Luján de Cuyo presenta alternativas de tratamiento de efluentes ante imposibilidad de conexión cloacal

Lo que necesitamos es previsibilidad, no soluciones técnicas
El municipio tiene alternativas de tratamiento, pero lo que realmente falta es claridad sobre cuándo se resolverá el colapso cloacal.

En los márgenes donde la red cloacal no llega, Luján de Cuyo no detiene el pulso de la construcción sino que lo reorienta: biodigestores y plantas compactas de tratamiento emergen como respuestas técnicas a una carencia estructural. El municipio, a través de su secretario de Aguas Nicolás Bonanno, traduce la incertidumbre en números concretos —entre el 2 y el 4 por ciento del costo total de una vivienda— para demostrar que lo posible no siempre es lo prohibitivo. Sin embargo, detrás de las soluciones técnicas persiste una pregunta más profunda: sin saber cuándo se restaurará la capacidad del sistema cloacal, ni vecinos ni desarrolladores pueden planificar con verdadera convicción.

  • Zonas enteras de Luján de Cuyo no pueden conectarse a la red cloacal, y la incertidumbre sobre cuándo cambiará esa situación paraliza decisiones de inversión.
  • El municipio dejó de recomendar las cámaras sépticas tradicionales y ahora exige biodigestores, tecnología prefabricada y más eficiente que ya está disponible en el mercado.
  • Para desarrollos de mayor escala, las plantas compactas de tratamiento permiten atender hasta 500 conexiones y reutilizar el agua tratada para riego, a un costo de alrededor de 300 mil dólares.
  • Instalar un biodigestor en una casa de 100 m² cuesta aproximadamente 2,6 millones de pesos, apenas el 2-4% del valor total de la obra, un argumento que el municipio usa para desactivar el miedo al costo.
  • La semana próxima, una reunión entre el Departamento de Irrigación y los municipios afectados buscará obtener plazos concretos de obra, porque sin previsibilidad, hasta las mejores alternativas técnicas quedan en suspenso.

Luján de Cuyo enfrenta una realidad concreta: hay sectores del municipio donde conectarse a la red cloacal simplemente no es posible. En lugar de frenar la construcción, el municipio optó por presentar alternativas ya probadas y disponibles en el mercado, argumentando que su costo no representa una carga desproporcionada para quienes construyen.

Nicolás Bonanno, secretario de Aguas, explicó que existen tres sistemas aprobados. El más antiguo —cámara séptica con pozo absorbente— ya no es la primera opción del municipio. En su lugar, se promueve el biodigestor: un equipo prefabricado que se entierra en el terreno, mejora la eficiencia del tratamiento y puede purgarse para prolongar su vida útil. "Ya no pedimos cámaras sépticas tradicionales. Exigimos biodigestores porque son una versión mejorada", afirmó Bonanno. Para emprendimientos más grandes —barrios privados, loteos, centros comerciales— existe una tercera vía: plantas compactas de tratamiento que procesan los efluentes de todo un desarrollo y permiten reutilizar el agua para riego.

En materia de costos, Bonanno fue preciso: en una vivienda de 100 metros cuadrados valuada en 130 millones de pesos, instalar un biodigestor completo representa entre el 2 y el 4 por ciento de la inversión total, unos 2,6 millones de pesos. Para desarrollos inmobiliarios, una planta compacta para 500 conexiones ronda los 300 mil dólares, un monto que se diluye entre los lotes del emprendimiento.

Pero la inquietud más profunda no es técnica ni económica. Los municipios no saben cuándo se resolverá el colapso del sistema cloacal aguas abajo, y esa incertidumbre impide planificar. La semana próxima habrá una reunión con el Departamento de Irrigación para buscar precisiones sobre los plazos de obra. "Si el plazo es de dos años, que sean dos años. Si son tres o cinco, que se diga claramente", sostuvo Bonanno. Sin esa previsibilidad, incluso las alternativas más sólidas quedan a la espera.

Luján de Cuyo enfrenta un problema práctico: hay zonas del municipio donde simplemente no es posible conectarse a la red cloacal. En lugar de detener la construcción, el municipio está presentando alternativas que ya existen, están probadas, y según sus cálculos, no disparan significativamente el costo de una obra.

