Las cosas están volviendo a la normalidad después del berrinche
En medio del caos que el cierre parcial del gobierno ha sembrado en los aeropuertos estadounidenses, los senadores buscan un equilibrio frágil entre la urgencia operativa y la disputa política sobre la inmigración. Miles de agentes de la TSA trabajan sin salario o han abandonado sus puestos, convirtiendo los controles de seguridad en escenas de espera y agotamiento que recuerdan cuánto depende la vida cotidiana de acuerdos que se fraguan lejos de las pistas. El pacto que se perfila financiaría al Departamento de Seguridad Nacional pero dejaría fuera las operaciones de deportación de ICE, un compromiso que refleja la vieja tensión entre gobernar y legislar la identidad de una nación.
- Más de 3,200 agentes de la TSA faltaron al trabajo el lunes y al menos 458 han renunciado, dejando aeropuertos de Houston, Atlanta y Nueva York con filas de hasta cuatro horas.
- El despliegue de agentes federales de inmigración en algunos controles aeroportuarios por orden de Trump elevó la tensión política justo cuando las negociaciones intentaban avanzar.
- El acuerdo emergente financiaría la mayor parte del DHS pero excluiría las operaciones de expulsión de ICE, separando la agenda migratoria del presupuesto operativo del departamento.
- La confirmación de Markwayne Mullin como nuevo secretario del DHS y su respaldo a exigencias demócratas —como órdenes judiciales para registros domiciliarios— abrió espacio para el entendimiento.
- Delta Air Lines suspendió sus servicios especiales para legisladores durante el cierre, mientras el senador Angus King advertía que todo depende de ver el acuerdo por escrito antes de celebrar.
El martes, los senadores estadounidenses intensificaron sus esfuerzos para poner fin al cierre parcial del gobierno que mantiene paralizado al Departamento de Seguridad Nacional desde mediados de febrero. La presión más visible no venía de los pasillos del Capitolio, sino de los aeropuertos: filas de cuatro horas en Houston, demoras significativas en Atlanta, Baltimore-Washington y Nueva York, y miles de agentes de la TSA trabajando sin cobrar o directamente ausentes. Las aplicaciones de tiempos de espera dejaron de actualizarse porque la agencia no operaba con normalidad.
El acuerdo que tomaba forma financiaría la mayor parte del DHS, incluyendo divisiones de investigación y protección fronteriza, pero excluiría las operaciones de deportación y expulsión de ICE, núcleo de la agenda migratoria de Trump. Los demócratas también lograron incluir exigencias como el uso de cámaras corporales e identificación para los agentes. A cambio, los republicanos evitarían restricciones más amplias sobre las operaciones de inmigración, permitiendo a ambos lados presentar el resultado como una victoria.
La negociación se complicó cuando Trump vinculó el fin del cierre a la aprobación de la llamada Ley SAVE America, un proyecto de ley electoral. Sin embargo, los senadores republicanos propusieron abordar esa legislación en los próximos meses dentro de un paquete más amplio, y la Casa Blanca señaló el martes que esa separación le resultaba aceptable.
Un cambio de liderazgo también influyó en el avance: Trump destituyó a Kristi Noem como secretaria del DHS y el Senado confirmó en su lugar a Markwayne Mullin, quien durante su audiencia respaldó una demanda clave de los demócratas sobre órdenes judiciales para registros domiciliarios. Mientras tanto, Delta Air Lines dejó de ofrecer servicios especiales a los legisladores, tratándolos como cualquier otro pasajero. El camino hacia la resolución existe, pero como resumió el senador Angus King: primero hay que ver el acuerdo por escrito.
Los senadores estadounidenses aceleraron el martes sus esfuerzos por alcanzar un acuerdo que pusiera fin al cierre parcial del gobierno y reanudara la financiación del Departamento de Seguridad Nacional, una agencia que lleva suspendida desde mediados de febrero. El punto de quiebre en las negociaciones ha sido la agenda de deportaciones del presidente Trump y, más inmediatamente, el caos que el cierre ha generado en los aeropuertos del país durante la temporada de viajes de primavera.
Los trabajadores de la Administración de Seguridad en el Transporte no han recibido salarios desde que comenzó el cierre. El lunes, más de 3,200 agentes de la TSA —casi el 11% de la fuerza laboral— no se presentaron al trabajo, y al menos 458 han renunciado desde que inició la paralización. En el Aeropuerto Intercontinental George Bush de Houston, las filas en los controles de seguridad superaban las cuatro horas. Viajeros en Atlanta, Baltimore-Washington, Nueva York y otras ciudades principales enfrentaban demoras significativas, con recomendaciones de llegar con horas de anticipación a sus vuelos. Los tiempos de espera en aplicaciones como MyTSA no se actualizaban regularmente porque la agencia no estaba operando plenamente durante el cierre.
El acuerdo que se perfilaba el martes financiaría la mayor parte del Departamento de Seguridad Nacional pero dejaría fuera las operaciones de aplicación de la ley y expulsión de Inmigración y Control de Aduanas, el corazón de la agenda de deportaciones masivas de Trump. Según lo que se barajaba, se financiarían divisiones como la de Investigaciones de Seguridad Nacional de ICE y la de Aduanas y Protección Fronteriza, pero con restricciones: mantener a los oficiales en sus funciones tradicionales en lugar de desplegarlos en redadas urbanas. El acuerdo también incluiría cambios que los demócratas han exigido, como la obligación de que los agentes lleven cámaras corporales e identificación.
