La presencia tranquila y el apoyo compasivo pueden marcar una diferencia profunda
Cuando la tierra se mueve, también se sacude el mundo interior de quienes la habitan. Tras dos terremotos que golpearon Venezuela el 24 de junio, el psicólogo Manuel Llorens recordó que el cuerpo y la mente comparten el mismo suelo: ofreció ocho orientaciones para las primeras 24 horas, convencido de que la presencia serena y la ayuda concreta pueden ser tan vitales como cualquier rescate físico. Su mensaje central es antiguo y necesario: el miedo, el llanto y la confusión no son señales de quiebre, sino la respuesta humana natural ante lo que no puede controlarse.
- Dos terremotos de magnitud 7,3 y 7,5 sacudieron Venezuela al atardecer del 24 de junio, sumiendo a miles de personas en el shock y la incertidumbre inmediata.
- El pánico, los rumores y el aislamiento amenazan con amplificar el daño emocional mucho más allá del daño físico si no se actúa con rapidez y claridad.
- El psicólogo Manuel Llorens publicó una guía práctica orientada a las primeras horas: asegurar refugio, reunir familias, compartir información verificada y normalizar las reacciones emocionales.
- Grupos vulnerables —niños, adultos mayores, personas con condiciones de salud mental— requieren atención diferenciada, y los propios voluntarios no están exentos de necesitar apoyo.
- Cuando el malestar no cede —ideas suicidas, desorientación, agresividad severa o pánico abrumador— la guía señala con claridad que es momento de buscar atención profesional urgente.
El 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7,3 y 7,5 sacudieron Venezuela al caer la tarde. En las horas que siguieron, el psicólogo clínico y comunitario Manuel Llorens publicó una serie de orientaciones prácticas pensadas específicamente para las primeras 24 horas tras el desastre, con el objetivo de reducir el sufrimiento inmediato y abrir camino hacia la recuperación.
La primera prioridad es la seguridad física: alejar a las personas de estructuras dañadas y garantizar acceso a refugio, atención médica, alimentos y agua. Pero Llorens insiste en que la seguridad también es emocional: acercarse a otros con calma, explicar lo que ocurre sin presionar a nadie a revivir su experiencia, marca una diferencia desde el primer momento.
Identificar necesidades urgentes —heridos, familiares desaparecidos, medicamentos— y ayudar a las personas a comunicarse con sus seres queridos son pasos que reducen el aislamiento y devuelven cierta sensación de control. La información verificada actúa como antídoto contra el pánico: saber dónde hay refugios y qué operaciones de rescate están activas ayuda a las personas a orientarse en el caos.
Llorens subraya algo que muchos ignoran: el miedo, el llanto, la dificultad para concentrarse y los problemas de sueño son reacciones completamente normales, no señales de enfermedad mental. Normalizar estas respuestas evita que las personas se juzguen a sí mismas en un momento ya de por sí difícil. El apoyo práctico es simple pero poderoso: animar a descansar, hidratarse, comer algo y mantenerse cerca de personas de confianza.
Ciertos grupos requieren atención especial: niños, adultos mayores, personas con discapacidad y quienes tienen condiciones de salud mental preexistentes. Los voluntarios y trabajadores de emergencia también necesitan cuidarse. Y cuando el malestar supera lo que el entorno puede sostener —ideas suicidas, desorientación, agresividad severa o pánico que no cede— Llorens es claro: es momento de buscar ayuda profesional de inmediato. La Cruz Roja Venezolana está disponible al 0422-799-4880.
El 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7,3 y 7,5 sacudieron Venezuela al atardecer, dejando a miles de personas en estado de shock y enfrentándose a decisiones inmediatas sobre cómo sobrevivir y recuperarse. En las horas que siguieron, el psicólogo clínico y comunitario Manuel Llorens formuló un conjunto de orientaciones prácticas diseñadas específicamente para las primeras 24 horas después del desastre, con el propósito de reducir el sufrimiento inmediato y crear las condiciones para que las personas pudieran comenzar a recuperarse.
La primera prioridad, según Llorens, es asegurar que nadie esté en peligro físico inmediato. Esto significa alejar a las personas de edificios dañados, estructuras inestables y zonas donde podrían ocurrir réplicas. Simultáneamente, hay que garantizar acceso a refugio, atención médica, medicinas, alimentos y agua. Pero la seguridad no es solo física. Llorens enfatiza la importancia de presentarse ante otros de manera tranquila, explicando lo que está sucediendo sin presionar a nadie a revivir su experiencia traumática narrándola en detalle, algo que puede ser contraproducente en esos primeros momentos críticos.
