Expertos advierten: perros sueltos en el campo amenazan más de 80 especies silvestres

Un perro suelto puede recorrer treinta kilómetros diarios, amplificando su radio de impacto
Los investigadores explican por qué la movilidad de los canes descontrolados multiplica el daño a los ecosistemas.

En las ecorregiones de Argentina, la frontera entre el mundo doméstico y el mundo salvaje se ha vuelto porosa y peligrosa: perros sin supervisión recorren áreas protegidas, perturbando ecosistemas que tardaron milenios en equilibrarse. Un estudio del INIBIOMA ha puesto cifras a lo que muchos intuían, revelando que más de ochenta especies silvestres —algunas al borde de la extinción— sufren las consecuencias de una convivencia mal gestionada. La pregunta que emerge no es si los perros son una amenaza, sino si los humanos estamos dispuestos a asumir la responsabilidad que implica compartir el territorio con la vida silvestre.

  • Perros sueltos fueron detectados en el 75% de las áreas protegidas estudiadas, convirtiendo espacios de conservación en zonas de riesgo permanente para la fauna nativa.
  • Siete de cada cien especies afectadas ya están en peligro de extinción, y animales emblemáticos como el huemul, el pudú y los flamencos figuran entre las víctimas documentadas.
  • El daño va más allá de los ataques físicos: el estrés acústico, el abandono de hábitats y la transmisión de enfermedades como rabia, leptospirosis y distemper amplían silenciosamente el impacto.
  • Un solo perro suelto puede recorrer hasta treinta kilómetros en un día, y se estima que apenas el 30% de los incidentes son presenciados por humanos, lo que sugiere que el problema real es mucho mayor.
  • Los investigadores no piden eliminar a los perros, sino transformar radicalmente los hábitos de tenencia: vacunación, esterilización, confinamiento y paseos con correa como actos de responsabilidad ambiental.

En Argentina, investigadores del INIBIOMA han documentado con rigor científico un problema que muchos ignoraban: perros sin supervisión recorren libremente ecorregiones enteras, alterando ecosistemas y poniendo en riesgo la supervivencia de más de ochenta especies silvestres. El estudio, dirigido por Lucía Zamora, Agustina di Virgilio y Sergio Lambertucci, y publicado en Biological Conservation, revela que el 68% de los encuestados había presenciado ataques de perros a animales salvajes, y que siete de cada cien especies afectadas ya están clasificadas en peligro de extinción, entre ellas el huemul, el pudú, la taruca, los pingüinos y los flamencos.

El impacto no se reduce a mordidas y persecuciones. Los ladridos y el olor de los canes generan estrés crónico en la fauna nativa, forzando a muchas especies a abandonar sus hábitats tradicionales. A esto se suma el rol de los perros como vectores de enfermedades: desde patologías zoonóticas como la rabia y la leptospirosis, que también afectan a humanos, hasta el parvovirus y el distemper, que golpean directamente a la vida silvestre local.

Lo más revelador del estudio es la escala del problema dentro de los propios espacios de conservación. De las doscientas cuarenta áreas protegidas analizadas, el 75% tenía perros sueltos, y en el 62% se documentaron eventos de caza o persecución. Dado que un perro puede recorrer hasta treinta kilómetros en un día, y que apenas el 30% de los incidentes son observados por personas, la magnitud real del fenómeno supera con creces lo registrado.

La respuesta de los investigadores no apunta a la prohibición, sino a un cambio cultural profundo. Vacunar, esterilizar, confinar y pasear con correa son medidas concretas que, aplicadas masivamente en un país donde el 60% de la población tiene al menos un perro, podrían transformar la relación entre el mundo doméstico y el mundo salvaje.

En las regiones de Argentina, investigadores han documentado un problema que trasciende los límites de los parques nacionales y las reservas naturales: perros sin supervisión recorren libremente el campo, alterando ecosistemas enteros y poniendo en riesgo la supervivencia de decenas de especies silvestres. Un estudio reciente del INIBIOMA, dirigido por Lucía Zamora, Agustina di Virgilio y Sergio Lambertucci, ha cuantificado el alcance de esta amenaza, revelando que más de ochenta especies diferentes sufren las consecuencias de la presencia de canes descontrolados.

La investigación, publicada en la revista Biological Conservation, no se limita a documentar encuentros aislados. El equipo encuestó a personas en múltiples ecorregiones y encontró que el 68 por ciento de los participantes había presenciado al menos una ocasión en la que perros atacaban animales salvajes. Lo más preocupante es que siete de cada cien especies afectadas ya están clasificadas en peligro de extinción: el huemul, el pudú, la taruca, los pingüinos y los flamencos figuran entre las víctimas. Sin embargo, los investigadores advierten que estas cifras probablemente subestiman la magnitud real del problema. Se estima que apenas el treinta por ciento de las interacciones entre perros y fauna silvestre son observadas por humanos, lo que significa que la mayoría de los incidentes ocurren sin testigos.

