La medicación funciona mejor en pacientes que hacen ejercicio
En plena vida laboral y familiar, miles de personas reciben cada año un diagnóstico que desafía sus expectativas sobre la vejez y el deterioro: el párkinson. Lo que durante décadas pareció una condena a la dependencia progresiva ha encontrado en la neurociencia moderna —desde electrodos cerebrales hasta ultrasonidos de alta precisión— herramientas capaces de devolver la continuidad a una vida interrumpida. La enfermedad sigue siendo incurable, pero la distancia entre padecerla y vivirla se acorta con cada avance.
- El diagnóstico de párkinson a los 47 años sacude a Jesús Palacios con la fuerza de un duelo, revelando que la enfermedad golpea en plena actividad vital, no solo en la vejez.
- Un síntoma invisible y mal conocido —la bradicinesia, esa lentitud que convierte atar los zapatos en un desafío— retrasa diagnósticos durante meses o años porque no encaja en el imaginario popular del temblor.
- La medicación tradicional crea ciclos de alivio y colapso cada pocas horas, empujando a pacientes y médicos hacia intervenciones más invasivas pero también más liberadoras.
- La estimulación cerebral profunda y el HIFU ofrecen control continuo de síntomas: Jesús dejó de temblar tras colocarse el primer electrodo, y otros pacientes salen del quirófano sin creer lo que acaba de suceder.
- Los neurólogos coinciden en una prescripción sorprendente: el ejercicio físico supera en impacto a la medicación, y cantar en un coro puede ser tan terapéutico como una pastilla.
Cuando Jesús Palacios cumplió 47 años, el diagnóstico de párkinson lo obligó a atravesar todas las etapas del duelo. Como la mayoría, él asociaba la enfermedad con la vejez avanzada, con un deterioro que parecía estar a años de distancia. Pero el párkinson llega cuando aún hay hijos que criar, trabajo que hacer y planes que cumplir.
Carmen Mohedano recibió su diagnóstico en 2016 con una sorpresa adicional: una mutación genética explicaba su enfermedad. Lo que más la desconcertó fue no encajar en la imagen social del párkinson. «La mayoría lo asocia a los temblores. Si no hay temblores, entonces no hay párkinson. Y eso es totalmente falso», explica. El síntoma fundamental es la bradicinesia, una lentitud de movimientos que convierte las tareas cotidianas en ejercicios de paciencia. El doctor Pedro García Ruiz-Espiga señala que este síntoma se confunde frecuentemente con el envejecimiento natural, retrasando diagnósticos durante meses o años.
Lo que sí ha cambiado es cómo se vive con la enfermedad. La levodopa sigue siendo el medicamento más eficaz, pero con el tiempo su efecto dura cada vez menos y aparecen los ciclos ON y OFF: fases de mejoría seguidas de caídas bruscas en las que regresan los temblores o la rigidez, como vivir en un péndulo de pocas horas.
Para romper ese ciclo, la medicina ofrece opciones más precisas. La estimulación cerebral profunda funciona como un marcapasos neurológico: electrodos colocados en las zonas del movimiento envían impulsos que corrigen las señales anormales. Jesús se colocó el primer electrodo hace diez años y dejó de temblar. El HIFU, por su parte, concentra ultrasonidos en un punto específico del cerebro sin cirugía abierta, con resultados inmediatos. El doctor Joaquín Ayerbe describe el cambio como espectacular: los pacientes salen sin el temblor, a veces sin creer lo que acaba de suceder.
Pero cuando los neurólogos hablan de la terapia con mayor impacto, la respuesta es sorprendentemente simple. «La primera medida, la segunda y la tercera es que hagan ejercicio. Y después la medicación», resume García Ruiz-Espiga. La investigación confirma que la medicación funciona mejor en quienes se mueven. Jesús canta en un coro para estimular las cuerdas vocales, que también se vuelven lentas. El ejercicio aporta algo más que beneficios físicos: combate el aislamiento. «Es muy importante apoyarse en otra gente que está viviendo lo mismo que tú», asegura. El párkinson sigue siendo incurable, pero es cada vez más tratable.
