'Extraño río': debut cautivador que reinventa el cine catalán con poesía y deseo

El fluir constante que desafía la coherencia, como la vida misma
Claret Muxart rechaza la estructura narrativa convencional para capturar la turbulencia emocional de la adolescencia.

En las orillas del Danubio alemán, un adolescente catalán descubre que el deseo no tiene mapas ni destinos claros. Jaume Claret Muxart presenta en Venecia su ópera prima, Extraño río, una película que convierte un viaje familiar en bicicleta en una meditación poética sobre el despertar emocional y sexual, la identidad y el fluir incierto de la juventud. Con ecos de Bergman, Schanelec y Petzold, el filme no solo inaugura una voz nueva en el cine español, sino que señala un giro más amplio hacia formas narrativas donde el sueño y la fábula conviven con el naturalismo.

  • Un adolescente llamado Dídac navega ese territorio sin nombre donde el deseo aparece antes de que uno sepa cómo nombrarlo, y la película no le ofrece respuestas fáciles.
  • La figura de un joven que nada desnudo bajo el agua irrumpe en el viaje como una aparición mitológica, desestabilizando la frontera entre lo real y lo proyectado.
  • Las tensiones familiares hierven en silencio bajo la convivencia del viaje, mientras la cámara en 16 milímetros captura cuerpos y paisajes con una textura onírica que desafía la narrativa convencional.
  • Venecia recibió el filme con una gran ovación, reconociendo en él no solo un debut prometedor sino una apertura genuina hacia nuevos territorios del cine en español.
  • Junto a Romería de Carla Simón, Extraño río marca un giro generacional en el cine catalán: la poesía y la fábula entran donde antes solo habitaba el naturalismo sensible.

Jaume Claret Muxart llega al cine con una película que parece sencilla en la superficie pero que bucea en aguas profundas. Extraño río sigue a una familia recorriendo en bicicleta la ribera alemana del Danubio durante el verano, pero el verdadero viaje es interior: el despertar de Dídac, un adolescente en ese momento frágil donde todo duele y todo importa demasiado. Su madre memoriza versos de Hölderlin; su padre es arquitecto; hay dos hermanos menores. Lo que podría ser una historia familiar ordinaria se convierte, en manos del director, en algo más cercano a un poema que a una narrativa convencional.

El corazón del filme late en el despertar sexual y amoroso de Dídac. Sabemos que está enamorado de un chico que no le corresponde con claridad. Y entonces aparece una figura misteriosa, un joven que nada desnudo bajo el agua como un ser mitológico, que reaparece a lo largo del viaje y que todo sugiere es una proyección del deseo incipiente del protagonista, quizás no del todo real. La fotografía en 16 milímetros de Pablo Paloma tiene una cualidad onírica, y la música de Nika Son envuelve cada escena con una melancolía contemplativa.

Claret Muxart llama a su película un flowing of age, jugando con el género del coming of age pero enfatizando el fluir constante, tanto del agua de los ríos como de una narrativa que desafía la coherencia y la resolución. Sus referentes son europeos —Schanelec, Petzold, Apichatpong, Hansen-Løve— pero también los clásicos: Bergman, Renoir, Pialat. Lo que emerge es una síntesis que podría desconcertar a quienes buscan una trama clara, pero que para otros respira como la vida misma.

Junto a Romería de Carla Simón, el filme marca un giro visible en el cine catalán contemporáneo: el sueño, la fábula y la poesía entran a convivir con el naturalismo sensible que había dominado el cine de autor español reciente. La ovación en Venecia no fue solo un reconocimiento a un debut cautivador, sino a una apertura hacia nuevos caminos para el cine que se hace en español.

Jaume Claret Muxart llega al cine con una película que parece simple en la superficie pero que bucea en aguas profundas. Extraño río cuenta la historia de una familia en bicicleta recorriendo la ribera alemana del Danubio durante unas vacaciones de verano, pero lo que importa no es el destino sino lo que sucede en el camino: el despertar de un adolescente a sus propios deseos, las tensiones que hierven bajo la convivencia familiar, las preguntas sin respuesta sobre quién es uno mismo.

Dídac es el protagonista, un chico en ese momento frágil de la adolescencia donde todo duele y todo importa demasiado. Su madre, Mónica, es actriz de teatro y viaja memorizando versos de Hölderlin. Su padre, Albert, es arquitecto. Hay dos hermanos menores. Lo que podría ser un viaje familiar ordinario se convierte, en manos de Claret Muxart, en algo más parecido a un poema que a una narrativa convencional. La cámara se mueve con los cuerpos, el montaje acelera y desacelera como el pulso de la adolescencia misma. La fotografía en 16 milímetros de Pablo Paloma tiene una cualidad onírica, y la música de Nika Son envuelve cada escena con una melancolía que no es triste sino contemplativa.