El daño que infligen estos animales va mucho más allá de los ataques directos. Los perros, al seguir sus instintos depredadores, persiguen y matan tanto a carnívoros silvestres como a sus presas naturales. Pero el impacto no termina ahí. El ladrido constante y el olor de los canes generan estrés y miedo en la fauna nativa, obligando a muchos animales a abandonar sus hábitats tradicionales. Además, los perros sin cuidados veterinarios adecuados actúan como vectores de enfermedades. Algunas de estas patologías son zoonóticas, es decir, pueden afectar también a los humanos: la rabia, la leptospirosis, la hidatidosis y diversos parásitos gastrointestinales. Otras, como el parvovirus y el distemper, impactan directamente en la salud de la fauna local.

El problema se agudiza en las zonas donde los asentamientos humanos colindan con espacios de alto valor ecológico. Aunque las normativas de las áreas naturales protegidas suelen prohibir la entrada de perros —con excepción de perros guía—, el cumplimiento de estas reglas es laxo en la práctica. El estudio visitó doscientas cuarenta áreas protegidas y encontró perros sin supervisión en el setenta y cinco por ciento de ellas. En el sesenta y dos por ciento de estos lugares, los encuestados presenciaron eventos de caza o persecución. Estos números demuestran que el problema está profundamente arraigado incluso en los espacios diseñados específicamente para la conservación estricta de las especies.

La magnitud del problema se vuelve más clara cuando se considera la movilidad de un perro suelto. Un can puede recorrer hasta treinta kilómetros en un solo día, amplificando exponencialmente su radio de impacto sobre la fauna. Zamora señala que en Argentina, el sesenta por ciento de la población posee al menos un perro, y muchos de ellos circulan libremente en algún momento del día. Para mitigar el daño, los investigadores enfatizan la necesidad de una tenencia responsable. Esto implica vacunar y desparasitar regularmente a los animales, esterilizarlos para reducir el número de crías, mantenerlos confinados dentro del terreno o la casa, y cuando se los saca a pasear, hacerlo siempre con correa en sitios permitidos, además de recoger los excrementos. La solución no es prohibir los perros, sino cambiar fundamentalmente la forma en que convivimos con ellos en territorios compartidos con la vida silvestre.

El 60% de los argentinos tienen al menos un perro y muchos de ellos circulan libremente en algún momento del día
— Lucía Zamora, becaria posdoctoral del CONICET en el INIBIOMA
La tenencia responsable implica vacunar y desparasitar regularmente, esterilizar para disminuir crías, mantener al animal dentro del terreno o casa, y si se lo saca a pasear, hacerlo con correa en sitios permitidos
— Lucía Zamora
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué los investigadores decidieron estudiar específicamente el impacto de los perros sueltos en la fauna silvestre?

Model

Porque el problema es visible pero no estaba cuantificado. Todos sabemos que los perros pueden ser depredadores, pero nadie había medido realmente cuántas especies estaban siendo afectadas ni en qué magnitud. Los investigadores querían convertir lo anecdótico en evidencia científica.

Inventor

El estudio menciona que solo el treinta por ciento de las interacciones son observadas. ¿Cómo llegaron a esa cifra?

Model

Es una estimación basada en lo que sí pudieron documentar. Si el sesenta y ocho por ciento de las personas vio ataques, pero sabemos que los perros están activos constantemente, la diferencia entre lo visto y lo que realmente ocurre es enorme. Es la brecha entre la realidad y lo que podemos medir.

Inventor

¿Por qué las enfermedades transmitidas por perros son tan peligrosas para la fauna silvestre?

Model

Porque los animales salvajes no tienen inmunidad contra patógenos domésticos. Un perro sin vacunar es como un vector de contagio que entra en un ecosistema que nunca ha estado expuesto a esas enfermedades. El daño no es solo físico, es biológico.

Inventor

Las áreas protegidas tienen reglas claras contra los perros, pero el setenta y cinco por ciento tiene perros sueltos. ¿Qué falla?

Model

La aplicación de la ley. No hay suficiente vigilancia, no hay consecuencias reales para quienes incumplen, y muchas veces los propios guardaparques o residentes locales no ven el problema como prioritario. La normativa existe, pero la realidad en el terreno es diferente.

Inventor

¿Qué tan viable es la solución que proponen los investigadores?

Model

Es viable si hay voluntad política y educación. La tenencia responsable no es complicada: vacunar, esterilizar, usar correa. El desafío es cultural. Cambiar hábitos arraigados en el sesenta por ciento de la población argentina que tiene perros es lento, pero es el único camino que funciona sin sacrificar a los animales.

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