Enfermedades cerebrovasculares: causa de muerte desde los 35 años en México

34,784 muertes por enfermedades cerebrovasculares en 2024; muchos sobrevivientes quedan con discapacidades permanentes que requieren cuidados familiares y asistencia continua.
A los 35 años todavía estás trabajando, manteniendo una familia
Por qué los accidentes cerebrovasculares en adultos jóvenes representan una crisis diferente a la mortalidad en ancianos.

En México, las enfermedades cerebrovasculares no esperan a la vejez: desde los 35 años ya figuran entre las principales causas de muerte, arrebatando a personas en plena capacidad productiva. En 2024, casi 35 mil familias perdieron a alguien por esta causa, y muchos sobrevivientes quedaron atrapados en una dependencia que redistribuye el sufrimiento hacia quienes los rodean. Lo que la ciencia llama aterosclerosis, la vida cotidiana lo construye en silencio con hábitos que la sociedad mexicana aún no ha logrado transformar.

  • Un accidente cerebrovascular puede ocurrir a los 35 años, no a los 75, interrumpiendo carreras, ingresos y la crianza de hijos en el momento más activo de una vida.
  • En 2024 se registraron 34,784 muertes por enfermedades cerebrovasculares en México, con una tasa de 26.7 por cada 100 mil habitantes que no cede.
  • La obesidad, la hipertensión, el tabaquismo y el sedentarismo aceleran silenciosamente el deterioro arterial hasta que el daño se vuelve irreversible en cuestión de minutos.
  • Quienes sobreviven enfrentan parálisis, pérdida del habla o incapacidad permanente, convirtiendo a sus familias en cuidadores de tiempo completo sin red de apoyo institucional.
  • La prevención sigue siendo posible y depende de decisiones cotidianas, pero la mayoría de los mexicanos aún no está tomando las medidas necesarias para reducir su riesgo.

En México, los accidentes cerebrovasculares no son una enfermedad exclusiva de la vejez. Desde los 35 años ya figuran entre las diez principales causas de muerte del país, interrumpiendo vidas en el momento en que deberían estar en su apogeo: carreras activas, familias que sostener, responsabilidades que nadie más puede asumir.

Durante 2024, el INEGI registró 34,784 muertes por esta causa, con una tasa nacional de 26.7 por cada 100 mil habitantes. Aunque la mayoría de los fallecidos tenía 65 años o más, la enfermedad ya cobra vidas tres décadas antes de esa frontera.

El mecanismo es brutal en su sencillez: una obstrucción o hemorragia corta el flujo de sangre al cerebro y las células comienzan a morir. El resultado puede ser parálisis, pérdida de memoria, ceguera parcial o incapacidad para hablar. El daño es inmediato y frecuentemente permanente. El especialista en medicina cardiovascular David Montalvo explica que el deterioro vascular avanza en silencio durante años: la grasa se acumula en las arterias, la presión sube, y cuando la obstrucción se completa o un fragmento viaja al cerebro, el colapso llega sin aviso. La obesidad, señala, acelera este proceso de aterosclerosis de manera significativa.

Los factores de riesgo —sobrepeso, hipertensión, tabaquismo, sedentarismo, diabetes, colesterol elevado— son en su mayoría evitables. Sin embargo, la mayoría de los mexicanos no está tomando las decisiones cotidianas necesarias para reducirlos.

La muerte no es el único desenlace. Muchos sobrevivientes quedan sin poder vestirse, caminar o alimentarse solos. La rehabilitación es prolongada y costosa. Las familias absorben ese peso económico y emocional, algunos miembros abandonan el trabajo para convertirse en cuidadores permanentes. Una vida interrumpida a los 35 o 40 años continúa, pero transformada en algo que nadie había anticipado.

En México, los accidentes cerebrovasculares matan a personas en plena edad productiva. No es una enfermedad de ancianos solamente. Desde los 35 años, estos padecimientos ya figuran entre las diez principales causas de muerte del país, interrumpiendo carreras, ingresos y responsabilidades familiares en el momento en que la vida debería estar en su apogeo.

