Historias que piden a gritos ser contadas
Desde Matanzas, el escritor Humberto Fuentes Rodríguez ha ganado el Premio Celestino de Cuento con Cubacabana, una obra que ausculta la crisis moral de la Cuba pospandémica a través de conflictos tan antiguos como el ser humano. Su método —rumiar las historias durante años antes de escribirlas en pocas horas— revela una convicción profunda: que las palabras deben madurar en silencio antes de merecer el papel. En un tiempo en que la velocidad amenaza la profundidad, Fuentes defiende la lentitud como forma de responsabilidad narrativa.
- El Premio Celestino llega como reconocimiento a una voz que lleva años construyéndose en los márgenes del ruido turístico de Varadero, buscando la maravilla dentro de lo trivial.
- Cubacabana tensiona lo local y lo universal: sus personajes —una estudiante de Medicina que abandona su carrera, un anciano en busca de redención— cargan dilemas que cualquier lector del mundo puede reconocer como propios.
- El proceso creativo de Fuentes desafía la urgencia contemporánea: rumia sus textos durante meses o años, y cuando finalmente escribe, la edición es casi innecesaria porque cada coma ya estaba premeditada.
- La no ficción se ha convertido en su obsesión más exigente, pues implica una responsabilidad ética hacia personas reales cuyas historias claman por ser contadas.
- Con un poemario y dos libros más en preparación, Fuentes avanza hacia una obra que entrelaza cuento, poesía y periodismo bajo una sola convicción: que la voz narrativa es, en su raíz, siempre poética.
Humberto Fuentes Rodríguez habla con la calma de quien ha aprendido a escuchar sus propias historias antes de contarlas. Acaba de ganar el Premio Celestino de Cuento por Cubacabana, y sus lectores le dicen lo que todo escritor desea oír: que sus textos se sienten «muy reales», incluso cuando son ficción pura.
De niño caminaba en círculos por el patio inventándose historias completas, hablando solo mientras las construía. Estudió Periodismo porque necesitaba contar —no en el sentido matemático, sino en el acto de transmitir un mensaje que otros decodificarían—. En la universidad se reencontró con la poesía gracias al Taller Pablo Neruda, y de ahí nació su primer libro, Exodus, ganador del Premio Cuba-Rusia de Escritura Creativa para Jóvenes.
Su proceso creativo gira en torno a un verbo preciso: rumiar. Deja que los textos se gesten en su cabeza durante meses o años, hace anotaciones dispersas, y cuando finalmente se sienta a escribir, los termina en pocas horas. La edición es mínima porque toda esa rumiación ha dado a sus palabras una precisión que lo asusta a él mismo. Cada coma está premeditada.
Cubacabana sitúa la crisis moral de la Cuba pospandémica en historias de alcance universal: una estudiante de Medicina que abandona su carrera para sostener a su madre, un escritor que busca a su próximo personaje en el patio de fumadores de una discoteca, un anciano que persigue una extraña redención en un último operativo cederista. El libro está escrito para cualquier lector, pero los cubanos jóvenes se sentirán especialmente identificados.
Oriundo de Varadero —donde la parafernalia turística entierra cualquier atisbo de profundidad—, Fuentes aprendió a buscar la flor entre las hojas secas, tanto en su fotografía como en su escritura. La Asociación Hermanos Saíz y el colectivo Los Grafómanos fueron decisivos en su formación como voz literaria.
Ahora prepara un poemario y dos libros más. Cuando se le pregunta por su futuro, su respuesta apunta a la no ficción: esa responsabilidad de contar la historia de personas reales se ha vuelto una obsesión que está dispuesto a asumir hasta las últimas consecuencias, mientras queden historias que merezcan —o pidan a gritos— ser contadas.
Humberto Fuentes Rodríguez habla desde Matanzas con la calma de quien ha aprendido a escuchar sus propias historias antes de contarlas. Acaba de ganar el Premio Celestino de Cuento, uno de los galardones más prestigiosos del género en Cuba, por su libro Cubacabana, y sus lectores le dicen algo que todo escritor desea escuchar: que sus textos se sienten «muy reales», incluso cuando son ficción pura.
De niño, Fuentes caminaba en círculos por el patio de su casa natal, inventándose historias completas de principio a fin, hablando solo mientras las construía. Descubrió después que esto no era raro, que otros escritores y periodistas hacían lo mismo. Eventualmente llevó esas historias al papel. Hoy dedica tiempo cada noche y madrugada a la literatura, ya sea escribiendo, leyendo, investigando o dejando que las ideas fluyan sin filtro. Estudió Periodismo porque sintió que necesitaba contar, no en el sentido matemático sino en el acto de transmitir, de codificar un mensaje que otros decodificarían. En la universidad se reencontró con la poesía, que había abandonado en la adolescencia, gracias al Proyecto Taller de Creación Literaria Pablo Neruda. De ahí nació su primer libro de cuentos, Exodus, que ganó el Primer Premio Cuba-Rusia de Escritura Creativa para Jóvenes.
