El asma reduce la proteína que el virus necesita para entrar
En medio de una pandemia que redefinió el concepto de vulnerabilidad, investigadores de la Universidad de Tel Aviv hallaron que las personas con asma tienen aproximadamente un 30% menos de probabilidad de contraer COVID-19 que la población general. El hallazgo, publicado en el Journal of Allergy and Clinical Immunology y respaldado por datos de más de 37,500 voluntarios, desafía las advertencias sanitarias previas que señalaban a los asmáticos como grupo de alto riesgo. La ciencia, una vez más, recuerda que la complejidad biológica y el peso de los hábitos humanos rara vez caben en una sola advertencia.
- Un estudio con más de 37,500 participantes revela que solo el 6.75% de los contagiados con COVID-19 tenía asma, frente al 9.62% entre quienes dieron negativo, una diferencia que no puede ignorarse.
- El hallazgo sacude las recomendaciones sanitarias previas que catalogaban a los asmáticos como población de riesgo elevado, generando incertidumbre sobre cuántas otras certezas de la pandemia merecen revisión.
- Los investigadores proponen tres hipótesis: menor expresión de la proteína ACE2 en pulmones asmáticos, mayor disciplina conductual en el seguimiento de medidas preventivas, y un posible efecto protector de los corticoides inhalados.
- El equipo israelí recomienda que los pacientes asmáticos continúen con su medicación habitual durante la pandemia, sugiriendo que sus tratamientos podrían ofrecer una capa adicional de defensa inesperada.
- La investigación no cierra el debate, sino que lo abre: invita a explorar si ciertas enfermedades crónicas y sus tratamientos pueden, paradójicamente, convertirse en escudos en tiempos de pandemia.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv publicó en el Journal of Allergy and Clinical Immunology un hallazgo que contradice la narrativa dominante sobre quiénes son más vulnerables al COVID-19. Según su estudio, las personas con asma tienen alrededor de un 30% menos de probabilidad de infectarse con el coronavirus que el resto de la población, una conclusión que choca directamente con las advertencias sanitarias que habían señalado a este grupo como de alto riesgo.
El análisis se basó en datos de más de 37,500 voluntarios seguidos entre febrero y junio. Los números fueron elocuentes: entre quienes dieron positivo al virus, solo el 6.75% tenía diagnóstico de asma, mientras que entre los casos negativos esa proporción ascendía al 9.62%. La diferencia apuntaba a un efecto protector, aunque los investigadores prefirieron hablar de hipótesis antes que de certezas.
Tres explicaciones emergieron del análisis. La primera es biológica: el asma, especialmente la de origen alérgico, se asocia con niveles más bajos de ACE2, la proteína que el coronavirus utiliza como puerta de entrada a las células pulmonares. Menos receptores disponibles podría significar menos oportunidades de infección. La segunda es conductual: quienes viven con asma tienden a seguir con mayor rigor las medidas de distanciamiento, uso de mascarilla e higiene, lo que reduciría su exposición al virus con independencia de cualquier factor biológico. La tercera apunta al tratamiento: los corticoides inhalados, medicamento estándar para el asma, podrían ofrecer protección adicional frente al COVID-19, razón por la cual los investigadores recomiendan mantener su uso durante la pandemia.
El estudio no pretende invalidar toda la orientación sanitaria previa, pero sí abre una pregunta más amplia: ¿qué tanto sabemos realmente sobre qué nos protege y qué nos expone? Para millones de personas con asma, la investigación ofrece un matiz reconfortante, aunque los propios autores subrayan que se necesitan más estudios antes de extraer conclusiones definitivas.
A research team at Tel Aviv University in Israel has published findings that challenge conventional wisdom about respiratory disease and pandemic vulnerability. Their study, which appeared in the Journal of Allergy and Clinical Immunology, suggests that people with asthma may face roughly 30 percent lower risk of contracting COVID-19 than the general population—a conclusion that runs counter to earlier public health guidance warning asthmatics to take extra precautions.
The investigation drew on data from more than 37,500 volunteers, making it a substantial sample for examining the relationship between asthma and coronavirus infection. Between February and June, researchers tracked infection rates and found that among those who tested positive for COVID-19, only 6.75 percent had a diagnosis of asthma. By contrast, 9.62 percent of negative cases involved asthmatic patients. The disparity suggested a protective effect, though the researchers were careful to propose mechanisms rather than declare certainty.
The team identified three possible explanations for the pattern. The first is biological. Asthma, particularly allergic asthma, appears to be associated with significantly lower levels of ACE2, an enzyme found in lung tissue. ACE2 is the protein that serves as the entry point for the coronavirus to penetrate human cells. If people with asthma naturally produce less of this receptor, the virus may have fewer opportunities to establish infection in their respiratory tract.
The second explanation is behavioral. People living with asthma tend to be more vigilant about following public health directives—maintaining distance from others, wearing masks consistently, practicing careful hygiene. This heightened compliance with preventive measures could substantially reduce their exposure to the virus in the first place, independent of any biological protection.
The third hypothesis centers on treatment. Inhaled corticosteroids, the standard medication for managing asthma, might themselves offer a degree of protection against severe COVID-19 infection. The Israeli researchers recommend that asthmatic patients continue using these medications throughout the pandemic, suggesting the drugs may provide an additional layer of defense.
These findings arrive at a moment when health authorities worldwide have been recalibrating their understanding of which populations face heightened risk. The Tel Aviv study does not claim to overturn all previous guidance, but it does suggest that the relationship between chronic respiratory disease and COVID-19 vulnerability is more complex than initially assumed. The research opens questions about whether certain existing treatments might have unexpected benefits during a pandemic, and whether behavioral factors—the discipline that living with a chronic condition instills—can be as protective as biological mechanisms. For people with asthma, the study offers a measure of reassurance, though researchers emphasize the need for continued investigation before drawing final conclusions.
Citas Notables
Los investigadores recomiendan que los asmáticos continúen haciendo uso de los corticoides inhalados durante la pandemia— Equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué un estudio sobre asma y COVID-19 desafía lo que dijeron las autoridades de salud al principio?
Porque al principio parecía lógico que cualquier enfermedad pulmonar preexistente haría a las personas más vulnerables al virus. Pero los datos mostraron lo opuesto: los asmáticos se enfermaban menos.
¿Y cómo explican eso los investigadores?
Ofrecen tres caminos. Uno es que el asma reduce una proteína específica en los pulmones que el virus necesita para entrar. Otro es que los asmáticos son más disciplinados con las mascarillas y la distancia porque ya viven cuidándose. El tercero es que los medicamentos que usan podrían estar protegiéndolos.
¿Cuál de esas explicaciones es la más probable?
Probablemente es una combinación. No es solo biología ni solo comportamiento. La gente con asma ha aprendido a ser cuidadosa, y además sus pulmones podrían ser menos receptivos al virus.
¿Esto significa que los asmáticos no necesitan preocuparse por COVID-19?
No exactamente. Significa que tienen menos riesgo estadístico que el resto de la población. Pero sigue siendo importante que sigan usando sus medicamentos y que no bajen la guardia.
¿Qué pasa con los corticoides inhalados? ¿Son una especie de escudo?
Podría serlo. Los investigadores sugieren que el medicamento que los asmáticos ya toman podría estar ofreciendo protección adicional contra el virus. Por eso recomiendan que no dejen de usarlos durante la pandemia.