La urgencia en las negociaciones se intensificó después de que el presidente Trump desplegara agentes federales de inmigración en algunos controles de seguridad de los aeropuertos, una medida que algunos legisladores advirtieron podría aumentar las tensiones. El lunes por la noche, un grupo de senadores republicanos se reunió con Trump en la Casa Blanca. John Thune, líder de la mayoría republicana en el Senado, describió las conversaciones como "positivas y productivas". Chuck Schumer, líder demócrata, comentó que después del "berrinche" de Trump, parecía que "las cosas están volviendo a la normalidad".
La negociación también giró en torno a la llamada Ley SAVE America, un proyecto de ley electoral que Trump había vinculado inicialmente a la financiación del departamento. Durante el fin de semana, el presidente había planteado esta ley como condición para poner fin al cierre, pero los senadores republicanos propusieron abordarla en los próximos meses como parte de un paquete legislativo más amplio. La Casa Blanca indicó el martes que un acuerdo para separar la financiación de las operaciones de inmigración de la legislación electoral "parece ser aceptable".
Cambios significativos en el liderazgo del departamento también influyeron en el avance. Trump destituyó a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, en medio de la indignación pública por las operaciones de inmigración. El Senado confirmó el lunes por la noche a Markwayne Mullin, senador de Oklahoma alineado con la agenda de Trump, como su sucesor. Durante su audiencia de confirmación, Mullin respaldó una demanda clave de los demócratas: que un juez firme las órdenes que los agentes de inmigración utilizan para registrar hogares, en lugar de basarse solo en órdenes administrativas del departamento.
Los números presupuestarios reflejan el equilibrio político que ambos lados buscaba. El presupuesto de ICE había aumentado en 75,000 millones de dólares con la ley de recortes fiscales del año anterior, que no fue afectada por el cierre. La financiación anual habitual de ICE, de aproximadamente 10,000 millones de dólares, se reduciría casi a la mitad bajo la propuesta. Esto permitía a los demócratas afirmar que habían detenido fondos adicionales para ICE mientras lograban cambios ya acordados, mientras que los republicanos podían argumentar que habían evitado restricciones más significativas en las operaciones de inmigración.
Delta Air Lines suspendió el martes sus servicios especiales para miembros del Congreso durante el cierre, tratando a los legisladores como pasajeros regulares. Los próximos pasos dependían de si los senadores podían formalizar el acuerdo y obtener la aprobación de ambas cámaras del Congreso, ambas controladas por el partido republicano. El senador Angus King, independiente por Maine, capturó la incertidumbre persistente: "El primer paso es conseguir la propuesta por escrito. Quiero ver exactamente qué significa eso".
Citas Notables
Las conversaciones fueron positivas y productivas, y la mayor parte del DHS recibiría fondos sin grandes cambios— John Thune, líder de la mayoría republicana en el Senado
Tras el berrinche de Trump, parece que las cosas están volviendo a la normalidad— Chuck Schumer, líder demócrata del Senado
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué los senadores de repente tienen tanta prisa después de semanas de estancamiento?
Los aeropuertos se están colapsando. Cuando la gente no puede viajar, cuando los trabajadores no cobran y empiezan a renunciar, la presión política se vuelve insoportable. Es difícil ignorar filas de cuatro horas en Houston.
Pero el cierre lleva desde mediados de febrero. ¿Qué cambió el lunes?
Trump desplegó agentes de inmigración en los aeropuertos. Fue una jugada que algunos senadores vieron como contraproducente, como si estuviera empeorando las cosas. Eso parece haber movido las conversaciones en una dirección diferente.
El acuerdo deja fuera las operaciones de deportación de ICE. ¿Eso significa que Trump no consigue lo que quería?
Depende de cómo lo mires. ICE ya tiene 75,000 millones de dólares de la ley de recortes fiscales. Lo que se reduce es la financiación anual habitual. Ambos lados pueden reclamar victoria: los demócratas detuvieron fondos adicionales, Trump evitó restricciones más duras.
¿Y la Ley SAVE America? Trump la vinculó al cierre.
Eso fue el fin de semana. Pero los senadores republicanos sugirieron abordarla después, como parte de un paquete más amplio. La Casa Blanca dijo que eso "parece ser aceptable". Es una forma de desacoplar dos batallas que no podían ganar juntas.
¿Qué significa que Kristi Noem se haya ido?
Significa que hay una cara nueva en el departamento. Markwayne Mullin es un senador de Oklahoma que se alinea con Trump, pero durante su confirmación respaldó cambios que los demócratas querían: que los jueces firmen las órdenes de registro. Es un gesto hacia la moderación, aunque sea pequeño.
¿Qué pasa si el Senado aprueba esto pero la Cámara no?
Entonces el cierre continúa. Ambas cámaras están controladas por republicanos, así que en teoría debería ser más fácil. Pero la política nunca es tan simple. Hay que ver qué dicen los conservadores más duros.