En defensa del título: combatir la campaña contra el conocimiento

El conocimiento es indispensable para la vida y fuente de verdad
Una defensa de la educación superior frente a una campaña que la deslegitima como base del progreso nacional.

En Perú, una campaña mediática que comenzó cuestionando el gasto en consultorías estatales ha derivado en una deslegitimación más profunda: la del conocimiento mismo como fundamento del gobierno y el progreso. Lo que en apariencia era fiscalización ciudadana se ha convertido en un discurso que equipara la educación superior con el fraude, alimentado por casos reales de títulos falsos pero amplificado hasta negar el valor de la preparación académica. Cuando una parlamentaria sin estudios formales declara que quienes tienen títulos no han hecho nada por el país, la sociedad se enfrenta a una pregunta antigua y urgente: ¿qué ocurre cuando se entrega el poder a quienes desprecian el saber?

  • Una narrativa que comenzó como crítica legítima al gasto público se ha transformado en un ataque sistemático contra la idea misma de que el conocimiento califica para gobernar.
  • Casos reales de credenciales falsificadas —incluyendo 177 docentes separados por el Ministerio de Educación— le dieron combustible concreto a una generalización peligrosa y distorsionada.
  • La parlamentaria Kira Alcarraz, de Podemos Perú, llevó el argumento a su extremo al sugerir que poseer un título académico no acredita ningún aporte al país, mientras presidía la Comisión de Inclusión Social sin estudios formales.
  • El editorial advierte que este tipo de discurso tiene antecedentes históricos oscuros y que normalizar el desprecio por la educación abre la puerta a formas de poder sin rendición de cuentas.
  • La respuesta propuesta no es defender títulos corruptos, sino exigir que la educación sea inclusiva, real y de calidad —lo opuesto a lo que la campaña de deslegitimación promueve.

Hay una campaña en marcha contra el conocimiento, y opera con la lógica de un virus: se expande aprovechando verdades parciales para instalar una mentira mayor. Todo comenzó con preguntas aparentemente razonables sobre las consultorías especializadas que trabajan en ministerios y dependencias del Estado peruano. ¿Se gasta bien el dinero público? Era una pregunta legítima. Pero en el camino, algo se torció.

Lo que inició como debate sobre contratos específicos se convirtió en una descalificación generalizada de toda investigación técnica. Hoy, en amplios sectores del discurso público, los estudios especializados son vistos como derroche o fraude. Se olvida que el expertise externo existe precisamente para garantizar imparcialidad y diagnósticos confiables —necesidades reales, no lujos burocráticos.

La campaña no se detuvo ahí. Avanzó hacia los títulos mismos. Circularon historias sobre credenciales falsificadas y funcionarios sin la preparación que sus cargos exigían. Algunos casos eran reales: el Ministerio de Educación separó a 177 personas que enseñaban con títulos fraudulentos. Pero esos hechos concretos alimentaron una narrativa más amplia y peligrosa: que los títulos académicos ya no significan nada.

Esta semana, la parlamentaria Kira Alcarraz, de Podemos Perú, llevó la lógica de la campaña a su conclusión más explícita. Cuestionada sobre su falta de estudios formales mientras presidía la Comisión de Inclusión Social, respondió que quienes tienen títulos no han hecho nada por el país. Era una frase diseñada para deslegitimar la educación como requisito para gobernar.

Eso es lo que preocupa al editorial: no un debate honesto sobre corrupción, sino una construcción deliberada que socava la idea de que el conocimiento importa. La historia registra épocas en que se gritaba 'muerte a la inteligencia'. Fueron tiempos de atraso y sufrimiento. Para que no vuelvan, hay que defender algo que debería ser obvio: que la educación nos hace libres, que una sociedad que entrega su conducción a personas sin preparación se condena a sí misma. Lo que se necesita no es una guerra contra los títulos, sino la garantía de que sean reales y representen aprendizaje verdadero.

Hay una campaña en marcha contra el conocimiento, y funciona como un virus de desinformación. Comenzó de manera aparentemente razonable: cuestionamientos dirigidos a las consultorías especializadas que trabajan en diferentes ministerios y dependencias del Estado. La crítica inicial parecía sensata—examinar si el dinero público se gastaba bien. Pero algo cambió en el camino.

