Expertos latinoamericanos recomiendan suplementos de vitaminas y minerales para prevenir deterioro cognitivo

El deterioro cognitivo y la demencia afectan creciente y desproporcionadamente a adultos mayores en América Latina, especialmente a poblaciones vulnerables con acceso limitado a nutrientes esenciales.
El deterioro cognitivo es prevenible, pero requiere acción
Según los expertos, las deficiencias de micronutrientes generan un deterioro cognitivo precoz que puede evitarse con intervención nutricional adecuada.

América Latina atraviesa una de las transiciones demográficas más aceleradas del mundo, y con ella emerge una pregunta que toca la dignidad humana en su forma más íntima: ¿cómo preservar la mente mientras el cuerpo envejece? Un panel de nueve especialistas de cinco países propone que los suplementos multivitamínicos y minerales, lejos de ser una solución mágica, pueden funcionar como un puente concreto hacia el envejecimiento sin enfermedad, especialmente para quienes el acceso a una dieta completa sigue siendo un privilegio inalcanzable. La ciencia, en este caso, no llega como promesa sino como reconocimiento de una deuda social pendiente.

  • Para 2060, uno de cada tres latinoamericanos superará los 60 años, y los sistemas de salud de la región no están preparados para la ola de deterioro cognitivo que se aproxima.
  • El 'hambre oculta' —deficiencias de vitaminas B, C, D, E, zinc, magnesio y selenio sin que falten calorías— afecta silenciosamente a millones de adultos mayores, erosionando su memoria y capacidad de razonamiento de forma prevenible.
  • Nueve expertos de México, Brasil, Colombia, Argentina y Chile revisaron la evidencia disponible y publicaron un consenso en la revista Nutrients que coloca a los suplementos multivitamínicos como herramienta complementaria de salud pública.
  • El estudio COSMOS-Mind respalda que la suplementación diaria puede equivaler a retrasar el envejecimiento cerebral hasta dos años, aunque los especialistas advierten que no reemplaza una alimentación saludable.
  • La estrategia propuesta exige supervisión profesional, revisión individual de carencias y programas públicos que garanticen acceso a nutrientes esenciales para las poblaciones más vulnerables.

América Latina envejece a un ritmo que pocas regiones del mundo han experimentado: si hoy el 13% de su población supera los 60 años, en 2060 esa cifra llegará al 30%. Este cambio demográfico ha convertido la salud cerebral de los adultos mayores en una urgencia colectiva, y un grupo de nueve especialistas —nutricionistas, geriatras y neurólogos de México, Brasil, Colombia, Argentina y Chile— decidió responder con evidencia.

Su consenso, publicado en la revista Nutrients, propone los suplementos multivitamínicos y minerales como estrategia complementaria para proteger el cerebro envejecido. La médica nutricionista Mónica Katz, de la Universidad Favaloro de Argentina, explicó que vitaminas del complejo B, C, D y E, junto con zinc, magnesio, cromo y selenio, son esenciales para la memoria, el aprendizaje y el funcionamiento neuronal. Cuando escasean, el deterioro cognitivo avanza —y en gran parte de la región, escasean con frecuencia.

El problema no es solo biológico: es estructural. La dieta MIND, considerada ideal para la salud cerebral, requiere frutas frescas, pescados de calidad y aceites especializados que están fuera del alcance de amplios sectores de la población. El llamado 'hambre oculta' —tener suficientes calorías pero carecer de micronutrientes— es uno de los desafíos sanitarios más extendidos del mundo, y sus consecuencias cognitivas son prevenibles.

El respaldo científico incluye el estudio COSMOS-Mind, que demostró que la suplementación diaria puede prevenir algunos signos del deterioro cognitivo con un efecto comparable a retrasar el envejecimiento cerebral aproximadamente dos años. Aun así, los expertos fueron precisos: los suplementos no reemplazan la alimentación, sino que la complementan, y su utilidad es mayor en quienes tienen deficiencias reales o acceso limitado a una dieta variada.

Las recomendaciones prácticas del consenso incluyen revisar la alimentación de cada adulto mayor para detectar carencias, usar suplementos cuando sea necesario bajo supervisión profesional, y diseñar programas de salud pública que garanticen acceso a nutrientes esenciales para los más vulnerables. Lo que está en juego, en última instancia, es la capacidad de millones de personas para mantener su memoria, su claridad y su independencia mientras envejecen.

América Latina envejece más rápido que casi cualquier otra región del mundo. Hace una década, uno de cada ocho habitantes superaba los 60 años. Para 2060, será uno de cada tres. Este cambio demográfico acelerado ha puesto la salud cerebral de los adultos mayores en el centro de una conversación urgente: cómo frenar el deterioro cognitivo y la demencia que acompañan al envejecimiento.

Un panel de nueve expertos —nutricionistas, geriatras y neurólogos de México, Brasil, Colombia, Argentina y Chile— se reunió durante varias sesiones virtuales para revisar la mejor evidencia disponible y elaborar nuevas recomendaciones. Su trabajo, publicado recientemente en la revista Nutrients, apunta hacia una estrategia simple pero potencialmente transformadora: suplementos multivitamínicos y minerales como herramienta complementaria para proteger el cerebro envejecido.

Mónica Katz, médica nutricionista y directora de programas de posgrado en nutrición de la Universidad Favaloro de Argentina, fue una de las voces principales del consenso. Explicó que el deterioro cognitivo es cada vez más un problema de salud pública en la región, impulsado tanto por el envejecimiento rápido como por deficiencias generalizadas de micronutrientes. Las vitaminas C, D y del complejo B, junto con minerales como hierro, zinc, magnesio, cromo y selenio, son especialmente críticas para el funcionamiento neuronal, la memoria y la capacidad de aprender cosas nuevas. Cuando estos nutrientes escasean, el cerebro pierde su capacidad de recordar, comprender y procesar información.

