Cuanto menos nos movemos, más se reduce la interacción entre grupos sociales
Cuatro años después de la pandemia, los españoles siguen moviéndose menos, y una investigación advierte que esa quietud tiene consecuencias profundas para la cohesión urbana. El estudio 'Embarriados', impulsado por la Fundación Cotec y el despacho 300.000 km/s, revela que el 57% de la superficie edificada en España enfrenta un riesgo elevado de segregación social, afectando a unos 16 millones de personas. Cuando el movimiento disminuye, los barrios mal equipados se vuelven trampas silenciosas, y quienes menos recursos tienen son los primeros en quedar atrapados. La ciudad, como siempre, refleja con fidelidad las desigualdades que la sociedad prefiere no ver.
- Los desplazamientos cotidianos en España siguen entre un 10% y un 20% por debajo de los niveles prepandemia, una caída que paradójicamente ocurre en pleno crecimiento económico.
- El 57% de la superficie edificada presenta riesgo elevado de segregación: millones de personas viven en barrios donde la falta de servicios y la baja movilidad se retroalimentan en un círculo de aislamiento.
- Las rentas bajas concentradas en zonas homogéneas son las más vulnerables: sin teletrabajo posible y sin barrios bien equipados, la desigualdad se profundiza con cada kilómetro no recorrido.
- Mapas como el de la calle Bravo Murillo en Madrid o el Raval en Barcelona muestran con crudeza cómo la movilidad externa es lo que sostiene económicamente a los barrios más pobres.
- Las recomendaciones del atlas apuntan a mejorar estándares de vivienda, fortalecer el transporte intermodal y fomentar la mixtura de usos, pero su aplicación depende de una voluntad política aún por demostrar.
Casi cuatro años después del confinamiento, los españoles siguen moviéndose menos de lo que lo hacían antes de 2020. El teletrabajo, el comercio electrónico y una creciente conciencia climática han consolidado una nueva forma de habitar la ciudad, más sedentaria y más local. Ahora, una investigación advierte que esa transformación tiene un precio que aún no se ha pagado del todo.
La Fundación Cotec y el despacho de arquitectos 300.000 km/s han construido 'Embarriados', un atlas interactivo que cruza datos de renta, vivienda, transporte y usos del suelo con 33 millones de recorridos diarios capturados a través de telefonía móvil. El hallazgo central es inquietante: el 57% de la superficie edificada en España presenta riesgo elevado ante este nuevo modelo urbano, y en esas zonas viven aproximadamente 16 millones de personas, expuestas a una segregación social creciente.
La lógica es implacable: cuanto menos nos movemos, menos interactuamos con personas de otros entornos sociales. Los barrios bien diseñados, con mezcla de usos y servicios variados, amortiguan ese efecto. Pero las zonas más homogéneas —donde se concentran las rentas bajas— se vuelven vulnerables. Los mapas lo ilustran con precisión: en Madrid, la calle Bravo Murillo divide Tetuán como una frontera económica invisible. En Barcelona, el Raval solo mejora su perfil de renta cuando trabajadores y estudiantes de otros barrios entran a él.
La vivienda emerge como variable crítica: si se trabaja desde casa, el tamaño del piso y el número de personas por hogar determinan si el teletrabajo es viable o una fuente adicional de estrés. Pero no todos pueden teletrabajar. Una limpiadora, un ganadero, un cirujano no tienen esa opción, y esa brecha amplifica las desigualdades ya existentes.
El atlas cierra con recomendaciones concretas: adaptar los estándares de vivienda para incorporar espacios de trabajo, fortalecer el transporte público intermodal y recuperar los equipamientos públicos como lugares de encuentro social. La ministra de Vivienda y la presidenta de la Fundación Cotec celebraron el estudio como herramienta para las políticas públicas. Pero las recomendaciones son solo el comienzo. Lo que ocurra depende de si las ciudades españolas están dispuestas a transformarse antes de que la segregación se vuelva irreversible.
Casi cuatro años después de que el coronavirus paralizara el país, los españoles siguen moviéndose menos. Los desplazamientos cotidianos permanecen entre un 10% y un 20% por debajo de los niveles previos a 2020, según datos del Ministerio de Transportes. El teletrabajo se quedó. El comercio electrónico se quedó. Y ahora, una investigación nueva advierte que esta quietud tiene un precio urbano que aún no hemos pagado completamente.
La Fundación Cotec y el despacho de arquitectos 300.000 km/s han pasado meses analizando qué ocurre cuando una ciudad se mueve menos. El resultado es Embarriados, un atlas interactivo que cruza datos de renta, uso del suelo, redes de transporte y vivienda con registros anónimos de movilidad de telefonía móvil—33 millones de recorridos diarios capturados en horario laboral. Lo que encontraron fue inquietante: el 57% de la superficie edificada en España presenta un riesgo elevado ante este cambio de modelo urbano. En esas zonas vive el 37% de la población española, aproximadamente 16 millones de personas. Todos ellos enfrentan un riesgo creciente de segregación social.