Cuando Jesús Palacios cumplió 47 años, su vida cambió de manera irreversible. El diagnóstico de párkinson llegó como un golpe que lo dejó desorientado, obligándolo a atravesar todas las etapas del duelo. Como la mayoría de las personas, él asociaba la enfermedad con la vejez avanzada, con un deterioro físico que parecía estar a años de distancia. Pero el párkinson no respeta esas expectativas. Llega cuando menos se espera, en plena vida laboral y familiar, cuando aún hay hijos que criar, trabajo que hacer, planes que cumplir.
Carmen Mohedano recibió su diagnóstico en 2016 con una sorpresa adicional: una mutación genética explicaba su enfermedad. Pero lo que más la desconcertó fue descubrir que no encajaba en la imagen que la sociedad tiene del párkinson. "La mayoría de la gente lo asocia a los temblores. Si no hay temblores, entonces no hay párkinson. Y eso es totalmente falso", explica. Muchos pacientes, ella incluida, nunca experimentan temblores. El síntoma fundamental es otro: la bradicinesia, una lentitud en los movimientos que hace que las tareas cotidianas se conviertan en ejercicios de paciencia. Atarse los zapatos, escribir, caminar. El doctor Pedro García Ruiz-Espiga, jefe asociado del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, subraya que este síntoma básico se confunde frecuentemente con los signos naturales del envejecimiento, retrasando diagnósticos y dejando a los pacientes sin respuestas durante meses o años.
Aunque la edad es el principal factor de riesgo, el párkinson también tiene formas de aparición temprana e incluso juveniles. En algunos casos existe una causa genética identificable, pero son la excepción. En la mayoría de los pacientes, el origen sigue siendo un misterio que la medicina aún no ha resuelto. Lo que sí ha cambiado es cómo se vive con la enfermedad. Cuando Jesús recibió su diagnóstico, creyó que significaba la pérdida inevitable de su independencia. Con el tiempo descubrió que la realidad podía ser diferente. El párkinson sigue siendo crónico e incurable, pero los tratamientos actuales permiten controlar los síntomas y mejorar significativamente la calidad de vida.
La levodopa ha sido durante décadas el medicamento más eficaz para los síntomas motores y algunos no motores. No cura, pero mejora mucho la vida de los pacientes, según explica la doctora Marisa Almarcha Menargues, adjunta de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital Ruber Internacional. El problema emerge con el tiempo: el efecto de la medicación dura cada vez menos, y aparecen efectos secundarios. Los pacientes experimentan fases ON, cuando la pastilla funciona y mejoran, y fases OFF, cuando el efecto cae drásticamente y vuelven los temblores o la rigidez. Es como vivir en un ciclo de mejora y deterioro cada pocas horas.
Para resolver este problema, la medicina ha desarrollado opciones más invasivas pero también más efectivas. La estimulación cerebral profunda funciona como un marcapasos para el cerebro: electrodos colocados en las zonas responsables del movimiento envían impulsos eléctricos suaves que corrigen las señales anormales causantes de los síntomas. Jesús fue candidato idóneo porque temblaba mucho. Se colocó el primer electrodo hace diez años en el lado derecho y dejó de temblar. Hace dos años se sometió a la intervención en el lado izquierdo. Otra opción es HIFU, ultrasonido de alta intensidad enfocado, que concentra haces de ultrasonido en un punto específico del cerebro sin necesidad de cirugía abierta. Sus resultados son inmediatos. El doctor Joaquín Ayerbe Gracia, especialista en Neurocirugía del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, describe el cambio como espectacular: los pacientes salen del quirófano o de la sala de resonancias sin el temblor, a veces sin creer lo que acaba de suceder.
