La IA impulsa confianza empresarial pese a costes elevados y tensiones geopolíticas

La IA genera prosperidad en ciertos rincones, pero deja a otros en posición frágil
Refleja cómo la inversión en inteligencia artificial crea ganadores claros mientras amplía la brecha con sectores de consumo y sanidad.

A comienzos de 2026, la confianza empresarial global resurge impulsada por la inversión masiva en inteligencia artificial, según la Encuesta a Analistas de Fidelity International basada en más de 20.000 reuniones con compañías de todo el mundo. Sin embargo, este optimismo no se distribuye de manera uniforme: mientras los sectores tecnológicos y de infraestructura ascienden, el consumo medio y la sanidad quedan expuestos a una inflación persistente y a un crecimiento salarial débil. La historia de 2026 no es la de una recuperación compartida, sino la de una economía que avanza en dos velocidades, recordándonos que el progreso tecnológico, por sí solo, no garantiza prosperidad para todos.

  • El 81% de los directivos tecnológicos declara mayor confianza para 2026, alimentado por un ciclo de inversión en IA que genera demanda en cascada a través de cadenas de suministro globales.
  • Solo el 8% de los analistas espera alivio inflacionista, mientras el 40% anticipa nuevas subidas de precios impulsadas por tensiones en materias primas y fricciones comerciales geopolíticas.
  • La desaceleración del crecimiento salarial erosiona el poder adquisitivo de los hogares de renta media, justo cuando la energía cara presiona los costes desde el lado de la oferta.
  • Los gobiernos, forzados a aumentar el gasto en defensa, podrían recortar presupuestos sanitarios, ampliando aún más la brecha entre sectores ganadores y perdedores.
  • La economía en forma de K se consolida: infraestructura tecnológica y materiales prosperan, mientras consumo y sanidad quedan atrapados en una posición cada vez más frágil.

A principios de 2026, los directivos de empresas globales respiran con cierto alivio. La confianza empresarial ha repuntado hasta niveles no vistos desde antes de la pandemia, según una encuesta de Fidelity International que recogió las perspectivas de 122 analistas tras más de 20.000 reuniones con compañías de todo el mundo. El motor de este optimismo es inequívoco: la inversión masiva en inteligencia artificial y la infraestructura que la sostiene están generando demanda en cascada a través de las cadenas de suministro globales, alcanzando incluso a productores de materiales y energía que alimentan los centros de datos del nuevo ciclo tecnológico.

Pero este cuadro de expansión convive con una realidad incómoda. Solo el 8% de los analistas consultados espera que las presiones inflacionistas se relajen; el 40% anticipa nuevas subidas. Las tensiones en materias primas, la energía cara y las fricciones comerciales derivadas de la inestabilidad geopolítica siguen empujando la inflación desde el lado de la oferta. A esto se suma una desaceleración en el crecimiento salarial que introduce una incertidumbre inquietante sobre el poder adquisitivo de los hogares.

Fidelity identifica en todo esto el patrón de una economía en forma de K. Las compañías ligadas a la infraestructura tecnológica mejoran su confianza y elevan sus expectativas de beneficios, pero los sectores de consumo y sanidad enfrentan presión creciente. Los gobiernos, además, podrían reducir presupuestos de salud ante el aumento del gasto en defensa. El optimismo de 2026 es real, pero es también profundamente desigual.

A principios de 2026, los directivos de empresas globales respiran con cierto alivio. La confianza empresarial ha repuntado hasta niveles no vistos desde antes de la pandemia, según una encuesta de Fidelity International que recogió las perspectivas de 122 analistas tras más de 20.000 reuniones con compañías de todo el mundo. El motor de este optimismo es claro: la inversión masiva en inteligencia artificial y la infraestructura que la sostiene están generando demanda en cascada a través de las cadenas de suministro globales.

