Sin protocolos ni vigilancia, los mismos fallos pueden ocurrir de nuevo
En junio, la comisaría de la Policía Municipal de Durango vivió dos episodios que no son meros accidentes administrativos, sino síntomas de una fragilidad institucional más honda: un detenido escapó durante una conversación con su abogado y tres patinetes incautados desaparecieron de un depósito sin vigilancia. Ambos sucesos, ocurridos en menos de un mes en una ciudad de treinta mil habitantes, revelan que las grietas en la seguridad pública no siempre nacen de la maldad, sino de la ausencia de protocolos, de infraestructuras insuficientes y de la costumbre de no aprender del error.
- Un arrestado con orden judicial de Bilbao aprovechó un instante de descuido para abrir una puerta y salir corriendo de la sala de denuncias, ante la mirada de cinco agentes que no pudieron impedirlo.
- La fuga duró apenas quince minutos, pero expuso una vulnerabilidad estructural: la comisaría de Durango carece de calabozos desde hace años, obligando a custodiar detenidos en espacios no diseñados para ello.
- Días después, tres patinetes eléctricos incautados por irregularidades desaparecieron del depósito municipal en la calle Tabira, un recinto vallado pero sin cámaras, situado junto a la concurrida piscina municipal.
- El robo convierte al Ayuntamiento de Durango en responsable civil subsidiario, con al menos dos denuncias formales presentadas por los propietarios de los vehículos.
- Fuentes internas advierten que, tras ambos incidentes, no se han adoptado medidas correctoras ni se ha informado a la plantilla, dejando a los cuarenta y cuatro agentes sin herramientas para prevenir nuevos fallos.
En junio, la comisaría de la Policía Municipal de Durango protagonizó dos incidentes que pusieron en evidencia sus carencias operativas. En el primero, un hombre detenido por orden judicial emitida desde Bilbao logró escapar mientras conversaba con su abogado de oficio en la sala de denuncias. Los cinco agentes presentes no pudieron evitar que abriera la puerta y saliera corriendo. Tras una breve persecución, el fugitivo fue localizado quince minutos después en el Casco Viejo, oculto cerca de una lonja, y se entregó sin resistencia.
El episodio tiene una explicación estructural: la comisaría de Durango no dispone de calabozos desde hace años. Cuando los casos son graves, los detenidos son trasladados a las dependencias de la Ertzaintza. En este caso, esa lógica no fue suficiente para garantizar la custodia.
Pocos días después llegó el segundo fallo. La policía había comenzado a incautar patinetes eléctricos que no cumplían la nueva ordenanza de matriculación. Tres de ellos fueron depositados en un recinto vallado en la calle Tabira, al aire libre y sin cámaras de vigilancia, en las inmediaciones de la piscina municipal. Cuando sus propietarios acudieron a retirarlos tras regularizar su documentación, los vehículos habían desaparecido. Se han presentado dos denuncias por sustracción, y el Ayuntamiento de Durango asume la responsabilidad civil subsidiaria.
Lo que más preocupa a fuentes internas no son los incidentes en sí, sino lo que vino después: ninguna medida correctora, ninguna comunicación a la plantilla de cuarenta y cuatro agentes. Una ciudad de treinta mil habitantes y su fuerza policial quedaron expuestas no solo por vulnerabilidades físicas, sino por la ausencia de protocolos y de voluntad institucional para aprender del error.
En junio, la comisaría de la Policía Municipal de Durango experimentó dos fallos de seguridad que expusieron grietas profundas en sus operaciones. El primero ocurrió cuando un hombre arrestado por una orden judicial emitida desde Bilbao aprovechó un momento de distracción para escapar mientras se encontraba en la sala de denuncias conversando con su abogado de oficio. Los cinco agentes presentes en las dependencias, incluido el responsable operativo del turno, no lograron evitar que el detenido abriera la puerta y saliera corriendo. Los policías lo persiguieron de inmediato. El fugitivo se ocultó primero detrás de unos arbustos, luego se dirigió hacia una lonja en el Casco Viejo, donde fue localizado quince minutos después. Finalmente se entregó sin resistencia.