Su proceso creativo es peculiar. Fuentes lo describe con un verbo específico: rumiar. Deja que sus textos se gesten en su cabeza durante días, semanas, meses, incluso años. Hace anotaciones dispersas, los construye poco a poco, hasta que finalmente se sienta a escribirlos y los termina en pocas horas, quizá un par de días. Algunos de los cuentos de Cubacabana llevaban años remordiendo su conciencia antes de que los pusiera en papel. Cuando llega la edición, el trabajo es mínimo, porque toda esa rumiación ha dado a sus textos una precisión que lo asusta a él mismo. Cada coma, cada punto, está premeditado.
Cubacabana aborda la crisis moral en períodos de transición, usando como escenario la Cuba pospandémica. El libro está escrito para que cualquier lector pueda acceder a él, pero los cubanos, especialmente los jóvenes, se sentirán identificados. Sus historias giran en torno a temas universales: soledad, traumas, búsqueda de felicidad, sueños, vejez, duelo. Pero los sitúa en tramas locales. Una estudiante de Medicina que abandona la carrera para ayudar económicamente a su madre. Un escritor rabioso e insatisfecho que busca al personaje de su próximo cuento en el patio de fumadores de una discoteca. Un mochilero que escala una montaña en memoria de un ser querido. Un anciano que persigue una forma extraña de redención en un último operativo de vigilancia cederista. Fuentes tenía claro el título desde el primer momento.
La poesía es otra de sus obsesiones. Intenta descifrar ese planeta Cuba del que hablaba Santiago Feliú, y comparte sus descubrimientos a través de toda su creación, principalmente en sus poemas. Aprendió del escritor Francisco López Sacha que existe una sola voz narrativa: la poética. La poesía está en todo y es todo. Sus canciones nacen de armonías en la guitarra a las que agrega melodía, y esa melodía se transforma en letra. Considera que la poesía es anterior y superior a todo género literario, que antes de ser escrita fue oral, cantada, transmitida de boca en boca. El trovador de las cavernas fue el primer poeta. Sus mayores referentes son Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, Santiago Feliú y Ariel Barreiros.
Fuentes es oriundo de Varadero, un lugar donde la parafernalia entierra cualquier ápice de profundidad. Eso lo ha hecho buscar la maravilla dentro de lo trivial, la flor entre las hojas secas, tanto en su fotografía como en su escritura. La Asociación Hermanos Saíz ha sido crucial en su crecimiento. Su primer choque con un movimiento literario fue Los Grafómanos, que lo recibió con los brazos abiertos, haciéndolo sentir parte de algo que aún hoy defiende.
Ahora mismo da los toques finales a un poemario y prepara otros dos proyectos: uno de ficción y otro de no ficción. Cuando se le pregunta dónde se ve en los próximos años, si seguirá combinando periodismo o se dedicará enteramente al arte, su respuesta es clara. La no ficción posee una característica que el resto de la literatura no posee en la misma medida: la responsabilidad de contar determinada historia para con sus protagonistas, que son personas reales. Esa característica se ha vuelto una obsesión en él, y está dispuesto a asumirla hasta las últimas consecuencias mientras queden historias que merezcan la pena o pidan a gritos ser contadas.
Citações Notáveis
Mis lectores suelen decirme que mis textos se sienten «muy reales», tanto si son de ficción, no ficción, o incluso de corte fantástico— Humberto Fuentes
Estoy dispuesto a asumir la responsabilidad de contar historias de personas reales hasta las últimas consecuencias mientras queden historias que merezcan la pena o pidan a gritos ser contadas— Humberto Fuentes
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué crees que tus lectores dicen que tus textos se sienten «muy reales» incluso cuando escribes ficción?
Creo que es porque rumio cada palabra, cada situación, durante tanto tiempo que cuando finalmente las escribo, ya han pasado por un proceso de destilación. La realidad está en los detalles, en las emociones que reconocemos.
Mencionaste que algunos cuentos de Cubacabana llevaban años remordiendo tu conciencia. ¿Qué significa eso exactamente?
Significa que había historias que sentía que tenían que ser contadas, que no podía ignorarlas. Eran como voces que no me dejaban en paz hasta que las puse en papel.
¿Cómo reconcilias tu amor por la poesía con tu formación en Periodismo?
No los veo como cosas separadas. La poesía es la voz fundamental, y el periodismo es una forma de aplicarla a historias reales. Ambos requieren precisión, ambos buscan la verdad.
Dijiste que tu mayor desafío como escritor son los encasillamientos. ¿A qué te refieres?
A que la gente quiere definirte, ponerte en una categoría. Yo escribo ficción, no ficción, poesía, canciones. No quiero que me digan «eres un cuentista» o «eres un poeta». Soy alguien que cuenta historias en diferentes formas.
¿Qué significa para ti que el Premio Celestino haya llegado ahora, en este momento de tu carrera?
Fue una sorpresa porque aunque sentía que tenía un libro a la altura del premio, tenía síndrome del impostor viendo los autores que lo habían ganado antes. Ahora sé que estoy en el lugar correcto, pero también sé que esto es solo el comienzo. La escritura constante tendrá la última palabra.