Francisco Sagasti: el acto de amor que realizó por su novia chilena durante la caída de Allende

Cuatro niñas fueron rescatadas de la represión y persecución política durante la dictadura chilena; su padre biológico las abandonó al ser exiliado.
Sin decirle nada, voló al vecino país para rescatarlas
Sagasti viajó secretamente a Chile en 1974 durante la dictadura para sacar a las cuatro hijas de su novia.

En el otoño de 1973, mientras Chile caía bajo la sombra de una dictadura, un joven ingeniero peruano de 29 años tomó una decisión silenciosa que definiría el resto de su vida: volar a Santiago sin avisar a nadie y sacar a cuatro niñas de un país en llamas. Francisco Sagasti, quien décadas después llegaría a la presidencia del Perú, no actuó por cálculo político ni por heroísmo declarado, sino por ese impulso humano más antiguo y más difícil de nombrar: el amor que se convierte en responsabilidad antes de que nadie lo pida.

  • Cuatro niñas quedaron atrapadas en Chile bajo la dictadura de Pinochet mientras su madre, varada en Lima, no podía cruzar la frontera para rescatarlas.
  • Su padre biológico, perseguido por el régimen, se refugió en una embajada y partió al exilio sin mirar atrás, dejando a sus hijas a su suerte.
  • Sagasti, sin decirle nada a Leonor, abordó un vuelo a Santiago con la única certeza de que tenía que intentarlo, ignorando los riesgos de moverse en un país bajo represión.
  • Regresó a Perú con las cuatro niñas, asumió su crianza durante diecisiete años de matrimonio y reorganizó su vida profesional para sostener a una familia que no era la suya por sangre, pero sí por elección.
  • Cuando Sagasti asumió la presidencia en 2020, sus hijastras —dispersas entre Perú, Argentina, Kentucky y el mundo diplomático— eligieron el anonimato, honrando la misma discreción con la que él las rescató.

En septiembre de 1973, Francisco Sagasti conoció a Leonor Giusti en Lima. Ella era chilena, recién separada, y había dejado a sus cuatro hijas pequeñas en Santiago mientras tomaba unas vacaciones. Once días después de ese encuentro, el golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende lo cambió todo.

El exmarido de Leonor era un hombre perseguido por el nuevo régimen. Su casa fue incendiada, logró refugiarse en una embajada y partió al exilio en Costa Rica, pero no pensó en sus hijas. Las abandonó. Leonor, atrapada en Perú, intentó regresar a Chile sin éxito. La represión hacía imposible el reencuentro.

Sagasti tenía 29 años. Sin decirle nada a Leonor, voló a Chile. No sabía exactamente cómo lo lograría, pero lo logró: sacó a las cuatro niñas del país y las llevó a Perú. Les dijo que iban de vacaciones a ver a su mamá. Así fue como Leonor se reunió con sus hijas después de meses de separación forzada.

Como Leonor seguía figurando legalmente casada con un hombre perseguido por la dictadura, no podía regresar a Chile. Se quedaron en Perú. Sagasti asumió la crianza de las niñas sin reservas: buscó empleos que facilitaran el acceso a colegios, se mudó con la familia a Colombia y luego a Costa Rica en busca de estabilidad. Pamela Pavez, una de las hijastras, recuerda que su padrastro nunca dudó. Simplemente se hizo cargo.

Francisco y Leonor vivieron juntos diecisiete años. Cuando Sagasti asumió la presidencia del Perú en 2020, sus hijastras estaban dispersas por el mundo. Pamela, la única que permanecía en Perú, le dejó claro que no ocuparía el rol de primera dama. Prefería el perfil bajo que siempre había definido a la familia. Lo que Sagasti había hecho en 1974 —rescatar a cuatro niñas sin pedir nada a cambio, sin buscar reconocimiento— no era un gesto político. Era, simplemente, un acto de amor.

En septiembre de 1973, Francisco Sagasti conoció a Leonor Giusti en Lima. Ella era chilena, recientemente separada, y había viajado al Perú para unas vacaciones dejando a sus cuatro hijas pequeñas al cuidado de su exsuegra. Unos amigos bolivianos los presentaron. Lo que comenzó como un romance casual se convirtió en algo mucho más profundo cuando, once días después de que se conocieran, el golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende transformó Chile en un país bajo dictadura.

El exmarido de Leonor, Guillermo Pavez, era un hombre perseguido por el nuevo régimen. Su casa fue incendiada. Logró refugiarse en la embajada de Finlandia y después fue exiliado a Costa Rica, pero no pensó en sus hijas. Las abandonó. Leonor, atrapada en Perú, intentó regresar a Chile para recuperar a sus niñas, pero la crisis política y social lo hacía imposible. Desesperada, se encontraba separada de sus hijas mientras la represión se intensificaba en el país vecino.

