Dos lóbulos redondeados unidos, como un muñeco de nieve en gravedad cero
A 100 millones de kilómetros de la Tierra, una nave del tamaño de una heladera doméstica rozó la historia al pasar a apenas 800 metros de un asteroide con forma de muñeco de nieve, viajando a más de 18.000 kilómetros por hora. La sonda japonesa Hayabusa2 fotografió a Torifune, un objeto de dos lóbulos fusionados perteneciente al grupo Apolo, cuyos miembros cruzan la órbita terrestre. En esas imágenes no solo habita la maravilla estética de una roca cósmica insólita, sino también la promesa de respuestas sobre cómo proteger a la humanidad de amenazas que aún no tienen nombre.
- A 18.000 km/h y con información limitada sobre el objetivo, los ingenieros de JAXA improvisaron una aproximación sin precedentes a un asteroide que no estaba en el plan original de la misión.
- La forma de doble lóbulo de Torifune —como un muñeco de nieve flotando en el vacío— sorprendió a los científicos y reveló que los asteroides pueden tener estructuras internas radicalmente distintas entre sí.
- Un sensor infrarrojo midió diferencias de temperatura entre zonas iluminadas y en sombra, permitiendo estimar la rugosidad y la inercia térmica del asteroide, datos clave para diseñar estrategias de desvío.
- El sobrevuelo llega en plena carrera global por la defensa planetaria: la NASA ya desvió un asteroide en 2022 y el asteroide Apophis se acercará peligrosamente a la Tierra en 2029.
- Hayabusa2 sigue su camino hacia el asteroide 1998 KY26, un objeto de apenas 11 metros que podría revelar cómo son los cuerpos más pequeños y difíciles de detectar del Sistema Solar, con llegada prevista en 2031.
Cuando la sonda Hayabusa2 se acercó al asteroide Torifune a más de 18.000 kilómetros por hora, nadie sabía con exactitud qué encontraría. Lo que las cámaras capturaron dejó sin palabras a los científicos de JAXA: no una roca compacta ni un montón informe de escombros, sino dos lóbulos redondeados fusionados, una estructura que el investigador Yuya Mimasu comparó con un muñeco de nieve construido en el vacío del espacio. La piel se le puso de gallina al ver la imagen por primera vez.
La maniobra fue un logro técnico notable. Hayabusa2, una nave del tamaño de una heladera doméstica, se aproximó a una distancia prevista de unos 800 metros mientras mantenía su velocidad de crucero, en lo que podría ser uno de los sobrevuelos a alta velocidad más cercanos jamás realizados sobre un asteroide. El desafío fue mayor porque Torifune no formaba parte del plan original: los ingenieros debieron improvisar con información limitada sobre la superficie y estructura del objeto.
Además de las imágenes en blanco y negro de extraordinaria claridad, un sensor infrarrojo midió diferencias de temperatura entre las zonas iluminadas y las regiones en sombra, permitiendo estimar la rugosidad superficial y la inercia térmica del material. Esos datos son esenciales para comprender cómo desviar un asteroide en caso de amenaza, especialmente porque Torifune pertenece al grupo Apolo, cuyos miembros cruzan la órbita de la Tierra.
Este sobrevuelo es el capítulo más reciente de una misión que ya había hecho historia. Lanzada en 2014, Hayabusa2 viajó hasta el asteroide Ryugu, recogió muestras y las devolvió a la Tierra en 2020. Entre los hallazgos más impactantes de ese material figuraron las cinco nucleobases del ADN y el ARN. Lejos de retirarse, la sonda continúa su viaje hacia el asteroide 1998 KY26, un objeto de apenas 11 metros comparable al que explotó sobre Cheliábinsk en 2013. Si todo sale según lo previsto, llegará en 2031 para estudiar de cerca uno de los cuerpos más pequeños y esquivos del Sistema Solar.
La sonda Hayabusa2 viajaba a más de 18.000 kilómetros por hora cuando se acercó al asteroide Torifune, un objeto de 450 metros de diámetro flotando a unos 100 millones de kilómetros de la Tierra. A esa velocidad vertiginosa, la nave de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial logró algo extraordinario: capturar imágenes nítidas que revelarían una forma inesperada. Lo que los científicos vieron en esas fotografías los dejó sin palabras. El asteroide no era una roca compacta ni un montón informe de escombros. Presentaba dos lóbulos redondeados unidos entre sí, como si alguien hubiera construido un muñeco de nieve en el vacío del espacio.
Yuya Mimasu, investigador de JAXA, describió el momento en que vio la imagen por primera vez: la piel se le puso de gallina. La comparación con un muñeco de nieve no era solo una observación poética. Detrás de esa forma peculiar había información científica valiosa sobre cómo nacen, crecen y evolucionan los asteroides a lo largo del tiempo. La maniobra en sí fue un logro técnico notable. Hayabusa2, una nave del tamaño de una heladera doméstica, se acercó a una distancia prevista de unos 800 metros mientras mantenía su velocidad de crucero. Si esa distancia se confirma en los análisis finales, habría establecido uno de los sobrevuelos a alta velocidad más cercanos jamás realizados sobre un asteroide.