Nicolás Bonanno, secretario de Aguas del municipio, explicó que hay tres sistemas aprobados para tratar efluentes sin depender de las cloacas municipales. El primero es el más tradicional: una cámara séptica combinada con un pozo absorbente. El sistema funciona en el terreno mismo de la propiedad, donde procesos biológicos naturales degradan la materia orgánica antes de que el efluente se filtre en el suelo. Es simple, conocido, pero el municipio ya no lo recomienda como primera opción.

La segunda alternativa es el biodigestor, que Bonanno describe como una evolución tecnológica de la cámara séptica. Estos equipos llegan prefabricados, se entierran en el terreno y tienen sistemas internos de filtrado que mejoran la eficiencia del tratamiento. Pueden purgarse periódicamente para extender su vida útil. "Ya no pedimos cámaras sépticas tradicionales. Exigimos biodigestores porque son una versión mejorada y están disponibles en el mercado", afirmó Bonanno. Es la opción que el municipio ahora promueve para viviendas individuales.

Para emprendimientos más grandes —barrios privados, loteos, centros comerciales— existe una tercera opción: plantas compactas de tratamiento. Estas pequeñas plantas reciben los efluentes de todo un desarrollo, los tratan mediante procesos biológicos, y permiten reutilizar el agua para riego de árboles conforme a la normativa vigente.

En términos de costo, Bonanno presentó números concretos. En una casa tipo de 100 metros cuadrados valuada en 130 millones de pesos, instalar un biodigestor completo —excavación, mano de obra, conexiones— representa entre el 2 y el 4 por ciento de la inversión total, aproximadamente 2,6 millones de pesos. El equipo en sí mismo equivale a alrededor del 1 por ciento del costo de construcción. Para desarrollos inmobiliarios, una planta compacta capaz de atender unas 500 conexiones cuesta alrededor de 300 mil dólares, un monto que Bonanno considera relativamente bajo si se distribuye entre todos los lotes del emprendimiento.

Pero más allá de las soluciones técnicas disponibles, hay una preocupación mayor. Los municipios están inquietos por la incertidumbre respecto de los plazos para resolver el colapso del sistema cloacal aguas abajo. Sin saber cuándo se recuperará la capacidad de la red, es difícil que los vecinos y desarrolladores planifiquen sus inversiones. Por eso, la próxima semana habrá una reunión entre el Departamento de Irrigación y los municipios afectados. El objetivo es obtener precisiones sobre los tiempos de ejecución de las obras necesarias. "Lo que necesitamos es previsibilidad. Si el plazo es de dos años, que sean dos años. Si son tres o cinco, que se diga claramente para que los vecinos y desarrolladores puedan planificar sus inversiones", sostuvo Bonanno. Sin esa claridad, incluso las alternativas más viables quedan en suspenso.

Ya no pedimos cámaras sépticas tradicionales. Exigimos biodigestores porque son una versión mejorada y están disponibles en el mercado
— Nicolás Bonanno, secretario de Aguas de Luján de Cuyo
Lo que necesitamos es previsibilidad. Si el plazo es de dos años, que sean dos años. Si son tres o cinco, que se diga claramente para que los vecinos y desarrolladores puedan planificar sus inversiones
— Nicolás Bonanno
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué el municipio insiste tanto en los biodigestores si las cámaras sépticas ya funcionan?

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Porque un biodigestor es más eficiente. Tiene sistemas internos de filtrado que mejoran el tratamiento, y se puede purgar periódicamente. Es la misma idea, pero mejorada y disponible en el mercado.

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¿Y el costo realmente no es un problema para las familias?

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Según el municipio, no. En una casa de 100 metros cuadrados, el biodigestor completo cuesta alrededor de 2,6 millones de pesos, que es entre el 2 y el 4 por ciento del costo total de la vivienda. Es una porción pequeña.

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¿Qué pasa con los desarrollos más grandes?

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Para esos existe la planta compacta de tratamiento. Una sola planta puede servir a 500 conexiones y cuesta alrededor de 300 mil dólares. Si se distribuye entre todos los lotes, el costo por lote baja considerablemente.

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Entonces, ¿cuál es el verdadero problema?

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La incertidumbre. Los municipios no saben cuándo se va a resolver el colapso del sistema cloacal aguas abajo. Sin esa previsibilidad, los vecinos y desarrolladores no pueden planificar sus inversiones con confianza.

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¿Y eso qué significa en la práctica?

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Que aunque las alternativas existan y sean viables, la gente se queda esperando a que se resuelva el problema de la red municipal. Nadie quiere invertir en un biodigestor si cree que en seis meses van a conectar las cloacas.

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