Francisco Sagasti tenía 29 años. Sin decirle nada a Leonor, voló a Chile. No sabía exactamente cómo lo haría, pero sabía que tenía que intentarlo. Logró sacar a las cuatro niñas del país. Cuando regresó a Perú con ellas, Leonor creyó que se había asustado ante la responsabilidad de criar a cuatro hijas que no eran suyas. Pero Sagasti no había desaparecido. Había ido a rescatarlas. Les dijo a las niñas que se iban de vacaciones para ver a su mamá, y así fue como Leonor se reunió con sus hijas después de meses de separación forzada.

Leonor no pudo regresar a Chile con sus hijas porque seguía figurando como casada con Guillermo Pavez, quien era perseguido por la dictadura. Así que se quedaron en Perú. Sagasti asumió la responsabilidad de criarlas en todo sentido. Trabajó como ingeniero industrial, buscando empleos que le permitieran facilidades con los colegios y la educación porque eran muchos hijos. Se mudaron a Colombia, después a Costa Rica, siempre buscando estabilidad para la familia. Pamela Pavez, una de las hijastras, recuerda que su padrastro nunca dudó. Simplemente se hizo cargo.

Francisco y Leonor se casaron y vivieron juntos durante diecisiete años. Las cuatro niñas crecieron bajo su cuidado. Décadas después, cuando Sagasti asumió la presidencia del Perú en 2020, sus hijastras estaban dispersas por el mundo. Una vivía en Kentucky desde hacía treinta y tres años con la hija mayor de Leonor. Otra se había casado con un diplomático peruano que fue cónsul en Chile. La tercera vivía en Argentina. Pamela permanecía en Perú.

Cuando Pamela habló con su padre después de que asumiera como presidente, le dijo algo importante: no estaba interesada en ocupar el cargo de primera dama. Prefería mantener el perfil bajo que siempre había caracterizado a la familia. "Así fue con Allende y ahora con mi papá", dijo. La seguridad de sus hijos era lo primero. Lo que Sagasti había hecho en 1974, rescatando a cuatro niñas de una dictadura sin saber si lo lograría, sin pedir nada a cambio, sin buscar reconocimiento, era el acto que definía quién era realmente. No era un gesto político. Era un acto de amor.

Él nos rescató en 1974. Mi papá salió exiliado y se desentendió de nosotros y mi madre estaba de vacaciones en Perú cuando conoció a mi padre, Francisco. Sin decirle nada, se apareció en Chile, yo tenía cinco o seis años, y no sé cómo logró sacarnos
— Pamela Pavez, hijastra de Sagasti
Prefiero mantenerme como siempre, tranquila, como familia somos de perfil bajo, así fue con Allende y ahora con mi papá
— Pamela Pavez, sobre rechazar el cargo de primera dama
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¿Cómo logró Sagasti sacar a las niñas de Chile en 1974 si la dictadura estaba en su apogeo?

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La fuente no especifica exactamente cómo lo hizo. Solo sabemos que viajó sin avisar y que de alguna manera consiguió sacarlas. Pamela dice "no sé cómo logró sacarnos", lo que sugiere que fue algo extraordinario, casi milagroso para una niña de cinco o seis años.

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¿Por qué Leonor no pudo ir con él?

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Porque seguía casada legalmente con Guillermo Pavez, quien era perseguido por la dictadura. Volver a Chile siendo la esposa de un hombre buscado habría sido peligroso. Así que Sagasti fue solo, las rescató, y luego ella pudo reunirse con ellas en Perú.

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¿Qué pasó con el padre biológico de las niñas?

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Se exilió a Costa Rica y las abandonó. No volvió por ellas. Fue Sagasti quien las cuidó, quien las llevó a la escuela, quien eligió trabajos que le permitieran estar presente en sus vidas.

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¿Por qué Pamela rechazó ser primera dama?

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Porque la familia siempre ha mantenido un perfil bajo. Ella dice que prefiere la tranquilidad, la seguridad de sus hijos. No quiere que el cargo presidencial de su padre las exponga. Es coherente con cómo vivieron: como una familia normal, no como una familia política.

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¿Qué nos dice esto sobre Sagasti?

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Que antes de ser presidente, fue padre. Que cuando tenía 29 años y podría haber dicho no, dijo sí. Que eligió responsabilidad sobre comodidad. Eso no cambia con un cargo político.

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