La ausencia de calabozos en la comisaría de Durango, que carece de estas instalaciones desde hace años, explica parcialmente por qué el detenido se encontraba en una sala de denuncias en lugar de estar en una celda segura. Cuando se trata de casos graves, con sospechosos violentos o acusados de delitos como agresión sexual, la práctica es realizar las primeras diligencias y trasladar al detenido a las dependencias de la Ertzaintza en la misma ciudad, donde se completa el atestado y se lleva ante el juzgado. En este caso, el procedimiento no fue suficiente para contener al arrestado.
Pocos días después, en el mismo mes de junio, ocurrió el segundo incidente. Desde el primero de enero, las patrullas municipales habían estado informando a los usuarios de patinetes eléctricos sobre una ordenanza que exigía matriculación y certificado para estos vehículos de movilidad urbana. Recientemente, la policía comenzó a denunciar las irregularidades. Durante varios días, los agentes incautaron tres patinetes que no cumplían la normativa y los depositaron en un espacio vallado pero al aire libre en la calle Tabira, junto a vehículos retenidos por mal aparcamiento, mientras sus propietarios regularizaban la documentación.
El depósito está cerrado con llave y solo pueden acceder policías y personal municipal autorizado. Sin embargo, es posible entrar saltando la valla. Lo más preocupante es que la zona carece completamente de cámaras de vigilancia u otras medidas de seguridad. Su ubicación, en las inmediaciones de la piscina municipal, la hace especialmente vulnerable durante los días calurosos cuando hay mucho movimiento de personas. Cuando los dueños de los patinetes acudieron a retirar sus vehículos después de matricularlos y obtener el certificado requerido, descubrieron que habían desaparecido. Alguien los había robado del depósito. Hasta el momento se han presentado dos denuncias por sustracción, lo que convierte al Ayuntamiento de Durango en responsable civil subsidiario.
Durango es la cabecera de comarca con una población de treinta mil habitantes y una plantilla de cuarenta y cuatro agentes de Policía Municipal. Fuentes internas denuncian que estos dos incidentes ocurrieron en menos de un mes y los atribuyen a la ausencia de un protocolo claro que especifique cómo actuar en estas situaciones. Lo más grave es que, después de que ambos fallos se produjeron, no se han adoptado medidas correctoras para evitar que se repitan. También critican la falta de información a la plantilla sobre lo sucedido, algo que debería haberse comunicado para que los agentes pudieran identificar y recuperar los patinetes robados si los encontraban en la calle. Los fallos de seguridad revelan no solo vulnerabilidades físicas sino también una ausencia de coordinación y previsión institucional.
Citas Notables
El detenido abrió la puerta y se marchó corriendo ante la sorpresa de su abogado— Relato de los hechos
Fuentes internas denuncian la ausencia de un protocolo que aclare cómo se debe actuar en estos casos— Fuentes internas de la policía municipal
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo es posible que un detenido escape de una comisaría mientras habla con su abogado?
El hombre estaba en la sala de denuncias, no en una celda. La comisaría no tiene calabozos desde hace años, así que los detenidos se quedan en espacios abiertos. Aprovechó un descuido de los cinco agentes presentes.
¿Y por qué no hay calabozos?
No está claro en los registros, pero la práctica es trasladar a los detenidos graves a la Ertzaintza. En este caso, parece que el procedimiento falló.
¿Qué pasó con los patinetes?
Fueron incautados por no tener documentación. Los dejaron en un depósito al aire libre, sin cámaras, cerca de la piscina. Alguien saltó la valla y se los llevó.
¿Quién es responsable?
El Ayuntamiento es responsable civil subsidiario. Pero lo más preocupante es que no hay protocolos claros y la plantilla ni siquiera fue informada de lo que pasó.
¿Se espera que esto se repita?
Las fuentes internas lo sugieren. Sin medidas correctoras ni protocolos, los mismos fallos pueden ocurrir de nuevo.