Resuelven misterio de 30 años: identifican carguero holandés del XVII con 400 monedas de oro

Cuánto tesoro aún queda por descubrir bajo nuestros mares
Jeremy D. Hill, jefe de investigación del Museo Británico, reflexiona sobre el significado del hallazgo del Dom van Keulen.

En el otoño de 1633, un mercante holandés partió de Marruecos cargado de oro africano y nunca llegó a su destino: las tormentas del Atlántico lo sepultaron frente a Devon, donde sus secretos reposaron casi cuatro siglos. Treinta años después de que los arqueólogos rescataran sus monedas del lecho marino, un historiador ha puesto nombre al barco y ha devuelto al presente una historia de comercio global, ambición y fragilidad humana. El Dom van Keulen no es solo un naufragio; es un espejo en el que se refleja la intrincada red de intercambios que unía África, los Países Bajos y Gran Bretaña mucho antes de que el mundo moderno tomara forma.

  • Durante tres décadas, más de 400 monedas de oro marroquíes recuperadas frente a Salcombe permanecieron sin identidad: nadie sabía a qué barco pertenecían ni qué historia contaban.
  • El enigma se resistía porque no existían pinturas del buque ni registros fácilmente accesibles, dejando a expertos del Museo Británico y la Universidad de Bournemouth sin respuesta.
  • El historiador Ian Friel encontró en el Archivo Nacional documentos que describían una travesía desde el norte de África en condiciones 'muy tempestuosas', revelando el nombre del barco: Dom van Keulen.
  • El hallazgo expone una red comercial del siglo XVII en la que el oro africano fluía hacia las cecas holandesas para convertirse en una de las divisas más respetadas del mundo.
  • Las monedas y artefactos del naufragio se exhiben hoy en el Museo Británico, pero los investigadores advierten que este caso es solo un recordatorio de cuánto tesoro arqueológico aguarda aún en el fondo de los mares europeos.

En otoño de 1633, un mercante holandés zarpó de Marruecos rumbo a los Países Bajos con una carga extraordinaria: miles de ducados berberiscos, goma arábiga, pieles de cabra y otros bienes valiosos. Las tormentas del Atlántico norte lo hundieron frente a la costa de Devon antes de que pudiera completar el viaje. La tripulación sobrevivió, pero el barco y gran parte de su tesoro quedaron sepultados a dieciocho metros de profundidad.

Cuando arqueólogos marítimos localizaron los restos en la década de 1990 cerca de Salcombe, recuperaron más de 400 monedas de oro que despertaron una pregunta inmediata: ¿a quién pertenecía este barco? Expertos del Museo Británico, la Universidad de Bournemouth y el Grupo de Arqueología Marítima del Sudoeste trabajaron durante treinta años sin encontrar respuesta.

Fue el historiador Ian Friel quien resolvió el misterio al consultar documentos en el Archivo Nacional. Los papeles describían una travesía desde el norte de África en condiciones 'muy tempestuosas' y revelaban el nombre del buque: Dom van Keulen. Friel reunió sus conclusiones en un libro coeditado con Venetia Porter, exconservadora jefe de Arte Islámico del Museo Británico.

El descubrimiento ilumina el vibrante comercio marítimo del siglo XVII. Los Países Bajos intercambiaban manufacturas por oro puro africano con los Chérifes saadíes, la dinastía que gobernó Marruecos entre 1510 y 1659. Muchos de esos ducados berberiscos eran fundidos para acuñar monedas holandesas que circulaban por todo el mundo conocido. Las piezas recuperadas del Dom van Keulen, hoy expuestas en el Museo Británico junto a joyas, cerámica y una sonda con forma de pez, son testigos tangibles de esa riqueza compartida.

Para Jeremy D. Hill, jefe de investigación del Museo Británico, el caso es ante todo un recordatorio: cuánto tesoro histórico permanece aún sin descubrir bajo los mares europeos, esperando que alguien formule la pregunta correcta.

En el otoño de 1633, un mercante holandés levó anclas desde Marruecos con destino a los Países Bajos. Nunca completaría el viaje. Golpeado por tormentas en el Atlántico norte, el barco se hundió frente a la costa de Devon, en el suroeste de Inglaterra, llevando consigo una carga valiosa que permanecería en el fondo marino durante casi cuatro siglos.

Cuando los arqueólogos marítimos descubrieron los restos en la década de 1990 cerca de Salcombe, encontraron algo que despertó su curiosidad inmediata: más de 400 monedas de oro. Pero el hallazgo planteaba un enigma que los expertos del Museo Británico, la Universidad de Bournemouth y el Grupo de Arqueología Marítima del Sudoeste no lograron resolver durante treinta años. ¿Quién era este barco? ¿De dónde venía exactamente? ¿Qué historia contaba su carga?

La respuesta llegó cuando el historiador Ian Friel consultó documentos en el Archivo Nacional que describían un viaje desde la costa norte de África hacia el norte de Europa, una travesía que la tripulación enfrentó con "clima muy tempestuoso". Los papeles revelaban el nombre del buque: Dom van Keulen, un carguero mercante holandés. Friel compiló sus hallazgos en un libro titulado "De Marruecos a la costa de Inglaterra: La historia del Dom van Keulen y su extraordinaria carga".

