Almada deja su firma en el Oviedo: datos positivos sin recompensa ante el Celta

Números bonitos sin goles que los acompañen son apenas un consuelo
El Oviedo mostró mejoras ofensivas en su debut con Almada, pero la sequía goleadora sigue intacta.

En Balaídos, el Oviedo de Almada ofreció su mejor versión ofensiva de la temporada —más posesión, más pases en campo rival, más centros al área— sin que ninguno de esos esfuerzos se tradujera en gol. Es la paradoja que define a este equipo en su momento más delicado: el mapa del camino está trazado, pero la puerta sigue cerrada. Seis encuentros sin marcar son ya una advertencia que los datos bonitos no pueden silenciar.

  • El Oviedo acumula seis partidos consecutivos sin anotar, una sequía que, con el equipo luchando por la permanencia, convierte cada empate a cero en una herida que no cierra.
  • Almada sorprendió con una alineación que rescató del olvido a Bailly, Sibo y Brekalo, enviando un mensaje inequívoco: nadie tiene el puesto asegurado y todo vuelve a empezar.
  • Los números ofensivos fueron los mejores de la temporada —62 pases en el último tercio, 55,6% de posesión, 28 centros al área— pero el equipo solo disparó tres veces a puerta, sin comprometer al portero rival.
  • Almada admitió que el equipo está 'lejos' de sus expectativas y apuntó al 'volumen' de juego como la asignatura pendiente: convertir control en peligro real sigue siendo el eslabón roto.
  • La pregunta que deja Balaídos no es si hubo mejoras —las hubo, y son visibles—, sino si Almada tendrá tiempo y recursos para transformar esas promesas en puntos antes de que la tabla se vuelva irreversible.

El Oviedo salió de Balaídos con la sensación agridulce de quien ha jugado bien pero no ha ganado. Ante el Celta, el equipo de Almada completó 62 pases en el último tercio —su récord absoluto—, mantuvo el 55,6% de posesión y lanzó 28 centros al área. Fueron números que hablaban de un equipo reorganizado, de un entrenador que en apenas cuatro días ya había introducido cambios visibles en la estructura y la intención. Pero el marcador seguía siendo el mismo de siempre: un cero que no servía para nada.

Almada sorprendió con sus decisiones de alineación, dando entrada a futbolistas que habían permanecido invisibles bajo el mando anterior. Bailly, Sibo y Brekalo pasaron del ostracismo al primer plano sin desentonar. El mensaje era claro: todos comenzaban de nuevo, sin privilegios ni garantías. El equipo jugó más directo, menos denso en la construcción, más vertical. La posesión del 55,6% fue la cuarta mejor marca de toda la campaña, y la precisión en los pases alcanzó el 84,5%. Todos estos datos pintaban un cuadro de un equipo que sabía qué quería hacer. Pero había un problema que los números no podían resolver: el Oviedo solo disparó tres veces a puerta. Radu no tuvo una tarde de máxima exigencia. La sequía goleadora seguía intacta, seis encuentros consecutivos sin marcar.

Almada fue honesto en su evaluación. Calificó el debut como un "buen punto de partida", pero reconoció que el equipo estaba "lejos" de lo que él esperaba. El problema no era la intención ni la estructura táctica, sino el "volumen" de juego: la capacidad de traducir posesión y control en peligro real. Era el síntoma más evidente de una enfermedad que llevaba semanas aquejando al equipo.

Lo que quedó claro después de Balaídos es que Almada había identificado correctamente los problemas y había comenzado a trabajar en ellos. Las mejoras eran reales. Pero también quedó claro que una primera semana de trabajo, por intensa que fuera, no bastaba para transformar un equipo sin gol. Los números bonitos, sin victorias que los acompañen, son apenas un consuelo. La verdadera prueba estaba por llegar.

El Oviedo salió del campo de Balaídos con la sensación agridulce de quien ha jugado bien pero no ha ganado. Ante el Celta, el equipo de Almada desplegó su mejor fútbol ofensivo de la temporada: completó 62 pases en el último tercio del campo, su récord absoluto, mantuvo la posesión del 55,6 por ciento y lanzó 28 centros al área. Fueron números que hablaban de un equipo reorganizado, de un entrenador que en apenas cuatro días intensos de trabajo en El Requexón ya había introducido cambios visibles en la estructura y la intención. Pero el marcador seguía siendo lo que siempre: un cero que no servía para nada.