El problema es que aunque una dieta equilibrada podría cubrir estas necesidades, factores económicos y sociales hacen que esto sea prácticamente inalcanzable para muchas personas en América Latina. La dieta MIND, considerada ideal para la salud cerebral porque combina elementos de la dieta mediterránea con el patrón DASH, requiere acceso regular a frutas frescas, pescados de calidad y aceites especializados —lujos que están fuera del alcance de amplios sectores de la población. Katz enfatizó que lo que los expertos llaman "hambre oculta" —la carencia de micronutrientes a pesar de tener suficientes calorías— es uno de los desafíos sanitarios más prevalentes a nivel global, y que el deterioro cognitivo resultante es prevenible.

El consenso recomienda específicamente suplementos que contengan vitaminas B, C, D, E, zinc, magnesio y selenio. La evidencia que respalda esta recomendación incluye el estudio COSMOS-Mind, publicado el año pasado en The American Journal of Clinical Nutrition, que demostró que la suplementación diaria puede prevenir algunos signos del deterioro cognitivo. Los expertos calculan que el efecto es comparable al de retrasar el envejecimiento cerebral aproximadamente dos años.

Pero los especialistas fueron cuidadosos en aclarar lo que los suplementos no son: no reemplazan una alimentación saludable, sino que la complementan. Los suplementos multivitamínicos y minerales tienen un buen perfil de seguridad cuando se usan en dosis apropiadas bajo supervisión profesional, pero su utilidad es mayor en personas que realmente tienen deficiencias nutricionales, que no pueden variar su dieta o que viven en entornos con acceso limitado a nutrientes esenciales.

Katz resumió la estrategia como "sencilla": permite a los sistemas de salud tomar decisiones específicas y ofrece a las familias una oportunidad concreta para ayudar a los adultos mayores a mantener su autonomía cognitiva. El impacto potencial es doble: comunicar la importancia de la alimentación completa y variada, mientras se reconoce que los suplementos pueden ser un puente realista hacia lo que los expertos llaman "envejecimiento subpatogénico" —envejecer sin enfermedad.

Aunque el consenso reconoce limitaciones —la evidencia sobre suplementos en la población general sigue siendo limitada, y faltan datos nacionales específicos sobre el estado nutricional de los mayores en la región— los expertos ofrecieron recomendaciones prácticas: revisar la alimentación de cada persona mayor para identificar carencias, usar suplementos como complemento cuando sea necesario, asegurar que médicos y familias comprendan cuándo son realmente útiles, y crear programas de salud pública que garanticen que los adultos mayores vulnerables reciban los nutrientes que necesitan. Lo que está en juego es la capacidad de millones de personas para mantener su memoria, su claridad mental y su independencia mientras envejecen.

El deterioro cognitivo es un problema de salud pública creciente en América Latina, impulsado por el envejecimiento rápido y las deficiencias generalizadas de micronutrientes
— Mónica Katz, médica nutricionista, Universidad Favaloro
Se trata de un desorden prevenible, pero por múltiples razones sociales y culturales las deficiencias no se cubren adecuadamente en la región
— Mónica Katz
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué ahora? ¿Qué cambió para que un panel de expertos decidiera hacer estas recomendaciones precisamente en 2025?

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El envejecimiento de América Latina se aceleró de manera dramática. Hace poco éramos una región joven. Ahora, en menos de 35 años, uno de cada tres habitantes tendrá más de 60 años. Los sistemas de salud no estaban preparados para esto, y el deterioro cognitivo empezó a aparecer como una crisis silenciosa.

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¿Silenciosa? ¿No se habla de demencia?

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Se habla, pero no como un problema de nutrición prevenible. Se habla como si fuera inevitable, como si envejecer significara perder la mente. Lo que estos expertos están diciendo es diferente: muchos casos de deterioro cognitivo no son inevitables. Son prevenibles si se abordan las deficiencias nutricionales.

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Pero la gente come. ¿Cómo pueden tener deficiencias de vitaminas?

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Esa es la pregunta clave. El hambre oculta es exactamente eso: puedes estar comiendo lo suficiente en calorías pero carecer de los micronutrientes que tu cerebro necesita. En América Latina, muchas personas comen carbohidratos baratos pero no tienen acceso regular a frutas frescas, pescado o aceites de calidad. Es un problema de acceso y precio, no de ignorancia.

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Entonces los suplementos son un parche.

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Son un puente. Katz fue clara: no reemplazan la comida sana. Pero para alguien que vive en un lugar donde las frutas frescas cuestan el doble que en otros países, o donde no hay pescado disponible, un suplemento es la diferencia entre mantener la memoria o perderla.

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¿Y si todos empiezan a tomar suplementos sin necesitarlos?

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Por eso el consenso insiste en que deben usarse bajo supervisión profesional y solo cuando hay realmente una carencia. Los expertos advirtieron que el exceso puede ser peligroso. No es una solución universal. Es una herramienta para poblaciones específicas en situaciones específicas.

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¿Qué viene ahora?

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Los países necesitan crear programas de salud que identifiquen quién realmente tiene deficiencias, educar a médicos y familias sobre cuándo los suplementos son útiles, y garantizar que los adultos mayores vulnerables tengan acceso a lo que necesitan. Sin eso, estas recomendaciones quedan solo en el papel.

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