Una generación muy radicalizada que realmente no le importa si hay otra guerra
Desde el 22 de marzo, 14 israelíes han muerto en ataques palestinos, incluyendo apuñalamientos y disparos en ciudades como Beersheba y Tel Aviv. Choques violentos en la Mezquita de Al-Aqsa dejaron más de 150 palestinos heridos, mientras que políticas discriminatorias en Jerusalén Oriental amenazan con desalojos de familias palestinas.
- 14 israelíes muertos en ataques palestinos desde el 22 de marzo
- Al menos 26 palestinos muertos en enfrentamientos y ataques
- Más de 150 palestinos heridos en choques en la Mezquita de Al-Aqsa el 15 de abril
- Israel controla el 60% de Cisjordania con 130+ asentamientos y 500,000 colonos judíos
- El 60% de palestinos en los tres territorios tiene menos de 30 años
Israel enfrenta su peor oleada de ataques mortales en años mientras se intensifican los enfrentamientos con palestinos en Jerusalén y se lanzan cohetes desde Gaza, frustrando los esfuerzos por reducir tensiones durante festividades religiosas.
Hace apenas semanas, cuando se aproximaba una rara confluencia de festividades judías, cristianas y musulmanas, los líderes de Israel, Palestina y países árabes vecinos hablaban de distensión. La expectativa era que decenas de miles de peregrinos llegarían a Jerusalén por primera vez desde la pandemia. Israel aflojó algunas restricciones sobre los palestinos bajo su control militar desde hace casi 55 años: retiró barreras de movimiento, otorgó miles de permisos de trabajo, y la policía prometió garantizar que todos pudieran rezar sin perturbaciones. El objetivo era claro: evitar que se repitiera lo ocurrido el año anterior, cuando semanas de protestas en Jerusalén desencadenaron una guerra de once días entre Israel y Hamas.
No funcionó. El 22 de marzo, un ciudadano palestino de Israel mató a cuatro personas en Beersheba en un ataque combinado de atropellos y apuñalamientos. En las tres semanas siguientes, otros diez israelíes murieron en ataques de palestinos armados, incluyendo uno en el centro de Tel Aviv. Las autoridades israelíes dijeron que los agresores actuaban principalmente por su cuenta. Hamas y otros grupos armados celebraron los ataques pero no se los atribuyeron formalmente. Algunos de los atacantes simpatizaban con Estado Islámico, aunque no hay evidencia de que la organización los coordinara. Mientras tanto, al menos 26 palestinos han muerto según conteos de agencias internacionales: algunos eran atacantes, otros participaban en enfrentamientos, pero también había un abogado, una mujer de dieciocho años que parecía ser transeúnte, y una mujer desarmada baleada en un control de seguridad.
La geografía del conflicto es fundamental para entender por qué esto importa. Israel capturó Cisjordania, Jerusalén Oriental y Gaza en 1967. Los palestinos reclaman estos tres territorios para su futuro estado. Israel controla completamente el 60 por ciento de Cisjordania, donde ha construido más de 130 asentamientos con casi 500,000 colonos judíos. La Autoridad Palestina, cada vez más impopular, administra grandes centros urbanos y coopera con Israel en seguridad. En Jerusalén Oriental, políticas discriminatorias favorecen la expansión judía: a los palestinos se les niegan sistemáticamente permisos de construcción, obligándolos a construir sin autorización y exponiéndolos a demoliciones. Docenas de familias palestinas enfrentan desalojos mientras colonos ejecutan campañas de décadas para aumentar la población judía en la ciudad.
El 15 de abril, choques al amanecer estallaron en el complejo de la Mezquita de Al-Aqsa en la Ciudad Vieja. La policía israelí dijo que palestinos lanzaban piedras hacia un espacio adyacente sagrado para los judíos, lo que los obligó a intervenir. Los palestinos denunciaron uso excesivo de fuerza. Más de 150 palestinos y tres policías israelíes resultaron heridos. La policía disparó balas recubiertas de goma y granadas de aturdimiento mientras los palestinos arrojaban piedras y fuegos artificiales. En un momento, la policía entró en la mezquita para detener a sospechosos de lanzar piedras desde adentro. Desde entonces ha habido enfrentamientos menores, incluyendo apedreamientos de autobuses junto a la Ciudad Vieja.
El complejo de Al-Aqsa es el tercer lugar más sagrado del islam y el más venerado por los judíos, quienes lo conocen como Monte del Templo porque dos templos judíos antiguos se alzaron allí. Esta explanada es el corazón de un conflicto que comenzó hace un siglo y ha detonado múltiples rondas de violencia. Los palestinos ven las visitas de judíos nacionalistas y religiosos bajo escolta policial como provocación y posible preludio a que Israel tome control del lugar o lo divida. Las autoridades israelíes insisten en que están comprometidas con el status quo. El primer ministro Naftali Bennett acusó esta semana a Hamas de liderar una campaña de incitación contra Israel, afirmando que su gobierno hace todo lo posible para que judíos, musulmanes y cristianos celebren sus festividades de forma segura.