Los números son claros. Durante 2024, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía registró 34 mil 784 muertes por enfermedades cerebrovasculares en México. La tasa nacional alcanzó 26.7 muertes por cada 100 mil habitantes, apenas una décima por encima de lo observado en 2023. Aunque la mayoría de los fallecimientos ocurren en personas de 65 años o más, la enfermedad ya está cobrando vidas treinta años antes, en adultos que todavía trabajan, que todavía sostienen familias.

Un accidente cerebrovascular sucede cuando una obstrucción o una hemorragia corta el flujo de sangre hacia una parte del cerebro. Sin irrigación, las células cerebrales se dañan. Lo que sigue puede ser parálisis, pérdida de memoria, problemas de visión o dificultad para hablar. El daño es inmediato y a menudo permanente.

El proceso que lleva a estos eventos comienza mucho antes del colapso final. El médico David Montalvo, especialista en medicina cardiovascular, explica que el deterioro vascular avanza de manera silenciosa. La grasa se acumula en las arterias, estrechándolas. La sangre fluye cada vez más lentamente. La presión arterial sube. Cuando la obstrucción es completa, sobreviene un infarto. Cuando un fragmento de grasa se despega y viaja por el torrente sanguíneo, puede alojarse en una arteria cerebral y causar un accidente cerebrovascular. Montalvo señala que la obesidad acelera este proceso de aterosclerosis, la acumulación de sustancias en las paredes arteriales que reduce progresivamente su diámetro.

Los factores de riesgo son en su mayoría evitables: el exceso de peso, la presión arterial elevada, el tabaquismo, la falta de actividad física, la diabetes, el colesterol alto. La edad y el sexo también importan, pero no pueden cambiarse. Lo demás depende de decisiones cotidianas que la mayoría de los mexicanos no está tomando.

Pero la muerte no es el único costo. Muchos sobrevivientes quedan atrapados en cuerpos que ya no responden como antes. No pueden vestirse solos. No pueden caminar sin ayuda. No pueden alimentarse sin asistencia. La rehabilitación es larga y cara. Las familias se convierten en cuidadores. Algunos nunca regresan al trabajo. La dependencia es parcial o total, y el peso económico y emocional se traslada completamente a los hogares. Los gastos de rehabilitación y cuidados se multiplican. La demanda de servicios médicos crece. Y la vida que se interrumpió en los 35 o 40 años continúa, pero transformada en algo que nadie esperaba.

Cuando el flujo se obstruye por completo, puede desencadenarse un infarto; y cuando un fragmento de grasa se desprende y bloquea una arteria, se produce una embolia, trombosis o tromboembolia, lo que puede derivar en un accidente cerebrovascular
— David Montalvo, médico especialista en medicina cardiovascular
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué importa que estas muertes ocurran a los 35 años y no a los 75?

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Porque a los 35 años todavía estás trabajando, manteniendo una familia, pagando una hipoteca. No es una muerte que cierre un ciclo natural. Es una que interrumpe todo.

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¿Cuál es el mecanismo exacto? ¿Cómo pasa de tener sobrepeso a tener un accidente cerebrovascular?

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La grasa se acumula dentro de las arterias, no solo alrededor del cuerpo. Las arterias se estrechan. La sangre fluye con dificultad. La presión sube. Eventualmente, algo se bloquea o se rompe. El cerebro no recibe sangre. Las células mueren.

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¿Y si sobrevives?

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Muchas personas quedan paralizadas, sin poder hablar bien, sin memoria. Necesitan que alguien las vista, las bañe, las alimente. Eso recae en la familia. No hay dinero para cuidadores profesionales en la mayoría de los casos.

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¿Cuántas personas en México están en riesgo ahora mismo?

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No sabemos exactamente. Pero sabemos que 34 mil murieron en 2024. Eso es solo los que murieron. Los que sobrevivieron con discapacidad son muchos más.

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¿Es prevenible?

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Casi completamente. Peso normal, presión arterial controlada, sin fumar, ejercicio, dieta. Pero eso requiere que alguien te lo enseñe, que tengas acceso a comida saludable, que tengas tiempo para hacer ejercicio. No es solo una cuestión de voluntad individual.

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