Este ciclo de inversión en IA no se circunscribe al sector tecnológico. La onda expansiva alcanza a productores de materiales y energía, sectores que ven crecer la demanda de electricidad y de materias primas para alimentar los centros de datos que entrenan y ejecutan estos sistemas. El contraste de confianza entre sectores es notable: el 81% de los directivos tecnológicos declara mayor confianza para el próximo año, mientras que en el sector de materiales esa cifra desciende al 65%. Aun así, ambas tasas reflejan un optimismo generalizado que hace apenas unos meses parecía improbable.

Pero este cuadro de expansión convive con una realidad incómoda. Los costes siguen siendo obstinadamente altos. Solo el 8% de los analistas consultados espera que las presiones inflacionistas se relajen en los próximos doce meses. El 40%, en cambio, anticipa nuevas subidas. Las tensiones en los precios de materias primas, la energía cara y las fricciones comerciales derivadas de la inestabilidad geopolítica continúan empujando la inflación desde el lado de la oferta, sin que haya perspectivas claras de alivio.

A esto se suma una desaceleración en el crecimiento de los salarios, lo que introduce una incertidumbre inquietante sobre el poder adquisitivo de los hogares. Fidelity identifica en esto el patrón de una "economía en forma de K": mientras algunos sectores ascienden gracias al ciclo de inversión en IA, otros se quedan atrás. Las compañías ligadas a la infraestructura tecnológica mejoran su confianza, aumentan sus inversiones y elevan sus expectativas de beneficios. Pero los sectores de consumo, especialmente aquellos que dependen de la demanda de las rentas medias, enfrentan presión creciente por el encarecimiento de la energía y la debilidad del crecimiento salarial.

El sector sanitario también podría sufrir. Los gobiernos, presionados por el aumento del gasto en defensa, podrían reducir sus presupuestos de salud. De este modo, la brecha entre ganadores y perdedores en esta economía en K se amplía. La inversión en IA genera prosperidad en ciertos rincones del tejido empresarial, pero deja a otros sectores y a los consumidores de renta media en una posición cada vez más frágil. El optimismo de 2026 es real, pero es también profundamente desigual.

La confianza empresarial se sitúa cerca de máximos posteriores a la pandemia, impulsada principalmente por el fuerte ciclo de inversión en inteligencia artificial
— Fidelity International, Encuesta a Analistas 2026
Las tensiones en materias primas, energía y fricciones comerciales derivadas del contexto geopolítico continúan presionando la inflación por el lado de la oferta
— Análisis de Fidelity International
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué la inversión en IA genera tanta confianza si los costes siguen siendo tan altos?

Model

Porque la IA está creando una demanda nueva y tangible. Las empresas ven oportunidades concretas de crecimiento y eficiencia. Los costes elevados son un problema, pero es un problema que acompaña al crecimiento, no al estancamiento.

Inventor

Entonces, ¿por qué solo el 8% de analistas espera que baje la inflación?

Model

Porque los costes estructurales no van a desaparecer. La energía seguirá siendo cara, las materias primas seguirán siendo tensas, y la geopolítica seguirá siendo inestable. La IA no resuelve eso; simplemente crea ganadores que pueden absorber esos costes.

Inventor

¿Y los perdedores? ¿Quiénes son exactamente?

Model

Las personas que dependen del consumo de clase media. Si tu salario no crece pero la energía se encarece, pierdes poder adquisitivo. Los sectores de consumo masivo lo sienten primero. La sanidad también, porque los gobiernos van a tener que elegir entre defensa e inversión social.

Inventor

¿Es esta la "economía en K" que mencionan?

Model

Exactamente. Una rama sube porque la IA crea valor real. La otra baja porque los costes suben y los salarios no. No es que la economía esté mal; es que está divergiendo. Algunos prosperan mientras otros se quedan atrás.

Inventor

¿Cuánto tiempo puede sostenerse esto?

Model

Esa es la pregunta que nadie puede responder. Si la brecha se amplía demasiado, la demanda de consumo se debilita, y eso afecta a todos. Por ahora, el ciclo de inversión en IA es lo bastante fuerte como para mantener la confianza empresarial. Pero es un equilibrio frágil.

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