Hacinamiento y caos en refugios de La Guaira: miles esperan solución tras terremoto

Miles de personas desplazadas de sus hogares, viviendo en hacinamiento con acceso limitado a alimentos, agua potable y servicios básicos; familias separadas buscando desaparecidos entre escombros.
Somos como el Titanic. Nos hundimos con el barco.
Un coordinador voluntario del refugio en la Escuela República de Panamá describe cómo continúa trabajando a pesar de haber perdido su propia casa en los terremotos.

El Polideportivo José María Vargas alberga a 1.700 personas en condiciones precarias con carpas, colchones en el piso y distribución irregular de alimentos. Reportes de conflictos entre refugiados, mala organización en la entrega de ayuda y falta de espacios dignos para mujeres, niños y privacidad en varios centros.

  • 1.700 personas alojadas en el Polideportivo José María Vargas una semana después de los terremotos
  • Más de 350 personas en la Escuela República de Panamá, con hasta tres familias compartiendo una sola aula
  • Reportes de conflictos entre refugiados por alimentos y distribución irregular de asistencia
  • Falta de espacios separados para mujeres, niños y áreas de recreación en varios centros de acogida

Una semana después de terremotos que devastaron La Guaira, miles de personas permanecen en refugios improvisados enfrentando hacinamiento, peleas por alimentos e incertidumbre sobre su futuro habitacional.

Una semana después de que los terremotos sacudieron La Guaira, la costa de Venezuela se ha convertido en un paisaje de improvisación forzada. Miles de personas duermen en carpas tendidas sobre pisos de canchas deportivas, en aulas de escuelas convertidas en dormitorios compartidos, en estadios donde el calor del litoral se concentra bajo toldos de lona. No tienen casas a las que volver. Los edificios donde vivían se desmoronaron o quedaron dañados más allá de toda reparación. Ahora esperan, sin saber cuánto tiempo más, en refugios que fueron pensados como soluciones temporales pero que ya muestran las grietas de cualquier improvisación humana llevada al extremo.

El Polideportivo José María Vargas, ubicado cerca del aeropuerto internacional de Maiquetía, es uno de los mayores centros de acogida. Alberga a aproximadamente 1.700 personas. Las canchas se han llenado de colchones colocados directamente en el piso, carpas levantadas sin orden aparente, y un toldo gigante que intenta proteger a los residentes del sol implacable de la costa. Desde el día después de los sismos, este complejo se convirtió en hogar temporal para quienes lo perdieron todo. La rutina aquí transcurre entre largas filas esperando alimentos, noches de vigilancia por turnos, y la constante incertidumbre de no saber cuándo esto terminará.

Daniela Armas tiene 18 años y llegó al polideportivo sin nada. Describe la distribución de comida como un caos donde la desesperación convierte a las personas en competidoras. "Aquí dan provisiones, pero a veces se matan por la comida", dice mientras espera recibir un sándwich y una manzana. Por las noches, ella y su novio se turnan para dormir, vigilando las pocas cosas que lograron rescatar de sus casas. Ha visto peleas. Ha visto el desorden. "Ayer se entraron a golpes, todo es una locura aquí", cuenta. Otros refugiados reportan que la organización de la ayuda ha empeorado con el paso de los días. Yohana Álvarez, también alojada en el polideportivo, recuerda que al principio todo funcionaba mejor, pero luego llegó la desorganización: militares tomaban sus porciones primero, y los civiles recibían lo que sobraba. Albeth Chirinos comparte su experiencia de horarios irregulares para comer, días en los que no reciben alimento hasta la madrugada, si es que llega.

La situación se repite en otros puntos de La Guaira. Escuelas, plazas, canchas deportivas se han transformado en centros de acogida improvisados. En la Escuela República de Panamá, más de 350 personas viven en espacios donde tres familias comparten a veces una sola aula. Un grupo de jóvenes voluntarios administra registros digitales, organiza la distribución de alimentos, coordina atención médica básica y servicios de lavandería. Daniel Rivas, uno de los coordinadores, trabaja sin descanso junto a otros voluntarios, muchos de los cuales también perdieron sus propias casas en los terremotos. "Somos como el Titanic. Nos hundimos con el barco", dice mientras revisa los registros de quiénes viven en el refugio.