Identificar las necesidades más urgentes es el siguiente paso. ¿Hay personas lesionadas? ¿Hay familiares desaparecidos? ¿Alguien necesita medicamentos específicos? ¿Dónde dormirá la gente esta noche? Llorens recomienda priorizar lo que pueda resolverse rápidamente, evitando que las personas se pierdan en preocupaciones que no pueden abordarse de inmediato. Conectar a las personas con sus seres queridos es fundamental: ayudarlas a comunicarse con familia, amigos y comunidad reduce el aislamiento y proporciona apoyo emocional tangible.
La información precisa es un antídoto contra el pánico. Compartir datos verificados sobre dónde hay refugios, qué operaciones de rescate están en marcha y qué servicios están disponibles ayuda a las personas a sentir que tienen cierto control sobre la situación. Cuando sea posible, aclarar rumores e información falsa previene que el miedo se amplifique innecesariamente. Llorens también subraya algo que muchas personas no comprenden: el miedo, la confusión, la dificultad para concentrarse, el llanto, la sensación de adormecimiento y los problemas de sueño son reacciones completamente normales después de un desastre. No son signos de enfermedad mental. Normalizar estas respuestas evita que las personas se juzguen a sí mismas o crean que algo está fundamentalmente mal en ellas.
El apoyo práctico al afrontamiento es simple pero poderoso: animar a las personas a descansar cuando puedan, a hidratarse, a comer algo aunque sea poco, a permanecer cerca de personas que las apoyen y a mantener rutinas básicas. Ayudarlas a enfocarse en los próximos pasos inmediatos, no en preocupaciones a largo plazo, reduce la sensación de estar abrumado. Llorens también advierte que ciertos grupos requieren atención especial: niños, adultos mayores, personas con discapacidad, quienes han perdido seres queridos y personas con condiciones de salud mental preexistentes. Los trabajadores de emergencia y voluntarios, por su parte, también necesitan buscar apoyo y descanso cuando lo necesiten.
Hay momentos en que el apoyo comunitario no es suficiente y se requiere atención profesional urgente. Llorens enumera las señales de alerta: si alguien expresa ideas suicidas o deseos de morir, si no puede cuidarse a sí mismo o a sus hijos, si muestra desorientación o desconexión de la realidad, si presenta agresividad o representa un peligro para otros, o si experimenta pánico severo o un malestar tan abrumador que no mejora con apoyo. En esos casos, buscar ayuda profesional de inmediato es esencial.
Llorens concluye con una reflexión que resume su enfoque: la presencia tranquila, la ayuda práctica y el apoyo compasivo pueden marcar una diferencia profunda en las primeras horas después de un terremoto. Pequeñas acciones, realizadas con intención y cuidado, pueden ayudar a salvar vidas y promover la recuperación. Para quienes necesiten información o deseen contribuir, la Cruz Roja Venezolana está disponible al 0422-799-4880.
Citações Notáveis
La presencia tranquila, ayuda práctica y apoyo compasivo puede marcar una gran diferencia en las primeras horas después de un terremoto— Manuel Llorens, psicólogo clínico y comunitario
Pequeñas acciones pueden ayudar a salvar vidas y promover la recuperación— Manuel Llorens
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Llorens insiste tanto en no obligar a las personas a narrar lo que vivieron en los primeros momentos?
Porque revivir el trauma de manera inmediata, cuando la persona aún está en estado de shock, puede intensificar el sufrimiento en lugar de aliviarlo. El cuerpo y la mente necesitan tiempo para procesar lo que sucedió.
Entonces, ¿cuál es la diferencia entre normalizar reacciones y minimizar el sufrimiento real de alguien?
Normalizar no es minimizar. Es decirle a alguien que su miedo es comprensible, que no está solo, que su cuerpo está respondiendo de manera natural a algo extraordinario. Eso reduce la vergüenza y el aislamiento.
¿Por qué Llorens enfatiza tanto la información verificada en medio del caos?
Porque cuando todo es incierto, los rumores y la información falsa se propagan rápidamente y generan más pánico. Saber qué es real y qué no es real devuelve un sentido de control.
¿Qué hace que un trabajador de emergencia sea diferente de una persona común después de un terremoto?
Que el trabajador de emergencia está expuesto repetidamente al sufrimiento ajeno mientras intenta ayudar. Sin descanso y apoyo, puede colapsar justo cuando más se le necesita.
¿Cómo se distingue entre una reacción normal y algo que requiere intervención profesional urgente?
Cuando la persona pierde la capacidad de funcionar básicamente: cuidarse, cuidar a sus hijos, mantener contacto con la realidad. O cuando expresa que quiere morir. Eso es el punto de quiebre.
¿Por qué los niños y adultos mayores necesitan atención especial?
Porque tienen menos recursos internos para procesar lo que sucedió y más dependencia de otros para su seguridad física y emocional. Son más vulnerables a quedar atrapados en el trauma.