España tiene más bosque que Francia pero fracasa en su gestión forestal

El abandono de la gestión forestal incrementa el riesgo de megaincendios que amenazan vidas, desplazan poblaciones rurales y destruyen ecosistemas, agravando la vulnerabilidad de territorios montañosos despoblados.
España importa madera mientras sus bosques crecen sin gestión
El país produce 45 millones de metros cúbicos de madera al año pero aprovecha solo un tercio, importando el resto.

España alberga la segunda mayor superficie forestal de la Unión Europea —28 millones de hectáreas que superan a Francia y Alemania juntas— y sin embargo nadie parece estar verdaderamente a cargo de ellas. La propiedad fragmentada, el aprovechamiento mínimo y la ausencia de gestión coherente han convertido una riqueza natural extraordinaria en una acumulación silenciosa de combustible. Lo que debería ser motor de empleo rural y resiliencia climática se ha transformado, año tras año, en la condición perfecta para megaincendios que ninguna brigada puede detener.

  • España aprovecha apenas un tercio de la madera que produce anualmente, mientras importa del extranjero: una paradoja que revela la profundidad del abandono forestal.
  • El 71% de los bosques está en manos privadas, pero solo el 12% de esas fincas cuenta con un plan de gestión real, dejando vastas extensiones montañosas sin supervisión ni intervención.
  • La biomasa acumulada sin aprovechar crece cada año al ritmo del bosque mismo —cerca de un 2% anual— convirtiendo el abandono en una amenaza de incendios inextinguibles para comunidades rurales ya vulnerables.
  • Expertos del Instituto de la Ingeniería de España advierten que el aprovechamiento sostenible —clareos, extracción de residuos, uso energético— podría ser simultáneamente herramienta de prevención y motor económico para el mundo rural.
  • El marco normativo existe sobre el papel, pero la ejecución falla: falta profesionalización, supervisión técnica y una reordenación de la propiedad forestal que permita unidades de gestión viables.

España posee más bosque que Francia y Alemania juntas. Con 28 millones de hectáreas forestales cubriendo más de la mitad del territorio nacional, el país debería ser una potencia forestal europea. El problema es que nadie está realmente a cargo.

La propiedad está fragmentada de un modo que casi garantiza el abandono. Más del 71% de esos bosques pertenece a propietarios privados dispersos en miles de pequeñas fincas, y apenas el 12% de ellas cuenta con planes de gestión adecuados. Los bosques públicos están algo mejor —el 44% tiene ordenación—, pero el desequilibrio deja vastas extensiones en estado de abandono, especialmente en zonas montañosas despobladas donde el riesgo de incendio crece cada temporada.

La paradoja central es casi absurda: España produce 45 millones de metros cúbicos de madera al año pero solo aprovecha 15 millones, mientras importa madera del extranjero para cubrir su consumo. La tasa de aprovechamiento española ronda el 33%; la media europea alcanza el 75%. Los dos tercios restantes se acumulan en el monte como combustible a la espera de una chispa.

Los expertos advierten que esa biomasa sin gestionar no es un problema abstracto. Clareos, extracción de residuos madereros y uso energético podrían convertirse en herramientas de prevención y, al mismo tiempo, en fuente de empleo para territorios rurales que lo necesitan urgentemente. Pero hacerlo requiere legislación favorable, ayudas públicas y una visión del bosque como recurso vivo —productor de madera, energía, empleo y biodiversidad— y no como patrimonio estático.

El marco normativo existe: casi el 37% de la superficie forestal española está protegida por alguna figura legal, y España aporta el 18% de la Red Natura 2000 de la UE. Lo que falta es ejecución. Sin un pacto nacional que profesionalice la gestión y reordene la propiedad forestal, el bosque español seguirá creciendo en silencio —acumulando biomasa, acumulando riesgo— mientras el país espera el próximo megaincendio inextinguible.

España posee más bosque que Francia, más que Alemania, más que casi cualquier otro rincón de la Unión Europea. Solo Suecia la supera. Con 28 millones de hectáreas forestales que cubren más de la mitad del territorio nacional, el país debería ser una potencia forestal. Pero hay un problema que atraviesa todo el sistema: nadie está realmente a cargo.

La propiedad está fragmentada de manera que casi garantiza el abandono. Más del 71 por ciento de esos bosques pertenece a propietarios privados, dispersos en miles de fincas pequeñas y medianas. El resto es público, repartido entre ayuntamientos y entidades locales bajo la figura de Montes de Utilidad Pública. Ambos tipos de propiedad sufren el mismo mal: la falta de gestión coherente. Los bosques públicos tienen algo de ventaja—el 44 por ciento cuenta con planes de ordenación adecuados—pero en los privados ese porcentaje cae a apenas el 12 por ciento. Es un desequilibrio que deja vastas extensiones de territorio en estado de abandono, especialmente en las zonas montañosas menos pobladas, donde la vulnerabilidad a los incendios se multiplica cada año.

