalón fuera una prenda masculina y la falda una femenina. Era uno de los tópicos más incomprensibles y absurdos que la sociedad había aceptado sin reflexión. Sí, la ropa de hombres y mujeres debía diferenciarse, como todo lo relativo a ambos sexos. Pero no de esta manera. ¿Por qué se consideraba que el hombre tenía dos piernas y la mujer dos pies? Nadie pensaba que una mujer que llevaba un zapato en cada pie se vestía como un hombre. Los zapatos de hombre y mujer eran distintos, pero ambos cubrían pies. ¿Por qué entonces el hombre podía vestir cada una de sus piernas mientras la mujer debía cubrirlas con una funda más o menos bonita? Incluso en Oriente, donde las mujeres gozaban de menos libertades que en Occidente, las chinas y las árabes llevaban pantalones.
Sobre cómo lucirían estos nuevos pantalones femeninos, Anselmi tenía un plan preciso. Estéticamente, el pantalón masculino era ya superior a la falda. Bastaba imaginarse a un hombre con falda para ver el desastre; en cambio, las mujeres que había visto en el cine, en el deporte, en las revistas, lucían maravillosas. En el carnaval reciente, ¿cuántas mujeres disfrazadas de pierrots, marineros y otros personajes se veían hermosas? Los pantalones formales que su equipo había diseñado especialmente relegarían para siempre esa falda tiránica y anacrónica.
Los primeros pantalones femeninos, explicó, serían muy parecidos a los que llevaban las esquiadoras, introducidos primero en invierno como una extensión natural del equipo de nieve. Luego, usando la misma estrategia, los llevarían a los salones como evolución del pijama. Gradualmente se transformarían, se estilizarían, se adornarían, se perfeccionarían. El pantalón femenino no tendría la impasibilidad ni la monotonía del masculino. ¿Y cuándo comenzaría? El próximo invierno, respondió Anselmi. A finales de 1933. Cuando Polo sugirió que era muy pronto, él rechazó la idea con elegancia: no se atrevía a ofender a una época tan gloriosa de conquistas suponiendo que fuera demasiado rápido.
La entrevista terminó con una certeza compartida: el próximo invierno lo diría todo. Lo que ninguno de los dos podía saber era que la historia de la moda femenina seguiría siendo más lenta y complicada de lo que Anselmi imaginaba, aunque su predicción fundamental resultaría profética. Las faldas no desaparecerían, pero el pantalón femenino llegaría para quedarse.
Notable Quotes
La falda es, sencillamente, la túnica primitiva... un vestigio de la ancestral injusticia— Giuseppe Anselmi
Las circunstancias son favorables. Nos hallamos en la época de la reivindicación moral y social de la mujer— Giuseppe Anselmi
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un diseñador parisino en 1932 creía que el pantalón femenino era una cuestión de justicia social y no solo de moda?
Porque para Anselmi la falda no era un accesorio. Era la prueba física de que la sociedad había mantenido a las mujeres en una categoría diferente, inferior. El pantalón representaba igualdad real, no solo estética.
Pero ¿no es curioso que hablara de introducirlo primero en invierno, como si fuera un truco?
No era un truco, era estrategia. Sabía que el cambio radical asusta. Así que pensaba normalizarlo gradualmente: primero en contextos donde ya existía, como el esquí, luego en casa con el pijama, hasta que finalmente fuera cotidiano.
¿Cree que Anselmi realmente creía que esto pasaría en 1933?
Probablemente sí. Vivía en París, el epicentro de la moda, rodeado de diseñadores que compartían su visión. Desde su perspectiva, todo apuntaba a que el momento había llegado. No podía ver los obstáculos culturales que aún faltaban.
¿Qué le sorprende más de esta entrevista, leyéndola hoy?
Que Anselmi fuera tan claro sobre lo que realmente estaba en juego. No dijo "esto es más cómodo". Dijo "esto es justicia". Entendía que la ropa es política.
¿Y Irene Polo? ¿Qué papel juega ella aquí?
Es la testigo escéptica que hace las preguntas correctas. Ella representa al lector que piensa "esto es imposible", y eso es lo que hace la entrevista creíble. No es propaganda, es un diálogo real entre el visionario y la duda.