Irán demostró que puede cerrar a voluntad uno de los pasos marítimos más críticos del planeta
Irán atacó buques de Qatar y Arabia Saudí, reduciendo el tráfico por Ormuz de 76 a apenas 22 buques diarios y demostrando su poder de regulación. El memorando de junio entre EE.UU. e Irán contiene ambigüedades sobre quién controla el estrecho, con Teherán exigiendo gestión exclusiva y posibles peajes.
- Tráfico por Ormuz cayó de 76 a 22 buques diarios tras los ataques iraníes del martes
- Memorando de junio entre EE.UU. e Irán contiene ambigüedades sobre control del estrecho
- Irán exige gestión exclusiva de Ormuz e incluye posibles peajes para el paso
- Economía iraní enfrenta contracción prevista del 6% al 10% del PIB
Irán demuestra capacidad de cerrar el estrecho de Ormuz mediante ataques a buques, utilizando este control como baza negociadora en un acuerdo de alto el fuego frágil con EE.UU. que enfrenta interpretaciones contradictorias.
En la madrugada del martes, Irán lanzó misiles contra un metanero qatarí que intentaba cruzar el estrecho de Ormuz. Horas después, atacó un petrolero saudí. El mensaje era claro: Teherán controla estas aguas, y cualquiera que intente atravesarlas sin su consentimiento pagará el precio. Lo que sucedió en los días siguientes confirmó que no se trataba de una amenaza vacía.
Antes de estos ataques, el tráfico marítimo por el estrecho había comenzado a recuperarse. A mediados de junio, cuando Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento, los buques empezaron a fluir nuevamente por la zona. Para el 24 de junio, según datos de la empresa de monitorización Kpler, cruzaban el estrecho unos 76 buques diarios. Pero después de los ataques de esta semana, ese número se desplomó a apenas 22. El jueves, el tráfico por el corredor sur —la ruta que discurre por aguas omaníes con escolta estadounidense— se había reducido a uno o dos buques diarios. Un superpetrolero de bandera india simplemente dio la vuelta y abandonó el intento de cruzar.
Esta es la paradoja de la guerra que acaba de terminar: Irán salió derrotado en términos militares y humanos, con infraestructuras destruidas y miles de muertos. Pero ganó algo que podría resultar más valioso que cualquier victoria convencional. Demostró al mundo que puede cerrar a voluntad uno de los pasos marítimos más críticos del planeta. Por ese estrecho circulaba, antes del conflicto, la quinta parte de todo el petróleo y gas licuado que consume la humanidad. Ahora Irán sabe que posee un arma de negociación de dimensiones colosales, y no tiene intención de soltarla.
El problema es que el memorando firmado el 17 de junio entre Washington y Teherán está escrito en un lenguaje deliberadamente ambiguo. Esa ambigüedad fue necesaria para que ambas partes pudieran reclamar la victoria, pero ha resultado desastrosa para implementar el acuerdo. El artículo 5 del texto dice que Irán hará los "arreglos necesarios" para permitir el paso seguro durante 60 días. Para la Casa Blanca, esto significa simplemente que el estrecho debe permanecer abierto y el petróleo debe fluir. Para Teherán, significa que Ormuz reabrirá únicamente bajo gestión iraní exclusiva, al menos hasta que se negocie un nuevo marco regulador que incluya pagos. Mohamed Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní y jefe negociador, ha sido explícito: el estrecho solo reabrirá bajo "los arreglos iraníes", y advirtió que "la ruptura de promesas" por parte de Washington "no saldrá gratis".
Lo que ha sucedido es que ambas potencias han comenzado a interpretar el acuerdo como una extensión de la guerra por otros medios. Estados Unidos estableció un corredor alternativo por aguas omaníes, la Operación Proyecto Libertad, e instó a los armadores occidentales a utilizarlo. Irán lo vio como un intento de despojarle de su principal baza de disuasión y comenzó a hostigar a los buques con drones. Luego denunció la ruta como una violación del alto el fuego. Según analistas del think tank International Crisis Group, Teherán considera que mantener el control del estrecho es esencial para preservar el equilibrio de poder que hace posible la diplomacia.
Irán está jugando un juego de alto riesgo. Sabe que Trump enfrenta costos electorales significativos si regresa a la guerra a menos de cuatro meses de las elecciones de mitad de mandato. Una amplia mayoría del electorado estadounidense rechaza el intervencionismo exterior, y todos sienten en sus bolsillos la escalada de precios de la energía. Mantener la presión sobre el estrecho para obtener nuevas concesiones tiene, para Irán, un costo relativamente limitado. Pero la República Islámica también corre riesgos. Su economía ha quedado devastada, con las industrias siderúrgica e hidrocarburífera —fuentes críticas de empleo— destruidas o severamente dañadas. Los analistas internacionales predicen una contracción del PIB entre el 6% y el 10%. Forzar una nueva guerra abierta sería catastrófico para una población que ya sufrió la mayor revuelta social contra las élites en décadas hace apenas meses.
La Agencia Internacional de la Energía advirtió el viernes sobre los riesgos energéticos que emanan del regreso de las hostilidades en el Golfo Pérsico. El mensaje es que sin un acuerdo de paz duradero, los mercados petroleros no podrán normalizarse. Por ahora, el precio del petróleo y el gas se disparó nuevamente tras los ataques, aunque no alcanzó los niveles de los momentos más críticos de la guerra. Lo que está claro es que Irán ha transformado su derrota militar en una posición de negociación extraordinariamente fuerte. La pregunta que mantiene en vela a capitales europeas y asiáticas es si el memorando de junio fue algo más que un espejismo.
Citas Notables
El estrecho de Ormuz únicamente reabrirá totalmente bajo los arreglos iraníes, y la ruptura de promesas por parte de Washington no saldrá gratis— Mohamed Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní
Washington y Teherán han llegado a considerar el acuerdo como una extensión de la guerra por otros medios, con la escalada armada como instrumento para imponer su interpretación del texto— International Crisis Group
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué Irán atacaría buques justo después de firmar un acuerdo de alto el fuego? Parece contradictorio.
No lo es si entiendes que Irán interpreta el acuerdo de forma completamente distinta a como lo interpreta Washington. Para Teherán, el memorando no significa que el estrecho esté abierto a todos. Significa que Irán controla quién pasa y cómo.
Pero eso hace el acuerdo imposible de cumplir. ¿Cómo negocia alguien con interpretaciones tan opuestas?
Exactamente. Ambos lados han comenzado a usar la escalada militar como herramienta de negociación. Es la guerra por otros medios. Cada ataque es un argumento.
¿Y por qué Irán cree que puede salirse con la suya? ¿No teme una respuesta estadounidense más fuerte?
Porque sabe que Trump no puede permitirse otra guerra a meses de elecciones cruciales. El electorado estadounidense rechaza el intervencionismo. Eso le da a Irán margen para presionar.
Pero Irán también está herido. ¿No necesita paz para reconstruirse?
Sí, pero necesita más que paz. Necesita dinero. Cree que puede extraer pagos de los países del Golfo y las navieras internacionales a cambio de permitir el paso seguro. Es un cálculo de riesgo: presionar lo justo sin provocar una guerra nueva que destruiría lo poco que le queda.
¿Entonces estamos en un punto de equilibrio inestable?
Completamente inestable. Ambos lados están buscando imponer su interpretación del texto mediante la fuerza. Nadie sabe cuánto tiempo aguantará esto antes de que algo ceda.