El director no suaviza nada. Muestra los temblores de crecer sin hacer énfasis, sin subrayar lo obvio. Están las peleas entre hermanos, los momentos de masturbación a escondidas, los dolores en las piernas por el crecimiento. Pero el corazón de la película late en otro lugar: en el despertar sexual y amoroso de Dídac. Sabemos, por una conversación con su padre, que está enamorado de un chico que no le corresponde con claridad. Y entonces aparece otra figura, un joven que nada desnudo bajo el agua como si fuera un ser mitológico. Lo vemos varias veces a lo largo del viaje, pero todo sugiere que es una proyección, una manifestación del deseo incipiente de Dídac, quizás ni siquiera real.

Extraño río representa algo más amplio que un debut promisorio. Junto con Romería de Carla Simón, marca un giro visible en lo que se ha entendido como cine catalán en los últimos años. Ambas películas añaden sueño, fábula y poesía a ese naturalismo sensible que ha dominado buena parte del cine de autor español reciente. Los referentes de Claret Muxart son europeos: la minimalista lírica de Angela Schanelec, la precisión de Christian Petzold, la sensualidad de Apichatpong Weerasethakul, la intimidad de Mia Hansen-Løve. Pero también están los clásicos: Bergman, Renoir, Pialat. Lo que emerge es una síntesis, algo que podría haber sido Call Me by Your Name si Angela Schanelec la hubiera dirigido.

El director llama a su película un flowing of age, jugando con el género del coming of age pero enfatizando el fluir, ese movimiento constante que define tanto el agua de los ríos que marcan el paisaje como la propia narrativa, que desafía constantemente la coherencia. Eso puede desconcertar a algunos espectadores, frustrar a quienes buscan una trama clara y resuelta. Pero para otros, es precisamente esa cualidad la que hace que Extraño río respire como la vida misma: sin estructura predecible, con saltos emocionales, con momentos de belleza que no se pueden explicar del todo. La película recibió una gran ovación en Venecia, y con razón. No es solo un debut cautivador. Es una apertura hacia nuevos caminos para el cine que se hace en español.

El director califica su película como flowing of age, jugando con el género del coming of age pero enfatizando el fluir que es tan importante en el filme
— Jaume Claret Muxart
Extraño río añade sueño, fábula y poesía al naturalismo sensible que ha dominado el cine de autor español reciente
— Crítica de la película
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué un viaje en bicicleta por el Danubio? ¿Qué tiene de especial ese escenario?

Model

El viaje es el pretexto, pero el verdadero territorio es interior. El Danubio, el movimiento constante, el paisaje exuberante, todo eso refleja la turbulencia emocional de Dídac. No es un lugar turístico, es un espacio donde las cosas pueden suceder sin que nadie las controle.

Inventor

Mencionas que el joven que nada bajo el agua podría no ser real. ¿Cómo funciona eso narrativamente?

Model

Es una ambigüedad deliberada. Claret Muxart no nos dice si existe o no. Lo que importa es que existe en la mente de Dídac, en su deseo. La película respeta esa incertidumbre, esa confusión que es la adolescencia.

Inventor

¿Qué diferencia hay entre esto y el cine catalán que se hacía antes?

Model

Antes había mucho naturalismo sensible, mucha observación de la realidad cotidiana. Aquí hay eso, pero también hay sueño, hay fábula. La madre recita a Hölderlin mientras viajan. Hay una cualidad poética que antes no estaba tan presente.

Inventor

¿Por qué es importante que sea un debut?

Model

Porque muestra que hay nuevas voces que no están repitiendo lo que ya se ha hecho. Claret Muxart no necesita años de experiencia para saber cómo contar una historia. Nace sabiendo, o al menos eso parece.

Inventor

La fotografía en 16 milímetros, la música de Nika Son... ¿son decisiones estéticas o narrativas?

Model

Son lo mismo. La forma es el contenido. El 16 milímetros le da una textura onírica que es inseparable de lo que la película quiere decir sobre la adolescencia. La música no acompaña la historia, la es.

Inventor

¿Qué espectadores van a frustrase con esta película?

Model

Los que buscan claridad, resolución, una trama que avance de A a B a C. Extraño río fluye, como su título sugiere. No siempre sabes dónde estás o qué está pasando. Pero eso es precisamente lo que la hace viva.

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