Desde Latinoamérica sí se puede construir software de nivel mundial
En un momento en que el capital de riesgo escaseaba, las startups latinoamericanas hallaron en la adquisición corporativa su camino más sólido hacia la rentabilidad: durante 2025, empresas extranjeras —en su mayoría estadounidenses— desembolsaron 4,900 millones de dólares para absorber tecnología y talento de la región, triplicando casi el volumen del año anterior. Casos como el de Lilo, la startup chilena de inteligencia artificial vendida en menos de tres años, revelan que Silicon Valley no solo mira hacia América Latina, sino que está dispuesto a pagar por lo que encuentra allí. La pregunta que subyace a cada operación es si este flujo representa el nacimiento de un ecosistema propio o una forma renovada de extracción de talento.
- Las adquisiciones de startups latinoamericanas crecieron 172% en 2025, convirtiendo la venta a corporaciones extranjeras en la salida dominante —y casi exclusiva— para los emprendedores de la región.
- El apetito de Wall Street es específico: inteligencia artificial, fintech y talento técnico son los activos más codiciados, como lo demuestran las compras de Maza por Flex y de Indicium por Databricks.
- Lilo, fundada en Chile en 2023, fue adquirida por la estadounidense Inn-Flow en menos de tres años, rompiendo el promedio regional de 11.9 años y operando ya con más de 400 hoteles en Norteamérica.
- A pesar de las ventas, el talento permanece: Lilo mantuvo su centro de ingeniería en Santiago, señal de que las empresas compradoras valoran el ecosistema técnico latinoamericano en su lugar de origen.
- La contratación de perfiles tecnológicos en la región creció 35% en 2023, alimentando un ciclo donde el talento local se vuelve cada vez más visible —y más vulnerable— ante la demanda global.
Después de años de financiamiento escaso, las startups latinoamericanas encontraron una salida inesperada: vender su tecnología a grandes corporaciones estadounidenses. En 2025, las adquisiciones por compradores extranjeros casi se triplicaron, alcanzando los 4,900 millones de dólares y representando el 67% de todas las salidas de startups en la región.
Los casos más notorios revelan el apetito preciso de Wall Street. Maza, una fintech mexicana enfocada en la comunidad hispanohablante, fue comprada por Flex en unos 40 millones de dólares. En Brasil, Databricks realizó su primera inversión latinoamericana al adquirir Indicium, especializada en inteligencia artificial, dejando claro que Silicon Valley buscaba activamente el talento en IA que florecía en la región.
El caso más revelador fue el de Lilo, una startup chilena fundada en 2023 por Javier Araya y Nadine ElAshkar. La empresa fue adquirida por Inn-Flow, firma estadounidense de soluciones para hoteles, en menos de tres años —frente al promedio regional de 11.9 años. Antes de la venta, Lilo ya automatizaba procesos de compra para más de 400 hoteles en Estados Unidos y Canadá, reduciendo hasta un 80% el tiempo de procurement y hasta un 7% el costo de insumos.
Para Araya, su tercer exit en quince años, la operación fue una validación: demostró que desde América Latina se puede construir software de nivel mundial. Inn-Flow, con más de 1,000 hoteles clientes y una retención del 98%, buscaba integrar la inteligencia artificial de Lilo a su plataforma de contabilidad, gestión laboral y compras hoteleras.
Lo que distingue a esta ola es que el talento no siempre emigra con la venta. Lilo mantuvo su centro de ingeniería en Santiago, con un equipo distribuido entre América, Europa y Asia. Ese detalle refleja algo más amplio: el talento técnico latinoamericano es lo suficientemente valioso como para conservarlo donde creció. Con la contratación de perfiles tecnológicos en la región creciendo 35% en 2023, la pregunta que persiste es si estas adquisiciones anuncian un ecosistema de innovación autosustentable o simplemente una nueva forma de extracción de talento.
Después de años de sequía en el financiamiento de riesgo, las startups latinoamericanas han encontrado una salida inesperada: vender su tecnología a grandes corporaciones estadounidenses. Durante 2025, las adquisiciones de empresas de la región por compradores extranjeros se multiplicaron por casi tres, alcanzando los 4,900 millones de dólares. Más significativo aún: estas operaciones representaron el 67% de todas las salidas de startups en América Latina, consolidándose como la ruta principal —casi la única— para que los emprendedores logren rentabilizar sus negocios.
Los casos que encabezaron esta ola revelan el apetito específico de Wall Street por talento latinoamericano. Maza, una fintech fundada por emprendedores mexicanos y latinoamericanos enfocada en la comunidad hispanohablante, fue adquirida por Flex en una operación de aproximadamente 40 millones de dólares. La compra permitió a Flex acceder a la base de usuarios y la infraestructura financiera que Maza había construido para pequeñas empresas de la región. En Brasil, Databricks —el gigante estadounidense de datos— realizó su primera inversión en una startup latinoamericana al comprar Indicium, una empresa especializada en inteligencia artificial. Ese movimiento señalaba algo claro: Silicon Valley estaba buscando activamente el talento en IA que florecía en América Latina.