Lo que hizo aún más desafiante el encuentro fue que Torifune no formaba parte del plan original de la misión. Los ingenieros y científicos de JAXA tuvieron que trabajar con información limitada sobre la estructura exacta del objeto y sus características superficiales, improvisando una aproximación que resultó en éxito. La cámara telescópica de la sonda capturó imágenes en blanco y negro de extraordinaria claridad. Además, un sensor infrarrojo midió la temperatura de la superficie del asteroide, revelando que las zonas iluminadas por el Sol eran significativamente más cálidas que las regiones en sombra. Esas diferencias de temperatura permitieron a los investigadores estimar propiedades cruciales como la rugosidad de la superficie y la inercia térmica del material, es decir, su capacidad para absorber y liberar calor.
Torifune pertenece al grupo Apolo, una familia de asteroides cuyas órbitas cruzan la de la Tierra. Aunque no representa un peligro inmediato, eso lo convierte en un objeto de interés directo para los estudios de defensa planetaria. Los científicos saben que los asteroides no son todos iguales. Algunos son rocas sólidas y monolíticas. Otros son pilas de escombros mantenidas juntas únicamente por su propia gravedad. Y algunos, como Torifune, presentan estructuras de dos cuerpos fusionados. Comprender esas diferencias es fundamental para diseñar estrategias de desvío en caso de que algún asteroide represente una amenaza futura para la Tierra. El trabajo de Hayabusa2 llega en un momento de creciente actividad en este campo. En 2022, la NASA modificó deliberadamente la órbita del asteroide Dimorphos al impactarlo con una nave espacial en el experimento DART. JAXA y la Agencia Espacial Europea están desarrollando proyectos adicionales de defensa planetaria, incluyendo el seguimiento del asteroide Apophis, que pasará relativamente cerca de la Tierra en 2029.
Este sobrevuelo de Torifune es solo el capítulo más reciente de una misión que ya había hecho historia años atrás. Hayabusa2 fue lanzada en 2014 y viajó hasta el asteroide Ryugu, donde aterrizó, recolectó muestras de su superficie y las devolvió a la Tierra en 2020. Esas muestras permitieron a los científicos estudiar material prácticamente intacto desde los primeros tiempos del Sistema Solar. Entre los hallazgos más significativos apareció la presencia de las cinco nucleobases que forman parte del ADN y el ARN, moléculas esenciales para la vida tal como la conocemos. Lejos de terminar su trabajo después de esa entrega histórica, la sonda continuó viajando por el espacio. Su próximo gran objetivo es el asteroide 1998 KY26, un objeto diminuto de apenas 11 metros de diámetro, comparable en tamaño al asteroide que explotó sobre Cheliábinsk, Rusia, en 2013. Si todo sale según lo previsto, Hayabusa2 llegará a ese pequeño asteroide en 2031 e intentará estudiarlo de cerca. Sería una oportunidad única para comprender cómo son los cuerpos más pequeños del Sistema Solar, precisamente aquellos que resultan más difíciles de detectar y caracterizar desde la Tierra.
Citações Notáveis
En el momento en que vi esta imagen y los datos científicos, se me puso la piel de gallina. Personalmente, me pareció un muñeco de nieve.— Yuya Mimasu, investigador de JAXA
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué una forma de muñeco de nieve importa tanto a los científicos? Parece casi anecdótico.
No es anecdótico en absoluto. Esa forma de dos lóbulos nos dice que el asteroide probablemente se formó cuando dos cuerpos más pequeños colisionaron y se fusionaron. Eso es información sobre la historia del Sistema Solar.
¿Y eso cómo ayuda con la defensa planetaria?
Si algún día necesitamos desviar un asteroide que se acerca a la Tierra, necesitamos saber exactamente qué estamos moviendo. Un asteroide de dos lóbulos se comportaría diferente a uno sólido si lo impactamos con una nave. La forma determina cómo responde.
Entonces Hayabusa2 está haciendo trabajo de reconocimiento.
Exactamente. Cada asteroide que estudiamos es un caso de estudio. Torifune es uno más en una biblioteca que estamos construyendo.
¿Por qué la sonda sigue volando después de seis años? ¿No debería haber terminado su misión?
Porque funciona. Cuando una nave espacial está en órbita y sus sistemas siguen operativos, los científicos no la desperdician. Hayabusa2 tiene combustible y energía, así que la enviaron a otro asteroide. Es eficiencia pura.
¿Y ese asteroide de 11 metros que viene en 2031?
Es el verdadero reto. Los asteroides pequeños son casi invisibles desde la Tierra. Estudiar uno de cerca nos enseñaría cosas que no podemos aprender de ninguna otra forma.