Las nuevas tecnologías también transforman la rehabilitación. La realidad virtual y los exoesqueletos robóticos mejoran la velocidad de marcha, la longitud del paso, la fuerza, el equilibrio e incluso la fatiga, según explica la doctora Raquel Cutillas Ruiz, jefa asociada del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Pero cuando los neurólogos hablan de la terapia con mayor impacto en la evolución de la enfermedad, la respuesta es sorprendentemente simple: el ejercicio físico. "La primera medida, la segunda y la tercera es que hagan ejercicio. Y después la medicación", resume García Ruiz-Espiga. La investigación ha demostrado que la medicación funciona mejor en pacientes que hacen ejercicio que en aquellos que no lo hacen. El ejercicio debe convertirse en el pilar fundamental del tratamiento, incluso en formas menos convencionales. Jesús canta en un coro porque le ayuda a estimular las cuerdas vocales, que también se vuelven lentas y afectan la claridad del habla.
El ejercicio aporta algo más que beneficios físicos. También combate el aislamiento que acompaña a las enfermedades crónicas. "Es muy importante apoyarse en otra gente que está viviendo lo mismo que tú", asegura Jesús. Mientras la investigación se enfoca en encontrar la cura y detectar a los pacientes antes de que desarrollen la enfermedad, los pacientes actuales viven una realidad muy distinta a la de hace apenas una década. El párkinson sigue siendo incurable, pero es cada vez más tratable.
Citações Notáveis
Se te hunde todo. Se te rompen los esquemas y te quedas totalmente paralizado. Tienes que pasar un duelo con todas sus etapas.— Jesús Palacios, paciente diagnosticado a los 47 años
La mayor parte de la gente lo asocia a los temblores. Entonces, si no hay temblores, no hay párkinson. Y es totalmente falso.— Carmen Mohedano, paciente con párkinson sin temblores
La primera medida, la segunda y la tercera es que hagan ejercicio. Y después la medicación.— Doctor Pedro García Ruiz-Espiga, jefe asociado de Neurología
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el párkinson se diagnostica tan a menudo en personas en plena vida laboral? ¿Es más común de lo que creemos?
Sí. Aunque la edad es el principal factor de riesgo, existen formas de aparición temprana que nadie espera. Jesús tenía 47 años cuando le diagnosticaron. La mayoría de la gente cree que es una enfermedad de ancianos, así que cuando llega a alguien joven, el impacto emocional es devastador.
Carmen menciona que no tiene temblores. ¿Eso significa que muchas personas con párkinson nunca tiemblan?
Exactamente. El temblor es lo que todos imaginamos, pero es solo una posible manifestación. El síntoma básico es la bradicinesia, una lentitud en los movimientos que se confunde fácilmente con envejecimiento normal. Muchos pacientes pasan meses sin diagnóstico porque no encajan en la imagen que la gente tiene de la enfermedad.
La levodopa lleva décadas siendo el tratamiento principal. ¿Por qué no es suficiente?
Funciona bien al principio, pero con el tiempo el efecto dura menos. Los pacientes viven en ciclos: mejoran cuando toman la pastilla, pero después de pocas horas caen drásticamente. Es agotador. Por eso surgieron opciones como la estimulación cerebral y HIFU.
¿Qué hace que la estimulación cerebral sea tan efectiva?
Es como un marcapasos para el cerebro. Los electrodos envían impulsos que corrigen las señales anormales. El cambio es inmediato y continuo, 24 horas al día. Jesús dejó de temblar después de la intervención. Para él fue transformador.
Pero lo más sorprendente es que el ejercicio físico sea más importante que la medicación.
Sí. Los neurólogos lo dicen claramente: la medicación funciona mejor en pacientes que hacen ejercicio. Y no es solo beneficio físico. El ejercicio también combate el aislamiento, que es una parte importante de vivir con una enfermedad crónica. Jesús canta en un coro, por ejemplo.
¿Qué espera la medicina ahora?
La investigación busca dos cosas: encontrar la cura y detectar a los pacientes antes de que desarrollen la enfermedad. Mientras tanto, los pacientes actuales viven mucho mejor que hace una década. No es cura, pero es una vida completamente diferente.