«FAFO parenting»: la tendencia que propone dejar que los chicos aprendan solos y reaviva el debate sobre los límites

Los niños expuestos a este enfoque pueden experimentar desamparo emocional, vergüenza y dificultades para procesar experiencias que superan su nivel de desarrollo.
Los niños aprenden de cómo los adultos los acompañan, no solo de las consecuencias
Emma Svanberg advierte que el desamparo emocional durante las consecuencias causa vergüenza e aislamiento, no aprendizaje.

El "FAFO parenting" ("probá y descubrí qué pasa") surge como reacción al agotamiento parental ante la crianza respetuosa, proponiendo que los chicos experimenten consecuencias sin protección adulta. Expertos advierten que este enfoque corre el riesgo de causar desamparo emocional y negligencia parental, confundiendo la autonomía infantil con la ausencia de cuidado responsable.

  • El "FAFO parenting" surge como reacción al agotamiento parental ante la crianza respetuosa
  • Un video viral mostró a una madre dejando a su hijo afuera en la oscuridad hasta que llorara
  • Psicólogas advierten que confunde autonomía con negligencia parental
  • La crianza respetuosa con límites requiere asimetría clara entre adultos y niños

El "FAFO parenting" propone que los niños aprendan únicamente de las consecuencias de sus actos sin intervención adulta. Psicólogas advierten que confunde autonomía con negligencia y representa una reacción extrema contra la crianza respetuosa.

Un niño dice que quiere irse de casa después de una discusión con sus padres. La madre abre la puerta, lo deja afuera en la oscuridad, y espera a que llore y ruegue para volver a entrar. El video se viralizó hace meses, ejemplificando una tendencia que circula en redes sociales bajo el nombre de "FAFO parenting"—una sigla que proviene de la expresión inglesa "Fuck Around and Find Out", que podría traducirse como "probá y descubrí qué pasa". El concepto propone un estilo de crianza donde los niños aprenden exclusivamente a través de las consecuencias de sus actos, sin intervención protectora de los adultos. Si un chico no quiere ponerse abrigo en invierno, que sufra el frío. Si se sube a un juego que no es apto para su edad, que se caiga.

Esta propuesta surge como una reacción extrema al agotamiento parental. Según un artículo publicado el año pasado en The Wall Street Journal, los padres están abandonando el enfoque permisivo de la crianza respetuosa y adoptando una postura más firme, descrita como "superar en crueldad a sus hijos". Pero detrás de esta lógica que simula enfrentar posiciones opuestas, emerge una pregunta fundamental: cuál es el rol de los adultos, dónde están los límites reales, y cómo se define la responsabilidad parental cuando se expone a los niños a consecuencias indeseadas sin actuar como cuidadores.

Para la psicóloga y socióloga Claudia Messing, el propio nombre del método revela el clima emocional en el que surge: padres que sienten que sus hijos desafían su autoridad. El "FAFO parenting" es una contrarreacción al agotamiento de muchos adultos ante la crianza respetuosa, cuyo aporte fundamental ha sido la posibilidad de empatizar, entender los sentimientos de los niños, ayudarlos a expresar lo que sienten, y plantear límites con firmeza y con amor. Pero en este último punto es donde muchos padres no han encontrado el equilibrio y se sienten superados por las respuestas de sus hijos. Los adultos oscilan entre empatizar y volver al autoritarismo cuando ya se agotaron de negociar. Lo que más llama la atención a Messing del video viral es la dureza, la distancia y la voz neutra de la madre, que no duda en hacer vivir a su niño una experiencia corta y contundente de desamparo. El riesgo más alarmante de estos enfoques es que el adulto deje de asumir su responsabilidad y deje en manos de la experiencia el proceso de aprendizaje.

La psicóloga Carolina Mora advierte que la crianza respetuosa suele simplificarse de manera equivocada. El paradigma es tan sencillo como entender que los niños son personas igual que los adultos, que merecen explicaciones, que tienen voz y pueden decir si algo les molesta, que sus emociones son válidas. Sin embargo, este enfoque muchas veces se malinterpreta como ausencia de límites. El problema no es el límite en sí, sino la forma en que se comunica. Si un hijo está en una situación de riesgo o quiere hacer algo con lo que los padres no están de acuerdo, tienen que decir que no. La diferencia con los modelos autoritarios está en el modo de sostener esa decisión: no es ese no arbitrario de "no porque soy tu padre", sino un no con información, explicando por qué algo es peligroso. Ese límite se comunica, se sostiene, pero además se valida y acompaña la emoción que viene con la frustración. La clave está en mantener la asimetría necesaria entre adultos y chicos: no hay crianza posible sin esa asimetría entre quien cuida y quien es cuidado.

Messing describe un cambio profundo en el vínculo entre adultos y chicos en las últimas décadas. Hoy muchos niños se sienten "de igual a igual" con los adultos, lo que hace más difícil que puedan reconocerlos como figuras protectoras. Esta "simetría inconsciente" implica que los hijos copien masivamente a sus padres como si estuvieran frente a un espejo, pero sin lograr internalizar una diferencia jerárquica clara. Así, los niños viven los límites como una injusticia o una agresión, mientras que muchos padres sienten inseguridad al momento de sostenerlos. El riesgo de propuestas como el "FAFO parenting" es profundizar esa confusión de roles.