La nave, que medía aproximadamente treinta metros de largo y descansa a dieciocho metros de profundidad, transportaba una carga diversa y valiosa. Entre los sacos de goma arábiga y salitre, las pieles de cabra y otros bienes, viajaban nueve mil ducados berberiscos—monedas de oro marroquíes que representaban una fortuna considerable. Aunque se cree que la mayor parte de la carga fue recuperada en su momento, esas más de cuatrocientas monedas permanecieron ocultas en el lecho marino hasta 1995. Hoy se exhiben en el Museo Británico, junto con otros artefactos del naufragio: un cuenco y una cuchara de peltre, joyas de oro, una sonda con forma de pez, un sello, cerámica y hasta una pepita de oro.

Este descubrimiento ilumina un aspecto crucial de la historia comercial europea del siglo XVII. Los Países Bajos, potencia marítima y comercial de la época, mantenía relaciones comerciales activas con la región de Berbería—la actual Marruecos—bajo el dominio de los Chérifes saadíes, una dinastía árabe que gobernó entre 1510 y 1659. Los holandeses intercambiaban productos manufacturados por oro puro de África Occidental, un metal de valor incalculable. Muchos de esos ducados berberiscos eran fundidos para acuñar monedas holandesas de oro, que se convirtieron en una de las divisas comerciales más respetadas del mundo.

Dave Parham, de la Universidad de Bournemouth, quien editó el libro junto con Venetia Porter, exconservadora jefe de Arte Islámico y Contemporáneo de Oriente Medio en el Museo Británico, subraya que el hallazgo proporciona contexto esencial para comprender la riqueza de los Chérifes saadíes, el comercio de oro africano y la vitalidad del comercio marítimo que conectaba Marruecos, los Países Bajos y Gran Bretaña en aquella época. Los historiadores saben poco sobre la apariencia exacta del Dom van Keulen—no existen pinturas conocidas del barco—pero los restos revelan cañones, anclas y otros objetos de carga que hablan de su importancia como nave mercante.

Lo que sorprende a los investigadores es cuánto permanece aún sin descubrir. Jeremy D. Hill, jefe de investigación del Museo Británico, reflexiona sobre el hallazgo como recordatorio de que "cuánto tesoro aún queda por descubrir bajo nuestros mares". El Dom van Keulen, con su tripulación que sobrevivió al naufragio y su carga de oro marroquí, es una ventana a un mundo de comercio global, navegación peligrosa y riqueza que yace esperando en las profundidades.

El descubrimiento proporciona un contexto importante para entender la riqueza y la arquitectura de los Chérifes saadíes, el comercio de oro africano y evidencia tangible del floreciente comercio marítimo del siglo XVII
— Dave Parham, Universidad de Bournemouth
Este es un hallazgo de importancia internacional. Nos recuerda cuánto tesoro aún queda por descubrir bajo nuestros mares
— Jeremy D. Hill, Museo Británico
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué tardaron treinta años en identificar este barco si los restos fueron descubiertos en 1995?

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Los arqueólogos tenían el barco, tenían las monedas, pero no tenían el nombre. Sin documentación, sin registros que conectaran los restos con un viaje específico, era como tener un rompecabezas sin la imagen de la caja. Friel encontró esos documentos en el Archivo Nacional—cartas, registros de viajes—que describían exactamente este viaje desde Marruecos con condiciones tempestuosas.

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¿Qué hace que este hallazgo sea importante más allá de las monedas de oro?

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Cuenta la historia de cómo funcionaba el comercio global en el siglo XVII. Los holandeses no solo eran navegantes; eran intermediarios entre África y Europa. Ese oro marroquí que se hundió con el Dom van Keulen se convertiría en moneda holandesa que circularía por todo el mundo. Es evidencia tangible de una red comercial que cambió la historia.

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¿Cómo sobrevivió la tripulación si el barco se hundió en una tormenta?

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El barco se hundió, pero la tripulación logró escapar. Eso es lo que dicen los registros. Probablemente tuvieron tiempo suficiente para abandonar la nave antes de que se fuera a pique. Lo notable es que el barco se hundió en aguas relativamente cercanas a la costa—frente a Devon—así que el rescate fue posible.

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¿Qué nos dice la carga sobre lo que los holandeses valoraban?

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Goma arábiga, salitre, pieles de cabra, oro. No es una carga al azar. Cada cosa tenía un mercado en los Países Bajos. El salitre se usaba para pólvora, la goma arábiga para tintes y medicinas. Pero el oro—ese era el verdadero premio. Fundían esas monedas marroquíes para crear sus propias monedas, que eran tan confiables que se aceptaban en todo el mundo.

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¿Qué queda por descubrir en los mares europeos?

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Según Hill, mucho. Este barco es solo uno. Piensa en cuántos viajes se hicieron en esa época, cuántos naufragios ocurrieron. Cada uno de ellos es un archivo sumergido, esperando a alguien como Friel que sepa dónde buscar en los documentos antiguos y qué preguntas hacer.

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