La paradoja es casi absurda. España produce 45 millones de metros cúbicos de madera al año. Aprovecha solo 15 millones. El resto se acumula en el monte, año tras año, multiplicando la carga de combustible forestal. Mientras tanto, el país consume 30 millones de metros cúbicos anuales, lo que significa que importa madera del extranjero. España es el segundo país con mayor superficie forestal de toda la Unión Europea y uno de sus principales importadores de madera. La tasa de aprovechamiento española ronda el 33 por ciento; la media europea alcanza el 75 por ciento.

Esa biomasa sin aprovechar no es un problema abstracto. Es combustible acumulado. Dos tercios de la producción anual de los bosques españoles se quedan en el monte, esperando. Los expertos del Instituto de la Ingeniería de España lo advierten con claridad: el aprovechamiento sostenible de esa biomasa—a través de clareos, extracción de residuos madereros, uso energético—podría ser una herramienta de prevención. Pero también podría ser un motor económico para el mundo rural. Generaría empleo en territorios que lo necesitan desesperadamente. Requeriría legislación favorable y ayudas públicas comparables a las que han recibido los promotores de energías renovables.

Lo que existe en el papel es robusto. Casi el 37 por ciento de la superficie forestal española está protegida por alguna figura legal: parques nacionales, reservas, áreas de especial interés, monumentos naturales. España aporta el 18 por ciento de la Red Natura 2000 de la Unión Europea, superando ampliamente el objetivo del 30 por ciento de protección que exige la Estrategia de Biodiversidad comunitaria. La legislación forestal establece planes de obligado cumplimiento para propietarios públicos y privados. El marco normativo existe.

Lo que falta es la ejecución. La gestión forestal moderna requiere profesionalización, supervisión técnica, unidades de gestión de tamaño viable. Requiere reordenar una propiedad forestal que se ha vuelto demasiado dispersa, especialmente en montaña. Requiere ver el bosque no como un patrimonio estático a proteger, sino como un recurso vivo que debe producir—madera, energía, empleo, resiliencia climática, biodiversidad—de manera simultánea. El Instituto de Ingeniería lo llamó un pacto nacional por los bosques españoles: bosques con futuro, socialmente rentables, económicamente viables, ecológicamente diversos.

Mientras tanto, el bosque español crece a un ritmo cercano al dos por ciento anual. Y cada año, la acumulación de biomasa sin gestionar multiplica el riesgo de que se produzcan incendios inextinguibles. La prevención, en este caso, no es una cuestión de vigilancia o extinción. Es una cuestión de gestión activa, de sacar del monte lo que el monte produce, de convertir el abandono en actividad económica. Es lo opuesto a lo que está sucediendo.

Unos bosques con futuro, socialmente rentables, económicamente viables y ecológicamente diversos
— Instituto de la Ingeniería de España, en su propuesta de Pacto por los Bosques Españoles
Dos tercios de la producción total de nuestros bosques se acumula año tras año, multiplicando la carga de combustible en el monte y elevando el riesgo de megaincendios inextinguibles
— Análisis del aprovechamiento forestal español
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué España importa madera si tiene más bosque que Francia?

Model

Porque el bosque que tiene no está gestionado. Produce 45 millones de metros cúbicos al año, pero solo se aprovechan 15. El resto se acumula en el monte.

Inventor

¿Y eso es un problema de propiedad privada o pública?

Model

De ambas, pero de manera diferente. Los bosques públicos tienen planes de gestión en el 44 por ciento de los casos. Los privados, solo en el 12 por ciento. La propiedad privada está tan fragmentada que es casi imposible gestionar.

Inventor

¿Qué sucede con toda esa madera que se acumula?

Model

Se queda en el monte, año tras año. Dos tercios de la producción anual nunca se extrae. Eso multiplica el combustible disponible para los incendios.

Inventor

¿Entonces los incendios son un síntoma de mala gestión?

Model

Exactamente. El aprovechamiento sostenible de esa biomasa sería también una herramienta de prevención. Pero requeriría legislación favorable y ayudas públicas que no existen.

Inventor

¿Qué necesitaría cambiar?

Model

Reordenar la propiedad forestal en unidades de gestión más grandes, profesionalizar la administración, crear incentivos económicos para el aprovechamiento sostenible. Ver el bosque como un recurso que debe producir, no solo como algo a proteger.

Inventor

¿Y los créditos climáticos forestales que menciona el texto?

Model

Son una herramienta financiera para valorar lo que el bosque ya hace: absorber carbono, regular el ciclo del agua, conservar biodiversidad. Si se implementaran, podrían ayudar a rescatar la economía forestal del colapso.

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