La Ciudad Vieja es parte de Jerusalén Oriental, que Israel considera su capital tras anexionarla en una maniobra sin reconocimiento internacional. Los palestinos reclaman Jerusalén como capital de su futuro estado. Los judíos nacidos en Jerusalén son ciudadanos israelíes automáticamente. La mayoría de los palestinos rechaza la ciudadanía israelí, pero quienes la solicitan enfrentan un largo y incierto proceso burocrático. Los palestinos que pasan demasiado tiempo fuera por trabajo, estudios o razones familiares pueden perder su residencia y ser prohibidos de regresar. Esta política no se aplica a los judíos.
El lunes por la noche, un cohete fue lanzado hacia el sur de Israel desde Gaza. El ejército lo interceptó y respondió con ataques aéreos. Nadie resultó herido y nadie reivindicó el cohete, el primero en meses. El jueves de madrugada se lanzaron varios cohetes e Israel atacó nuevamente. Gaza vive bajo un bloqueo asfixiante de Israel y Egipto desde que Hamas tomó el control hace quince años. El desempleo ronda el 50 por ciento, hay apagones de unas doce horas diarias, el agua del grifo no es potable, y Hamas mantiene un firme control del poder. Israel y Hamas han librado cuatro guerras desde 2008, agravando las penurias de dos millones de palestinos en la estrecha franja costera. Gaza apenas ha comenzado a reconstruirse desde la última guerra, en la que murieron más de 250 palestinos, 129 de ellos civiles según Naciones Unidas. En Israel murieron 14 personas.
Lo que está ocurriendo ahora refleja una realidad demográfica inquietante. Aproximadamente el 60 por ciento de los palestinos en los tres territorios tienen menos de treinta años y poco o ningún recuerdo del proceso de paz de Oriente Medio, que colapsó hace más de una década. Mkhaimar Abusada, profesor de ciencias políticas en la Universidad Al-Azhar de Gaza, lo expresó así: esta es una generación muy radicalizada que realmente no le importa si hay otra guerra con Israel, ya sea por Al-Aqsa o por cualquier otra cosa. Los esfuerzos de distensión de primavera han fracasado. Lo que viene después dependerá de si esta escalada puede contenerse o si seguirá el patrón de ciclos anteriores hacia una confrontación más amplia.
Notable Quotes
Se ha librado una campaña de incitación contra Israel liderada por Hamas. Israel hace todo lo que puede para que todos puedan celebrar las fiestas de forma segura.— Naftali Bennett, primer ministro de Israel
Tenemos una generación muy radicalizada. En realidad no les importa si vamos a otra guerra con Israel o no, ya sea por Al-Aqsa o por cualquier otra cosa.— Mkhaimar Abusada, profesor de ciencias políticas, Universidad Al-Azhar de Gaza
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué fracasaron tan rápidamente los esfuerzos de reducir tensiones si parecían tener apoyo de líderes en ambos lados?
Porque los líderes no controlan las acciones de individuos radicalizados, y porque las condiciones estructurales del conflicto nunca desaparecieron. Israel aflojó algunas restricciones, pero los palestinos siguen bajo ocupación militar, siguen siendo desalojados de sus casas, siguen sin poder construir legalmente. Eso no cambió.
¿Qué hace que Al-Aqsa sea tan importante que un enfrentamiento allí puede desencadenar una guerra?
Es el lugar más sagrado para dos pueblos al mismo tiempo. Para los musulmanes es el tercer sitio más sagrado del islam. Para los judíos es donde estaban los templos antiguos. Cualquier acción allí se interpreta como una amenaza existencial. Los palestinos ven a judíos nacionalistas visitando el lugar como un paso hacia que Israel tome control total.
¿Quién está atacando a Israel? ¿Es Hamas coordinando esto?
No está claro. Algunos atacantes simpatizaban con Estado Islámico, pero no hay evidencia de coordinación. Hamas celebró los ataques pero no se los atribuyó. Parece ser más bien una respuesta espontánea de individuos radicalizados a las condiciones que viven.
¿Cuál es la situación en Gaza ahora?
Es una prisión. Desempleo del 50 por ciento, apagones de doce horas diarias, agua no potable. Hamas controla todo. Israel y Egipto tienen un bloqueo total. La gente allí ha vivido cuatro guerras en catorce años y apenas está reconstruyendo de la última.
¿Por qué los palestinos jóvenes parecen tan radicalizados?
Porque el 60 por ciento tiene menos de treinta años y no recuerda ningún proceso de paz que funcionara. Solo conocen ocupación, bloqueos, desalojos, restricciones. Para ellos, la negociación es una idea abstracta sin resultados visibles.
¿Qué viene ahora?
Eso depende de si esto se contiene o si sigue el patrón de ciclos anteriores. Cada escalada ha llevado a una guerra más grande. Los incentivos para la moderación son débiles cuando ambos lados ven al otro como una amenaza existencial.