Lo que empezó como un debate sobre consultorías específicas se transformó en una deslegitimación sistemática de toda investigación especializada. Ahora, en cualquier rincón de la administración pública, los estudios técnicos son vistos como dinero tirado o directamente como fraude. Se olvida que hay trabajos que requieren expertise externa precisamente para garantizar imparcialidad, para asegurar análisis de calidad, para obtener diagnósticos confiables. Estos no son lujos burocráticos. Son necesidades reales tanto en el sector público como privado.

Pero la campaña no se detuvo en las consultorías. Avanzó hacia los títulos mismos. Comenzaron a circular historias sobre credenciales falsificadas, sobre autoridades que no podían explicar el origen de sus diplomas, sobre funcionarios en posiciones de poder sin la preparación que sus cargos exigían. Algunos de estos casos eran reales. El Ministerio de Educación, de hecho, denunció y separó a 177 personas que enseñaban con títulos fraudulentos. Esos hechos concretos alimentaron una narrativa más amplia y peligrosa: la idea de que los títulos académicos ya no significan nada, de que la educación superior es un engaño.

Esta semana, la parlamentaria Kira Alcarraz, de Podemos Perú, llevó la campaña a su conclusión lógica. Cuando se le preguntó sobre sus propios estudios—o la falta de ellos—mientras dirigía la Comisión de Inclusión Social, respondió con una frase contundente: que quienes tienen títulos no han hecho nada por el país. Era una respuesta que buscaba deslegitimar la educación misma como requisito para gobernar.

Esto es lo que preocupa. No es un debate honesto sobre corrupción o incompetencia. Es una construcción mediática deliberada que socava la idea de que el conocimiento importa. Que la educación es la base del progreso. Que una sociedad educada puede enfrentar mejor cualquier crisis. La campaña se sostiene en una mentira fundamental: que los títulos son irrelevantes, que la experiencia y la capacidad no importan, que cualquiera puede dirigir cualquier cosa.

La historia tiene ciclos oscuros. Hubo épocas en que se gritaba "muerte a la inteligencia". Fueron tiempos de atraso y sufrimiento. Esos momentos quedaron atrás, pero no están tan lejos como creemos. Para que no vuelvan, hay que defender algo que parece obvio pero que hoy necesita defensa: que el conocimiento es indispensable. Que la educación nos hace libres e iguales. Que una sociedad que entrega su conducción a personas sin preparación se condena a sí misma.

Lo que se necesita ahora es una educación inclusiva y de calidad para todos. No una guerra contra los títulos, sino una garantía de que los títulos sean reales y que representen aprendizaje verdadero. Eso es lo opuesto a lo que la campaña propone. Y eso es lo que hay que defender.

La campaña contra los estudios y el conocimiento es un enorme fake news que hay que combatir
— Editorial de La República
Para no entregar la conducción de nuestros destinos a analfabetos y palurdos, hay que estudiar
— Editorial de La República
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué crees que esta campaña contra los títulos ha ganado tanta tracción? ¿Qué la hace creíble?

Model

Porque comenzó con hechos reales. Hubo títulos falsos. Hubo consultorías cuestionables. Pero luego alguien decidió generalizar esos casos específicos en una narrativa que dice que todo es fraude. La gente cree lo que ve confirmado en casos concretos.

Inventor

Pero entonces, ¿el problema no es que haya títulos falsos, sino cómo se usa esa información?

Model

Exactamente. Un título falso es un crimen. Debe investigarse y castigarse. Pero usarlo para argumentar que la educación superior no importa es un salto lógico que no tiene justificación. Es como decir que porque hay dinero falso, el dinero no existe.

Inventor

¿Qué pasa cuando una parlamentaria sin estudios formales critica a quienes tienen títulos?

Model

Envía un mensaje peligroso: que la preparación no es necesaria para gobernar. Que la experiencia y el conocimiento son obstáculos, no herramientas. Es una inversión de valores que debería preocuparnos.

Inventor

¿Hay algo que la campaña haya identificado correctamente?

Model

Sí. Que algunos títulos no garantizan competencia. Que hay gente con diplomas que no sabe lo que hace. Pero la solución no es eliminar los títulos. Es asegurar que sean reales y que representen aprendizaje verdadero. Es mejorar la educación, no abandonarla.

Inventor

¿Qué sucede si esta campaña gana?

Model

Que las decisiones importantes las toman personas sin preparación. Que la experiencia y el conocimiento dejan de ser requisitos. Que volvemos a épocas que ya vivimos y que no queremos repetir.

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