Penetra en el cuerpo y muestra su patogenicidad
En la intersección entre la fragilidad humana y la resistencia microbiana, España se ha convertido en el epicentro europeo de Candidozyma auris, un hongo hospitalario capaz de matar hasta al 80% de quienes lo padecen en sangre. Que un país concentre casi la mitad de los casos del continente no habla solo de peligro, sino también de la capacidad de mirarlo de frente: detectarlo, nombrarlo y aprender a contenerlo. La historia de este patógeno en suelo español es, en parte, la historia de cómo una sociedad aprende a convivir con lo que no puede erradicar del todo.
- España acumula 1.807 de los 4.012 casos europeos de C. auris, casi el doble que Grecia, su inmediata seguidora, lo que la sitúa en el centro de una amenaza sanitaria continental.
- El hongo resiste desinfectantes y antifúngicos comunes, sobrevive en equipos médicos durante semanas y puede matar a entre el 30 y el 80% de los pacientes a quienes invade el torrente sanguíneo.
- La pandemia de COVID-19 agravó la situación al desplazar los protocolos de aislamiento específicos, permitiendo que en 2021 se alcanzara el pico histórico de 331 casos en un solo año.
- Desde ese máximo, España ha revertido la tendencia mediante cribados sistemáticos en hospitales con historial de casos, aislamiento de portadores y limpieza exhaustiva de entornos contaminados.
- La OMS clasifica a C. auris en su grupo crítico de hongos prioritarios, y el ECDC advierte que su velocidad de expansión —de casos aislados a endemia en pocos años— lo convierte en una amenaza global de primer orden.
España concentra casi la mitad de los casos de Candidozyma auris registrados en Europa: 1.807 de un total de 4.012 infecciones contabilizadas en la Unión Europea desde que el hongo fue identificado en el continente hace una década. Le siguen Grecia con 852 casos e Italia con 712, pero a considerable distancia. La cifra española refleja tanto la magnitud del problema como la solidez del sistema de detección.
El patógeno es especialmente temido por su capacidad de resistir los desinfectantes y antifúngicos habituales, incluido el fluconazol. Coloniza la piel sin causar síntomas visibles, se transmite por contacto directo y puede permanecer en equipos médicos durante largos períodos. Cuando penetra en el torrente sanguíneo —a través de catéteres, intubaciones u otras vías invasivas— la mortalidad puede alcanzar el 80%.
El primer gran brote en España ocurrió en 2016 en el Hospital General Universitario de Valencia: más de 200 personas colonizadas, cerca del 20% desarrolló infección activa, y entre 8 y 10 pacientes fallecieron. El desconocimiento inicial del patógeno facilitó su dispersión. La incidencia comenzó a bajar tras 2017, pero la pandemia de coronavirus interrumpió esa mejoría: los hospitales priorizaban el aislamiento por COVID-19, y los portadores de C. auris quedaron sin protocolos específicos. En 2021 se registró el pico histórico de 331 casos.
Desde entonces, la tendencia se ha invertido. España ha alcanzado lo que los especialistas llaman una endemia contenida: el hongo está presente pero bajo control, sin brotes identificables. Los hospitales con historial de casos realizan cribados sistemáticos para detectar portadores, los aislan y desinfectan su entorno. Aunque el patógeno mantiene su resistencia a los tratamientos convencionales, aún existen opciones terapéuticas disponibles. La prioridad es evitar que desarrolle resistencias adicionales.
A escala global, la amenaza es reconocida como crítica. La OMS ha incluido a C. auris en su lista prioritaria de hongos patógenos, y los CDC de Estados Unidos señalan que su presencia se triplicó entre 2019 y 2021. El ECDC advierte que este organismo ha pasado de casos aislados a distribución amplia en algunos países en apenas unos años, una velocidad de expansión que obliga a mantener la guardia alta.
España concentra casi la mitad de los casos de Candidozyma auris registrados en toda Europa, una cifra que refleja tanto la magnitud del problema como la capacidad de detección del sistema sanitario español. Desde que el hongo fue identificado por primera vez en territorio europeo hace una década, se han contabilizado 4.012 infecciones en la Unión Europea. De ellas, 1.807 corresponden a España, seguida a considerable distancia por Grecia con 852 casos, Italia con 712, Rumanía con 404 y Alemania con 120.
El organismo que causa estas infecciones es un patógeno particularmente peligroso. Cuando logra penetrar en el torrente sanguíneo de un paciente hospitalizado —generalmente a través de heridas abiertas o durante procedimientos como cateterismos e intubaciones— puede alcanzar una tasa de mortalidad de hasta el 80 por ciento. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades lo describe sin ambages como una grave amenaza para los pacientes y los sistemas sanitarios. Lo que hace especialmente preocupante a este hongo es su capacidad para resistir tanto los desinfectantes de uso común como los antifúngicos habituales, incluido el fluconazol. Permanece en equipos médicos durante largos períodos y coloniza la piel de las personas, transmitiéndose de un individuo a otro por simple contacto.