La lógica es simple pero implacable. Cuanto menos nos movemos, menos interactuamos con grupos sociales distintos. Si el barrio no tiene lo que necesitamos—trabajo, escuelas, servicios, ocio—y no nos desplazamos para buscarlo, la calidad de vida se erosiona. El problema no afecta por igual. Las familias con ingresos altos tienden a vivir en barrios bien diseñados, con mezcla de usos y servicios cercanos. Las rentas bajas se concentran en zonas más homogéneas, donde un descenso en la movilidad laboral amplifica el aislamiento. Los mapas del atlas lo muestran con claridad: en Madrid, la calle de Bravo Murillo divide el barrio de Tetuán como una frontera económica. Al oeste, la renta aumenta durante el día gracias a trabajadores que llegan de otros lugares. Al este, disminuye. En Barcelona, el Raval—históricamente pobre—solo mejora su perfil económico cuando personas de otros barrios entran a trabajar o estudiar allí.
La investigación identifica un fenómeno que los autores encuentran particularmente extraño: esta caída de movilidad ocurre durante un período de crecimiento económico, cuando habitualmente ocurre lo contrario. Los cambios acelerados por la pandemia—teletrabajo, educación a distancia, compras en línea—se han mantenido. Pero también hay algo más: una conciencia climática creciente entre la ciudadanía que reduce los desplazamientos voluntariamente. El peso relativo de cada factor aún no está claro.
La vivienda se convierte en un factor crítico en este nuevo escenario. Si trabajamos desde casa, el tamaño del piso importa. La cantidad de personas por hogar importa. Un apartamento pequeño no puede absorber las nuevas funciones del trabajo remoto. El atlas evalúa el parque residencial español usando datos catastrales e identifica dónde existen los mayores déficits. Pero no todos pueden trabajar desde casa. Una limpiadora, un ganadero, un cirujano—sus profesiones no son compatibles con la distancia. La flexibilidad para el teletrabajo depende de la calificación, la ubicación y el tipo de trabajo. Esto amplifica las desigualdades.
La composición de cada barrio define la calidad de vida que es posible en él. Las zonas con mayor mixtura de usos—residencial, comercial, de servicios, de ocio—se convierten en polos de atracción. Hay variedad, hay encuentro, hay cohesión. Las zonas puramente residenciales, sin embargo, se vuelven vulnerables. En un escenario de baja movilidad, si el barrio no está suficientemente equipado, la calidad de vida se merma rápidamente. El atlas también analiza la accesibilidad al transporte público, porque la proximidad no lo es todo. Un barrio bien servido por autobús, metro o tren puede compensar la falta de servicios locales. Pero muchas zonas de riesgo carecen incluso de esto.
La investigación cierra con recomendaciones concretas. Los estándares de vivienda deben permitir incorporar actividades laborales al hogar, o al menos espacios de trabajo compartido cuando no es posible. El transporte público debe pensarse no solo en términos de frecuencia, sino de intermodalidad—la capacidad de combinar autobús, metro, tren—para que sea competitivo frente al coche privado. Los equipamientos públicos deben recuperar su papel como lugares de encuentro, espacios donde la mezcla social ocurra naturalmente. Cristina Garmendia, presidenta de la Fundación Cotec, celebró el atlas como una herramienta útil para las políticas públicas. Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda y Agenda Urbana, enfatizó el papel de su cartera en el diseño de ciudades que enfrenten el cambio climático y apuesten por la proximidad, la ciudad de los 15 minutos. Pero las recomendaciones son solo eso: recomendaciones. Lo que ocurra ahora depende de si las ciudades españolas están dispuestas a transformarse antes de que la segregación se vuelva irreversible.
Citações Notáveis
Existe una clara desventaja de una parte de la población respecto de otra para afrontar la transición ecológica y productiva de forma justa y equilibrada— Pablo Martínez y Mar Santamaria, fundadores de 300.000 km/s
En un escenario de baja movilidad, es clave entender cuál es la composición de cada entorno urbano para poder detectar si existen déficits de algún uso— Informe Embarriados
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué la pandemia cambió nuestros movimientos de forma tan duradera? ¿No debería haber vuelto todo a la normalidad después de cuatro años?
Porque la pandemia no fue solo una crisis sanitaria. Aceleró cambios que ya estaban ocurriendo—el teletrabajo, el comercio electrónico, la educación a distancia. Pero también algo más: la gente empezó a cuestionarse si necesitaba moverse tanto. Hay conciencia climática de por medio.
Entonces, ¿el problema no es que nos movemos menos, sino dónde vivimos cuando nos movemos menos?
Exactamente. Si vives en un barrio con todo cerca—trabajo, escuelas, tiendas, ocio—la baja movilidad no es un problema. Pero si vives en una zona puramente residencial, sin servicios, sin diversidad, entonces quedas atrapado.
¿Y eso afecta a todos por igual?
No. Las familias ricas viven en barrios bien diseñados, con mezcla de usos. Las familias pobres se concentran en zonas homogéneas. Cuando baja la movilidad, la brecha se amplifica.
¿Qué pasa con el teletrabajo? ¿No debería permitir que la gente viva donde quiera?
Solo si el hogar está preparado para ello. Un piso pequeño, con mucha gente, no funciona. Y además, no todos pueden trabajar desde casa. Una limpiadora, un ganadero, un cirujano—sus trabajos requieren presencia física.
Entonces, ¿cuál es la solución?
Transformar los barrios de riesgo desde adentro. Mezclar usos, mejorar vivienda, fortalecer transporte público. Pero eso requiere decisión política y tiempo. Y el tiempo es lo que no tenemos.