Pero no todos los centros ofrecen condiciones mínimas de dignidad. Geraldine Gómez, de la organización Plan International, advierte sobre deficiencias graves en varios refugios: no hay espacios separados para madres, no hay áreas donde los niños puedan jugar o recrearse, faltan instalaciones que permitan preservar la higiene o garantizar privacidad. Las organizaciones humanitarias que trabajan en terreno reconocen que la emergencia apenas está en su fase inicial. Lia Poggio, jefa de la misión de la Organización Internacional para las Migraciones en Venezuela, describe la situación como "bastante crítica". La prioridad ahora es garantizar asistencia básica y que los damnificados accedan a servicios de forma digna.

Franco Chramosta, de la fundación Maniapure, subraya que la coordinación entre organizaciones es fundamental para evitar que algunos refugios se saturen mientras otros carecen de suministros. Pero su preocupación va más allá de los primeros días. "Estamos preparándonos para lo que viene, y lo que viene no es fácil", advierte. Mientras llegan donaciones de particulares, organizaciones humanitarias y gobiernos extranjeros, las familias continúan llegando a los refugios después de pasar días entre los escombros buscando a desaparecidos o intentando recuperar lo poco que quedó de sus vidas. La reconstrucción de La Guaira será un proceso largo, y nadie sabe aún cuándo estas personas podrán dejar de vivir en carpas y colchones en el piso.

Aquí dan provisiones, pero a veces se matan por la comida. Ayer se entraron a golpes, todo es una locura aquí.
— Daniela Armas, refugiada de 18 años en el Polideportivo José María Vargas
Estamos preparándonos para lo que viene, y lo que viene no es fácil.
— Franco Chramosta, fundación Maniapure
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué la distribución de alimentos se convirtió en un problema tan grave si hay donaciones llegando constantemente?

Model

Porque la improvisación no tiene sistemas. Cuando abres un refugio de la noche a la mañana, no tienes protocolos, no tienes turnos claros, no tienes control. La gente tiene hambre y miedo, y eso genera pánico. Los voluntarios hacen lo que pueden, pero no son logísticos profesionales.

Inventor

¿Qué diferencia hay entre los refugios que funcionan mejor y los que están colapsando?

Model

Liderazgo y estructura. En la Escuela República de Panamá hay jóvenes coordinadores que mantienen registros digitales, organizan turnos, crean rutina. En otros lugares simplemente abren las puertas y dejan que suceda lo que suceda. La diferencia es el trabajo invisible de la administración.

Inventor

Los voluntarios también perdieron sus casas. ¿Cómo siguen trabajando?

Model

Porque no tienen opción. Daniel Rivas dice que se hunden con el barco. Están viviendo en el mismo refugio donde trabajan, durmiendo en el piso, coordinando a otros que duermen en el piso. Es una forma de mantener la dignidad cuando todo se ha perdido: hacer que otros no pierdan la suya.

Inventor

¿Cuál es el verdadero problema que las organizaciones humanitarias ven a largo plazo?

Model

Que esto no es una crisis de una semana. Franco Chramosta lo dice claramente: lo que viene no es fácil. Están preparándose para meses, no para días. Y nadie sabe aún cómo se reconstruye una ciudad, cómo se realojan miles de personas, cómo se evita que los refugios temporales se conviertan en permanentes.

Inventor

¿Qué necesitan realmente estas personas además de comida?

Model

Privacidad, espacios para que los niños jueguen, áreas separadas para madres, dignidad. Geraldine Gómez lo señala: los refugios están diseñados para sobrevivir, no para vivir. Y la diferencia es enorme cuando llevas una semana durmiendo en el piso de una cancha deportiva.

Quer a matéria completa? Leia o original em Infobae ↗
Fale Conosco FAQ