Almada había sorprendido con sus decisiones de alineación, dando entrada a futbolistas que habían permanecido invisibles bajo el mando anterior. Bailly, Sibo y Brekalo pasaron del ostracismo al primer plano, y lo hicieron sin desentonar. El mensaje era claro: todos comenzaban de nuevo, sin privilegios ni garantías. El técnico buscaba energía, movimiento, una propuesta diferente a la que Carrión había intentado sin éxito. En ese sentido, logró lo que se proponía. El equipo jugó más directo cuando fue necesario, menos denso en la construcción, más vertical. Los 61 pases largos completados lo demostraban, solo superados por los 66 que el Oviedo había hecho en San Mamés.

La posesión del 55,6 por ciento fue la cuarta mejor marca de toda la campaña, y la precisión en los pases alcanzó el 84,5 por ciento, también cuarta cifra del curso. Los centros al área, 28 en total, solo quedaban por debajo de los 34 ante el Mallorca y los 30 frente al Levante. Todos estos datos pintaban un cuadro de un equipo que había encontrado una dirección, que sabía qué quería hacer y lo estaba haciendo. Pero había un problema que los números no podían resolver: el Oviedo solo disparó tres veces a puerta, apenas por encima de su media de temporada de 2,71 intentos por partido. Radu, el portero del Celta, no tuvo una tarde de máxima exigencia. La sequía goleadora seguía intacta, seis encuentros consecutivos sin marcar, y un cero en el marcador que, cuando el equipo lucha por la permanencia, se siente como una derrota.

Almada fue honesto en su evaluación. Calificó el debut como un "buen punto de partido", pero reconoció que el equipo estaba "lejos" de lo que él esperaba. El problema no era la intención ni la estructura táctica, sino el "volumen" de juego, ese concepto que el entrenador mencionó en varias ocasiones. Parecía referirse a la capacidad de generar más ocasiones, de traducir posesión y control en peligro real para el portero rival. Era el síntoma más evidente de una enfermedad que llevaba semanas aquejando al equipo: la incapacidad de rematar, de cerrar, de ganar partidos.

Lo que quedó claro después de Balaídos es que Almada había identificado correctamente dónde estaban los problemas y había comenzado a trabajar en ellos. Las mejoras ofensivas eran reales, no imaginarias. Pero también quedó claro que una primera sesión de trabajo, por intensa que fuera, no bastaba para transformar un equipo que llevaba semanas sin encontrar la red. La permanencia se complicaba cada fin de semana, y los números bonitos, sin goles que los acompañen, eran apenas un consuelo. Lo que vendría después sería la verdadera prueba: si Almada podía convertir esas prestaciones en victorias, o si el Oviedo seguiría atrapado en ese limbo de juego aceptable pero resultados insuficientes.

Almada calificó el debut como un buen punto de partido, pero reconoció que el equipo estaba lejos de sus expectativas
— Almada
El entrenador señaló el volumen de juego como punto fundamental a corregir si el Oviedo quiere pelear por la permanencia
— Almada
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Cómo se explica que un equipo juegue tan bien y no gane?

Model

Almada lo vio claramente: tienen la estructura, tienen la posesión, tienen los centros. Lo que les falta es el "volumen" de juego, esa capacidad de generar ocasiones reales. Tres disparos a puerta es insuficiente cuando controlas el partido.

Inventor

¿Y eso es culpa del entrenador anterior o del equipo?

Model

Probablemente de ambos. Carrión intentó algo parecido sin lograrlo. Pero Almada está siendo más directo, más vertical. La diferencia es que tiene cuatro días de trabajo. Necesita tiempo.

Inventor

¿Qué significa que seis partidos sin anotar?

Model

Significa que algo está roto en la mentalidad ofensiva. No es solo técnica. Es confianza, es ritmo. Cuando no metes goles, todo lo demás se vuelve secundario.

Inventor

¿Los cambios de alineación fueron un riesgo?

Model

Fue un mensaje. Almada dijo: aquí todos empezamos de cero. Bailly, Sibo, Brekalo respondieron. Pero eso no te da puntos. Los puntos vienen después.

Inventor

¿Qué tiene que pasar ahora?

Model

Tiene que convertir esas 28 centros en goles. Tiene que aumentar esos tres disparos a puerta. El volumen de juego que menciona es eso: más ocasiones, más peligro. Sin eso, los números bonitos no sirven para nada.

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