¿Estamos en guerra? Sí y no, pero más bien lo segundo

La guerra en Ucrania genera muertes civiles y militares en proporción aproximada de 1 a 3 entre Ucrania y Rusia, sin bajas directas de ciudadanos europeos.
Para estar en guerra de verdad faltan muertos propios
El columnista marca la diferencia entre sostener un conflicto y estar realmente dentro de él.

Europa habita una zona gris que la historia conoce bien: la de quienes financian una guerra sin morir en ella. La Unión Europea arma a Ucrania y compra energía a Rusia al mismo tiempo, sosteniendo el conflicto desde ambos flancos sin poner cuerpos sobre el terreno. Esta ambigüedad no es cobardía ni hipocresía pura, sino el resultado de una geometría de intereses que no admite soluciones limpias. El dilema moral que Europa evita nombrar con claridad es, quizás, el más honesto retrato de lo que significa el poder en el siglo XXI.

  • Europa financia la resistencia ucraniana con armas y dinero mientras simultáneamente compra el gas y el grano que mantienen a flote la economía rusa.
  • La ausencia de bajas europeas directas crea una ilusión de distancia que no resiste el análisis: estar fuera del campo de batalla no equivale a estar fuera de la guerra.
  • Abandonar a Ucrania sería, según el análisis, tanto una traición moral como un error estratégico de consecuencias impredecibles para la seguridad continental.
  • Cortar el suministro energético ruso de golpe, como exigen algunas voces, generaría una crisis económica y geopolítica que Europa no está en condiciones de absorber.
  • El conflicto ucraniano cobra vidas en una proporción aproximada de uno a tres entre ucranianos y rusos, mientras Europa observa, paga y delibera desde una incómoda distancia.

Hay algo difícil de admitir en la posición europea ante la guerra de Ucrania: no sabemos bien dónde estamos parados. La respuesta honesta a la pregunta de si Europa está en guerra es sí y no, aunque inclinándose hacia lo segundo. Para que sea guerra de verdad —guerra-guerra— harían falta bajas propias. Y por ahora, afortunadamente, eso no ocurre. Quienes mueren son ucranianos y rusos, estos últimos en proporción considerablemente mayor.

Pero la Unión Europea no está fuera de esto. Lo que hace es sostener el conflicto por otros medios, y aquí está el nudo: lo hace a ambos bandos al mismo tiempo. A Ucrania le envía armas y financiación para que siga resistiendo. A Rusia le compra el gas y el grano que Europa necesita y que Rusia tiene.

Esta posición parece contradictoria, pero probablemente no existe alternativa viable. Abandonar a Ucrania sería una canallada además de un suicidio estratégico a largo plazo. Pero eliminar de golpe las compras de energía rusa traería riesgos económicos y geopolíticos que Europa no puede permitirse. No es una situación limpia ni satisfactoria. Es, simplemente, lo que hay.

Hay algo incómodo en admitir que no sabemos bien dónde estamos parados. En el mundo de la opinión publicada, la incertidumbre es un lujo que casi nadie se permite. Queremos respuestas claras, aunque sean falsas. Pero la verdad tiene derecho a existir también, aunque sea complicada.

¿Estamos en guerra? La respuesta honesta es sí y no, pero inclinándose más hacia lo segundo. Para que sea guerra de verdad —guerra-guerra, como se dice— necesitaríamos ver caer a los nuestros. Y por ahora, afortunadamente, eso no ocurre. En Ucrania, donde el conflicto borra cada vez más la línea entre lo militar y lo civil, quienes mueren son ucranianos y rusos, estos últimos en proporción considerablemente mayor, acaso tres veces más que los primeros. La Unión Europea, de la que formamos parte, no pone cuerpos en el terreno. Pero tampoco está fuera de esto.

Lo que hace Europa es sostener la guerra por otros medios. Y aquí está el nudo: lo hace simultáneamente a ambos bandos. A Ucrania le envía armas y dinero para que siga resistiendo. A Rusia le compra el gas natural y el grano que Europa necesita y que Rusia tiene. Es una posición que parece contradictoria, pero probablemente no hay alternativa viable. Abandonar a Ucrania a su suerte sería una canallada, además de suicida a largo plazo. Pero reducir a cero las compras de energía a Rusia, como algunos piden —Trump entre ellos, claro, porque así vende la suya— traería riesgos económicos y geopolíticos que Europa no puede permitirse. Así están las cosas. No es limpio. No es satisfactorio. Pero es lo que hay.

Necesitamos certezas, aunque sean falsas. Pero la verdad también tiene sus derechos.
— Pedro Silva, columnista
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué insistes en que no estamos en guerra si estamos financiando y armando a uno de los bandos?

Model

Porque guerra de verdad significa que tus propios ciudadanos mueren. Eso cambia todo. Mientras eso no ocurra, estamos en algo más complicado pero menos total.

Inventor

¿Y no es hipócrita comprar gas a Rusia mientras le enviamos armas a Ucrania?

Model

Probablemente sí. Pero la alternativa es dejar morir a Ucrania o arruinarse económicamente. A veces la política es elegir entre malas opciones.

Inventor

¿Entonces Europa está atrapada?

Model

Completamente. Y lo sabe. Por eso la respuesta honesta no puede ser un simple sí o no.

Inventor

¿Cuánto tiempo puede durar esto?

Model

Mientras no haya bajas europeas directas, Europa puede mantener este equilibrio incómodo. Pero es frágil.

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