La historia de Candidozyma auris en España comenzó en 2016 con un brote en el Hospital General Universitario de Valencia que afectó a más de 200 personas colonizadas por el hongo. Aproximadamente el 20 por ciento de estos pacientes desarrolló candidemias, y entre el 40 y el 60 por ciento de ellos murió, lo que significa entre 8 y 10 fallecimientos. En aquel momento, el desconocimiento sobre el patógeno permitió que se diseminara con relativa facilidad. El año siguiente registró un pico de 266 casos, tras el cual la incidencia comenzó a descender. Sin embargo, la pandemia de coronavirus interrumpió esta tendencia favorable. Durante 2020 y 2021, los hospitales priorizaban el aislamiento por coronavirus, lo que permitía que pacientes colonizados se mezclaran con otros sin protección específica contra este hongo. En 2021 se alcanzó un nuevo máximo de 331 casos.
Desde entonces, la situación ha mejorado significativamente. España, junto con Grecia, Italia y Rumanía, ha alcanzado lo que los especialistas denominan una endemia contenida, es decir, una presencia establecida pero controlada del patógeno. Estos países ya no registran brotes específicos identificables debido a la amplia distribución del hongo, pero su incidencia está disminuyendo. Los focos más recientes se han concentrado en Chipre, Francia y Alemania, donde el problema aún está en expansión. Concepción Gimeno, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, señala que España ha superado el pico de la epidemia y que el país ha aprendido a controlar el patógeno de manera efectiva.
Esta capacidad de control se basa en protocolos de detección rutinaria. En los hospitales con historial de casos, se realiza un cribado sistemático de todos los pacientes ingresados para identificar a los portadores, es decir, aquellas personas colonizadas en cuyo cuerpo el hongo aún no ha penetrado. Cuando se detecta la presencia del patógeno, el paciente es aislado y se procede a la limpieza exhaustiva del entorno. Aunque el hongo mantiene su resistencia a los antifúngicos convencionales, todavía existen opciones terapéuticas disponibles. La prioridad actual es mantener el control para evitar que el patógeno desarrolle resistencias adicionales que hicieran necesaria la búsqueda de nuevos tratamientos.
A nivel mundial, la amenaza es reconocida como seria. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos detectaron el hongo en 2016, el mismo año que España. Su presencia se triplicó entre 2019 y 2021, y ya es considerada una grave amenaza para la salud mundial. La Organización Mundial de la Salud ha clasificado a Candidozyma auris en el grupo crítico de hongos patógenos que requieren acción prioritaria, junto a otros tres organismos de importancia similar. Diamantis Plachouras, director de la Sección de Resistencia Antimicrobiana e Infecciones Relacionadas con la Atención Sanitaria del ECDC, ha advertido sobre la velocidad con la que este patógeno se ha expandido, pasando de casos aislados a estar ampliamente distribuido en algunos países en apenas unos pocos años, lo que demuestra la rapidez con la que puede establecerse en los hospitales.
Citações Notáveis
C. auris se ha extendido en solo unos pocos años, de ser casos aislados a estar ampliamente distribuido en algunos países, mostrando lo rápidamente que puede establecerse en los hospitales— Diamantis Plachouras, director de la Sección de Resistencia Antimicrobiana del ECDC
Sabemos cómo controlar el patógeno y va bajando su incidencia. Al contrario que en el resto de países, nosotros ya hemos pasado el pico— Concepción Gimeno, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué España tiene tantos más casos que otros países europeos?
Probablemente una combinación de factores: el brote inicial de Valencia en 2016 fue grande y tardó en controlarse porque nadie sabía qué era. Luego, la pandemia interrumpió los protocolos de aislamiento. Pero también es posible que España simplemente detecte mejor que otros países.
¿Qué significa que el hongo sea resistente a los desinfectantes?
Que los métodos estándar para limpiar superficies no lo eliminan completamente. Puede permanecer en equipos médicos durante semanas. Por eso ahora los hospitales tienen que ser mucho más agresivos con la desinfección.
¿Cuál es el riesgo real para un paciente hospitalizado?
El riesgo depende de si estás colonizado o si el hongo ha penetrado tu cuerpo. Muchas personas pueden llevar el hongo en la piel sin que les cause daño. El problema viene cuando necesitas un catéter o una intubación. Entonces sí puede entrar en la sangre y ahí es cuando la mortalidad se dispara.
¿Por qué España está mejor ahora que hace unos años?
Porque aprendió. Después del pico de 2021, los hospitales implementaron cribados rutinarios. Ahora detectan a los portadores antes de que el hongo cause infecciones graves. Es prevención, no tratamiento.
¿Debería preocuparse una persona normal?
No mucho. Este hongo afecta principalmente a personas ya muy enfermas en cuidados críticos. El riesgo real es para los sistemas sanitarios, que tienen que invertir recursos en control y aislamiento.