Pero el caso más reciente y quizás más revelador es el de Lilo, una startup chilena de inteligencia artificial fundada apenas en 2023 por Javier Araya y Nadine ElAshkar. La empresa fue adquirida por Inn-Flow, una compañía estadounidense especializada en soluciones financieras y operativas para hoteles. Lo extraordinario no fue el tamaño de la operación sino la velocidad: mientras que una startup latinoamericana tarda en promedio 11.9 años en lograr una adquisición estratégica, Lilo lo consiguió en menos de tres años. Antes de la venta, la plataforma ya operaba con más de 400 hoteles en Estados Unidos y Canadá, automatizando procesos de compra mediante inteligencia artificial. Según la empresa, su tecnología reducía hasta un 80% el tiempo destinado a procurement y disminuía hasta un 7% el costo total de los insumos.
Para Araya, quien con esta operación completó su tercer exit en quince años, la venta representaba una validación del talento regional. "Que una empresa estadounidense consolidada haya buscado integrar nuestra tecnología demuestra que desde Latinoamérica sí se puede construir software de nivel mundial para competir en el mercado más exigente del planeta", afirmó en un comunicado. Inn-Flow, fundada en 2009 y con sede en Carolina del Norte, buscaba con la adquisición acelerar la incorporación de inteligencia artificial a su plataforma, integrando en un solo sistema la contabilidad, la gestión laboral y el procurement hotelero. La empresa ya trabajaba con más de 1,000 hoteles en Estados Unidos, contaba con más de 150 colaboradores y registraba una tasa de retención de clientes del 98%.
Lo que distingue a Lilo de otras adquisiciones es que el desarrollo tecnológico continuó anclado en América Latina. Aunque la empresa estableció su casa matriz en Nueva York, mantuvo su centro de ingeniería en Santiago de Chile, desde donde opera un equipo distribuido entre América, Europa y Asia que seguirá trabajando tras la integración. Este detalle importa porque refleja una realidad más amplia: el talento técnico de la región no solo es buscado, sino que es lo suficientemente valioso como para mantenerlo en su lugar de origen.
La tendencia se alimenta de un crecimiento más profundo en la contratación de perfiles tecnológicos. De acuerdo con datos de Deel, la contratación de profesionales técnicos en Latinoamérica creció 35% en 2023, impulsada por la demanda de multinacionales y startups de Silicon Valley. Ese flujo de capital y atención internacional abre nuevas oportunidades para que empresas de la región desarrollen productos con alcance global, aunque por ahora la mayoría de esas oportunidades terminen en una venta a un comprador estadounidense. La pregunta que queda flotando es si esta ola de adquisiciones representa el comienzo de un ecosistema de innovación latinoamericano autosustentable, o simplemente una nueva forma de extracción de talento.
Citas Notables
Que una empresa estadounidense consolidada haya buscado integrar nuestra tecnología demuestra que desde Latinoamérica sí se puede construir software de nivel mundial para competir en el mercado más exigente del planeta— Javier Araya, cofundador de Lilo
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué ahora? ¿Qué cambió para que de repente las empresas estadounidenses estén comprando startups latinoamericanas?
La sequía de capital de riesgo cerró una puerta, pero abrió otra. Cuando el financiamiento se contrajo, los emprendedores dejaron de perseguir rondas infinitas de inversión y empezaron a mirar hacia quién podría comprar su tecnología. Las corporaciones estadounidenses, mientras tanto, descubrieron que el talento en inteligencia artificial y soluciones financieras estaba aquí, y era más barato que construirlo desde cero.
Pero 4,900 millones de dólares es mucho dinero. ¿Eso es bueno para la región?
Depende de cómo lo mires. Para los fundadores como Javier Araya, es excelente: logró tres exits en quince años. Para los inversores que apostaron temprano, también. Pero si miras la región en conjunto, estás viendo que el 67% de todas las salidas de startups son adquisiciones. Eso significa que casi no hay empresas latinoamericanas que crezcan hasta convertirse en gigantes globales por sí solas.
¿Y el talento? ¿Se queda en la región?
Parcialmente. Lilo es el ejemplo: mantiene su centro de ingeniería en Santiago, pero ahora responde a una matriz en Nueva York. El talento no se va, pero el control sí. Y eso importa cuando piensas en quién decide hacia dónde va la innovación.
¿Esto puede cambiar?
El crecimiento del 35% en contratación de perfiles técnicos sugiere que hay más empresas compitiendo por talento. Si eso continúa, eventualmente algunos de esos emprendedores tendrán suficiente capital y confianza para no vender. Pero por ahora, la venta sigue siendo la salida más clara.