Otro punto de debate es hasta qué punto dejar que los chicos experimenten las consecuencias de sus actos puede convertirse en una forma de descuido. Para Mora, es importante distinguir entre permitir experiencias acordes a la edad y retirarse del rol de cuidado. Las consecuencias reales de las acciones que tomamos son algo natural y que surgen espontáneamente: si un niño no se lava los dientes, puede tener caries; si no presta atención al jugar, puede caerse. Pero promover la autonomía no implica desentenderse de la protección. Si un hijo quiere cruzar la calle sin mirar, los padres no pueden dejar que esto suceda para que entienda las consecuencias naturales. Lo mismo si un niño no quiere lavarse los dientes: no se puede decir "es tu decisión, vamos a ver las consecuencias naturales a largo plazo". Si están en una plaza y hay un juego donde creen que su hijo necesita más cuidado, se acercan y le dicen que preste atención porque el escalón es muy alto. Están cerca, pero no evitan que se caiga si está distraído. Distinto a esto es dejar subir a un niño de dos años a un juego apto recién para niños de cinco años. Incorporar las consecuencias naturales es válido, siempre que no implique negligencia parental.

Emma Svanberg, psicóloga y autora de Parenting for Humans, advierte sobre el peligro de llevar este tipo de crianza demasiado lejos. Los niños no solo aprenden de las consecuencias; aprenden de cómo los adultos los acompañan durante esas consecuencias. Si este tipo de crianza se desentiende emocionalmente, los niños pueden interiorizar la vergüenza, sentirse desamparados o tener dificultades para comprender experiencias que superan su nivel de desarrollo. El riesgo no es la independencia, sino el aislamiento emocional y la vergüenza. Tanto Messing como Mora coinciden en que la crianza respetuosa no implica ausencia de límites. El problema aparece cuando el concepto se simplifica y se transforma en una falsa oposición entre permisividad y mano dura. Hay que dejar de culpabilizar a los padres y entender que los desafíos que plantea la crianza actual son nuevos, complejos y no se solucionan volviendo a posiciones extremas. La propuesta es que los chicos participen en la resolución de los conflictos cotidianos, pero sin quedar solos frente a decisiones que todavía no pueden sostener. Se trata de involucrarlos de acuerdo con su edad, ofreciendo alternativas definidas previamente por el adulto. Después de ser escuchados y validados, los chicos pueden asumir las consecuencias de sus elecciones dentro de un marco de cuidado.

El adulto no se hace responsable de la crianza y deja en manos de la experiencia el proceso de aprendizaje
— Claudia Messing, psicóloga y socióloga
Los niños pueden interiorizar la vergüenza, sentirse desamparados o tener dificultades para comprender experiencias que superan su nivel de desarrollo
— Emma Svanberg, psicóloga y autora de Parenting for Humans
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué crees que los padres están tan agotados que necesitan una salida tan extrema como esta?

Model

Porque la crianza respetuosa prometió empatía y límites con amor, pero muchos adultos no encontraron cómo sostener ambas cosas a la vez. Se agotaron negociando, y cuando eso no funcionó, volvieron al autoritarismo.

Inventor

Pero ¿no es cierto que los niños necesitan aprender de sus errores?

Model

Claro que sí. El problema es que el "FAFO parenting" confunde aprender de las consecuencias con abandonar el rol de cuidador. Un niño puede caerse del juego y aprender, pero con un adulto cerca que lo acompaña emocionalmente después.

Inventor

¿Qué diferencia hay entre un límite respetuoso y uno autoritario?

Model

La diferencia está en la información y la validación. Un límite autoritario es "no, porque soy tu padre". Un límite respetuoso es "no podés hacer eso porque es peligroso, te podés lastimar", y luego abrazas al niño cuando se frustra.

Inventor

¿Entonces los padres nunca deberían dejar que sus hijos sufran?

Model

No es eso. Los niños sufren naturalmente cuando cometen errores. Pero hay una diferencia entre permitir que experimenten esas consecuencias y deliberadamente exponerlos al desamparo emocional.

Inventor

¿Qué pasa con esa simetría que mencionas, esa sensación de que los niños se sienten iguales a los adultos?

Model

Es un cambio profundo. Los niños copian a sus padres como si fueran un espejo, pero sin entender que hay una diferencia jerárquica necesaria. Cuando esa asimetría se pierde, los límites se viven como injusticias, no como protección.

Inventor

¿Cuál es el equilibrio real que deberían buscar los padres?

Model

Involucrar a los niños en resolver conflictos según su edad, ofrecerles alternativas que el adulto ya definió, escucharlos, validar sus emociones, pero siempre manteniendo el cuidado. No es permisividad ni mano dura. Es firmeza con amor.

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