Envejecer es un juego de despedidas, pero hay que saber decir adiós con dignidad
En el otoño de una vida dedicada a la palabra pública, Iñaki Gabilondo se sienta ante el micrófono no para informar, sino para confesar: el hombre que durante décadas fue la voz del optimismo colectivo ya no encuentra luz progresista en el horizonte político español. Su reflexión, emitida en 'El Faro' de Cadena SER, no es la queja de un anciano amargado, sino la lucidez incómoda de quien ha aprendido a distinguir entre esperanza genuina y nostalgia disfrazada de futuro.
- Gabilondo lanza una advertencia que incomoda: quienes dicen mirar hacia adelante con esperanza, en realidad quieren regresar al pasado.
- El periodista que fue voz de millones reconoce, con una honestidad que corta, que ya no puede ver el futuro con esperanza ni encontrar luz progresista en el panorama político actual.
- Su generación, admite, ocupó durante demasiado tiempo el centro del escenario nacional, y saber retirarse a tiempo es también una forma de responsabilidad histórica.
- La vejez, lejos de ser un tema que esquivar, aparece en la conversación como una disciplina de despedidas dignas: del cuerpo, de los seres queridos, del protagonismo.
- Al elegir el faro de Favàritx como símbolo, Gabilondo señala su destino más íntimo: no el pasado como refugio, sino el reencuentro consigo mismo como única brújula posible.
Iñaki Gabilondo llegó a 'El Faro', el programa de Mara Torres en Cadena SER, con una reflexión que pesaba: quienes dicen mirar hacia adelante con esperanza, en realidad quieren volver atrás. El periodista donostiarra, nacido en 1942 y cuya voz ha acompañado a España durante más de seis décadas, se definió como optimista de vocación, pero confesó que en el presente no puede ver el futuro con esperanza. No hay luz progresista en el horizonte. Era una afirmación que cortaba el aire.
Para entender al hombre hay que imaginar el cuarto piso de la calle Txurruka en San Sebastián, donde creció como hijo mayor de una familia de nueve hermanos cuyos padres trabajaban en el mercado de la Bretxa. Ochenta y dos escalones separaban esa casa del mundo. Esa infancia de esfuerzo cotidiano moldeó al periodista que después dirigiría Hoy por Hoy durante diecinueve años, de 1986 a 2005, convirtiendo el programa en ritual matutino para generaciones de oyentes.
Pero llegó el momento de reconocer que su generación había ocupado demasiado espacio en el escenario nacional. Intuía que alguien, tarde o temprano, le pediría que cediera el lugar. Y lo hizo antes de que se lo pidieran. La vejez, abordó con serenidad casi filosófica, es un juego de despedidas: de capacidades físicas, de personas queridas, de protagonismos. Hacerlo con dignidad no es resignación; es saber decir adiós sin amargura.
Al final de la entrevista, eligió como faro el de Favàritx, en Menorca, mientras sonaba el último movimiento de la Segunda Sinfonía de Mahler. Su razón lo resumía todo: «Estaría tratando de reencontrarme conmigo». No era nostalgia ni derrota. Era búsqueda. En un momento sin esperanza política y con el protagonismo ya cedido, lo que le quedaba era ese regreso a la propia esencia: no el pasado como destino, sino como brújula.
Iñaki Gabilondo llegó a «El Faro», el programa de Mara Torres, con una reflexión que pesaba como plomo: los que dicen mirar hacia adelante con esperanza, en realidad quieren volver atrás. El periodista nacido en San Sebastián en 1942, cuya voz ha sido compañía de millones de españoles durante más de seis décadas, no andaba con rodeos. Se definía a sí mismo como optimista de vocación, pero en ese momento, en ese presente, no podía ver el futuro con esperanza. No había luz progresista en el horizonte. Era una afirmación que cortaba.
Para entender a Gabilondo hay que remontarse al cuarto piso de la calle Txurruka en San Sebastián, donde creció como hijo mayor de José Ignacio y María Luisa, junto a ocho hermanos más. Sus padres trabajaban en el mercado de la Bretxa. Eran ochenta y dos escalones los que separaban esa casa del mundo. Esa infancia, esa familia numerosa, ese esfuerzo cotidiano, moldeó al hombre que después sería la voz de España.
Durante diecinueve años, de 1986 a 2005, dirigió Hoy por Hoy, el programa que se convirtió en ritual matutino para generaciones de oyentes. Pero llegó un momento en que Gabilondo sintió que su generación había ocupado demasiado espacio en el escenario nacional. «Creo que la gente de mi generación ha ocupado de una manera excesiva el escenario del protagonismo nacional», reconoció en la entrevista. Sabía que la perspectiva de su edad ya no era la que el momento pedía. Intuía que alguien, en algún momento, le diría que se fuera, que cediera el lugar. En 2005 se marchó a Cuatro, la cadena privada que entonces era nueva.
La conversación con Mara Torres también tocó la vejez, ese tema que muchos evitan pero que Gabilondo abordaba con una serenidad casi filosófica. Envejecer, dijo, es un juego de despedidas. Vas despidiendo capacidades físicas que tuviste, perdiendo gente que conoces, viendo cómo el cuerpo y el mundo se transforman. Pero hay una manera de hacerlo: con dignidad, con serenidad. No es resignación. Es saber decir adiós sin amargura.
Al final de la entrevista, cuando le pidieron que eligiera un faro, Gabilondo eligió el de Favàritx, en Menorca. Mientras sonaba el último movimiento de la Segunda Sinfonía de Mahler, «Resurrección», explicó por qué: «Estaría tratando de reencontrarme conmigo». Era una frase que resumía todo lo que había dicho. No era nostalgia. Era búsqueda. En un momento en que veía el futuro sin esperanza, en que su generación había dejado el protagonismo, en que la vejez era un proceso de pérdidas, lo que le quedaba era ese encuentro consigo mismo, ese regreso a la propia esencia. No al pasado como destino, sino como brújula.
Citações Notáveis
Soy optimista de vocación, pero ahora mismo no puedo ver el futuro con esperanza, no hay ninguna luz progresista en el horizonte— Iñaki Gabilondo
Hacerse viejo es un juego de despedidas, vas despidiendo capacidades físicas que tuviste, perdiendo gente que conoces, pero hay que saber despedirse con dignidad y con serenidad— Iñaki Gabilondo
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Cuando dice que los que miran al futuro con esperanza quieren volver al pasado, ¿habla de un movimiento político concreto o de algo más profundo?
Es más profundo. Observa que quienes prometen esperanza en realidad ofrecen restauración. Prometen recuperar algo que se perdió, no construir algo nuevo. Eso es lo que le preocupa.
¿Y él mismo? ¿No está buscando algo del pasado al elegir ese faro, al hablar de reencontrarse consigo mismo?
No es lo mismo. Él no promete esperanza. Reconoce que no la tiene. Lo que busca es coherencia interna, no un retorno político. Es una diferencia crucial.
Habla de su generación ocupando demasiado espacio. ¿Se arrepiente de eso?
No parece arrepentimiento. Es más bien una observación honesta. Vio que llegaba el momento en que su perspectiva ya no encajaba. Prefirió marcharse antes de que lo echaran.
¿La vejez que describe es derrota o sabiduría?
Ambas, tal vez. Es derrota física, pérdida real. Pero la manera de llevarla, con dignidad y serenidad, eso es sabiduría. No niega lo que se pierde. Solo se niega a perder la compostura.
¿Por qué Mahler? ¿Por qué «Resurrección»?
Porque incluso en la pérdida hay algo que persiste. La música habla de transformación, no de fin. Es coherente con todo lo demás que dice.